Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Fe Bíblica (1a. Parte).




Definición.
Según el diccionario bíblico, fe es creer, confiar, tener esperanza en Dios.
Es tener una actitud correcta hacia Dios (Sal 18:2, Prov 3:5).
El mandato de Jesús en Mar 11:22 es: “Tened fe en Dios” (no en las promesas, no en las bendiciones, sino en Dios). En Mat 6:33 también Jesús nos enseña a buscar el Reino de Dios y su justicia antes que todo, y todas las demás cosas (las promesas) vendrán como añadidura a ello, por lo que está enseñanza se complementa perfectamente con la de Mar 11:22.
El objeto de nuestra fe no debería estar en la promesa, sino en Quién hizo la promesa, que en última instancia, es Quién la hizo y Quién la cumplirá (la promesa no tiene vida propia aparte de Dios).
Gen 15:6 nos enseña que Abraham, el padre de la fe, le creyó a Dios (no a la promesa) y que ello le fue contado por justicia.


La necesidad de que evaluemos en que creemos realmente.
Es importante hacer la distinción y que examinemos honestamente nuestro corazón (Sal 119:59) para determinar en quién o qué está realmente puesta nuestra fe porque hay muchos que tienen la fe en Dios del tipo de cajero automático: reclamo la promesa y tengo que recibirla –lo cual, aunque pueda traer algunos beneficios en el corto plazo, por la pura misericordia de Dios, es equivocado—y tiene consecuencias serias, en primera instancia, por varias razones:
Primero, porque el justo por la fé vivirá (Rom 1.17, Gal 3:11).
Segundo, porque el fundamento del cristianismo es la fe en Dios (Heb 6:1), no la fe en Sus promesas.
Tercero, porque sin fe auténtica (en El) es imposible agradar a Dios (Heb 11:6), quién es galardonador de los que le buscan (el galardón, el cumplimiento de la promesa, es el resultado de buscar a Dios, no de buscar la promesa).
Cuarto, porque por la fe auténtica en Dios y la paciencia, es que se heredan las promesas (Heb 6:12). Sin esa fe auténtica, ponemos en peligro nuestro destino en la eternidad futura, porque la fe auténtica es la certeza de lo que se espera (la vida eterna) y la convicción de lo que no se ve (Dios) (Heb 11.1).


Las implicaciones de la fe auténtica –en Dios--.
Ahora bien, la fe en Dios implica más, bastante más, que creer en Sus promesas. Es también creer en Sus mandamientos y estatutos, lo cual nos lleva a la obediencia, y fe en Sus propósitos, lo cual nos lleva a vivir bajo la dirección de Su Espíritu, Su agenda, Sus prioridades, etc., no bajo las nuestras. En resumen, fe significa vivir real y efectivamente, sometidos a Dios y a Su voluntad en todo asunto, a Su Señorío, pero no un Señorío nominal, sino real, creciente, en todos los asuntos de nuestra vida, en todo tiempo, en toda circunstancia, y ello implica, en última instancia, la búsqueda de la santidad creciente, de vivir vidas totalmente agradables a Dios, guiadas por Sus principios establecidos en la Palabra y por el Espíritu Santo.

13 Oct 2010
Referencia: Fe.