Estudio Bíblico

Inicio > Estudio
Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

La Biblia. Estudio y aplicación.



Aplicación.
Por mucho que sepamos acerca de la Palabra de Dios, si no aplicamos lo que aprendemos, las Escrituras nunca serán de provecho para nuestra vida.
Ser oidores de la Palabra y no hacedores de ella es engañarnos a nosotros mismos (Sant 1:22-25).
Por eso es esencial su aplicación a nuestra vida.
La observación y la interpretación son “el oír” la Palabra de Dios.
Mediante la aplicación, seremos transformados a la imagen de Cristo.
La aplicación es aceptar sinceramente la verdad, y ponerla en práctica. Es este proceso el que permite que Dios obre en nuestras vidas.
La clave de la aplicación de la Palabra está en 2 Tim 3:16-17: enseñanza, reprensión, corrección e instrucción.



La enseñanza (doctrina).
Es lo que la Escritura dice sobre determinado asunto.
Sea cual sea el asunto, esa enseñanza siempre es verdadera.
Por lo tanto, todo lo que Dios dice en Su Palabra sobre cualquier asunto es la verdad absoluta.
El primer paso en la aplicación es descubrir lo que la Palabra dice sobre determinado asunto mediante la observación precisa y la interpretación correcta del texto.
Una vez que entendemos lo que enseña la Palabra, estamos obligados ante Dios a aceptar esa verdad y vivir de acuerdo con ella.
Cuando hayamos ajustado cualquier concepto o enseñanza falsa o errónea que hayamos creído, y hayamos aceptado de corazón la verdad revelada en la Palabra, entonces habremos aplicado lo que aprendimos.



La reprensión.
Saca a relucir las esferas de nuestro pensamiento y conducta que no están de acuerdo a la Palabra.
Descubrimos los aspectos en que hemos pensado erróneamente o hemos estado haciendo lo que Dios dice que no es correcto.
Aplicar la reprensión es aceptarla y ponernos de acuerdo con Dios, reconociendo los aspectos de nuestro pensamiento y conducta que han estado equivocados.
De esa manera nos libramos de la incredulidad y del pecado.



La corrección.
Muchas veces es el paso que suele ser más difícil.
Podemos ver que estamos equivocados pero no queremos dar los pasos necesarios para rectificar el error.
Dios no nos ha dejado sin ayuda o sin respuestas en este paso de enmendar lo que está equivocado.
A veces resulta difícil encontrar respuestas, pero siempre las hay.
A cualquier hijo de Dios que quiera agradar a su Padre, el Espíritu Santo le enseñará la manera de hacerlo.
Muchas veces la corrección se logra con sólo confesar y abandonar el error.
En otras ocasiones Dios nos muestra pasos bien definidos que debemos dar (por ejemplo, Mat 18:15-17).
Cuando apliquemos la corrección a nuestras acciones y actitudes, Dios obrará en nosotros para llevar a cabo Su buena voluntad (Fil 2:13).
La obediencia producirá gozo y bendición en nuestras vidas y todo nos saldrá bien (Deut 28.1-14, Sal 1.1-3, 3 Jn 2, Rom 12.2).



Instrucción en justicia.
Aunque la Palabra de Dios es útil para la reprensión y la corrección, también es un manual para la vida que, cuando le dedicamos tiempo a su estudio, Dios nos capacitará para la vida dándonos: enseñanzas, mandatos, promesas, exhortaciones, advertencias, ejemplos.
Ella tiene todo lo que necesitamos para hacerle frente a todas las circunstancias de la vida, de manera que seamos perfectos, enteramente preparados para toda buena obra (2 Tim 3:16-17).
La aplicación más eficaz se produce cuando entramos en la presencia del Señor y hablamos con El acerca de las cosas que hemos leído, estudiado, visto y oído, y permitimos que Dios nos guíe para encontrar formas de aplicación de ello más allá de lo evidente.



Otras observaciones.
Al buscar la forma de aplicación de las Escrituras a nuestra vida, podrían ser útiles las siguientes preguntas:
¿Qué enseña el pasaje?
¿Es general o específico?
¿Se aplica sólo a algunas personas en particular o a todas?
¿Se aplica a un problema cultura de la época o a un problema de todas las épocas?
¿Es superada por una enseñanza más amplia en algún otro pasaje de la Biblia?
¿Este pasaje expone algún error en mis creencias o en mi conducta?
¿Hay algunos mandamientos que no he obedecido?
¿Hay actitudes o motivos erróneos en mi vida que las Escrituras sacaron a luz?
¿Cuál es la instrucción de Dios para mi como hijo suyo?
¿Hay nuevas verdades que debo creer?
¿Hay nuevos mandamientos que debo obedecer?
¿Hay nuevos puntos de vista que me pueden enseñar algo más?
¿Hay promesas a las que me debo aferrar?

Al aplicar las Escrituras necesitamos cuidarnos de no caer en las siguientes trampas:
Aplicar normas culturales en lugar de normas bíblicas.
Tratar de apoyar una verdad legítima con el uso indebido de un versículo o pasaje.
Aplicar un versículo o pasaje desde la perspectiva de un prejuicio adquirido a raíz de enseñanzas recibidas en el pasado.



Conclusión.
La observación, la interpretación y la aplicación dan como resultado la transformación.
Esa es nuestra meta al estudiar la Palabra de Dios (Rom 12:2, Efe 4:22-24).
Así cumpliremos la voluntad de Dios y seremos transformados de gloria en gloria a la imagen de Cristo (Rom 8.29, 2 Cor 3.18).

21 Ene 2012
Referencia: La Biblia 00.