Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Cristianismo y política.



¿Es del diablo la política?

Rom 11:36 nos enseña que todo es de Dios, por Dios y para Dios. Por lo tanto nada hay del diablo, todo es de Dios. El diablo lo que ha hecho es, a través de la acción de personas que no temen a Dios, torcer, corromper, distorsionar todo aquello que Dios creo bueno, y arruinarlo.

Pero Dios ha levantado un pueblo, por medio de Cristo, para recuperar todo aquello que se había perdido (Luc 19:10). Y ese es el caso de lo político, como también de los negocios, la educación, la ciencia, el arte, la tecnología, etc.

La política es el arte o la ciencia del buen gobierno. Si la política fuera satánica o pecaminosa Dios, entonces sería el mayor pecador de todos (y no lo es) porque El es quién gobierna todo el universo, incluida la tierra, la política, el gobierno de las naciones, etc.

La política es una creación de Dios para bendición del ser humano que el diablo ha corrompido y que los cristianos hemos permitido por negligencia, falta de entendimiento, engaños, indiferencia, etc., por cuanto que si somos hechos a imagen y semejanza de Dios y el es gobernante, entonces nosotros, en nuestra naturaleza, también traemos el “ADN” para gobernar. De hecho, cuando Dios creo a Adán, y con él, a toda la humanidad, lo creo para gobernar. Recordemos que lo puso en el jardín para cuidar y labrar (Gen 2:15) y ello implica fructificar, multiplicar, llenar, sojuzgar y señorear (Gen 1:28), siendo todas estas, funciones de gobierno, las tres primeras en cuanto a administrar, y las últimas dos, tareas específicas de dirección y control.

Igualmente, en Mar 10:42-45, un pasaje que usamos mucho para enseñar sobre servicio al interior de la iglesia, que está bien, está dado en un contexto específico de gobierno y autoridad de naciones, no en el de la iglesia, lo que es una reafirmación y un llamado a los creyentes para ejercer tareas de gobierno, no solo en el ámbito de la iglesia, sino también en el de su vida personal, familiar, laboral, negocios, organizaciones y nación.

Además, El es quién pone y quita reyes (Dan 2:21). En el pasado El lo hacía por medio de eventos y circunstancias que dirigía directamente, hoy por medio de elecciones principalmente.

Muchas veces en la historia bíblica Dios intervino directamente para elegir hijos suyos para gobernar no solo Su pueblo, sino aún pueblos impíos, como por ejemplo: José en Egipto, Moisés y Josué a Israel en el Exodo y en la conquista de la tierra prometida, los doce jueces de Israel, Nehemías en el reinado de Artajerjes en Persia, Ester y Mardoqueo en el reinado de Asuero, Daniel y sus tres amigos en el reinado de Nabucodonosor, etc. En otros casos inclinó reyes impíos a favor de Su pueblo o hacia el cumplimiento de Sus planes y propósitos, como por ejemplo: Faraón en Egipto, Ciro para la reconstrucción del templo en Jerusalén, Dario para la reconstrucción de la ciudad de Jerusalén, Artajerjes para la reconstrucción de los muros de Jerusalén, Asuero para proteger al pueblo de Israel de una posible matanza.

En Rom 13:1-7 la Palabra nos enseña que las autoridades, con énfasis en las que ejercen el gobierno a nivel social (servidores públicos, alcaldes, diputados, jueces, presidente, etc.), son servidores de Dios para nuestro bien. Y enfatiza el hecho de que sirven a Dios (para bendición o para ejecutar sus juicios por la maldad del ser humano).

El hecho de que hoy elija por medio de votaciones, no implica que Dios deje de tener el control de ello. Solo que ahora lo hace indirectamente a través de las personas que elijen, pero nos da instrucciones claras de cómo hacerlo (Prov 29:2, Deut 17:14-20, etc.).



La función de los creyentes hoy en la política.

Jesús vino a rescatar lo que se había perdido (Luc 19:10). Y como El es la cabeza, el dirige a Su cuerpo (la iglesia) para concretarlo. Y ello incluye la política que se encuentra, hasta ahora, cundida de mentira (demagogia), corrupción, intimidación, violencia, abuso, etc., todos ellos productos de la operación libre del diablo en ese campo, que la iglesia ha señalado, sin base bíblica, como un campo propiedad del diablo (“la política es del diablo”) como también ha señalado otros igualmente, que en la experiencia práctica se ha demostrado que no son del diablo, y están siendo tomados paulatinamente por hijos e hijas de Dios para expandir el Reino como por ejemplo, la televisión, la radio, la prensa, la educación, el arte, etc.

2 Cor 5:17-18 nos enseña claramente que los hijos e hijas de Dios no solo somos nacidos de nuevo sino que además hemos sido investidos (todos) del ministerio de la reconciliación no solo de las personas sino de todas las cosas con Dios (Rom 8.19-21). Mat 13:33 nos enseña también que la Iglesia (la mujer) prepara a los creyentes (las medidas de levadura) para enviarlos a transformar (leudar) el mundo (la masa). De tal manera que los hijos e hijas de Dios somos llamados a ser los agentes del Reino para la transformación de las naciones (Mat 28.18-20). Somos llamados a establecer el Reino aquí en la tierra (Mat 6.10) en la medida en que nos sea posible (Col 1:18-20), y ello incluye la política.

Somos llamados a bendecir a nuestras naciones siguiendo el ejemplo del padre de la fe, Abraham (Gen 12:1-3) y ello incluye en lo político (Prov 29:2, Jer 15:19, Deut 17:14-20). ¿Y como lo hacemos o podemos hacerlo? De muchas y variadas maneras, conforme al llamado y propósito que a cada quién le ha sido entregado de parte de Dios. Por ejemplo:
Participando activamente en ella desde la posición de empleados y/o ejecutivos de gobierno, alcaldes, diputados, jueces, presidente, etc., si tenemos ese llamado específico (y la iglesia no debería bloquearlo o estorbarlo, sino estimularlo, preparar a los llamados para el mejor cumplimiento de ese llamado a partir de formar su carácter, orando por ellos y pidiéndoles cuentas).
Exigiendo que los gobernantes cumplan su función (Prov 31:8-9).
Denunciar la injusticia en todas sus formas (como la voz profética de Dios en el mundo, tal como lo hacían los profetas en el Antiguo Testamento y lo hizo Jesús denunciando la injusticia de su tiempo).
Cumpliendo nuestras responsabilidades ciudadanas y exhortando a que todos actuemos responsablemente en el cumplimiento de ellas (Dad al César lo que es del César, Rom 13:5-8), entre las que están cumplir con el pago de los impuestos que nos corresponden, honrando a las autoridades superiores como establecidas por Dios, etc.
Eligiendo gobernantes sabios (Prov 29:2, Deut 17:14-20).
Atendiendo a las necesidades de las viudas, los huérfanos, los pobres y los débiles (Gal 2:9-10, Sant 1:27).



Escapismo, indiferencia, negligencia y/o ignorancia.

A partir de principios del siglo pasado (1900 en adelante) la Iglesia ha cumplido muy tímidamente esa responsabilidad, aunque anteriormente a esa fecha no fue así según podemos verlo en la historia de la Iglesia (desde sus inicios hasta finales del siglo XIX. Las causas de esa separación fueron variadas, y no es tema de este estudio entrar en su análisis, sino recuperar lo que antes fue (la gloria de la casa postrera será mayor que la de la primera, y estamos en el tiempo de la restauración de todas las cosas, Hch 3:21).

En los últimos cien años hemos sido como el sacerdote y el levita que pasaron junto al moribundo medio muerto de la parábola del buen samaritano (Luc 10:25-37) y fueron indiferentes ante su sufrimiento (Mat 25:31-46). El moribundo bien puede ser la figura del mundo que fue asaltado por el diablo y lo ha dejado tirado por efecto de toda la maldad que este ha desatado sobre él sabiendo que le queda poco tiempo. El sacerdote y el levita pueden ser tipo de los creyentes que han visto la maldad y han pasado de largo, distraídos en sus propias ocupaciones. Pero Jesús nos enseña que no debe ser así, sino que debemos hacer misericordia con ese moribundo (con el mundo) así como lo hizo el buen samaritano:
Hizo un alto en sus actividades.
Vio lo que estaba padeciendo el moribundo.
Preparó la curación y la aplicó.
Después lo llevó a lugar seguro donde lo dejó a resguardo y en buenas manos para que no siguiera padeciendo.



Conclusión.

Necesitamos entender que nosotros, los hijos e hijas de Dios, somos la respuesta de El para los problemas del mundo, y El nos ha asignado la responsabilidad de transformarlo.
Necesitamos comprometernos decididamente en esa tarea para la cual El nos ha dotado, a cada uno según su llamado y el lugar específico donde El lo ha colocado, de dones y talentos para ello.
Que la forma en que Dios obra el cambio del mundo es a través de nuestro cambio personal, que debe reflejarse en el cambio de nuestras actitudes hacia el prójimo (Mat 7.12) que nos lleve a un cambio en nuestras relaciones y en nuestra forma de hacer las cosas, poniéndolas bajo los principios de la Palabra de Dios. Si somos llamados a los negocios, a la educación, al arte, la política, o cualquier otra actividad, que desechemos la forma de actuar del mundo y nos revistamos de los principios de la Palabra de Dios y de la forma como Cristo actuó en esas circunstancias, o como El lo haría en las nuestras, para producir un cambio en ello (Col 3:22-25), de tal manera que la suma de cambios que todos los hijos e hijas de Dios operemos en nuestras relaciones y actividades transformen el mundo en el que vivimos.





22 Ago 2011