Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Los principios de la Ruta del Crecimiento.



ENSEÑANZA No. 33.

LOS PRINCIPIOS DE LA RUTA DEL CRECIMIENTO.



Objetivos de la enseñanza.
Profundizar en los fundamentos de la ruta del crecimiento, conocerlos, e interiorizarlos, de tal manera que al aplicarlo no se produzcan desviaciones de los principios que la originan y sostienen su eficiencia.
Conocer, entender y desarrollar la aplicación y utilidad práctica de la ruta del crecimiento, y específicamente de sus principios, tanto en nuestra vida personal como en la familia, la iglesia y la nación.



Los principios de la ruta del crecimiento.

Gracia y Verdad (Jn 1:17).
Amor incondicional (1 Cor 13:1-8)(Rom 8:35-39).
PerdóN (Col 3:13).
Aceptación (Efe 1:6).
Seguridad (Jn 6:37).
Pertenencia (Jn 1:12).
Servicio (Fil 2:5-8).
Cuidado paternal (1 Cor 4:15, 1 Tes 2:7-12).
Formación (Ose 4:6).
Activación(Jn 14:12, Mat 10:8).
Evangelismo
Consolidación
Restauración
Formación
Habilitación (activación, delegación).
Discipulado
(Efe 2:8-10, 2 Cor 5:17-18, Mar 10:42-45, Sal 139:13-16, Apo 1:5-6, 1 Ped 4:10, Mat 28:18-20, Efe 4:11-16, Sal 23, Mar 16:15-18, Mar 1-3, 1 Tes 2:7-12, Luc 4:18-19, 1 Cor 12-14, Hch 2:41-47.



Gracia y Verdad.
Jn 1:17: la Gracia (salvación) y la Verdad (Palabra) vinieron por medio de Jesucristo.
El modelo debe ser un ejemplo y un derroche de gracia y de verdad en todas sus etapas y fases.
No debe haber lugar para el legalismo de ninguna forma. Ello requiere madurez de parte del liderazgo.
Gracia salvadora para con los no salvos, ofreciendo perdón de pecados y un cambio de vida a través de Jesucristo..
Gracia restauradora para los salvos, brindándoles la oportunidad de ser restaurados de sus pecados, fallos, fracasos, etc.


Amor incondicional.
1 Cor 13:1-8: el amor de Dios hacia nosotros es incondicional, y el amor de nosotros hacia el prójimo debe ser igual, porque el amor es Dios (1 Jn 4:8).
Sin amor, nada de lo que hagamos, seamos o podamos tiene ningún valor delante de Dios.
Rom 8:35-39: nada ni nadie nos puede separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús (salvos y no salvos).
El que mucho es perdonado, mucho ama (Luc 7:47).
El amor cubre multitud de faltas (Prov 10:12).
El amor no da lugar al legalismo. El legalismo es, al final de cuentas, falta de amor (Mar 7:9).
Sobre la justicia, debe imperar el amor, tal como Dios nos lo ha demostrado. El satisfizo en Cristo las demandas de la justicia, para que Su amor se pudiera manifestar libremente a nosotros en todas las dimensiones (Sal 85:10, Rom 10:4, Jn 3:16).
En la ruta del crecimiento, en todas sus etapas, el amor por la persona, independientemente de su situación actual, debe ser una constante que se exprese no solamente en palabras sino en nuestros hechos cotidianos en servicio, cuidado, atención, etc., a cada persona que Dios nos ha permitido atender.


Perdón.
Col 3:13. Una consecuencia de la gracia es el perdón. El perdón, al igual que el amor (del que el perdón es una de sus dimensiones), es parte del estilo de vida de un verdadero creyente en Jesús. Toda persona necesita experimentar, no solo el perdón de Dios en sus vidas, sino también el perdón de aquellos a quienes de alguna manera ha ofendido con sus acciones, actitudes, palabras, etc., y el perdón hacia aquellos que le han ofendido. La ruta de crecimiento, a través de muchas de sus actividades y/o etapas, provee de oportunidades múltiples para ejercer el perdón y para recibirlo. La persona, para alcanzar la vida plena en Cristo, necesita liberarse de todo dolor, y el perdón es la medicina para ello (Heb 12:15).


Aceptación.
Efe 1:6. La aceptación es una necesidad emocional básica del ser humano. La característica fundamental de todas las religiones es que en ellas sus adeptos deben ganarse la aceptación de determinado Dios. El cristianismo es el único en el cual la aceptación del creyente está asegurada aparte de sus actos. En todas las etapas de la ruta del crecimiento la persona debe sentirse amada y aceptada al máximo por Dios, como realmente nos lo manifiesta la Palabra. El vivir ejerciendo esa aceptación y recibiéndola es lo que nos impide vivir en el extremo del legalismo. Toda persona, dentro o fuera de la ruta del crecimiento, debe contar con nuestra aceptación, así como nosotros contamos con la aceptación incondicional de Cristo. Lo que de gracia hemos recibido de El, debemos darlo de gracia a otros (Mat 10:8).


Seguridad.
Jn 6:37. La seguridad también es otra de las necesidades emocionales básicas del ser humano. Consiste en la seguridad del amor y la aceptación, que siendo por gracia y no por obras, por lo que Cristo hizo en la Cruz del Calvario por nosotros y no por nuestras obras, está garantizada. Dios no nos acepta y nos rechaza, como las personas, sino que la aceptación y su amor es de una vez y para siempre. Nuestras obras como creyentes no determinan Su aceptación y Su amor sino solamente Sus recompensas. En la ruta del crecimiento debemos evitar cualquier intento de hacer depender la seguridad de la salvación y de la pertenencia a Cristo y a Su cuerpo, de las obras y de la participación de la persona dentro de la ruta. Su participación debe ser voluntaria y por convicción, no por temor.


Pertenencia.
Jn 1:12. La tercera necesidad emocional básica del ser humano es la de pertenencia. Ser parte de algo. Y Dios, como nuestro Pastor garante de que nada nos faltara, también suple está necesidad en nosotros al adoptarnos como miembros de Su familia. Y esta aceptación es de una vez y para siempre. Así como un padre, natural o adoptivo, no puede renegar de su paternidad, una vez aceptada, de la misma manera Dios, una vez nos adopta en Su familia, no reniega de nosotros, y recibiéndonos con pleno conocimiento de quienes somos y quienes seremos en el resto de nuestra vida terrenal, nos recibe como sus hijos de una vez y para siempre. En la ruta del crecimiento debemos siempre considerar que no tratamos con números ni con objetos, sino con hijos e hijas de Dios cuya necesidad fundamental, la perciban o no, es la de vivir en la plenitud de ser hijos.


Servicio.
Fil 2:5-8. Jesús, nuestro Maestro y Discipulador, se hizo siervo y nos invitó a seguir sus pasos. En el proceso del discipulado, el servicio es un instrumento o una herramienta necesaria en el logro de la madurez del creyente. Sin el involucramiento en el servicio a Dios y a otros, el creyente probablemente va a mantener una visión egocéntrica de su vida, sin llegar a ser un verdadero discípulo de Cristo y sin alcanzar su propósito dentro del Cuerpo.
Mar 10:42-45. La ruta del crecimiento provee para cada creyente, de una serie de lugares de servicio en los que puede ubicarse no solo para madurar espiritualmente, sino para encontrar y desarrollar los dones que Dios ha puesto en él para el servicio a otros.
1 Ped 4:10. Los dones de los que Dios nos ha dotado no son para nuestro beneficio personal sino para el beneficio de los demás. Solo ministrándolos a otros vamos a desarrollarlos y cumplir el propósito de Dios para nuestras vidas.
En este sentido, la ruta de crecimiento es un diseño de Dios para servir y bendecir a las personas, para ayudarles a alcanzar la plenitud de su vida en Cristo, no una carga o una camisa de fuerza que se deban poner y en la que se deban mantener. Es una herramienta para el servicio a otros y para el desarrollo de la madurez como creyentes, nunca puede ni debe ser un instrumento de enseñoreamiento sobre otros o usarse como un proceso legalístico que debe vivir cada creyente en el momento en el que nosotros creamos que debe vivirlo e independiente si produce o no resultados –requisito, no vida--. Cada persona, por su originalidad y especificidad deberá transitar por la ruta del crecimiento a su propio ritmo sin violentar su voluntad, de acuerdo a sus características específicas y a sus condiciones particulares de vida. Solo manteniendo presente este pensamiento, la ruta de crecimiento será un instrumento de bendición para todos, y no una carga.


Cuidado paternal.
La característica fundamental de Dios, en cuanto a Su Iglesia es que El es el Padre de ella y derrama sus características, cualidades, gloria y unción sobre ella, para que ella opere en la misma característica que El (1 Cor 4:15, 1 Tes 2:7-12, Sal 23). Por lo tanto, una característica fundamental de la ruta del crecimiento es que implica una modalidad de cuidado paternal para todo creyente en el que gradualmente, por el desarrollo de nuestra madurez en Cristo y el entendimiento de la naturaleza y propósito de la Iglesia, habiendo comenzando nuestro caminar dentro de la ruta como hijos espirituales de alguien que se hace cargo de nosotros, sin dejar de serlo, nos vamos convirtiendo a la vez en padres espirituales de otros, dando de gracia lo que de gracia hemos recibido, y desarrollando relaciones firmes, permanentes y de unidad entre todos los miembros del Cuerpo.


Propósito.
Todo lo que Dios hace lo hace con un propósito en mente, y nosotros no somos la excepción (Efe 2:8-10, Sal 139:13-16). El propósito general de Dios para todo creyente es que, como embajadores suyos en el mundo, seamos ministros de la reconciliación de todas las cosas con El (Rom 8:19-21, Col 1:15-20), para lo cual nos hizo reyes y sacerdotes (Apo 1:5-6). Obviamente, para desarrollar esos roles (embajador, ministro, rey y sacerdote), Dios nos dotó de dones, talentos y habilidades, que necesitamos desarrollar. En ese sentido, la ruta de crecimiento es un proceso que nos debe permitir llevar a cada creyente a encontrar el propósito general y específico de Dios para su vida y a poner en práctica y desarrollar los dones, talentos, habilidades y capacidades de los que Dios le dotó, en un ambiente de unidad y diversidad que es una característica fundamental del cuerpo humano y del Cuerpo de Cristo. Y para ello, su involucramiento personal, voluntario, activo y decidido dentro de la ruta de crecimiento es esencial, recibiendo (viviendo cada etapa, siendo ministrado por otros en cada una de ellas) y dando (sirviendo, ministrando a otros de acuerdo a las asignaciones que vaya recibiendo).

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Preguntas para autoevaluación.
La ruta de crecimiento se establece sobre la base de principios generales que necesitamos tener presentes en todas las etapas y en todos los momentos de su ejecución, de tal manera que no solo sean parte de las actividades de la ruta sino que los interioricemos como parte del estilo de vida del cristiano. En sus propias palabras, defina los principios fundamentales de la ruta del crecimiento y que requiere hacer para que sean manifestados en su vida práctica:
• Gracia y Verdad.
• Amor incondicional.
• Perdón.
• Aceptación.
• Seguridad.
• Pertenencia.
• Servicio.
• Cuidado personal.
• Propósito.

15 Sep 2010