Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Módulo 111. Mayordomía.



Tema No. 3. RENDICION DE CUENTAS Y NIVELES Y ÁREAS DE MAYORDOMÍA.



Objetivos de la enseñanza.
Mejorar nuestro conocimiento, entendimiento y aplicación de la mayordomía y sus fundamentos en nuestra vida.
Conocer, entender y aplicar la relación entre la rendición de cuentas y la mayordomía.
Conocer, entender y aplicar la mayordomía en sus diferentes niveles y áreas.



Introducción.
La mayordomía no es solo una cuestión de tomar las cosas que nos han sido dadas y procurar hacer buen uso de ellas según nuestro criterio o nuestros particulares planes.
Es un asunto de considerar el criterio de quién nos dio las cosas porque en algún momento, corto, mediano o largo plazo, nos va a pedir cuentas y ello va a tener incidencia directa en el tipo de futuro que vamos a vivir, no solo en esta vida sino también en la vida eterna (Mt. 25.14–30, 31–46; Lc. 19.12–28; 1 Co. 3.12–15; 2 Co. 5.10; 1 P. 1.17; Ap. 20.12s).



Luc 16:10–13 Fidelidad en la mayordomía (ver Mat. 6:24).
Primero, la forma en que las personas cuidamos de lo poco es un indicador de cómo cuidaremos de una suma mayor (vrs 10). Si alguien es un mal administrador de lo natural, difícilmente se le encargarán las riquezas espirituales que son más valiosas e importantes (vrs 11).
Segundo, si las personas no podemos ejercer el cuidado necesario sobre algo que nos ha sido confiado y por lo cual hay que rendir cuentas, no se nos dará más para que las usemos a nuestro gusto (vrs 12).
Tercero, las exigencias de Dios son muy fuertes sobre lo que nos da (vrs 13).



Juicio y mayordomía.
La Escritura habla de un juicio para los creyentes.
Cristo en su venida juzgará a su pueblo (Mt. 25.14–30, 31–46; Lc. 19.12–28; 1 Co. 3.12–15; 2 Co. 5.10; 1 P. 1.17; Ap. 20.12s).
Los creyentes seremos juzgados por el Señor con respecto a la mayordomía de las personas, los talentos, dones, oportunidades, y responsabilidades que se nos hayan concedido en el curso de nuestra vida.
1 Ped 1.17. El juicio divino del pueblo de Dios será un juicio paternal. No tendrá el efecto de hacer peligrar la posición del creyente en el seno de la familia de Dios. Se hará con toda la comprensión y la compasión de un padre; pero no por ello ha de tomarse con liviandad o descuidadamente. Este juicio paternal lo llevará a cabo Cristo cuando vuelva, e incidirá directamente en aspectos fundamentales de la eternidad.



Mat 25:14–30 La parábola de los talentos (cf. Luc. 19:11–27).
Presenta a un dueño que emprende un viaje y deja a sus siervos con responsabilidades para llevar a cabo.
Hay una larga espera (19), y lo que interesa es la constancia en la realización de la tarea aprovechando al máximo las oportunidades que se nos han encomendado.
El talento es, sencillamente, el nombre de una suma (muy grande) de dinero, en términos modernos equivaldría a varios miles de dólares.
Esta parábola tiene un significado metafórico, al ser aplicada a todos los regalos que nos han sido dados por Dios, y que tenemos la responsabilidad de cuidar, desarrollar y/io usar (personas, habilidades, capacidades, bienes, talentos, dones, ministerio, etc.).
A cada siervo le fueron entregadas diferentes cantidades (aunque todas muy grandes), conforme a su capacidad, y el aumento que se esperaba era en proporción a la cantidad encomendada.
Dios reconoce que todos somos diferentes y espera recibir de nosotros sólo lo que corresponda.
Es significante que los dos siervos que tuvieron éxito recibieron elogios idénticos del dueño (21, 23), aunque la escala de su responsabilidad original, y por lo tanto de sus logros, era diferente.
El tener un “don” menor no nos disculpa de hacer un esfuerzo apropiado.
El error del tercer siervo fue que no reconoció las intenciones de su dueño, y optó por seguridad en lugar del servicio. Con la esperanza de no equivocarse, terminó no haciendo nada correctamente.
Dios espera, y premia, el uso creativo de las oportunidades de servicio que se nos abren.
Si por error vemos a Dios como un tirano duro nos será difícil responderle de una manera amorosa y abierta.
Debemos usar esos dones responsablemente, pero también en forma osada (no temerosa).



Niveles de mayordomía.

El mayordomo malo (Luc 16.1, 8).
Mayordomía muy deficiente y llena de actitudes equivocadas.
Muchos errores y desatinos: se convierte en acusado.
Derrocha bienes: se desperdician muchos de los recursos y talentos actuando con mucha ineficiencia.
Injusto: una persona llena de errores.
Es puesto fuera: peligro de perder su posición, sus privilegios y sus funciones.

El mayordomo bueno (1 Ped 4.10).
Responsabilidad.
Desarrolla sus virtudes: permite que el Espíritu Santo desarrolle en él las virtudes de Cristo.
No labora por presión, interés, compromiso humano, temor, lo hace por gratitud, amor, dedicación y compromiso con Dios.
Produce beneficio: tanto él como las personas a su alrededor reciben los beneficios de su conducta.
Alcanza el propósito de Dios para su vida.

El mayordomo fiel (1 Cor 4:1-2).
Ha adquirido mayores niveles de capacidad y eficacia.
Hallado: ha sido sometido a un escrutinio, una prueba, un tiempo de padecimiento y adversidad y ha logrado permanecer firme en medio de cualquiera de ellas y de cualquier circunstancia que se oponga a su tarea hacia Dios.
Confiable: cumple con la asignación recibida y en el tiempo determinado, y lo hace sin necesidad de que nadie esté detrás de él supervisándolo, empujándolo, etc.
Certero: hace lo que Dios quiere, y lo hace bien.
Lleno de fe: se apoya en la fe para cumplir con sus asignaciones, lo que le permite apropiarse de las promesas y la Palabra de Dios para cumplir con su misión ante Dios.

El mayordomo irreprensible (Tito 1:7-8).
Sin acusación, irreprochable, sin mancha: no se encuentra ningún pero en él ni en su asignación, y tampoco faltas, errores o deficiencias.
Desarrolla fuertemente la excelencia: hoy mejor que ayer y mañana mejor que hoy (Mat 5:48).
Hace más de lo que Dios le ha pedido: no solo se concreta a hacer lo que Dios le ha dicho que haga, camina la milla extra, mentalidad de máximos (no de mínimos).
Capacidad de desprendimiento (Mat 5.40).
Entrega incondicional (Mat 5:41).
Generosidad desbordante (Mat 5:42).



El alcance de nuestra mayordomía.

El concepto de mayordomía tiene que ver con todas las cosas y todos los aspectos de la vida. No es solo relacionado con el dinero o los dones.
El, como dueño de todo lo que existe, en la tierra y en el cielo, ejerce propiedad sobre todo nuestro ser, tanto interior como exterior, como sobre todo lo externo. ¿Que tenemos nuestro que no nos haya sido dado? (Jn 3:27). Sal 24:1: Del Señor es la tierra y su plenitud y todo lo que en ella hay. Rom 11:36: Porque de El, y por El, y para El, son todas las cosas.

Si todo nos ha sido dado, entonces somos responsables de todo.
Mayordomía de nosotros mismos: Espíritu, alma y cuerpo.
Mayordomía de las personas: familia y relaciones.
Mayordomía de las cosas: Dinero y tiempo, trabajo, habilidades y capacidades, dones y ministerio, medio ambiente, etc.



Cada uno de nosotros, desde la perspectiva de la mayordomía, somos como una empresa.
Recibe insumos: tiempo, dinero y bienes, talentos y habilidades. dones, Palabra y unción, relaciones (Dios, cónyuge, familia, iglesia, otros).
Los procesa: fructificar, multiplicar (Gen 1:28): planificación, coordinación, ejecución, supervisión, evaluación..
Entrega productos: llenar, sojuzgar, señorear. (Gen 1:28): frutos y resultados para la gloria de Dios, cumplimiento del llamado y propósito.



Preguntas para autoevaluación.
Defina en sus propias palabras lo que entiende por fidelidad en relación con la mayordomía.
¿Cuales son los dos principios fundamentales mediante los cuales Dios evalúa nuestra fidelidad con respecto a la mayordomía?
Defina en sus propias palabras a que se refiere el juicio y la mayordomía.
¿Cuál es la consecuencia del juicio de nuestra mayordomía al final de los tiempos?
Defina en sus propias palabras las enseñanzas que nos deja la parábola de los talentos en relación con la mayordomía.
Uno de los niveles de mayordomía es el del mayordomo malo. ¿Cuáles son sus características?
Otro de los niveles de mayordomía es el del mayordomo bueno. ¿Qué características manifiesta este nivel de mayordomía?
El tercer nivel de mayordomía es el del mayordomo fiel. ¿Cómo definiría este nivel de mayordomía?
El nivel superior de mayordomía es el del mayordomo irreprensible ¿Cuáles son sus características más relevantes?
¿Que está requiriéndole el Espíritu Santo en estos momentos, para mejorar su nivel de mayordomía?
En sus propias palabras ¿Cuál es el alcance de la mayordomía que Dios requiere de nosotros?
Desde la perspectiva de la mayordomía y en sus propias palabras ¿En qué nos parecemos a una empresa? Por favor, explique su respuesta.

01 Mar 2011