Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

La Biblia: origen, autenticidad, inspiración e iluminación.



Introducción.
Es uno de los libros más antiguos del mundo. Sus porciones más antiguas datan desde hace más de 3600 años.
Consiste en sesenta y seis libros escritos por unos cuarenta autores diferentes durante un período de 1600 años que abarca una variedad de asuntos, no obstante lo cual mantiene una unidad de tema y de propósito que se puede explicar sólo si se admite que fue dirigida por una mente rectora o superintendente.
Aunque es un libro de origen antiguo, es, a su vez, un libro nuevo, moderno. Se puede leer centenares de veces sin que se logre sondear sus profundidades, o sin que pierda el interés para sus lectores.
Originalmente fue escrita en tres idiomas: hebreo, arameo y griego.
Ha sido traducida a más idiomas que cualquier otro libro en el mundo.
Su venta sobrepasa la de cualquier otro libro jamás publicado y ha sido leída en la mayor parte de países del mundo.
A pesar de que ha sido el libro más perseguido a través de todas la épocas, ha sido extraordinariamente preservado frente a la persecución y la oposición, a tal punto que se puede decir de ella que “el martillo se rompe, pero el yunque sigue en pie”.



Origen.
Es un libro sobrenatural cuyo autor es Dios.
La mejor prueba de su origen sobrenatural es la gran cantidad de profecías que anuncia que ya se han cumplido.



Temática principal.
Su tema central es la revelación de Dios y el mensaje de Dios para la humanidad y Su plan amoroso para rescatar a la humanidad perdida.
En ella encontramos las respuestas a las preguntas más importantes de la vida:
 ¿De donde vengo?
 ¿Por qué estoy aquí?
 ¿A dónde iré después de la muerte?



Etimología de la palabra “Biblia”.
Es el nombre con el cual se designan desde muy antiguo las Sagradas Escrituras de la Iglesia Cristiana.
Viene del griego a través del latín, y significa «Los Libros». La designación bíblica es de «la/s Escritura/s» y, en un lugar, «Las Santas Escrituras» (Rom 1:2).

La ausencia de adjetivo delante de la palabra Biblia revela que los que lo empleaban consideraban que estos escritos:
Forman por sí mismos un conjunto concreto y determinado, marcando el hecho de que no es meramente un libro, sino una gran cantidad de libros.
Destaca el hecho de que la diversidad de escritores manifiesta una unidad maravillosa que revela una conducción inteligente a lo largo de los más de mil seiscientos años de su redacción.
Que sus escritos son superiores a todas las otras obras literarias.

Se cree que el primero en usar este término fue Juan Crisóstomo (347-407 d.C.). No se halla ese título en la Biblia misma, donde dichos escritos se llaman simplemente la Escritura o las Escrituras (Hch 8:32, 2 Tim 3:16).



Autenticidad.
La autenticidad de la Biblia en general, como la de cada uno de los Libros específicos que la conforman, está demostrada muy por encima de todos los demás libros de escritores antiguos. La autenticidad de la Biblia se comprueba en dos campos. Como una obra literaria auténtica y como Palabra de Dios.

Entre las pruebas de su autenticidad literaria podemos mencionar las siguientes:
La historia y la arqueología. Estas ciencias han demostrado que los hechos que la Biblia menciona efectivamente ocurrieron, así como que existieron los lugares que menciona, en las ubicaciones y con las características que la Biblia menciona.
El testimonio de un origen único de las razas y lenguajes. La ciencia ha demostrado que toda la raza humana tiene un origen común, así como también tienen un origen común todos los lenguajes, idiomas y dialectos, y que el origen de ellos se encuentra donde la Biblia ubica a Adán y Eva.
Exactitud científica. La ciencia ha demostrado que cuestiones que la Biblia menciona y que no había forma de que los hombres del tiempo en que fue escrita supieran, son efectivamente como la Biblia las menciona, tales como la redondez de la tierra, el orden progresivo de la creación, la designación de la liebre como rumiante, etc.
Culturas y costumbres. Las que describe la Biblia, la ciencia ha demostrado que eran efectivamente tal como fueron plasmadas en ella, a pesar de que no solo se refieren a un pueblo, sino a muchos pueblos y tiempos diferentes.
Conservación. De las obras literarias menos antiguas, provenientes de las civilizaciones griega y romana, en la gran mayoría de los casos, se conservan uno o dos ejemplares, mientras que de la Biblia se conservan cientos y hasta miles de ellos.

Su autenticidad como Palabra de Dios se basa en los siguientes criterios:
Franqueza. La Biblia no es como la gran mayoría de libros de origen humano, que ocultan o minimizan las faltas de sus personajes principales. La Biblia, por el contrario, habla con toda franqueza de ellas.
Integridad. Toda la Biblia manifiesta una secuencia y una sucesión de hechos perfectamente hilvanada, como si hubiera sido escrita por un solo Autor (que lo fue), a pesar de haber sido intermediada por tantos escritores, provenientes de tan diferentes contextos socio-culturales y épocas.
Enseñanzas prácticas. A pesar de que sus enseñanzas están referidas a contextos culturales y costumbres diferentes a las de hoy en día, esas enseñanzas siguen teniendo actualidad y pertinencia para el hombre moderno, contrario a lo que sucede con enseñanzas de otras obras literarias antiguas.
Profecía. Si algún criterio es contundente sobre la autenticidad de la Biblia como la Palabra eterna de Dios es este. La gran cantidad de profecías que menciona, que ya se cumplieron, y cuya probabilidad de cumplimiento ha sido analizada científicamente y determinada como extremadamente improbable, la hacen un libro único en el mundo y demuestran la Autoría Divina del mismo. Además, la gran cantidad de detalle respecto al cumplimiento de esas profecías es una prueba aún más contundente de esa Autoría (por ejemplo, las referentes a la primera venida de Cristo).



Organización.
Está dividida en dos secciones.
El Antiguo Testamento: nos relata, a través de 39 libros, el origen de todas las cosas, incluido el ser humano, la caída, y el inicio de la obra redentora de Dios para con la humanidad y toda la creación, primero a través de levantarse para sí un pueblo, y de este pueblo, levantar un Redentor, Jesús.
El Nuevo Testamento: nos relata, a través de 27 libros, acerca del nacimiento de Jesús, Su vida, Su ministerio, Su muerte, Su resurrección, y Su ascensión y la continuación de Su ministerio por parte del Espíritu Santo obrando a través de la Iglesia.
Los nombres «Antiguo Testamento» y «Nuevo Testamento» se usan desde el final del siglo II, con el fin de distinguir entre las Escrituras cristianas y las judías.

Sólo el Antiguo Testamento es aceptado por los judíos, quienes no incluían en su Canon los Libros Deuterocanónicos que figuran en las versiones católicas.
Lo dividían en tres secciones:
La «Ley», o sea el Pentateuco.
Los «Profetas», en que ponían algunos de los libros históricos, los profetas mayores (menos Daniel y Lamentaciones) y los doce profetas menores.
Los «Escritos», donde colocaban todos los demás.

Se atribuye a Esdras haber dado su forma final al Canon judío, con un total de 39 libros.
La mayor parte del Antiguo Testamento fue escrito en hebreo, pero algunas porciones pequeñas están en arameo.

Otra división del Antiguo Testamento, más moderna y con fines didácticos, organiza el Antiguo Testamento en cinco grupos de libros:
El Pentateuco (5)
Los Libros Históricos (12).
Poesía y/o Sabiduría (5)
Profetas Mayores (5)
Profetas Menores (12)

Los 27 libros del Nuevo Testamento fueron escritos por los apóstoles o por autores íntimamente asociados con ellos.
El Nuevo Testamento, con excepción de unas pocas palabras y oraciones que se escribieron en arameo, fue escrito en el griego común del mundo helénico.
El Nuevo Testamento, también con fines didácticos, se organiza en cuatro grupos de libros:
Los Evangelios (4).
Libro Histórico (1).
Epístolas Paulinas (13).
Epístolas Generales (8).
Apocalipsis (1).



Inspiración (2 Tim 3:16, 2 Ped 1:21).
Fue escrita por muchos autores de diferentes trasfondos culturales, bajo la inspiración del Espíritu Santo.

La inspiración:
La influencia sobrenatural del Espíritu de Dios ejercida sobre la mente del escritor, influencia que los capacitó para exponer la verdad divina sin mezcla de error.
El poder que el Espíritu Santo ejerció en los autores de las Escrituras para guiarlos aún en el empleo de los vocablos que debían usar, y preservarlos de todo error u omisión, capacitándolos sobrenaturalmente para expresar la verdad.
Es Dios hablando por medio del hombre de tal manera que este expresa la Palabra de Dios tanto como si Dios mismo hubiera pronunciado cada una de las palabras.
El Espíritu Santo presente en forma especial y milagrosa con los escritores, y en ellos, recalcándoles las verdades que no habían conocido antes, y guiándolos igualmente en el registro de estas verdades y en todo acontecimiento que habían visto y oído, de manera que eran testigos capacitados para presentarlos con toda exactitud a otros.

Características especiales y específicas de la inspiración.
Divina (no humana). No era una característica permanente en los escritores. Solo se manifestó cuando escribieron las Escrituras.
Única (no común). No es una característica de todos los creyentes. Solo la experimentaron los escritores en el momento en que estaban escribiendo los libros que les correspondió en el orden de Dios.
Viva (no mecánica). No implica un dictado en el cual los escritores adoptaron una actitud pasiva y su mente no tomó parte alguna en la escritura, aún cuando algunas partes si fueron dictadas. El Espíritu Santo usó las facultades del escritor, produciendo así un mensaje perfectamente divino que no obstante ostenta las características de la personalidad del escritor.
Completa (no parcial). Fue para todo el material escrito por cada escritor y no solo para algunas partes de él.
Verbal (no meramente conceptual). Incluye no solo los pensamientos del escritor sino también las palabras que utilizó, de tal manera que las Escrituras son pensamientos divinamente inspirados expresados mediante palabras divinamente inspiradas (1 Cor 2:13).



Iluminación.
Es la influencia ejercida por el Espíritu Santo, la cual es común a todos los creyentes, y nos facilita la comprensión de las verdades divinas (1 Cor 2:4, Mat 16:17).
La facultad sobrenatural de la persona regenerada, por la cual puede conocer a Dios.
Es diferente de la inspiración, según nos enseña 1 Ped 1:10-12, en cuanto que, en algunos casos, los hombres que recibieron la inspiración de las Escrituras no recibieron la iluminación para comprender esas verdades. En este caso, el Espíritu Santo inspiró sus palabras pero no creyó oportuno proporcionarles el significado de ellas.



Diferencias entre inspiración e iluminación.
La iluminación es permanente o puede serlo (Prov 4.18, 1 Jn 2.20-27). La inspiración es intermitente por cuanto el profeta no podía profetizar a voluntad sino que estaba sujeto a la voluntad del Espíritu (2 Ped 1:21).
La iluminación admite grados, la inspiración no. Las personas disfrutan de distintos grados de iluminación, pues algunos poseen mayor penetración que otros. Pero en el caso de la inspiración, en el sentido bíblico, una persona es inspirado o no lo es.



Revelación.
El acto de Dios, por su Espíritu Santo, por medio del cual nos revela hechos, conocimientos, etc., que no podemos hallar por sí mismos.


14 Dic 2011
Referencia: La Biblia 16.