Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Consideraciones acerca del estudio del libro de Apocalípsis.



APOCALIPSIS.
(Imágenes de juicio y esperanza).



Introducción.
La mayoría de los problemas surgen de los símbolos, y de que el libro trata de sucesos futuros, pero al mismo tiempo está colocado en un contexto reconocible del siglo primero.
Es una combinación singular de tres tipos literarios diferentes: apocalíptico, profético y epistolar. Además, el tipo fundamental, el apocalíptico, es una forma literaria que ya no existe.


El género apocalíptico.
Sus raíces se encuentran en la literatura profética del Antiguo Testamento, especialmente la que se encuentra en Ezequiel, Daniel, Zacarías y partes de Isaías.
Su interés está en el juicio y la salvación venideros.
Nació en la persecución o en tiempos de opresión, por tanto, su gran preocupación es la actividad de Dios dentro de la historia.
Los escritores de este tipo de género esperaban la época en que Dios produciría un fin violento y radical de la historia que significaría el triunfo del bien y el juicio final del mal.
Generalmente el material apocalíptico se presenta en forma de visiones y sueños, y en idioma críptico (con significados ocultos) y simbólico. Las imágenes apocalípticas son con frecuencia formas de fantasía más que de realidad (por ejemplo, una bestia de siete cabezas y diez cuernos, una mujer vestida de sol, langostas con colas de escorpiones y cabezas humanas, etc.). La fantasía tal vez no aparezca en las partes (bestias, cabezas y cuernos) sino en su extraña combinación.
Como son literarias, la mayoría de obras de este género (solo hay una en el canon de las Escrituras, pero fuera del canon hay muchas más), eran muy estilizadas. Tenían la tendencia de dividir el tiempo y los acontecimientos de modo atractivo. También tenían la afición por el uso simbólico de los números.
El Apocalipsis de Juan tiene todas esas características, menos una, y esa diferencia es tan importante, que en cierto sentido lo encierra en su propio mundo. El Apocalipsis no usa de un seudónimo. Juan no quiso seguir la fórmula regular de esto. Se hizo conocer de sus lectores, y por las siete cartas (Cap. 2 y 3), les habló a las iglesias conocidas del Asia Menor, contemporáneas suyas y compañeras en el sufrimiento. Además, se le dijo que no sellara “las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca” (22:10).


El Apocalipsis como profecía.
El no está esperando el fin como sus predecesores judíos.
Sabe que ya ha comenzado con la venida de Jesús.
Para esta comprensión es definitiva la venida del Espíritu Santo.
Es un mensaje profético para la Iglesia, por ello no debe sellarse para el futuro.
Era un mensaje de Dios para una situación presente.
La “profecía” no es principalmente la “predicción del futuro” sino la entrega de la Palabra de Dios en el presente, para indicar usualmente la salvación o el juicio venideros. En el Apocalipsis, aún la siete cartas tienen esta marca. Esta es, pues, la Palabra profética de Dios para unas iglesias de fines del siglo primero que sufren persecución de afuera y cierta desmoralización interna, así como también es Palabra profética de Dios para las iglesia de esta época.


El Apocalipsis como epístola.
Esta combinación de lo apocalíptico con los elementos proféticos se ha puesto en forma de carta.
En su forma acabada, envía el Apocalipsis a las siete iglesias de Asia Menor en forma de carta.
La importancia de esto es que, como con todas las epístolas, hay en él un aspecto ocasional. Fue causado por lo menos en parte por las necesidades de las iglesias específicas a las cuales se dirige.


La necesidad de la exégesis.
Es precisamente la falta de principios exegéticos sanos lo que ha producido tantas interpretaciones especulativas y malas del Apocalipsis. He aquí algunos principios exegéticos fundamentales a considerar:
La primera tarea es buscar el propósito original del autor, y por ende, del Espíritu Santo. Su significado principal es el que Juan le dio (la Biblia dice lo que dice), que a su vez debe haber sido algo que sus lectores entendían.
Como su propósito es profético, se debe tener la mente abierta a las posibilidades de que haya significados secundarios, inspirados por el Espíritu Santo, pero que los lectores y el autor no pueden ver completamente. Ese segundo significado se halla en el campo de la hermenéutica.
Hay que tener mucho cuidado de no usar demasiado el concepto de la “analogía de las Escrituras” (que la Escritura se interpreta a la luz de otras Escrituras) en la exégesis. No se debe abusar de la interpretación de la Escritura por la Escritura para convertir otros textos bíblicos que no se relacionan claramente con lo que menciona el texto de Apocalípsis, en las claves hermenéuticas para descubrir sus misterios..
Las claves para la interpretación del Apocalipsis deben hallarse intrínsecas en el texto del Apocalipsis mismo, o de lo contrario, al alcance de los destinatarios originales (iglesias gentiles, no judías), en su propio contexto histórico así como Mateo 24 que es la enseñanza concentrada principal de Jesús sobre los últimos tiempos.
Hay que tener en cuenta el rico fondo histórico de las ideas que forman parte de la composición del Apocalipsis. La fuente principal de estas ideas e imágenes es el Antiguo Testamento, pero Juan también ha derivado algunas imágenes de lo apocalíptico y de la mitología antigua. Estas imágenes, aunque vengan de varias fuentes, no tienen el mismo significado original de sus fuentes. Han sido transformadas bajo la inspiración de Dios y combinadas en la formación de esta “nueva profecía”.
Las imágenes apocalípticas son de varios tipos. En algunos casos son constantes, en otros las imágenes van fluyendo. Algunas de las imágenes se refieren con claridad a cosas específicas, y muchas otras son probablemente generales. Las imágenes son la parte más difícil de la tarea exegética. Cuando Juan mismo interpreta sus imágenes, éstas se deben mantener con firmeza y deben servir como punto de partida para la comprensión de otras.
Se deben considerar las visiones de modo global y no pretender darle importancia alegórica a todos los detalles. Las visiones son como las parábolas en este aspecto. Lo importante es la visión global; los detalles tienen un efecto dramático, o añaden algo al cuadro general para que los lectores no se equivoquen en los puntos de referencia, pero no necesariamente tienen que tener un significado fuera de la visión general.
El Apocalipsis, aunque desarrolla los hechos en forma cronológica, rara vez trata de dar un relato cronológico detallado del futuro. Su mensaje trasciende esos intereses. Lo que Juan quiere hacer resaltar más es que, a pesar de las apariencias actuales, Dios tiene el control de la historia y la Iglesia, y ésta, aunque experimente sufrimiento y muerte, tendrá victoria en Cristo, quien juzgará a sus enemigos y salvará a su pueblo. Todas las visiones se deben considerar a la luz de esta verdad.


El contexto histórico.
Juan estaba en el exilio por su fe. Otros, en la Iglesia, también estaban padeciendo, y algunos hasta habían muerto por el “testimonio de Jesucristo”.
Mientras Juan estaba “en el Espíritu” posiblemente recibió la revelación de que los sufrimientos presentes eran sólo el comienzo de la tribulación para los que rehusaran “adorar a la bestia” (el ser humano, el humanismo, las cosas de este mundo).
Al mismo tiempo, posiblemente no estaba completamente seguro de que toda la Iglesia estuviera lista para lo que le sobrevendría. Entonces recibió esta profecía.
Los temas principales son muy claros: la Iglesia y el Estado están chocando; la victoria inicial parece corresponder al Estado. Entonces advierte a la Iglesia que le esperan el sufrimiento y la muerte; en realidad, las cosas irán de mal en peor antes de empezar a mejorar. Le preocupa mucho que ellos no capitulen en tiempos de tribulación.
Ahora bien, esta palabra profética también es de aliento, pues Dios está en control de todas las cosas. Cristo tiene las llaves de la historia, y tiene las iglesias en sus manos, así que la Iglesia triunfa aún a través de la muerte. Dios derramará finalmente su ira sobre los que causaron ese sufrimiento y muerte, y traerá eterno descanso a los que permanecieron fieles. En ese contexto o curso, el Imperio Romano era el enemigo que sería juzgado.
Una de las claves para la interpretación del Apocalipsis es la distinción que hace Juan entre dos palabras importantes: tribulación e ira. La tribulación (sufrimiento y muerte) es claramente una parte de lo que la Iglesia estaba soportando y todavía le faltaba soportar. La ira de Dios, al contrario, es su juicio, que será derramado sobre los que han afligido a su pueblo. Está claro en todos los contextos del Apocalipsis que el pueblo de Dios no tendrá que soportar la terrible ira de Dios cuando sea derramada sobre sus enemigos, pero es igualmente claro que sufrirá a manos de sus enemigos.


El contexto literario.
El libro es un todo creativo y estructurado, y cada visión es una parte integral de ese todo. La estructura básica es clara y no es tema de debate. Las diferencias están en la manera de interpretar esa estructura. Hay que pensar “en párrafos”, pues cada párrafo es parte integral de todo el argumento.
El libro se despliega como un gran drama. En consecuencia, para entender cualquiera de las visiones, es especialmente importante no solo conocer el fondo y el significado de las imágenes (el contenido), sino también la función de la visión con relación a todo el libro.
Los capítulos 1 al 3 describen la escena y nos presentan la mayoría de los “personajes” importantes: Cristo, Juan y la Iglesia.
Los capítulos 4 y 5 describen a Dios reinando con suprema majestad.
Los capítulos 6 y 7 comienzan a desenvolver el drama propiamente dicho.
Tres veces a lo largo del libro se presentan visiones en grupos de a siete, estructurados con cuidado (Caps. 6 y 7, 8 al 11, y 15 y 16). En cada caso, las primeras cuatro partes van juntas y forman un cuadro, las dos partes siguientes también van juntas y presentan dos caras de otra realidad. Estas son interrumpidas con un interludio de dos visiones antes de que se revele la séptima parte. Solo en los capítulos 15 y 16 las tres partes finales se agrupan sin el interludio.
Los capítulos 8 al 11 revelan el contenido del juicio de Dios. Estos capítulos ofrecen detalles del juicio y del triunfo de Dios.
Los capítulos 12 al 22, pasan del sufrimiento de la Iglesia y el juicio de Dios sobre los enemigos de la Iglesia, al triunfo final de Dios. El capítulo 12 es la clave teológica del libro. En dos visiones, se nos habla del intento de satanás por destruir a Cristo, y de su propia derrota. Se nos revela que es un enemigo ya vencido, cuyo fin definitivo todavía no ha llegado. Por eso, hay gozo porque “la salvación ha llegado”, pero hay sufrimiento en la Iglesia porque satanás sabe que su tiempo es imitado y se está vengando en el pueblo de Dios.


Los problemas hermeneúticos.
Como sucede con todos los demás géneros, la Palabra de Dios para nosotros se ha de encontrar en su Palabra para ellos. En contraste con los otros géneros, los profetas y el Apocalipsis a menudo hablan de cosas que todavía no habían sucedido para ellos.
A menudo, lo que “había de ocurrir” tiene una urgencia temporal y desde nuestro ventajoso punto de vista histórico, ya ha ocurrido. Para tales realidades los problemas hermenéuticos no son demasiado grandes. Todavía podemos oír como Palabra de Dios las razones de los juicios. Además, todavía debemos oír como Palabra de Dios que el discipulado va camino de la Cruz; que Dios no nos ha prometido una vida libre de sufrimiento y muerte, sino el triunfo a través de ellos.
El Apocalipsis es la Palabra de Dios para consuelo y aliento de los cristianos que sufren. Manifiesta claramente que Dios tiene el control de todo. El ve la aflicción de sus hijos y no permanecerá pasivo al respecto. Este es un mensaje de la Palabra de Dios que debe ser repetido a la Iglesia de todos los tiempos y en todo lugar. Si se pierde el significado de esa Palabra, se malogra también la lectura del Apocalipsis.
Las verdaderas dificultades hermenéuticas están en la otra dimensión de la profecía: la palabra temporal está, a menudo, demasiado ligada a las realidades escatológicas últimas. Al respecto, unas pocas sugerencias.
Debemos saber que las imágenes del futuro son sólo eso: imágenes. Expresan una realidad, pero no se deben confundir con la realidad misma ni sus detalles tienen que “realizarse” de cierto modo determinado. Algunos de los cuadros, que tenían el propósito principal de expresar la certeza del juicio de Dios, no significan “prontitud”. Los cuadros donde lo “temporal” es ligado a lo escatológico no se deben considerar simultáneos.
La dimensión escatológica de los juicios y de la salvación deben alertarnos sobre la posibilidad de que haya un aspecto aún “irrealizado” en algunos de los cuadros. Aunque probablemente haya muchas ocasiones en que estos cuadros tienen una segunda dimensión incumplida, no se nos dan claves para localizarla. Los cuadros que fueron hechos con intención totalmente escatológica, todavía se consideran como tales. Así son 11:15-19 y 19:1-22:21, y los afirmamos como la Palabra de Dios que todavía está por cumplirse. Debemos evitar cuidadosamente perder tiempo especulando sobre la manera de acomodar en el Apocalipsis alguno o varios de los acontecimientos contemporáneos de la historia.
Así como las primeras palabras de la Escritura hablan de Dios y la creación, las palabras últimas hablan de Dios y la consumación. Si hay ambigüedad en cuanto a la manera como se realizarán todos los detalles, no la hay con respecto a la certeza de que Dios lo hará cumplir todo, a su tiempo y a su modo. Tal certeza nos sirve, como a los antiguos, de advertencia y aliento.


16 Nov 2011
Referencia: La Biblia 15.