Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Abuso de autoridad. Primera Parte.



Introducción.

Hay abuso espiritual, cuando se emplea la espiritualidad para hacer que otras personas vivan según cierta “norma espiritual” conforme a los parámetros de los abusadores.
Cualquiera sea el abuso espiritual o de autoridad, los resultados suelen ser los mismos: La persona queda con el peso de la culpa del juicio o la condena, y aun la vergüenza y queda confusa respecto a su posición como cristiano.
Cuando un líder le dice a otros que aquellos que dejan de estar bajo su autoridad o la desobedecen están en peligro del castigo de Dios, o pueden caer en maldición, o van a sufrir un daño, podemos estar seguros que en esta persona está operando un espíritu de control. El está intentando (consciente o inconscientemente) sembrar temor como medio carnal de mantener a las personas dentro de su liderazgo (aunque sea por buenos motivos).
Todos los que se encuentran en posiciones de liderazgo espiritual deben ser conscientes de que por esa posición y autoridad que Dios les ha otorgado, las personas abren sus corazones delante de ellos, y les asignan una autoridad y un poder muy grande respecto de sus vidas, lo que implica una tremenda responsabilidad delante de Dios, que debe ser ejercida con temor y temblor, porque vamos a dar cuenta de ella (Mat 25:14-30).
No es una posición que pueda tomarse ni ejercerse a la ligera (1 Tim 3:6) porque lo que hagan o dejen de hacer con respecto a una persona tendrá consecuencias espirituales y eternas no solo en la persona que está directamente en contacto con ellos, sino que abarcará sus familias y sus generaciones. Por ello, 1 Tim 3:6 nos enseña que la autoridad no debe delegarse sobre una persona neófita (inmadura, irresponsable), no sea que envaneciéndose (orgullo, vanidad, vanagloria) caiga en tentación (abuso de autoridad, control y manipulación) y lazo del diablo. Recordemos que el diablo, envaneciéndose con un más alto concepto de sí mismo que el que debía tener, quiso asumir la autoridad de Dios y desplazarlo de esa posición (con lo mismo va a tratar de tentar a los líderes; así lo hizo con Adán –Gen 3:5- y lo trató de hacer con Jesús –Mat 4.1-10-), porque quería obtener reconocimiento, admiración, adoración (manipulación, control, idolatría).
En consecuencia, cuando un líder abusa de la autoridad que Dios le ha dado, en lugar de hacer la obra de Dios está haciendo la obra del diablo, y más aún, cuando un líder abusa de su autoridad espiritual, porque el abuso de autoridad espiritual afecta en dos niveles: el nivel temporal y el nivel eterno.



Definición.

Abuso es el mal uso o el uso indebido, excesivo o injusto de algo
Abuso de autoridad es la extralimitación de funciones por parte de autoridades o funcionarios públicos en el desempeño de un determinado cargo u oficio. (R.A.E.).
El abuso espiritual es, entonces, la extralimitación de las funciones de los líderes espirituales que hacen mal uso, uso indebido, excesivo o injusto de la autoridad y los dones espirituales que Dios les ha concedido (que son para ayudar, apoyar o proveer mayor crecimiento espiritual a las personas bajo su autoridad), para manipular, controlar, obligar, a las personas a hacer determinadas cosas que van en beneficio propio del líder y/o su ministerio u organización, y que no contribuyen, debilitan, sabotean o disminuyen el desarrollo espiritual de esas personas.

El abuso espiritual (intencional o no, a sabiendas o no) mayormente ocurre cuando:
Un líder usa su posición espiritual para controlar o dominar a los demás, lo cual implica una forma de menosprecio al considerarlos incapaces de tomar decisiones por sí mismos (proteccionismo excesivo).
Cuando las opiniones y/o sentimientos de los demás son ignorados o pasados por alto, lo cual también es una forma de menosprecio a la persona (sus opiniones y sentimientos no son importantes).
Un líder inseguro de sí mismos, abusa del poder que tiene para reforzar su posición (“aquí el que manda soy yo”).
Se emplea la posición y autoridad espiritual para obligar a las personas a que vivan según cierto “criterio” o “norma” determinada por el líder, aún con alguna base bíblica.

No siempre el maltrato proviene de personas que tienen una verdadera posición de autoridad espiritual. El abuso puede provenir de alguien que no teniendo una verdadera autoridad espiritual quiere ser percibido como quien tiene poder y autoridad y así tener un lugar de influencia.

Algunas formas que asume el abuso espiritual son:
El Síndrome de Diótrefes.
La adicción espiritual.
La idolatría al líder.
El autoritarismo espiritual.



El síndrome de Diótrefes.

3 Jn 1:9-10. Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe. Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia.

Las características que el apóstol Juan da de Diótrefes son importantes para definir este síndrome:
Le gusta tener el primer lugar no para servir efectivamente a otros sino para obtener beneficios personales (reconocimiento, identidad, poder, codicia, avaricia, etc.). Manipula los sentimientos de las personas para obtener beneficios personales. No está verdaderamente interesado en el desarrollo espiritual de las personas. Su interés es la construcción de su propia obra, ministerio, denominación, no el Reino de Dios y su justicia y las personas. Sobre-énfasis en las necesidades, agendas, objetivos y metas ministeriales, no en las necesidades de las personas.
Aísla a las personas a su cargo de recibir bendición, instrucción o edificación de otros que no estén totalmente de acuerdo con él (inseguridad). “Si escuchan o tienen contacto con XX, se van a contaminar”.
Habla palabras malignas (critica, denigra, menosprecia, a las personas y los motivos de su corazón, no sus enseñanzas) contra otros líderes que pueden tener influencia con las personas que están a su cargo.
Para mantener el aislamiento usa su autoridad para establecer sus propias reglas y castigos para los transgresores. Uso del temor como instrumento de liderazgo para mantener el control. Se enseñorea de las personas a su cargo.

La presencia de esto signos en el liderazgo no siempre es intencional, pero de todos modos sucede. Algunos de los líderes que pudieran manifestar estos signos o síntomas, son así simplemente porque ellos mismos estuvieron bajo liderazgos de este tipo en el pasado y aprendieron de ellos, de tal manera que el originalmente abusado, al estar en una posición de autoridad, se convierte en abusador. Y otros lo hacen también involuntariamente, dominados por un sentimiento de inseguridad en sí mismos, para reforzar o consolidar su posición, cuando sienten que la van a perder.

La solución, en el caso de los líderes, sigue, por lo menos, por los siguientes pasos:
Que se someta a un proceso de sanidad de su alma para perdonar los abusos del pasado (Efe 4:32), sanar el dolor del corazón (Heb 12:14-15).
Arrepentirse delante del Señor del daño causado y confesar su pecado delante de El (Sal 119:59, 1 Jn 1:9).
Aprender nuevos patrones de conducta y liderazgo para bendecir a las personas (Jn 5:39, Mar 10:42-45).
Pedir perdón a las personas a su cargo e iniciar un proceso para restaurar sus corazones de las consecuencias del abuso involuntario.

La solución, en el caso de las personas a cargo de estos líderes implicaría, por lo menos, los siguientes pasos:
Si sus líderes se han arrepentido, les han pedido perdón y están volviendo al consejo completo de la Palabra, darle gracias a Dios por ellos por su corazón enseñable, perdonarles y apoyarles en el nuevo camino que están emprendiendo (Efe 4:32, Gal 6:1).

Si sus líderes no se han arrepentido:
Perdonar a sus líderes por el daño causado (Efe 4:32).
Buscar otra congregación donde el liderazgo no sea abusador, tengan un interés por el cuidado y atención de las personas (1 Tes 2:5-12), y tengan programas de restauración y sanidad espiritual y del alma (Luc 4:18-19).
Someterse a un proceso de sanidad y restauración de los efectos del abuso (Heb 12:14-15)



La adicción espiritual.

Adicción: hábito de quien se deja dominar por el uso de alguna o algunas drogas tóxicas, o por la afición desmedida a ciertos juegos, haciendo depender su bienestar de ello.
Ello implica, en términos generales, un estado de dependencia a algo o alguien (droga, situación, acción, persona, unción, dones, etc.) que toma el control de uno mismo, y a lo que recurre continuamente para enfrentar las situaciones diarias de la vida en lugar de asumir la responsabilidad propia.
La adicción espiritual, entonces, es un estado de dependencia hacia un mensaje específico que no considera el consejo completo de la Palabra de Dios (generalmente motivacional, cuyo efecto es de corta duración y que requiere constante retroalimentación porque choca con la realidad diaria), en lugar de hacia Dios, el consejo de Su Palabra y la dirección de su Espíritu.
La idea, la mayor parte de las veces inconsciente y no intencional, detrás de esta situación es tener “entretenidas” a las personas, para que ignoren sus necesidades espirituales reales mediante “placebos” en forma de respuestas rápidas y fáciles (fórmulas para orar, prosperar, confesar, etc.), sin que haya un cambio real, radical, en sus corazones, sus relaciones, sus actividades, y por ende, en sus vidas.

En el libro de Neh 5 y 6, se manifiestan algunas características de esta adicción:
No buscan la justicia ni la verdad (Jer 5:1), solo su bienestar. “Desde el más chico de ellos hasta el más grande, cada uno sigue la avaricia”. (Jer 6:13ª).
Aunque tengan, base bíblica, es una verdad a medias, y por tanto, falsa. “Juran falsamente”. (Jer 5:2). “Desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores (Jer 6:13b)
Generalmente ignoran aspectos verdaderos de Dios que son contrarios al mensaje. “Negaron a Jehová, y dijeron: El no es” (Jer 5:12).
Generalmente enfatizan solo en los aspectos placenteros, cómodos, externos de la vida (los afanes de este siglo, la vanagloria de la vida), y en las bendiciones de Dios, pero no en los costos y responsabilidades. “No vendrá mal sobre nosotros, ni veremos espada ni hambre” (Jer 5:12).
Ponen muy poco énfasis en el temor de Jehová, en la santidad, en un estilo de vida bíblico. “¿A mí no me temeréis? Dice Jehová. ¿No os amedrentaréis ante mí…? (Jer 5:22). “Y no dijeron en su corazón: temamos ahora a Jehová Dios nuestro” (Jer 5:24).
Su interés es captar audiencia, atraer masas para hacerse grandes ellos, su iglesia, su denominación, su reino. “Pusieron trampa para cazar hombres. Como jaula llena de pájaros” (Jer 5:26b-27ª). Lo hacen con un mensaje atractivo aunque no responda al consejo completo de la Palabra. “Sus casas están llenas de engaño”; (Jer 5:27b). “Así se hicieron grandes y ricos. Se engordaron y se pusieron lustrosos” (Jer 5:27c-28a). “Se hicieron prósperos” (Jer 5:28c).
No tienen un genuino interés en las personas. “No juzgaron la causa del huérfano…y la causa de los pobres no juzgaron (Jer 5.28). “Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: paz, paz; y no hay paz” (Jer 6:14).
Recurren a profetas internos y externos que estén de acuerdo con ellos para afirmar su mensaje y rechazan, menosprecian, critican y hasta vituperan a quienes, aún con base bíblica abundante, no comparten ese mensaje. “Los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos” (Jer 5:31). “Antes los profetas serán como viento, porque no hay en ellos palabra” (Jer 5:13).

La solución en este caso es, para los líderes:
Arrepentimiento (Jer 6:15).
Considerar sus caminos y volverse a los testimonios de Dios (Sal 119.59, Jer 6:16).
Pedir perdón a las personas que están a su cargo por haber provocado esa adicción y ayudarles a conocer el consejo completo de la Palabra, principalmente en aquellos puntos que constituyen la contrapartida de la enseñanza impartida, o la otra parte del mensaje (costos, responsabilidades, etc.).

La solución para los que están bajo este tipo de abuso es:
Si sus líderes se han arrepentido, les han pedido perdón y están volviendo al consejo completo de la Palabra, darle gracias a Dios por ellos por su corazón enseñable, perdonarles y apoyarles en el nuevo camino que están emprendiendo (Efe 4:32, Gal 6:1).
Si sus líderes no se han arrepentido:
 Arrepentirse de la adicción que han adquirido (Jer 6:15).
 Considerar sus caminos y volverse a los testimonios de Dios (Sal 119:59, Jer 6:16).
 Buscar otra congregación donde se predique el consejo completo de la Palabra.



07 Ene 2011