Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Módulo 201. Naturaleza y carácter de la iglesia.



LA IGLESIA.



Definición.

“El concepto correcto, es decir, bíblico de Iglesia y del ministerio en la misma viene a ser indispensable para entender adecuadamente el hecho y el alcance de nuestra membresía en el Cuerpo de Cristo…” (“La Iglesia, Cuerpo de Cristo”, Curso de Formación Teológica Evangélica, Tomo VI. Francisco Lacuela, Libros CLIE, 1973).

Un cristiano solitario es una contradicción en sí mismo, no puede existir. Tan pronto como alguien conoce al Señor Jesucristo como su Señor y Salvador, El mismo lo añade a la Iglesia. Ello es así porque como el agua es el medio ambiente necesario para la sobrevivencia, desarrollo y multiplicación de los peces, así la iglesia lo es para la de los cristianos:

Hch 2:41-42: “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”

Hch 2:44, 46-47: “Todos los que habían creído estaban juntos,….Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.”

En consecuencia, cada persona que conoce al Señor Jesucristo, inmediatamente después de conocerlo, debe agregarse a una congregación como medida de sobrevivencia en un mundo que a partir de ese momento, comienza a resultarle hostil para el mantenimiento, perseverancia y desarrollo de su fe:

Heb 10:23: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”



Etimología de la palabra “Iglesia”.

El término “Iglesia” que deviene del griego “ekklesia” tiene el único sentido bíblico de comunidad de creyentes cristianos y/o el conjunto de comunidades o congregaciones o grupos locales caracterizados como discípulos o seguidores de Jesús, lo que implica, entonces, que el término se refiere a:

• Una asamblea de creyentes, que se emplea en la Escritura en muy pocos casos, como en Hch 19:32, 39 y 41).

• El conjunto de los redimidos por Cristo, en todos los tiempos y lugares a partir de Pentecostés (Efe 1:22, 5:23-33, Hch 9:4, 1 Cor 15:9, Col 1:18, etc.).

• Una comunidad local o congregación particular de los creyentes o santos, siendo este el sentido más corriente, ya que ocurre más de 90 veces en las Escrituras de un total de 106 veces que se utiliza dicho término en la versión Reina Valera 60. Por lo tanto, en la mayoría de casos en la Escritura, este término se utiliza para nombrar o identificar a una reunión local de santos, organizados conforme al modelo escritural del Nuevo Testamento, para llevar a cabo los propósito del Reino de Dios.

Por lo tanto

• No reconoce fronteras geográficas, diferencias doctrinales, diferencias raciales, sexuales, sociales, ni ninguna otra que pudiera determinarse, aún cuando por razones prácticas, coincidencias o intereses comunes, las agrupaciones de creyentes puedan darse debido a una de esas características (es una sola vid con muchos pámpanos (Jn 15:1).

• Su centro de unidad y fuente de cohesión es la autoridad de un solo Señor, el Señor Jesucristo (Efe 4:5), su Cabeza, manifestada en la confesión de las doctrinas básicas de Heb 6:1-2 y en el reconocimiento de un mismo Padre (Jn 1:12, Rom 8:15).

• Las iglesias locales no son solamente partes de un todo superior que las engloba (la Iglesia Universal de Cristo) sino que también son células locales completas en las que se manifiesta y concreta la plenitud de esa Iglesia Universal, por lo tanto, en un sentido pleno también son la Iglesia (1 Cor 12).


Bíblicamente no se usa con los significados que se le han ido agregando en el transcurrir del tiempo, y que crean una tremenda confusión, principalmente en los creyentes cuando son incorporados por Dios a la Iglesia, de un nombre para referirse a un lugar cúltico, a una jerarquía u organización denominacional, o a un aspecto confesional.



La institución (fundación) de la Iglesia.

Los dos primeros pasajes en la Escritura que mencionan el término “Iglesia” se encuentran en el Evangelio de Mateo, y del estudio de ellos podemos deducir la esencia de la iglesia:

Mat 16:15-19: “El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro (“Petros” en griego, género masculino), y sobre esta roca (“petras” en griego, género femenino) edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

La iglesia se fundamenta, se establece, sobre la fe en que el Señor Jesucristo es el Cristo (Salvador) y el Hijo del Dios viviente (Señor). Esa es la roca. Y esta fe viene directamente de Dios, que por medio del Espíritu Santo, la implanta en el corazón de las personas porque:

• Para la gente “normal”, que está perdida en el mundo, las cosas relacionadas con el Evangelio son locura porque no las pueden entender porque deben entenderse con el Espíritu y ellos están muertos en su espíritu (1 Cor 1:18-23).

• Los incrédulos tienen cegados los ojos de su entendimiento para que no les resplandezca el conocimiento de Dios (2 Cor 4:4).

• Nadie llama a Jesús “Señor” sino por el Espíritu Santo (1 Cor 12:3)..

Y como quién revela la fe necesaria para creer en el Señor Jesucristo (la condición para ser parte de la Iglesia) es Dios, la Iglesia no es fundada por personas sino por Dios mismo, quién asimismo determina quienes serán sus miembros y el tamaño de la Iglesia:

• El que añade a la iglesia los que han de ser salvos es el Señor (Hch 2:47).

• El crecimiento de la iglesia lo da Dios (1 Cor 3:6-7) (Efe 4:15-16) (Col 2:19).

Por lo tanto, la fundación, desarrollo y crecimiento de la Iglesia en general, y de cada iglesia local en particular, es un asunto de Dios, no de las personas que participan en ello. Ellas participan como parte del cumplimiento del propósito de Dios para sus vidas (Sal 138:8) y no por sí mismos.

Mat 18:11-20: “Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado? Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron. Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños. Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Este segundo pasaje en las Escrituras nos habla de algunos aspectos operativos de la Iglesia.

• El primer objetivo de la Iglesia debe ser la salvación de aquellos que están perdidos, es decir, encontrar para Dios aquellos que están descarriados, introduciéndolos al Reino de Dios (el gobierno y soberanía de Dios sobre la vida de cada uno de los creyentes).

• La autoridad de la que Dios ha dotado a la Iglesia es tal que todo lo que ésta ate o desate en la tierra será atado o desatado en el cielo. Todo el poder de Dios está disponible para la Iglesia (Mat 28:18-20) para el cumplimiento de las tareas, fines y objetivos que Dios le ha determinado.

• La Iglesia está donde estén reunidos por lo menos dos creyentes en el nombre del Señor, de tal manera que el tamaño (en número de personas) de una iglesia puede variar desde dos personas hasta cualquier otro número por encima de ese. Ello quiere decir que iglesia es tanto una gran asamblea como un grupo que se reune en una casa o en cualquier otro lugar aún cuando no sea dentro de un edificio destinado para el funcionamiento de una iglesia.

• De lo enunciado en el párrafo anterior podemos deducir, sin ningún lugar a dudas, que la iglesia son personas, no edificios, estructuras organizacionales, procedimientos operacionales, actividades o cualquier otra cosa diferente a las personas. Las personas son la iglesia y todo lo demás son instrumentos o herramientas deben servir a las personas, no las personas servirlas a ellas, como sucede en muchos casos.



La misión, autoridad y poder de la Iglesia.

Lo que Jesús declara de la Iglesia en el momento de su fundación, aparte de cuál sería el fundamento básico (la fe en Cristo), marca su misión, autoridad y poder, y ello es:

• Que las puertas del Hades no prevalecerían contra ella.

• Que tendría las llaves del reino de los cielos.

• Que todo lo que atare en la tierra sería atado en los cielos y que todo lo que desatare en la tierra sería desatado en los cielos.

Lo que estos versículos encierran va muchísimo más allá de la controversia de que si Pedro es la primera autoridad de la Iglesia o no. Es la definición del objetivo fundamental de la Iglesia y el tremendo poder y autoridad de la que fue dotada para destruir el imperio de las tinieblas y establecer el Reino de Dios sobre la tierra de acuerdo a la oración de Cristo en Mat 6:9-10:

“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”

Por lo que podemos ver en estas Escrituras, y en otras más a lo largo y ancho de la Biblia, la Iglesia no fue diseñada para salvar personas y coexistir con el reino de las tinieblas, o arrinconarse dentro de sus edificios por la presión del mundo en su contra. Más bien es lo contrario. La Iglesia fue diseñada para establecer el Reino de Dios sobre la tierra, salvando y discipulando personas para enviarlas a forzar las fronteras de las tinieblas hacia una franca disminución, arrinconándolas lo más posible y persistentemente hasta que Cristo venga de nuevo a establecer en plenitud Su Reino.

“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” (Mat 28:18-20).


“dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en si mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.” (Efe 1:9-10).

“A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor,” (Efe 3:8-11).

En suma, en el momento mismo de la fundación de la Iglesia se establecen las bases de lo que serán sus objetivos, su acción y su poder y autoridad delegados por Dios. Fué diseñada por Dios y establecida por el Señor Jesucristo sobre la tierra para conquistar lo que el reino de las tinieblas había controlado a causa de la caída del ser humano en el pecado, para avanzar la plenitud del Reino de Dios que Jesús trajo de nuevo a la tierra, dotándola de la capacidad de llenarlo todo, tomarlo todo, influenciarlo todo, transformarlo todo, por más fuerte que fuera la oposición y que esta nunca más prevaleciera, predominara ni influyera en lo que son los dominios de Dios (toda la creación).

Jesús se encarnó y se hizo hombre (plenitud de hombre) para sentar las bases e iniciar la restauración no solo espiritual sino también emocional, física y material, relacionada con el ser humano, pero también en relación con todo el resto de la Creación, de todo aquello que Dios comenzó en el principio y quedó inconcluso por consecuencia del pecado y delegó a la Iglesia (Su Cuerpo, la plenitud de El) para concluír lo que Dios comenzó con Adán y Eva antes de la caída.

“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” (Luc 19:10).

Cuando situamos la perspectiva de la Iglesia fundamentalmente en las Escrituras y en la perspectiva eterna de Dios y en Su Plan para las edades, de los que las Escrituras nos hablan claramente, despojándonos de nuestros paradigmas teológicos, denominacionales y hasta mundanos, como veremos en el siguiente capítulo respecto a la naturaleza de la Iglesia, esta misión debe marcar el quehacer referente a la reforma presente de la Iglesia, de sus programas, planes y tareas, así como el de cada uno de los creyentes como parte esencial de ella, para retornar a la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta, y al cumplimiento de Su Plan para nosotros.

“No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfect0.” (Rom 12:2, DHH).

“La creación aguarda con ansiedad la revelación (manifestación) de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para alcanzar así la gloriosa libertad de los hijos de Dios.” (Rom 8:19-21,NVI).






El carácter fundamental de la Iglesia.

Derivado de todo lo anterior, desde su fundación, la Iglesia posee el carácter de apostólica, porque fue fundada por Jesucristo, el apóstol de nuestra fe (Heb 3:1), porque para su establecimiento inicial y desarrollo Jesús nombró doce apóstoles (de hecho los constituyó apóstoles aún antes de la fundación de la Iglesia, Mat 10:1-8), y porque la iglesia se establece sobre el fundamento de apóstoles (Efe 3:19-20, 1 Cor 12:28).

“Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús;” (Heb 3:1).

“Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo, Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó. A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.” (Mat 10:1-8).

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,” (Efe 2:19-20).

“Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.” (1 Cor 12:28).

Y al día de hoy la iglesia sigue siendo apostólica, por cuanto si Jesús es la cabeza, y El tiene la unción apostólica, esa unción se derrama sobre todo su cuerpo (Sal 133:2), determinando la unción de su función. Por ello, Jesús hoy (como siempre lo ha hecho, aún cuando ellos no hayan sido reconocidos en sus generaciones) sigue levantando apóstoles dentro de Su Cuerpo, con la responsabilidad de mantener el carácter fundamental de la Iglesia.




27 Ene 2012