Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Consideraciones acerca del estudio de Los Profetas.



Introducción.
Los profetas menores se llaman así porque estos libros son relativamente cortos; los mayores son más bien largos; estos términos no implican absolutamente nada acerca de su importancia.
Están entre las partes más difíciles de la Biblia en cuanto a interpretación o lectura comprensiva. Las razones de esto se relacionan con los malentendidos que existen en cuanto a su función y su forma. La dificultad principal se desprende de una comprensión previa inexacta de la palabra profecía. Para la mayoría de las personas, esta palabra significa “don sobrenatural que consiste en conocer por inspiración divina las cosas distantes o futuras”. Este es un uso muy selectivo de los profetas. Si se piensa que los profetas sólo predecían sucesos futuros, se deja de ver su función principal, que era hablar a nombre de Dios a sus propios contemporáneos.


La función de la profecía.
Para entender lo que Dios nos quiere decir por medio de estos libros inspirados, primero debemos tener una comprensión clara del papel y la función del profeta en Israel. Hay que insistir en tres cosas: eran mediadores que debían hacer cumplir el pacto. El mensaje de los profetas no era suyo propio, sino de Dios. El mensaje de los profetas no es original.
Los profetas eran mediadores que debían hacer cumplir el pacto. Dios no sólo da la Ley, sino que la hace cumplir, de modo positivo con las bendiciones y de modo negativo con los castigos. El oficio de los profetas era anunciar la imposición (positiva o negativa) de la ley de Dios, para que los sucesos de bendición o maldición fueran entendidos con claridad por el pueblo.
El mensaje de los profetas no era suyo propio, sino de Dios. Los profetas respondían a un llamado divino. Casi todo el tiempo, el mensaje profético se presenta directamente como recibido del Señor, en primera persona, de modo que Dios habla de sí mismo como “Yo” o “mi”. Los profetas eran en sí algo diferente, no reformadores sociales radicales ni pensadores religiosos innovadores. Las reformas sociales y el pensamientos religioso que Dios quería impartir al pueblo ya habían sido revelados en la Ley del pacto.
El mensaje de los profetas no es original. Dios suscitaba a los profetas para llamar la atención de las personas a las que eran enviados. Para esto necesitaban cambiar la estructura y la expresión de algo que ellos ya habían oído muchas veces, así que en este sentido, lo dicho por los profetas tiene cierta “novedad”. Sin embargo, eso no es lo mismo que iniciar un nuevo mensaje o cambiar el viejo.


La necesidad de ayuda externa.
Los libros proféticos requieren tiempo y estudio. Para comprender verdaderamente y con seriedad estos libros necesitamos las tres clases de ayudas externas de que disponemos en el medio cristiano: diccionario bíblico, comentarios y manuales bíblicos.
La Palabra de Dios vino a través de los profetas a personas que se hallaban en situaciones particulares. Su valor para nosotros depende de nuestra capacidad para apreciar tales situaciones, para que a su vez podamos aplicarlas a las nuestras.


El contexto histórico.
En el estudio de los profetas, el fondo histórico puede igualmente ser general (su época) o específico (el contexto concreto de un solo oráculo).
Para hacer una buena exégesis, hay que entender ambos tipos de fondo histórico en todos los libros proféticos.


El contexto general.
Los dieciséis libros proféticos del Antiguo Testamento provienen de una franja más bien angosta de todo el panorama de la historia israelita, es decir, de los años situados entre el 760 y el 460 a.C. Este período de la historia de Israel demandaba especialmente una mediación destinada a poner por obra el pacto, lo cual fue la tarea de los profetas. Esos años se caracterizaron por tres cosas: desorden político, militar, económico y social sin precedentes; nivel muy elevado de infidelidad religiosa y desprecio hacia el pacto mosaico original; y cambios en los límites de la nación y de las poblaciones.
En tales circunstancias se necesitaba de nuevo la Palabra de Dios; por eso, Dios levantó profetas y anunció su Palabra de esa forma. Alrededor del 760 a.C. Israel era una nación dividida permanentemente por una guerra civil que había continuado por muchos años. Las tribus del norte, llamadas “Israel”, o algunas veces “Efraín”, estaban separadas de la tribu sureña de Judá. En el norte, alrededor de esa época, la desobediencia al pacto sobrepasaba cualquier cosa conocida anteriormente. Lo mismo le sucedió a Judá alrededor del año 590 a.C.
Amós y Oseas anunciaron la inminente destrucción del norte, en tanto que Isaías, Jeremía, Joel, Miqueas, Nahum, Habacuc y Sofonías hicieron lo correspondiente a Judá. Después de eso, Ezequiel, Daniel, Hageo, Zacarías y Malaquías anunciaron la voluntad de Dios en cuanto a la restauración de su pueblo (comenzando con el regreso del exilio en el 538 a.C.), la reconstrucción de la nación, y la reinstitución de la ortodoxia. Todo esto sigue el modelo fundamental puesto en Deuteronomio 4:25-31. Los profetas hablan en su mayor parte con referencia directa a estos acontecimientos.
A menos que conozcamos estos sucesos y otros de la época, tal vez no podamos entender muy bien lo que los profetas dicen. Dios habló en la historia y acerca de ella. Para entender su Palabra debemos saber algo de esa historia.


Contextos específicos.
Dios habló a través de cada uno de sus profetas a su pueblo en cierto momento y lugar, y bajo ciertas circunstancias.
El conocimiento de la fecha, los oyentes y la situación, por lo tanto, cuando son conocidos, contribuye sustancialmente a la capacidad del lector para comprender una profecía.


La separación de las profecías.
Cuando se llega al estudio mismo o a la lectura con exégesis de los libros proféticos, la primera cosa que se debe aprender es a pensar en función de profecías completas (así como se aprende a pensar en párrafos en las epístolas).
Casi siempre lo que los profetas dijeron en sus libros se presenta de corrido. Esto es, las palabras habladas en varios lugares durante los años de su ministerio han sido recogidas y escritas juntas, sin divisiones que indiquen dónde termina una y dónde comienza otra, aunque algunas partes de los libros proféticos presentan excepciones. Con la ayuda de un diccionario bíblico, comentario o manual, se puede seguir el progreso de estas profecías en su contexto histórico con facilidad.


Las formas de la expresión profética.
Así como la Biblia está compuesta por muchas clases diferentes de formas o estilos literarios, así también los profetas emplearon una variedad de formas literarias al servicio de sus mensajes inspirados por Dios. Tres de las formas más comunes son el litigio, el ay y la promesa.
Los profetas como poetas. En algunas culturas modernas y en la mayoría de las antiguas, la poesía es un modo de expresión de mucho valor. Los cantos épicos nacionales y las memorias religiosas e históricas se conservaron en verso. Una de las ventajas de la poesía sobre la prosa es que se puede memorizar con más facilidad. La prosa poética algunas veces usada por los profetas es un estilo formal especial que emplea las mismas características antes mencionadas, aunque con menos consistencia.
En el Israel antiguo se estimaba mucho la poesía como medio de aprendizaje. Las cosas que por su importancia debían recordarse, se componían en verso.
La poesía del Antiguo Testamento tiene tres aspectos en el estilo repetitivo que son importantes enumerar: UNO, el paralelismo sinónimo: la línea segunda o subsiguiente repite o refuerza el sentido de la primera línea o verso. DOS, el paralelismo antitético: el segundo verso contrasta con la idea del primero. TRES, el paralelismo sintético: el segundo verso añade información al primero.


Algunas sugerencias hermenéuticas.
Una vez que oímos lo que Dios les dijo a ellos, aunque nuestras circunstancias difieran considerablemente, a menudo lo oímos otra vez en nuestro propio ambiente de modo bastante directo.
El juicio de Dios siempre les espera a aquellos que se aprovechan de los pobres en su propio beneficio y en contra de dichos pobres, o que usan la religión para encubrir su avaricia e injusticia, o que tienen idolatrías modernas mezcladas con el Evangelio de Cristo.
Estos son pecados del Nuevo Pacto también.


Unas precauciones.

El profeta predice el futuro. Los profetas hablaron de juicio o de salvación venideros en el futuro relativamente inmediato de Israel, pero también, muchas de ellas aplican a nuestro propio futuro y al futuro de Israel en estos últimos tiempos.
Se debe observar que muchas profecías fueron colocadas contra el fondo del gran futuro escatológico, y algunas veces parecen confundirse. Hay dos razones para ello. La primera razón de eso es que la Biblia por lo regular ve los actos de Dios en la historia temporal, a la luz de su plan general para toda la historia humana. Y la segunda, es que lo que ya fue será de nuevo (Ecle 1:9). Así pues, lo temporal se ha de considerar dentro del plan eterno.

La profecía y los significados secundarios. En varios lugares del Nuevo Testamento se hace referencia a pasajes del Antiguo Testamento, que parecen no tener relación con el significado que les da el Nuevo Testamento. Esto es, los pasajes parecen tener un significado claro en el fondo original del Antiguo Testamento, y sin embargo, un escritor del Nuevo Testamento los usa en conexión con un significado diferente. A este significado secundario se le denomina comúnmente “sensus plenior” (significado más completo). Esa conexión analógica fue inspirada por el Espíritu Santo sin seguir las reglas usuales del contexto, la intención, el estilo y las palabras.
Nosotros no somos escritores inspirados de la Escritura, sino lectores iluminados. La inspiración es la motivación original para escribir las Escrituras de cierto modo. La iluminación es la luz interior para entender lo que los autores de la Escritura escribieron. No podemos volver a escribir ni a definir la Escritura mediante nuestra iluminación, solo podemos aplicar el texto a las condiciones de la modernidad. En consecuencia, no tenemos autorización para hacer lo que esos escritores del Nuevo Testamento hicieron, salvo si se trata de la aplicación del principio. Las conexiones alegóricas que ellos encontraron por inspiración entre el Antiguo Testamento y el Nuevo son dignas de confianza. Sin embargo, en ninguna parte de la Escritura se nos dice: “Ve y haz lo mismo” para encontrar diferentes principios de los que ya están en la Palabra. Así que el principio del sensus plenior está en función de la inspiración, no de la iluminación, en función de los principios ya establecidos, no de nuevas revelaciones de principios.


Beneficio final: la insistencia en la ortodoxia y la ortopraxia.
La ortodoxia consiste en tener las creencias correctas. La ortopraxia en realizar las acciones correctas. A través de los profetas, Dios llama al pueblo de Israel y Judá antiguos a tener un equilibrio de creencia y acción correctas. Este es todavía el mismo equilibrio que se exige en el Nuevo Pacto (Sant 1:27, 2.18; Efe 2:8-10).
Lo que Dios demanda de ellos es, en sentido general, lo mismo que requiere de nosotros. Los profetas nos recuerdan constantemente la decisión de Dios de hacer cumplir su pacto. Para los que obedecen las estipulaciones del Nuevo Pacto (amar a Dios y al prójimo), el resultado final y eterno será de bendición, aunque los resultados en este mundo no sean tan animadores. Para los que desobedecen, el resultado sólo puede ser maldición, no importa cuan bien les vaya durante la vida en la tierra.

14 Nov 2011
Referencia: La Biblia 11.