Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Los Ángeles y los seres humanos.




Ángeles, hombre natural y hombre espiritual.
Sal 8:5. El ser humano en general ha sido hecho “poco menor que los ángeles”.
Dios constituyó a los seres humanos cabeza de las demás criaturas de nuestro mundo terrenal.
Pero son menores que los ángeles con respecto a su cuerpo y su ubicación mientras estén en la tierra.
Al unirse con Cristo las personas, por medio de la fe, son exaltadas sobre ellos (Heb 1:5-13).
Los ángeles les sirven (Heb 1:14).
Dios manda que los ángeles ayuden a las personas creyentes o que llegarán a serlo, por cuanto serán mayores que los ángeles en la resurrección (Luc 20:36).
Un día juzgaremos a los ángeles (1 Cor 6:3).


Servidores de los herederos de la salvación.
Heb 2.5-7, 1:13-14, Sal 34:7. Son espíritu ministradores enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación.
Nos atienden personalmente a los creyentes (aún desde antes de ser salvos, incluso). Somos objeto de su atención individual. Quizás no siempre nos percatemos de su presencia, ni podamos predecir cómo aparecerán; pero son vecinos nuestros: nos hacen compañía y no nos percatamos de su presencia.
Dios ha ordenado a los ángeles que ayuden a Su pueblo, a los que han sido redimidos por el poder de la Sangre de Cristo. Daniel se sintió sin fuerzas e incapaz de hablar, por lo que el ángel le tocó los labios y le restauró el vigor.
Así como los demonios están siempre listos para atacarnos, los poderosos ángeles de Dios están siempre listos para ayudarnos: para protegernos de enemigos potenciales (2 Rey 6:14-17); para auxiliarnos en tiempos de dificultad y peligro (Hch 27:23-25).
Algunos creen firmemente que cada cristiano tiene asignado un ángel que lo cuida, y cuya protección posiblemente comienza en la infancia de acuerdo a lo que Jesús dijo en Mat 18.10). Ello podría dar lugar a confirmar la hipótesis de que nos cuidan aún desde antes de ser salvos. El ángel que cuido de Agar y su hijo Ismael (Gen 16).
En su servicio a nosotros están motivados por su inagotable amor a Dios y con celo procuran que la voluntad de Dios en Jesucristo se cumpla en nosotros (Sal 91:1, 11-12. Supervisan los acontecimientos de nuestras vidas y protegen los intereses de Dios el Señor, procurando apoyar sus planes y cumplir su voluntad en cuanto a nosotros. Son espectadores interesados y observan todo lo que hacemos (1 Cor 4:9).


Conocimiento humano y conocimiento angélico.
Superan a los seres humanos en conocimientos (2 Sam 14.20) y poseen conocimientos que éstos no tienen. aunque no son omniscientes (Mar 13:32) saben cosas sobre nosotros mismos que no sabemos. Como son espíritus ministradores a nuestro favor, siempre usan ese conocimiento para nuestro bien y no con malos propósitos.
Pero los y las creyentes excedemos a los ángeles en conocimiento espiritual respecto a la manifestación de la gracia de Dios en Cristo (1 Ped 1:10-12). Como nunca han pecado, no pueden entender a cabalidad el significado de ser librados del pecado. En consecuencia, no aman en la misma intensidad que las personas, que aman a Dios en relación directa al perdón de sus pecados (Luc 7:47).
Como no fueron librados de sus pecados porque no tenían, no pueden entender el amor que sienten por Jesús aquellos a quienes Su muerte en el Calvario ofreció luz, vida e inmortalidad.
No hay ángeles que puedan ser apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y/o maestros, aunque cuiden de las iglesias en cierta forma. Nosotros los creyentes somos linaje escogido, real sacerdocio, pueblo adquirido por Dios para predicar sus virtudes, su Palabra, su Evangelio, cosa que los ángeles no pueden ser ni hacer.
No le dicen “Padre” a Dios porque no pueden ser redimidos. Aún cuando le pudieran decir “Padre”, solo lo harían en el sentido más amplio de la palabra, como Creador. No son coherederos con Jesucristo como nosotros (Rom 8.17). Tampoco son co-participantes de la naturaleza divina. Aunque se regocijan cuando una persona se salva y glorifican a Dios que los ha salvado (Luc 15.10), no pueden dar fe de la salvación en la misma forma que los que la han experimentado.
No hay nada en la Biblia que nos indique que el Espíritu Santo mora en los ángeles. El Espíritu Santo se domicilia en los creyentes como sello cuando aceptan a Cristo. Tal sello es innecesario en cuanto a los ángeles que nunca han caído y que por lo mismo no necesitan salvación. Tampoco necesitan la dirección del Espíritu Santo para realizar su singular ministerio, en el mismo sentido que lo necesitan los creyentes, por cuanto ya están investidos de autoridad en virtud de su relación con Dios en la creación, y de su continua obediencia. Sin embargo, jamás han perdido su gloria original ni su relación espiritual con Dios, lo que les garantiza el elevado lugar que ocupan en el real orden de la creación de Dios.


Otras comparaciones.
No se casan (Mat 22:30), no se reproducen, no mueren, su número permanece constante. No hay nada en las Escrituras que sugiera que tienen que comer para permanecer vivos. Aunque nos cuentan de ciertas ocasiones en que hubo ángeles con forma humana que comieron (Gen 18.1-2, Gen 19).
Tienen un poder muy superior al del hombre (2 Tes 1:7, 2 Ped 2.11, Sal 103:20), pero no son omnipotentes ni “todopoderosos”. Son la dinamita de Dios.
Se ha conjeturado mucho sobre los coros de ángeles. Por lo menos se puede dar por sentado que pueden cantar y que lo hacen, aunque las Escrituras no nos lo dicen expresamente. Poseen la máxima capacidad de ofrecer alabanza, y desde tiempos inmemoriales su música ha sido el principal medio de alabanza a nuestro glorioso Dios. Apo 5:11-12: es posible que Juan haya visto un imponente coro celestial de millones de voces que expresaban sus alabanzas al Cordero con su magnífica música. De una cosa no hay ni la menor duda: que los ángeles dan honor y gloria al Cordero de Dios cuando están en el cielo, porque no pasan todo el tiempo allí.
El asna de Balaam tiene más conciencia de la presencia del ángel del Señor que su codicioso y enceguecido amo, que se merece el reproche divino (Nm. 22.21–35). Y esto es una llamada de atención hacia nosotros, en cuanto a considerar con seriedad a los ángeles de Dios (y por supuesto también a los ángeles caídos que nos tratan de arruinar la vida). Si tuviéramos abiertos los ojos espirituales veríamos un mundo lleno de espíritus y potestades del mal y de ángeles poderosos de Dios con sus espadas desenvainadas, listos para defendernos. Nuestro principal problema no es de luz, sino de vista; a un ciego la luz no le sirve para nada. Leer montones de libros sobre el tema no nos revelará a los ángeles a menos que nuestros ojos espirituales sean tocados por la fe.
Los ángeles buenos y malos tienen más influencia en este mundo de la que nosotros solemos percatarnos. Deberíamos admirar y agradecer la gracia de Dios para con nosotros (pecadores o creyentes), que los ha puesto para protegernos de los demonios que están siempre tratando de dañarnos.


14 Nov 2011
Referencia: Ángeles. 03.