Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

La predicación de la Palabra de Dios (1).



Introducción.
Todo creyente, en todo lugar y en todo tiempo, es comisionado por Dios para compartir Su Palabra con otras personas, ya sea de manera informal (Luc 4:18-19, Hch 1:8) como también de una manera estructurada (Mat 28:18-20, 2 Tim 2:2).

La predicación de la Palabra de Dios es uno de los más grandes privilegios confiados al ser humano por las siguientes razones:
Es una de las formas que Dios usa para revelarse a los seres humanos.
Es la presentación de las buenas nuevas de la salvación, que es eterna.
Es un medio para alcanzar la transformación de las personas a la imagen y semejanza de Dios (2 Cor 3:18), de cuyos resultados depende la calidad de vida de las personas y sus generaciones.
Es esencial para el crecimiento y desarrollo de una congregación.



Homilética.
Se deriva de la palabra griega “homilía”, que significa: estar en compañía de, dar ejemplo, conversar, y comunicar.
Así se denomina técnicamente al arte de predicar.
Es el estudio de todo lo relacionado con el arte de predicar un sermón.
Hay dos aspectos relacionados con la predicación: el divino y el humano.
Buenos mensajes (comunicación a los hombres) nacen de tener una buena comunión (compañerismo) con el Espíritu Santo.
La Homilética es el estudio del aspecto humano.



Predicar.
Es el arte de comunicar la verdad divina a través de la personalidad humana.
Un predicador es esencialmente un comunicador.
Recibe la verdad de Dios y se la comunica a las demás personas de manera efectiva.
Dios da la revelación, pero el predicador provee la presentación.



Dos falsas ideas acerca de la Homilética o predicación.

La preparación es innecesaria.
Se fundamentan en algunos pasajes de la Escritura sacados de contexto, tales como:
Mat 10:17-19: “porque el Espíritu nos da las palabras que hemos de hablar.”
Sal 81:10: “…abre tu boca y Yo la llenaré”.
Indudablemente que en toda predicación hay un espacio para la iluminación y revelación, pero ello no implica que se invalide la preparación (2 Tim 2:15, Jn 5:39).

La habilidad humana es suficiente.
Es el otro extremo, colocando una confianza absoluta en la preparación y la habilidad humana (autoconfianza), resultante del entrenamiento y del desarrollo de la habilidad natural.
Hay poco o ninguna dependencia en el Espíritu Santo.
Como solo la unción del Espíritu sobre el mensaje puede ministrar la vida de la audiencia, este tipo de mensajes no pasan de ser, en su gran mayoría y contenido, información.

Un ministerio efectivo necesita tanto los aspectos divinos como los humanos.
Necesitamos asegurarnos de que nuestra confianza está en Dios y no en nosotros mismos.
Necesitamos confiar siempre en El para Su unción y bendiciones espirituales en la proclamación de Su Palabra.



Cuatro aspectos principales de la Homilética (las cuatro “C”).
Concepto. Se refiere a la manera de obtener la idea y el tema central de un mensaje de parte de Dios.
Composición. Se refiere a descubrir todo lo que el mensaje implica y contiene. Implica hacer una lista de cada idea que nos sugiera el tema.
Construcción. Se refiere a reunir todos los pensamientos de una manera ordenada. Colocar el material en alguna clase de orden consecutivo. Necesita ser tan simple como sea posible a fin de que los oyentes puedan captar el mensaje con facilidad. El compartir una progresión de pensamientos en forma desarrollada ayuda a otros a comprender y seguir nuestra línea de razonamiento.
Comunicación. Se refiere a la comunicación clara y efectiva de la verdad. Se trata de presentar el tema de una manera que cautive las mentas de los oyentes. Es desarrollar un pensamiento de una forma tan clara que la audiencia puede seguir con facilidad la línea de verdad que procuramos comunicar. Implica motivar a los oyentes hacia las acciones apropiadas para ser hacedores de la Palabra (Sant 1:22).



Para ser un predicador efectivo.

Aprender a esperar en Dios.
Toda prédica y/o enseñanza de valor comienza en el corazón y mente de Dios, Quién es la fuente de toda Verdad.
El es el recurso de todo conocimiento.
La primera tarea de un predicador y/o maestro efectivo es aprender a recibir los pensamientos de Dios, y ello solo se logrará cuando pasemos tiempo con El y en Su presencia.
No es algo que se pueda enseñar pues, en este aspecto, Dios es un Dios tremendamente personal, y El se relaciona con cada uno de nosotros de una manera particular, de acuerdo a nuestras propias especificidades.
Algunos consejos generales:
Esperar pacientemente en Su presencia (ir sin prisas).
Dios siempre va a hablarle a aquellos que diligentemente le buscan (Prov 7:15, 1 Ped 1:10).
Necesitamos entrar ante Su presencia no para salir de la emergencia de tener una predicación, sino primeramente con el propósito de tener comunicación y comunión con El y ser escrutados y aconsejados por El (Sant 4:5, Cant 2:13-14).
Finalmente, deberíamos darle a la verdad la oportunidad y el tiempo para que tenga su efecto sobre nosotros antes de compartirla con los demás (Deut 31:12).

Estudiar la Biblia (Jn 5:39).

Hacer muchas anotaciones (tener una libreta de notas a mano).
Necesitamos que ella sea nuestra acompañante fiel tanto cuando vamos a entrar en la presencia de Dios como cuando vamos a estudiar Su Palabra.
Se trata de anotar todos aquellos pensamientos e ideas significativas que nos vengan a la mente en esos tiempos de quietud en los que esperamos la dirección e instrucción de Dios.

Exponerse a ser lavado y limpiado por la Palabra (Jn 15:3).
Cualquier mensaje, comunicación, idea, etc., que Dios nos comunica es primeramente para que nosotros mismos la pongamos por obra (Mat 13:23).
Por ello necesitamos reconocer la necesidad primaria de nuestro corazón de ese mensaje.
Necesitamos dejar que Dios se ocupe de nuestro corazón a través de Su Palabra y mediante Su Espíritu, en virtud de que antes que predicadores y/o maestros somos Sus hijos.
Necesitamos dejar que la Palabra nos lave y limpie primero que nada a nosotros, que crezca y se arraigue en nuestro propio corazón, vida y experiencia personal.
No podemos llevar a otros más allá del lugar al cual nosotros mismos no hayamos ido todavía (seríamos como ciegos guiando a otros ciegos, Mat 15:14).
Uno de los mejores instrumentos para una buena enseñanza es compartir nuestra experiencia y vivencia con respecto a lo que Dios nos ha hablado a nosotros, incluyendo lo relacionado con la corrección y la limpieza de nuestros corazones (Mat 28:18-20, 2 Tim 2:2).
Necesitamos evitar la trampa de ir a la presencia de Dios solo en busca de un mensaje para los demás, que surge de estar tan interesados en encontrar alimentos para los demás mientras que descuidamos nuestro propio bienestar espiritual (Cant 1:6).


14 Dic 2011
Referencia: La Biblia 23.