Estudio Bíblico

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Interpretación y traducción de la Biblia.





Introducción.
La Biblia: la Palabra eterna de Dios.
Necesitamos leerla, entenderla, creer en ella y obedecerla  necesitamos una correcta interpretación de ELLA.
La interpretación de los textos bíblicos no trata de descubrir lo que nadie más haya visto antes: es llegar al buen sentido del texto, que da paz a la mente y aliento al corazón.


¿Para que interpretar?
Debido a dos factores,
UNO. La naturaleza del lector: siempre traemos al texto todo lo que somos, con todas nuestras experiencias, cultura y comprensión anterior de palabras e ideas.
DOS. La naturaleza de las Escrituras: la Biblia es al mismo tiempo humana y divina y es esa dualidad la que exige la tarea de interpretación.
Como es la Palabra de Dios, tiene relevancia eterna: habla a toda la humanidad, en todas las épocas y culturas.
Como Dios decidió presentar su Palabra a través de palabras humanas correspondientes a una época de la historia cada libro también tiene una particularidad histórica y cada documento está condicionado por el idioma, el tiempo y la cultura en que fue escrito originalmente (y en algunos casos también por la historia oral que tuvo antes de ser escrito). La interpretación es, entonces, una exigencia de la “tensión” que existe entre su relevancia eterna y su particularidad histórica.


La correcta interpretación de las Escrituras.
Para hacerla se deben tener en cuenta que fue expresada en el vocabulario y los patrones de pensamientos de la época en que fue escrita, condicionada por la cultura, los tiempos y las circunstancias particulares del momento para que las personas de la época la oyeran, sólo se les podía dar a través de sucesos, y en el idioma que ellos pudieran entender. Nosotros estamos separados de ellos por el tiempo y algunas veces por el pensamiento. Esa es la razón principal por la cual hay que aprender a interpretarla. Primero hay que oír la Palabra que ellos oyeron, tratando de entender lo que se les dijo en ese tiempo y lugar (Exégesis). Segundo, se debe aprender a oír la misma Palabra en este tiempo y lugar (Hermenéutica).
Para interpretar debidamente los textos bíblicos en sus circunstancias originales se deben saber las reglas generales que se aplican a todas las Palabras de la Biblia. También se deben aprender las reglas especiales que se aplican a cada una de las formas o géneros literarios (historia narrada, genealogías, crónicas, leyes, poesía, proverbios, oráculos proféticos, adivinanzas, dramas, bosquejos biográficos, parábolas, cartas, sermones y revelaciones). La manera como Dios comunica su Palabra en nuestro tiempo, a menudo difiere de una forma a otra.


INTERPRETACIÓN Y TRADUCCIÓN.



Introducción.
El instrumento básico de una buena interpretación de la Biblia es una buena traducción de ella.
Los sesenta y seis libros de la Biblia fueron escritos originalmente en tres idiomas diferentes: Hebreo (la mayor parte del Antiguo Testamento). Arameo (idioma hermano del hebreo usado en la mitad de Daniel y en dos pasajes de Esdras). Griego (todo el Nuevo Testamento).
La mayoría de los lectores de la Biblia no conocemos esos idiomas: debemos leer y estudiar a partir de una traducción. Necesitamos garantizarnos de que la que utilicemos sea una buena traducción, por cuanto la traducción en sí misma ya es una interpretación del texto. Al usar solamente una, por buena que sea (también puede tener algunas imperfecciones), quedamos comprometidos con las preferencias exegéticas de esa traducción.


La ciencia de la traducción.
Hay dos clases de decisiones que debe tomar el traductor: la textual y la lingüística. La primera tiene que ver con las palabras mismas del texto original. La segunda, con la teoría que se tenga acerca de la traducción.


La cuestión textual.
La primera preocupación del traductor es asegurarse de que el texto hebreo o griego que se usa se acerca tanto como sea posible a las palabras originales escritas por el autor (o escriba a quien le fueron dictadas).
Aunque los detalles del problema textual difieren entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, las preocupaciones fundamentales son las mismas. No existen copias de los manuscritos originales. Lo que existe son millares de copias (incluso copias de traducciones muy primitivas), hechas a mano, y copiadas a mano, repetidamente, durante un período de unos mil cuatrocientos años. Aunque la vasta mayoría de los manuscritos, que para los dos testamentos proceden del período medieval, son muy parecidos, entre estos manuscritos difieren mucho las copias y traducciones de la primera parte del medioevo y las de la última parte. A partir de la cantidad de manuscritos existentes, no hay dos que sean exactamente iguales.
El problema es, pues, comparar los materiales disponibles, localizar los lugares donde difieren (se llaman “variantes”), y decidir cuáles de las variantes representan errores y cuál parece representar mejor el texto original.


La crítica textual.
Es la ciencia que trata de descubrir los textos originales de documentos antiguos.
La crítica textual es una ciencia que tiene controles cuidadosos.
Hay dos clases de evidencias que el traductor tiene en cuenta al tomar decisiones textuales: La evidencia externa (el carácter, la calidad y la edad del manuscrito que apoyan una variante dada) y la evidencia interna (las clases de errores cometidos por los copistas: usualmente se pueden detectar cuáles son erróneas pues los hábitos y tendencias de los copistas son cuidadosamente analizados, y ya son conocidos).
La combinación fuerte de evidencias externas e internas convierte en rutina la vasta mayoría de las decisiones, pero cuando estas dos líneas de evidencia parecen chocar, las decisiones son más difíciles.
En su mayoría los traductores trabajan con textos hebreos y griegos editados por medio de un estudio cuidadoso y riguroso. Para el Nuevo Testamento el “mejor texto” ya ha sido determinado por eruditos expertos en este campo; los traductores tienen acceso a una información textual y notas que incluyen las variantes significativas con el apoyo de sus manuscritos.
Aunque la crítica textual es una ciencia, no es una ciencia exacta, pues trata con demasiadas variables humanas.


La cuestión idiomática.
Tiene que ver con la transferencia de palabras e ideas de un idioma a otro. Para entender las varias teorías subyacentes en las traducciones modernas, hay que familiarizarse con los siguientes términos:
Idioma original: el idioma del cual se traduce (el hebreo, el griego o el arameo).
Idioma receptor: el idioma al cual se traduce (en nuestro caso, el castellano).
Distancia histórica: tiene que ver con las diferencias existentes entre el idioma original y el receptor, tanto en materia de palabras, gramática y modismos, como en la cultura y la historia.


Teoría de la traducción.
Trata de la extensión del alcance de la traducción (por ejemplo: ¿se debe traducir lámpara como “linterna” o “antorcha” en culturas donde estas reemplazan a aquella?).


Teorías fundamentales de la traducción.
Son tres: literal, libre y la del equivalente dinámico.
Literal: es el intento de traducir manteniéndose tan cerca como sea posible a las palabras y frases exactas del idioma original, aunque dando sentido en el idioma receptor. Mantiene la distancia histórica intacta en todos los puntos. Es útil como una segunda fuente de consulta: da confianza sobre la apariencia de la estructura del griego o el hebreo originales. El problema es que mantiene la distancia en los lugares equivocados: el idioma y la gramática. Traduce expresiones que nunca se usan ni al escribir ni al hablar en el idioma receptor. Otro problema es que hace aparecer al castellano ambiguo, en casos en que el griego o el hebreo eran bastante claros para los oyentes originales.
Libre: el intento de traducir las ideas de un idioma a otro, con menos preocupación por el uso exacto de los equivalentes de las palabras del idioma original. Es también llamada “paráfrasis”. Trata de eliminar la distancia histórica en cuanto sea posible. Puede ser útil para estimular el pensamiento sobre el posible significado de un texto. El problema, especialmente para fines de estudio: la posibilidad de adaptar demasiado a las formas modernas, perdiendo el sentido original. Se acerca con demasiada frecuencia a la forma de un comentario. La traducción libre, cuando es hecha por un solo traductor (y ello sucede con alguna frecuencia), exige que el traductor también sea un exegeta hábil que conozca los diferentes problemas de todos los pasajes bíblicos; si no es así existe el peligro de que el lector sea confundido.
Equivalente dinámico: el intento por traducir las palabras, modismos y construcciones gramaticales del idioma original con equivalentes precisos del idioma receptor. Mantiene la distancia histórica en asuntos históricos y datos pero “adapta” el idioma, la gramática y el estilo. Es la mejor teoría de la traducción.

14 Nov 2011
Referencia: La Biblia 01.