Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Un corazón apasionado.




El centro del Evangelio.

El centro del Evangelio no soy yo.
El centro del Evangelio es Cristo, Su voluntad, Su propósito, Sus instrucciones.
El centro del Evangelio se trata de vivir para Dios, no que Dios viva para mí, haciendo lo que yo quiero, yo necesito, me gustaría, etc.
El Evangelio se trata de que El crezca y que yo mengüe (Jn 3:30).
No se trata de mi éxito, mi bendición, mi prosperidad económica, sino de hacer la voluntad de Dios (Mat 7:21).



La pasión por Dios.

El amor de Cristo nos debe constreñir (apasionar, apremiar) de tal manera que ya no vivimos para nosotros, sino para El, para hacer Su voluntad (2 Cor 5:14-15)
Y dentro de la voluntad de Dios está el evangelismo, evangelizar, para compartir el Evangelio con todos aquellos que necesitan de Cristo (todas las personas) (1 Tim 2:3). El primer deseo de Dios es que todos los seres humanos vean al arrepentimiento y el conocimiento de El.

Además el deseo de Dios es que nos enamoremos y apasionemos por El (Sant 5:14) como una novia o una esposa recién casada está respecto a su pareja.
¿Dónde está hoy nuestra pasión, donde está la pasión de la Iglesia por Jesús, por Dios?
Donde está la pasión por hacer la voluntad de Dios (Mat 7:21).



Los pecados de omisión.

Muchos de nosotros o pecamos activamente, pero pecamos por omisión, y ello es igualmente pecado. Sant 4:17 nos enseña que el que sabe hacer lo bueno y no lo hace le es contado por pecado.
No necesitamos estar activos en cometer el pecado. Podemos pecar por omisión, no haciendo lo bueno, lo que se espera de nosotros: evangelizar, diezmar, perdonar, hablar la verdad, alabar, orar, etc.
 Sabemos que tenemos que diezmar y no diezmamos, pecamos.
 Sabemos que tenemos que alabar y no alabamos, pecamos.
 Sabemos que tenemos que perdonar y no perdonamos, pecamos.
 Sabemos que tenemos que orar y no oramos, pecamos.
 Sabemos que tenemos que evangelizar y no evangelizamos, pecamos.

El problema de muchos cristianos ahora es que asisten a la iglesia en forma religiosa (por trámite, por obligación, por tradición) y por ello, oyen y no hacen, y por lo tanto pecan. El que oye la palabra y no la hace se engaña a sí mismo (Sant 1:22).



El ministerio y el evangelismo.

2 Tim 4:5. El ministerio (el servicio a Dios) siempre comienza con evangelismo, y todos nosotros tenemos de parte de Dios un ministerio (2 Cor 5:18): el ministerio de la reconciliación, que es básicamente de la reconciliación de Dios con las personas (evangelismo).

El evangelismo nos compete a todos los creyentes (Mat 28:18.20, Mar 16:15-18). Es un mandamiento, no una opción.

¿Cuántos de nosotros conocemos personas que no tienen a Cristo, o que habiéndolo tenido no están caminando en El? ¿Por qué no los traemos a la Iglesia, porqué no vamos a buscarlos?

¿Cuántos queremos ver el poder de Dios en acción? El poder de Dios en acción lo vemos cuando estamos evangelizando (Mar 16:15-18): ir y evangelizar, entonces, sus señales (milagros) nos seguirán. Pero si nos quedamos parados, estáticos, esperando que las personas vengan hacia nosotros no vamos a ver en acción Su poder.

El judaísmo inicia cuando Dios llama a Abraham a salir de su tierra (Gen 12:1-3).
El cristianismo inicia cuando Jesús deja el cielo y viene a la tierra (Jn 3:16).
El cristianismo se extiende cuando la Iglesia de Jerusalén, empujada por la persecución, sale hacia el mundo (Hch 8:1).
Cuando Dios busca a Elías, este tiene que salir de la cueva (1 Rey 19:9-14).

Siempre se trata de salir.
Para ver resurrecciones de muertos vamos a tener que ir a la funeraria.
Para ver enfermos sanados vamos a tener que ir a los hospitales.
Siempre se trata de ir, no de que vengan.

Los no salvos no van a venir, ellos tienen cegados los ojos para que no les resplandezca la luz del evangelio (2 Cor 4:4) y para ellos el evangelio (la iglesia) es locura (1 Cor 1:18), no les interesa. No podemos quedarnos esperando que vengan, vamos a tener que ir por ellos, de la manera que Jesús vino por nosotros dejando el cielo y haciéndose hombre (Jn 3:16).

El método de Dios es alguien que vaya por ellos.

No se trata de hacerlo por obligación, sino por amor, por convicción, por pasión.
En el cristianismo nada es por obligación, todo es por amor.
No pecamos porque tengamos la obligación de no pecar, sino por amor a Dios, porque no queremos lastimar el corazón de Dios que nos ama tanto, no queremos ofender a Aquel que pagó por el perdón de nuestros pecados.
No evangelizamos por obligación sino por amor a Aquel que nos salvó y a aquellos que necesitan Su salvación (2 Cor 5:14-15, Rom 1:13-16).



Un corazón apasionado.

Si no estamos apasionados por Dios al punto de estar dispuestos a dejarlo todo por El, necesitamos dejar de orar por las bendiciones de El y comenzar a orar por recibir un corazón apasionado por El. Cuando esté apasionado por El, entonces todas las bendiciones me van a alcanzar (Mat 6:33). Puedo estar bendecido pero si no estoy apasionado por El tal vez no me sirva de nada haber sido bendecido.

El tener un corazón apasionado implica tener que pagar un precio, en el momento, aparentemente muy alto, pero a la larga, es lo único que vale la pena. El precio es nada comparado con estar enamorado de El. Es lo mejor que nos puede pasar. Si nosotros nos apasionamos por El, El se va a apasionar por nosotros, y como un apasionado enamorado, se va a dar totalmente a nosotros en todo.

Un cristianismo sin pasión es como un mar sin sal, o como un lago sin agua, o como un chile relleno sin chile. Desabrido, aburrido, religioso.

La pasión nadie la puede hacer surgir en nuestros corazones, somos nosotros lo que tenemos que desarrollarla. Pablo le dice a Timoteo: aviva el fuego del don que hay en ti (2 Tim 1:6). Era Timoteo el que tenía que avivar el fuego en él.

Dios nos ama tanto que El va a aceptar lo que nosotros le demos, pero el propósito de Dios para nosotros no es que le demos solo un poco de nosotros, sino todo, el 100%. Lo que sí es que Dios no da el 100% a los que dan el 5%, el 25%, el 50%, el 60%. Dios da el 100% a aquellos que le dan el 100%. Los tesoros escondidos y los secretos muy guardados no son para todos, son para aquellos que andan en intimidad con El, a los apasionados por El (lo que sembramos, cosechamos).

Tenemos más que suficiente para estar apasionados por Dios. Cuando uno se enamora de una persona, se enamora de ella por lo que ella hace por uno. Pues Dios nos ha dado mucho más que cualquier otra persona, deberíamos estar más apasionados por Dios que por cualquier persona por la que en algún momento de nuestras vidas hubiéramos estado apasionados y/o enamorados.

El cristianismo tiene que ser vivo en nosotros, vibrante, no tradicional, no aburrido, una aventura diaria. Pero ello no va a sucedernos hasta que no vivamos apasionados por Dios.

Hoy hay muchos que se apasionan por las bendiciones, por los pastores, por la unción, por los edificios, por la denominación, etc., pero no apasionados por Dios. Hay gente que está enamorada de las cosas y usa a Dios para las cosas.

Apasionados por Dios, pasión por Dios, esa es la meta auténtica de nuestras vidas: amar a Dios con todo nuestro corazón, con todas nuestras fuerzas, con toda nuestra alma, con todo nuestro ser.






18 Mar 2011