Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

El camino de la bendición de Dios: honrar a los que estàn en autoridad..




Introducción.
Lo primero que el diablo va a querer hacer contra nosotros es que nos rebelemos a nuestras autoridades, para robarnos la bendición de Dios. Eso fue lo que hizo con Eva.
Las obras testifican de nosotros, dan testimonio de lo que hay verdaderamente en nuestro corazón (fe o duda, obediencia o rebelión).


¿Còmo atraer el favor y la bendición de Dios a nuestras vidas? (Rom 13:1-7).
Someternos a la autoridad es honrarla.
En nuestro corazón no renovado (la carne), hay una tendencia natural a rebelarnos contra la autoridad. Esta es una obra de las tinieblas, del diablo.
Dios ha establecido todo en el mundo bajo autoridad y bajo leyes que necesitamos cumplir y obedecer. Como sus hijos, Dios nos manda que les obedezcamos y nos sujetemos a ellos, independientemente de si nos gustan o no.


Quiénes son nuestras autoridades (Efe 6:1-3,
Nuestros padres, nuestros jefes, las autoridades civiles –del gobierno--, las autoridades en la Iglesia.


La historia de Ana la esposa de Elcana, madre de Samuel 1 S 1:1-17
Ana era estéril, despreciada y maltratada emocionalmente por las otras mujeres de Elcana.
En una oportunidad, en el templo, estaba orando, manifestándole a Dios su angustia.
El Sumo Sacerdote Elí, equivocadamente, pensó que ella estaba borracha, y la reprendió ofensivamente.
Sin embargo Ana no se rebeló en contra del Sumo Sacerdote, aún cuando en lo natural ella podía tener razón para ello. Podría haber dicho: ”¡Este no tiene nada de amor!”, “¿qué clase de pastor es este”?, “¡Este pastor no tiene discernimiento espiritual, me iré, no volveré!”, etc.
Sin embargo, Ana, educadamente, honrando a la autoridad de Elí, y sujetándose a él, le hizo ver a Elí que estaba equivocado.
¿Cómo hubiera reaccionado usted?
Muchas veces los pastores necesitan exhortarnos, principalmente cuando estamos equivocados, pero muchos, en lugar de prestar atención a lo que ellos nos están diciendo, estamos pensando en nuestra mente como defendernos.


Principio Espiritual, Fundamento (Rom 13:1-2):
“Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para si mismos.”


Explicación:
Honrar a la autoridad delegada de Dios es honrar a Dios mismo. Si no honro a la autoridad delegada, no honro a Dios. Cuando me rebelo me estoy rebelando contra Dios mismo, y el pecado de rebelión es como idolatría (1 Sam 15.22-23).
El mandato de Dios es SOMETERSE (respetar, obedecer, honrar).
¿Quiénes? TODAS las personas sin excepción. Siempre, en cualquier posición en la que estemos, vamos a tener a alguien por autoridad (sobre un alto gobierna otro más alto, y sobre este otro más alto, Ecle 5:8).
¿A quiénes? A LAS AUTORIDADES SUPERIORES EN CUALQUIER ÁMBITO DE LA VIDA (familia, trabajo, iglesia, nación, etc.), aún en aquellos casos en que nos parezca que están obrando injustamente hacia nosotros (como el caso de José con respecto a Potifar; por cierto, por la obediencia de José a Potifar, el carcelero y Faraón, Dios lo promovió a la mayor autoridad de Egipto después de Faraón). Necesitamos entender que TODA AUTORIDAD, justa o injusta, ha sido puesta por Dios (Dan 2:20-21), y rebelarnos contra ella es rebelarnos contra Dios. Ello no implica que Dios sea responsable por el ejercicio injusto de la autoridad. Esa es responsabilidad del que recibió la delegación de autoridad y no la ejerció de acuerdo al modelo de Dios.
Por cierto, no necesariamente la autoridad tiene que ser creyente. Tenemos el caso de hombres de Dios que la Biblia nos enseña que se sometieron a sus jefes aún cuando no eran creyentes (Mardoqueo, Nehemías, José, Daniel, los tres amigos de Daniel, etc.). Y en todos los casos, fueron bendecidos por parte de Dios.
¿Por qué? Porque TODA AUTORIDAD PROVIENE DE DIOS. Toda autoridad ha sido puesta, establecida por Dios
La desobediencia es resistir a Dios
Las consecuencias de la desobediencia, la deshonra, la falta de respeto a la autoridad: maldición para el que resiste la autoridad


El caso de Saúl y David.
¿Quién los eligió? Ambos fueron escogidos y llamados por Dios.
Aún cuando Dios escogió a Saúl, posteriormente, por su rebelión Dios dijo: “Me pesa haber puesto por rey a Saúl” (1 Sam 15:11)” y “Dijo Jehová a Samuel: Hasta cuando llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviare a Isaí de Belén, porque de sus hijo me he provisto de rey” (1 Sam 16:1).
Dios puso a los dos, por esta razón, David respetó la investidura de Saúl, a pesar que más de una vez quiso matarlo. Solo podemos desobedecer a la autoridad cuando nos está ordenando algo que es contrario a la Palabra de Dios, pero ello no nos da derecho a rebelarnos ni a deshonrar a la autoridad. Solo podemos no obedecer (Hch 4:19, Hch 5:29).


La honra no está limitada a la conducta de la autoridad.
Principio: Dios establece la autoridad, pero El no es el autor de la crueldad en el uso de la autoridad.
“Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar.” (1 Ped 2:18). Implica que como hijos de Dios, no actuamos de acuerdo a las circunstancias, sino de acuerdo en los principios establecidos por Dios
Por lo tanto, una derivación del principio de Dios es: “Someterse a las autoridades, aun a las difíciles de soportar”. Si ello trae consecuencias para nosotros –que es posible que así suceda—Dios va a tomar a cargo nuestra defensa como la tomó con Daniel y sus tres amigos que se negaron a obedecer un mandato del rey que era contrario a los mandamientos de Dios, pero nunca le faltaron el respeto –lo honraron- ni se rebelaron contra él –acataron la sentencia aún cuando era injusta--.


La recompensa de la honra:
Sal 89:20-24. “Hallé a David, mi siervo; Lo ungí con mi santa unción. Mi mano estará siempre con él, mi brazo también lo fortalecerá. No lo sorprenderá el enemigo, ni hijo de iniquidad lo quebrantará; sino que quebrantaré delante de él a sus enemigos, y heriré a los que le aborrecen. Mi verdad y mi misericordia estarán con él, y en mi nombre será exaltado su poder.”
Vivir bajo la unción y bendición de Dios (Sal 133).
Dios estará con nosotros y nos fortalecerá.
El enemigo no nos sorprenderá ni nos quebrantará. Más bien, nosotros lo quebrantaremos a él.
La verdad de Dios y Su misericordia estarán con nosotros.
Seremos exaltados por Dios a su tiempo: Dios honró a David de muchas maneras, la más grande es que el hijo de Dios, hecho hombre, fue llamado “Hijo de David”.
Nos acercaremos más a ser personas conforme al corazón de Jehová (1 Sam 13:14).


Beneficios de la honra:
Al someternos, ponemos en las manos de Dios nuestro caso, principalmente cuando la autoridad está actuando incorrectamente, como lo fue José en Egipto (Gn 37-46).
También Jesús puso su caso delante de Dios, no se rebeló a la autoridad delegada de Dios representada por el Sumo Sacerdote y el Sanedrín, Poncio Pilatos ni Herodes (1 Ped 2:21-23). Por el otro lado, todo lo que El hacía lo hacía en la obediencia al Padre, aún lo que no quería, como fue morir en la Cruz. Recordemos que El le pidió al Padre que si era posible, El pasara eso de Jesús, pero que no se hiciera la voluntad de Jesús sino la de Dios.
No tenemos obstáculo, por ese lado, para recibir las bendiciones de Dios; crecemos en la obediencia a Dios y por ende, nos acercamos a las bendiciones que son por la obediencia (Deut 28:1-14).


Honrar es igual que obedecer?
En todo aquello que la autoridad ordene que esté en armonía con los principios de Dios, se da la sumisión y la obediencia.
En todo aquello que la autoridad ordene que no esté en armonía con los principios de Dios, se da la sumisión (actitud de corazón) pero no la obediencia (Hch 4:18-31).


Conclusiones.
Necesitamos someternos (honrar, respetar y obedecer) a las autoridades, en cualquier ámbito de la vida (Rom 13:1-7).
 A nuestros padres (Efe 6:1-3).
 A nuestros jefes (Efe 6:5-8).
 A nuestros pastores y líderes espirituales (Heb 13:17).
 A las autoridades de gobierno (Ejecutivo, legislativo y judicial) (2 Ped 2:17).
Toda autoridad es servidor de Dios para nuestro bien (Rom 8:28-29), aún las que actúan injustamente (esa no es nuestra responsabilidad, es la de ellos delante de Dios).
La responsabilidad del creyente es respetarlos y honrarlos, sujetarnos a ellos, hacerles bien.








06 Jun 2011