Estudio Bíblico

Inicio > Estudio
Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Política y politiquería.



Política y politiquería.



Introducción.
En Gen 1:26-28, la Palabra de Dios nos enseña que Dios hizo al hombre y a la mujer a Su imagen y semejanza.
Una de las cualidades de Dios que es parte de Su imagen y semejanza es la de gobernar. El gobierna sobre todo el Universo y le ha entregado al Señor Jesucristo toda autoridad en el cielo y en la tierra, al punto que uno de Sus Nombres es “Rey de reyes y Señor de señores” (1 Tim 6:15, Apo 17.14)
Parte de la imagen de Dios que el ser humano ha recibido (Gen 1:26-27) es la cualidad de ejercer gobierno, de gobernar. De hecho esa era una atribución específica que Dios le encargó a Adán y Eva: la de sojuzgar y señorear sobre la tierra –no sobre las personas-- (ejercer gobierno).



La necesidad de la función de gobernar.
Desde el momento en que Dios, al crear al primer varón, Adán, le dio la orden de guardar y labrar el jardín, y que lo creara antes de la mujer y de sus hijos, estaba implicando la necesidad de gobierno (cabeza, responsabilidad, dirección, visión, servicio, etc.). De no haber habido tal necesidad, no hubiera dicho que haría al hombre para que sojuzgara y señoreara sobre la tierra (insisto, no sobre las personas).
La función de gobierno definida por Dios, entonces, era que el ser humano gobernara sobre toda la creación, cuidándola y labrándola (Gen 2:15), y en relación con otros seres humanos, que les sirviera, como nos enseña perfectamente Jesús en Mar 10:42-45.
Esa necesidad de gobierno, si existía en el orden de la Creación perfecta de Dios, es aún más necesaria después de la caída.
Dios es el Creador directo de tres instituciones, que en su orden de creación son: la familia (Gen 2:21-25), el gobierno (Gen 9:5-6, Rom 13.1-7) y la iglesia (Mat 16:18-20), cada una con un propósito definido. Aún cuando El gobierna sobre ellas, puso una cabeza visible sobre cada una: los padres (en el caso de las familias), los reyes, presidentes, primeros ministros, etc. (en el caso de los gobiernos) y los pastores (en el caso de las iglesias locales). Y Su propósito era que el ejercicio del gobierno en cada una de ellas fuera realizado por personas justas (Deut 6:1-10, los padres; Rom 13:1-7, los gobernantes nacionales; 1 Tim 3:1-13, los pastores y diáconos). En estos tres ámbitos, los principios del ejercicio del gobierno son los mismos, aunque sus métodos varíen.



Los principios de autoridad y gobierno.
La Palabra de Dios establece para las esferas de gobierno, independientemente si se trata de la familia, la iglesia o el gobierno, principios generables bien claros aplicables al ejercicio de la autoridad en todas ellas, además de los principios propios que corresponden a cada una.
Uno de esos principios, claramente establecidos en Mat 20:20-28 y Mar 10:35-45, cuando Juan y Jacobo, con la intervención de su madre, querían obtener las posiciones al lado de Jesús en Su Reino, es el principio del ejercicio del gobierno y/o autoridad para servir, no para servirse de ello. Otro principio es la responsabilidad de establecer leyes justas, no conforme a los variables conceptos humanos de lo justo, sino de acuerdo a los conceptos invariables de la justicia de Dios (Mat 6:33, Mat 5:17-20, Deut 6:18-20, Exo 18.19-22, Deut 17:14-20). Todo ello presuponía, y presupone hoy, el ejercicio de la autoridad y gobierno, en todas las esferas, por personas que sean justas y que sirvan a los demás.



El ejercicio del gobierno por los cristianos hoy.
Por todos los pasajes que vimos anteriormente que corresponden al A.T. y que enseñan la necesidad de que los gobernantes sean personas que conozcan y apliquen la Palabra de Dios y sus principios de justicia, además de que la Palabra también nos enseña que ni una tilde ni una jota pasarán de todos los mandamientos, preceptos y principios del A.T. en el tiempo de la Gracia, entonces el mandamiento sigue siendo válido y aplicable a los cristianos el día de hoy, en relación con el ejercicio del gobierno civil.
Apo 1:5-6 nos enseña claramente que El Señor, a los que creemos en El como Señor de nuestras vidas, no solo nos lavó de nuestros pecados, sino que nos hizo reyes y sacerdotes para Dios. Y tanto la posición de rey como la de sacerdote son posiciones de gobierno: una en el ámbito natural y la otra en el espiritual. Y Jesús, cuando creó la Iglesia (Mat 16.18-20) dijo que la Iglesia tendría la autoridad (gobierno) en ambos ámbitos: que lo que atara en la tierra sería atado en el cielo y lo que desatara en la tierra sería desatado en el cielo. O sea que los creyentes, por llamamiento de Jesús, tenemos la función de ejercer gobierno en el ámbito espiritual y en el ámbito natural, de acuerdo al lugar donde Dios nos haya colocado.
En Rom 12:8, hablando de dones de gracia que Dios da a las personas, y entre ellas los creyentes en El por supuesto, está el don de presidir, que no indica que sea específicamente para presidir la iglesia, lo cual está incluido pero no excluye todos los demás ámbitos de la vida donde hay necesidad de presidir y/o dirigir (familia, trabajo, empresa, negocio, organización, estado, etc.).
Todo esto se corresponde con lo que enseña la Palabra de Dios en Prov 29:2: que cuando el gobernante no es creyente en Dios la ciudad es trastornada, en tanto que cuando la gobierna una persona que es justa –creyente y comprometida con Dios—la ciudad se alegra, es engrandecida (Prov 11.10-11. Este, indirectamente, es un llamado a los cristianos que tienen esa inclinación (Dios pone el querer como el hacer), a buscar el ejercicio del gobierno para el engrandecimiento de la organización, ciudad y/o nación que gobiernen.
Por lo tanto, el ejercicio del gobierno, en cualquier ámbito de la vida (familia, empresas, organizaciones, nacional, etc.), es un ámbito de actividad legítima para los hijos e hijas de Dios, y más que legítima, necesaria, tal como nos lo indican las enseñanzas de Mar 10:42-45 y Mat 20:25-28, cuando Jesús contrasta lo que hacen los gobernantes de las naciones y los que tienen potestad –poder, autoridad—sobre ellas, que no son cristianos, y lo que los cristianos deberían manifestar.



Política y politiquería.
Mar 10:42-45 y Mat 20:25-28 también definen, de una manera simple pero que no deja lugar a dudas, la diferencia entre política y politiquería, entre ejercicio legítimo de la autoridad e ilegítimo, entre gobierno legítimo y gobierno ilegítimo.
Para tener una mayor claridad al respecto es necesario que definamos dos términos: gobernar y política. Según la definición que se encuentra en el Diccionario de la Real Academia Española, gobernar es “mandar con autoridad, dirigir, guiar, ejercer influencia, componer, arreglar, regir según una norma, regla o idea”, en tanto que política es: “arte, doctrina u opinión referente al gobierno, actividad de quienes rigen o aspirar a regir los asuntos públicos, cortesía y buen modo de portarse, arte con que se conduce un asunto o se emplean los medios para alcanzar un fin determinado.” Podemos afirmar, entonces, que la política y/o el gobierno son el ejercicio de la autoridad, para guiar, dirigir y ejercer influencia, para alcanzar el objetivo del bien común. Y de hecho, ese es el mensaje de las enseñanzas de Jesús mencionadas.
Uno de las cosas contrarias a la política es la politiquería: guiar, dirigir y ejercer influencia para alcanzar objetivos diferentes al bien común, y usando técnicas de manipulación, intimidación, control y/o mentira (demagogia), lo que, en otras palabras, es la corrupción de la política para beneficio propio y/o de un grupo limitado de personas.
Cuando Jesús habla de los gobernantes de las naciones y los grandes que ejercen sobre ellas potestad y señorío, se refiere precisamente a la politiquería que usa las posiciones de autoridad en beneficio propio y no del bien común. Y claramente nos enseña que nosotros, los hijos e hijas de Dios, cuando aspiremos a esas posiciones, no debemos estar animados de ese deseo sino del de servir, de estimar a los demás como superiores a nosotros mismos y de ver por sus necesidades, bienestar e intereses tanto como lo hacemos por los nuestros (Fil 2:3-8, Deut 17.14-20).
De hecho establece parámetros claros para los aspirantes a las posiciones de autoridad y/o gobierno, tanto en la Iglesia como en el estado, que, por extensión, son aplicables a todas las posiciones de autoridad y/o gobierno en los negocios, la industria, el mundo laboral, las organizaciones, etc.: Deut 17:14-20 y 1 Tim 3:1-13.



Conclusiones.
La política y/o el gobierno son el ejercicio de la autoridad, para guiar, dirigir y ejercer influencia, para alcanzar el objetivo del bien común, sirviendo a los demás y buscando en todo momento la justicia, según la define Dios, en todas sus acciones y en las leyes y preceptos que establezcan.
La politiquería (guiar, dirigir y ejercer influencia para alcanzar objetivos diferentes al bien común, y usando técnicas de manipulación, intimidación, control y/o mentira –demagogia--), es la corrupción de la política para beneficio propio y/o de un grupo limitado de personas.
Parte de la imagen de Dios que el ser humano ha recibido es la cualidad de ejercer gobierno, de gobernar. El ejercicio del gobierno, en cualquier ámbito de la vida (familia, empresas, organizaciones, nacional, etc.), es un ámbito de actividad legítima para los hijos e hijas de Dios, y más que legítima, necesaria, y necesita ser ejercida en acuerdo a los principios que Dios establece en Su Palabra. Y ello es aplicable al ejercicio de la autoridad en el Gobierno de la ciudad y/o de la nación. De tal manera que la aspiración de un creyente a un puesto de gobierno (por elección o por nombramiento) es legítima y no tenemos derecho a limitarlo y menos a condenarlo, principalmente si esa persona cree que ha recibido un llamado legítimo de Dios para ello (los hijos e hijas de Dios, en algunos casos, pueden ser llamados por Dios al ejercicio de la política a nivel de gobierno, tal el caso de José, Nehemías, David, Daniel, Ester, etc.).. Nuestra función en este caso es instruirlo en los principios de la Palabra de Dios, aconsejarlo, sostenerlo en oración, y ayudarlo en el proceso de rendir cuentas delante de Dios y delante de las personas con respecto al ejercicio de esa autoridad (como Natan con respecto a David, Mardoqueo con respecto a Ester).
Ahora bien, los hijos e hijas de Dios que hayan sido llamados al ejercicio de algún cargo público, en ningún modo, fueron llamados para ejercerlo con politiquería, sino dentro de los parámetros de la Palabra de Dios, para ser luz y sal (Mat 5:13-16), agentes de transformación (Mat 13:33) y de reconciliación (2 Cor 5.17-20) de la política y el ejercicio del gobierno con Dios.





23 Mayo 2011