Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Los ídolos del corazón.



Introducción.
Muchos creyentes se desaniman porque otros (ya sea de manera real o aparente) prosperan, tienen éxito, les va bien, no se enferman, no tienen problemas, etc., y/o porque aparentemente Dios no los escucha o no ven el cumplimiento de las promesas de Dios en su vida en el tiempo en que ellos quieren.
Esto no es una situación nueva. La Palabra de Dios nos enseña que David, en su tiempo, sintió lo mismo según su testimonio en el Sal 73; igualmente el pueblo de Israel tenía ese pensamiento en los tiempos de Malaquías (Mal 3:13-15), etc.
¿Cuál es el verdadero problema detrás de esta situación? En una gran mayoría de casos es que están poniendo su mirada en las cosas del hombre y/o del mundo, y carecen de un corazón plenamente agradecido con lo que Dios ha hecho en sus vidas, porque al final, ¿Qué es más importante? ¿Tener cosas y que les vaya bien en esta vida y su alma se pierda o entrar en la vida eterna con plenitud de bendición, aunque la vida terrenal no hubiera sido tan “buena” como ellos hubiesen querido? Además, ¿Dónde está su agradecimiento con Dios por haber enviado a Jesús a morir por sus pecados, haberles perdonado y salvado, restaurado, sanado, etc.?
Salomón es un buen ejemplo de esta situación. En el principio pidió a Dios sabiduría no riquezas, y Dios le concedió ambos. Pero por su testimonio, en el libro de Eclesiastés, su corazón no estaba tan bien para con Dios porque posteriormente, por seguir las cosas del mundo: riquezas, poder, placeres, sabiduría humana, etc., se apartó de Dios y vivió, por lo menos durante un tiempo, en frustración, decepción, desánimo, desesperación, etc., y concluye, al final del libro, diciendo que el todo del hombre no son las cosas materiales que no pueden darle verdadera felicidad, satisfacción, bienestar, etc., sino obedecer los mandamientos de Dios.
El pueblo de Israel constantemente se apartaba de Dios por las mismas situaciones, y caía en la idolatría –que para Dios es abominable porque es equivalente a un adulterio espiritual—y por ello les iba muy mal, hasta que se volvían a Dios de nuevo. Igual pasa con muchos aparentes creyentes hoy en día.
¿Qué es lo que realmente pasa, lo que está detrás de esta situación? La respuesta la podemos encontrar cuando estudiamos 1 Jn 2:15-17.



Idolo e idolatría.
Un ídolo, bíblicamente hablando, es todo aquello –persona, situación y/o cosa- que toma en nuestro corazón, una parte o todo el lugar que le corresponde solo a Dios y en lo que ponemos nuestra esperanza para ser felices, obtener bienestar, encontrar la solución de nuestros problemas, etc., y que además, controla nuestras decisiones y de alguna manera, le rendimos una especie de culto –dedicamos más tiempo que a Dios-, le buscamos y le servimos más que a Dios, etc. Y ello puede ser el trabajo, el dinero, el bienestar, la seguridad, los placeres, etc.
Ídolo, según Dios, no son solamente las esculturas y/o imágenes de personas y/o deidades a las que se les rinde adoración, sino todo lo que puede usurpar el lugar de Dios en nuestro corazón.
Idolatría es la veneración, rendición, confianza, servicio, etc., a esas cosas.



1 Jn 2.15-17.
Dios nos da todas las cosas para que las disfrutemos no para que nos controlen. Cuando esas cosas comienzan a tomar el control de nuestras vidas –las comenzamos a amar más que a Dios-- y a determinar nuestras decisiones y tomar del tiempo que necesitamos para dedicarle a Dios, entonces estamos entrando en una zona de problemas que nos puede llevar a apartarnos totalmente de Dios. La Palabra de Dios clasifica esas cosas en tres grupos:
Los deseos de la carne.
Los deseos de los ojos.
La vanagloria de la vida.



Los deseos de la carne (placeres desordenados).
La gula y la glotonería.
Las adicciones (no solo alcohol, tabaco, drogas, sino a personas, al sexo, al trabajo, al deporte, etc.).
El sensualismo (culto y exhibicionismo del cuerpo y/o placeres de los sentidos)
La pereza y la comodidad.
La sexualidad desordenada (fuera del matrimonio).
Las enemistades, los pleitos, los celos, la ira, etc.
Contra estas cosas la Palabra nos exhorta a desarrollar el dominio propio y la templanza.



Los deseos de los ojos (codicia, lujuria, avaricia, envidia).
El dinero, los bienes y la riqueza.
El lujo y el despilfarro.
Aparentar o manifestar que se tiene más que los demás (tener un sentido de valor por lo que se tiene y no por quien se es).
Contra estas cosas la Palabra de Dios nos exhorta a desarrollar la sobriedad y el contentamiento.



La vanagloria de la vida.
El orgullo, la soberbia, la altanería.
El afán de alcanzar nuevas y más altas posiciones, ser notorio, buscar figurar a cualquier costo.
Competicionismo (competencia desleal para superar a otros).
Menosprecio de otros, racismo, discriminación.
Rebeldía, autosuficiencia, creerse por encima de los demás y/o superior en valor a otros, etc.
Contra estas cosas la Palabra de Dios nos exhorta a desarrollar la humildad, el servicio, a no tener un ás alto concepto de nosotros que el que debemos tener, a enfocarnos en superarnos a nosotros mismos (no a otros).



Cuando estas cosas toman control de nuestras vidas, o las amamos más que a Dios (es decir, que amamos a Dios, pero nos amamos más a nosotros mismos, las cosas y/o los placeres), lo que se evidencia en que ante dedicar nuestro tiempo, recursos y/o energías hacia buscar a Dios, servirlo y honrarlo, preferimos hacerlo a esas cosas y/o actividades, entonces estamos cayendo en lo que Dios le dijo a Israel en Jer 2:13-19: “Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua. ¿Es Israel siervo? ¿es esclavo? ¿Por qué ha venido a ser presa? Los cachorros del león rugieron contra él, alzaron su voz, y asolaron su tierra; quemadas están sus ciudades, sin morador. Aun los hijos de Menfis y de Tafnes te quebrantaron la coronilla. ¿No te acarreó esto el haber dejado a Jehová tu Dios, cuando te conducía por el camino? Ahora, pues, ¿qué tienes tú en el camino de Egipto, para que bebas agua del Nilo? ¿Y qué tienes tú en el camino de Asiria, para que bebas agua del Eufrates? Tu maldad te castigará, y tus rebeldías te condenarán; sabe, pues, y ve cuán malo y amargo es el haber dejado tú a Jehová tu Dios, y faltar mi temor en ti, dice el Señor, Jehová de los ejércitos.”



La solución.
Pedirle al Señor que escudriñe nuestros corazones para que nos descubra la iniquidad que hay en ellos.
Arrepentirnos de esa idolatría y confesar nuestro pecado delante del Señor clamando por Su perdón y la limpieza de nuestro corazón.
Pedirle al Señor que ponga en nosotros espíritu de arrepentimiento y de temor de Jehová para no volver a caer en ese pecado o alguno similar.
Desarrollar nuestra comunión e intimidad con Cristo y Su Palabra para que sea la guía de nuestros pasos juntamente con Su Espíritu Santo.

06 Feb 2011