Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Predicación. Selección y preparación del tema.



Selección del tema.

Escoja cuidadosamente, con la guianza del Espíritu Santo, un pasaje apropiado de la Escritura.
Asegúrese de que ese pasaje dará vida y fuerza a sus oyentes.
Nunca seleccione un tema que vaya a crear disputas, divisiones o contiendas.
Usted es de tener la mente de Dios para las personas a quienes El le ha dado la responsabilidad de ministrar.

Busque un tema apropiado para la situación de las personas.
Dios siempre tiene una “verdad presente” que desea compartir con Su pueblo (2 Ped 1:12).
El tiene un propósito específico para cada grupo de creyentes.
Es esencial que Su Palabra de verdad específica les sea administrada de manera consistente.

Estudie el pasaje cuidadosamente, desde todos los ángulos posibles.
Primero, léalo varias veces hasta que se haya familiarizado perfectamente con él.
Luego, proceda a leerlo versículo por versículo.
Cuando haya una relación obvia con algún otro pasaje de la Escritura, lea esa porción también.
Sobre todo, mantenga su mente abierta y alerta al Espíritu Santo a fin de captar cualquier pensamiento que El quiera compartir con usted.

Dedíquese a comprender cabalmente el tema.
Busque siempre descubrir el o los temas subyacentes en el pasaje.

Tenga un objetivo definido en mente.
El objetivo debe estar en completa armonía con el objeto de Dios.
Por ello es importante que descubra, a través de la comunión con El, lo que cree que El desea comunicarle a las personas: “empápese” del mensaje.
• Comprender lo que Dios está diciendo.
• Sentir lo que Dios está sintiendo.
• Su Palabra debe fluir a través de su corazón al igual que de su mente.
• Ha sido llamado a compartir la mente y el sentir de Dios para con las personas.



Acopio de materiales aplicables al tema (Mat 13:52).

Lo que ha leído o escuchado sobre el tema.

Lo que le ha mostrado el Espíritu Santo sobre el tema.
Apártese a cualquier lugar tranquilo donde pueda meditar a solas en el tema, sin interrupciones.
La meditación le ayudará a recordar aquellas cosas que el Espíritu le ha enseñado.

Lo que ha observado que se relaciona con el tema.
Incluye recordar cosas, incidentes, experiencias y la naturaleza misma, que tengan alguna relación con el tema.

Los pensamientos que ha tenido sobre el tema.
En este momento específico, aunque no exclusivamente solo en este, tiene una especial importancia la o las libretas de notas.
En ellas hemos ido anotando, por largos períodos de tiempo, todos nuestros pensamientos, ideas, reflexiones, etc., de lo que Dios por Su Espíritu Santo nos ha revelado en las Escrituras y/o directamente en nuestros tiempos de comunión con El.
Esos pensamientos han quedado anotados en nuestras libretas.
Es el tiempo de que ellas dejen de ser solo anotaciones y recobren su actualidad.

Las personas o escritos que puede consultar sobre el tema.
Discutir un tema bíblico con un compañero, amigo, pariente, discípulo, etc., que tengan familiaridad con el tema mejor, pero si no, no importa, es siempre una experiencia estimulante y valiosa.



Prepare su material.

Este abierto.
Ponga a un lado sus ideas preconcebidas sobre el tema (2 Cor 10:4-6).
Abra su mente y parte los prejuicios que tenga para recibir y aprender algo nuevo.
Muchas veces establecemos conceptos firmemente (paradigmas, fortalezas) y tenemos la tendencia de ver solamente aquellas cosas que confirman lo que ya creemos.
No permita que la Palabra de Dios sea nula o inefectiva en su vida porque su tradición religiosa le haya cerrado su mente a cualquier otra cosa que no sea lo que usted crea (Prov 16:25).
Esté dispuesto a aprender cualquier nueva verdad que Dios tenga disponible para compartir con usted.

Investíguelo a fondo.
Analice el pasaje, ¡interróguelo! Tómelo aparte y examínelo a fondo.
Este abierto al Espíritu Santo para recibir una revelación fresca de parte de Dios y/o discernir nuevas verdades que anteriormente no había percibido.
La Palabra de Dios es como una mina de oro: cuanto más profundo cava, descubrirá más ricos depósitos de minerales.

Analícelo de manera original.
Confíe en el Espíritu Santo para que ilumine su mente (Jn 16:13, Rom 8:14).
El compartirá algo con usted que usted no había conocido con anterioridad.
Compruébelo con el resto de la Biblia.
Ninguna “verdad” contradice el cuerpo total de la verdad revelada en las Escrituras.
No tenga miedo de tener algún pensamiento original.

Aproxímesele de forma creativa, esperando que ocurran cosas milagrosas (Hch 4:29-30, Mar 16:15-18).
Una de las características de Dios es que es Creador, y por ello, Su Palabra es también una Palabra creativa. No debe limitarla nunca.
Dios también es un Dios milagroso que realiza milagros a través de Su Palabra.
La liberación de esa capacidad de hacer milagros se puede manifestar en cualquier momento, no solo en su vida, sino también en la de sus oyentes ¡Créalo y espérelo!.

Trátelo de manera constructiva.
Está involucrado en edificar algo, no en destruirlo.
Su tarea bajo la dirección de Dios, es edificar el Cuerpo de Cristo.
Por lo tanto, sus mensajes deberán ser constructivos y no destructivos (Efe 4:11-16).
No pueden ser unos que lleven a las personas a experimentar una larga condenación (Rom 8:1).
Su meta final debe ser ver edificadas, fortalecidas y firmes a las personas.
Ello no implica que no exponga una palabra fuerte, aún constante si fuera necesario.
Lo que implica es que junto con el mensaje debe venir una oportunidad de arrepentimiento y confesión genuina delante de Dios.

Comparativamente.
La Escritura tiene que ser comparada SIEMPRE con la Escritura.
Tiene que ser interpretada SIEMPRE dentro del contexto total de la Biblia.
Ello requiere que tenga una comprensión creciente de toda ella (2 Tim 2:15).



Conclusiones.
Toda predicación y enseñanza efectiva sobre la Biblia necesita tener una conclusión y aplicación práctica (Mat 13:23, Rom 2:13, Sant 1:22).
La Palabra nos fue da para formar nuestra propia vida y las vidas de las personas (Efe 4:11-16).
Necesitamos tener siempre una conclusión práctica que hacer.
Para ello:
UNO. Hable de su propia experiencia. No puede dar lo que no tiene. Por ende, primero necesita tener algo de lo que Dios quiere compartir con las personas, obrando en su vida. El predicador, al igual que todos los creyentes, ha sido llamado a ser una epístola viviente. No solo se le requiere predicar la Verdad, sino también practicarla y demostrarla.
DOS. Haga su predicación o enseñanza significativa. Usted es responsable de asegurar, tanto como pueda, que el significado y el entendimiento de la Escritura sean comunicados a los oyentes con claridad. Para ello necesita esforzarse siempre para simplificar el tema. Entre más simple, mejor. La simplificación no implica rebajar las normas, principios, condiciones, etc., de la Palabra (como lo que se ha hecho ahora con la salvación).
TRES. Hágalo práctico. Intente siempre mostrar las implicaciones prácticas que su mensaje tiene para las personas. A menudo hay demasiado conocimiento pero muy poca práctica. Clarifique sus conclusiones. Intente hacer sugerencias prácticas sobre como pueden las personas responder de una manera más significativa a Dios.



Siete principios en la preparación de una prédica y/o enseñanza (las siete “C”´s).

Claridad.
Que su mensaje sea comprendido con facilidad.
La finalidad de toda enseñanza y/o prédica necesita ser la conversión de los pasajes tan pertinentes en algo tan fácil de comprender como sea posible.

Consistencia.
Que sus comentarios tengan una fuerte relación con el tema que está exponiendo, evitando las desviaciones lo más posible.
Al mantenerse fiel al tema, lo está reforzando en la mente de los oyentes.
No tema hacer repeticiones. Cierta cantidad de estas es necesario a fin de fijar una verdad en los corazones de las personas (Fil 3:1).

Coherencia.
Todo el tema necesita ser expuesto con una unidad clara, que la expresión de los pensamientos tenga una unidad obvia, que tengan relación y estén bien unidos, sosteniéndose y complementándose mutuamente.

Continuidad.
Sus afirmaciones deben estar continuamente moviendo a sus oyentes hacia el objetivo propuesto.
Cada punto deberá seguir claramente al anterior.
Sus comentarios deben fluir libremente de un texto al siguiente con unidad, correspondencia y progresión claras.

Conciso.
Procure ser breve, evitando la tentación de hablar por hablar.
No adquiera el hábito de divagar.

Comprensivo.
Cubra el tema tan plenamente como sea posible.

Concluyente.
La conclusión a la que desea arribar al final del tema debería dominar su mente tan plenamente como sea posible, para moverse hacia ella desde el principio hasta el final de su exposición (Prov 29:18).
Recuerde que no es su responsabilidad lograr los resultados deseados. Ellos dependen de Dios, quién es el que da el crecimiento (1 Cor 3:7, Col 2:19). Sin embargo, su tarea es hacerlo de la mejor manera que le sea posible (Col 3:22-24).
No tiene que mirar a la gente por los frutos, tiene que seguir con su mirada puesta en Dios. Espere confiadamente en que El, en su momento, producirá los frutos (Ecle 3:11).

14 Dic 2011
Referencia: La Biblia 26.