Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Módulo 201. Naturaleza y carácter de la iglesia.



LA NATURALEZA DE LA IGLESIA EN RELACIÓN A SUS PROGRAMAS.



Verdadero discipulado.

El mandato de la Gran Comisión para la Iglesia es claro: hacer discípulos, enseñándoles a guardar todo lo que El nos ha mandado, la Palabra, el consejo completo de la Palabra. El discipulado lo definió Jesús claramente: negarse a sí mismos (nuestras ideas, planes, gustos, intereses, etc.), tomar su cruz (para mantener la carne crucificada, Rom 12:1), y seguirle (abrazar las ideas, planes, gustos e intereses de Dios, el Padre, renovando nuestra forma de pensar para no seguir los modelos del mundo sino los de El en todo, Rom 12:2). Discipulado no es información, es transformación, y la transformación que Dios quiere de nosotros no es externa, sino interna, del corazón. Nos lo enseña claramente Rom 8:28-29: El nos conoció, nos predestinó, nos llamó y nos justificó para que la imagen (el carácter, el estilo de vida) de Cristo fuera formado en nosotros. La Iglesia hoy enseña de todo, pero muy poco acerca de la transformación del carácter (arrepentimiento genuino y constante, temor de Dios, regeneración transformadora constante, obediencia a la Palabra y santidad). Ello es equivalente a buscar el Reino de Dios y Su justicia, que es el mandato de Jesús en Mat 6:33, y que es el resultado de nacer del Agua (la Palabra vivida) y del Espíritu (la sujeción a la dirección del Espíritu Santo en todos los aspectos de la vida, todo el tiempo) (Jn 3:5). Es menguar nosotros para que Cristo crezca en nosotros (Jn 3:30). No es solo ver el Reino, sino entrar en él, es ya no vivir nosotros para que Cristo viva en y a través de nosotros (Gal 2:20).

Es ser formados y preparados para cumplir el propósito de Dios en y para nuestras vidas (Efe 2:10): que manifestemos permanentemente el carácter de Cristo y el estilo de vida de Cristo, y que estemos preparados y formados para hacer la obra redentora (transformadora) de Cristo, ser Sus co-laboradores en la redención de todo lo que hay en el mundo: personas, relaciones, actividades y cosas, volviéndolas al plan original de Dios (Rom 8:19-21, Col 2:18-20), de tal manera que Cristo sea Señor de todo y en todo, la plenitud que todo lo llena en todo.



Predicación transformadora y habilitadora de los creyentes (ministros, reyes y sacerdotes).

Para lograr el objetivo de llevar adelante el verdadero discipulado, que es la síntesis de la función asignada por Dios a la Iglesia, necesitamos una transformación de la predicación. Actualmente, mucha de ella o está relacionada con temas como la prosperidad económica, el éxito, el alcance de nuestros objetivos y planes personales, la motivación, el fortalecimiento de la la auto-estima, y el alcance de la auto-realización, que en última instancia, o son las añadiduras que no necesitamos buscar cuando estamos buscando el Reino de Dios y Su justicia porque nos van a alcanzar sin que necesitemos buscarlas de acuerdo a lo que nos enseñó Jesús, o fortalecen el “ego” de la persona en lugar de llevarlo a la muerte como es el mandato de la Palabra. O por otro lado, se transmite mucha información (sabiduría humana), que aunque bíblica, por la forma en que se aborda, contribuye muy poco a la formación y transformación de las personas en lo que Dios quiere y busca.

Por otro lado, cuando se enseña para habilitar a las personas para servir, ello se hace desde la perspectiva de las necesidades institucionales de la iglesia local o la denominación a la que pertenecen los y las creyentes, y no en función de las necesidades del Reino de Dios, establecidas en la Palabra.

En suma, la predicación y/o enseñanza debe estar enfocada, dirigida, planeada, para contribuir a la transformación de la persona y a su habilitación y activación como co-laborador de Dios en el desarrollo del Reino en la tierra, en la reconciliación de todas las cosas con Dios, de acuerdo al ámbito de actividad en que cada uno se mueve y donde Dios los ha colocado (2 Cor 5:18, Col 1:18-20).


La iglesia debe funcionar con un programa bien definido.

Los problemas de la Iglesia, en la gran mayoría de los casos, independientemente de donde esté ubicada y en que tiempo sea, no son básicamente problemas de métodos sino problemas de enfoque.

Cuando el Señor Jesucristo instituyó la Iglesia no lo hizo para que ésta hiciera cualquier cosa que se le ocurriera, o que considerara que se podría hacer en función de agradar a Dios. Como un instrumento de Dios y dado que éste tiene propósitos específicos en la historia de la humanidad, Dios, a través de Jesucristo, creó la Iglesia con propósitos específicos que cada Iglesia local debe cumplir para ser una iglesia eficiente y eficaz en la labor que Dios le ha encomendado.

Ello implica que el Señor:
o La creó específicamente.
o En un tiempo y lugar específico.
o Con personas específicas.
o Con un propósito y objetivos específicos.
o Con un equipamiento específico.
o Para desarrollar un plan específico con una metodología específica.
o Con un enfoque específico.

En consecuencia, para ser efectivos y cumplir con el plan que Dios nos ha determinado como Iglesias locales, todo lo que hagamos debe venir del corazón de Dios, no del nuestro que es engañoso.

En principio, los propósitos y funciones de la Iglesia se definen a partir de lo que es cada uno de los y las creyentes que la forman:

1) Colaboradores de Dios.
1 Cor 3:9: “Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.”

2) Administradores de la multiforme gracia de Dios.
1 Ped 4:10: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.
1 Cor 4:1: “Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios.”

3) Ministros de la reconciliación de todas las cosas con Dios.
2 Cor 5:17-20: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.”
Rom 8:19-21: “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.”

4) Reyes y Sacerdotes.
Apo 1:5-6: “y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.”
1 Ped 2:9: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;”

Es precisamente para el cumplimiento de esos roles de los y las creyentes que Dios estableció el programa de la Iglesia para todos los tiempos y las edades, y en todos los lugares. El programa y los principios no cambian, la forma de llevarlos a cabo es lo que puede cambiar y adaptarse a la cultura específica de cada tiempo y lugar. El programa de la Iglesia está claramente indicado en la Escritura y es:

Jn 4:23: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.”

Mat 28:18-20: “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”

Mar 16:15-18: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.”

Efe 4:11-16: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.”

El programa específico de Dios para la Iglesia consiste, siguiendo lo que menciona Rick Warren al respecto en su libro “Una vida con propósito”, y que es lo que enseña Efe 4:11-16, en las siguientes funciones y/o actividades:
1) Adoración: comunión continua, permanente, con Dios.
2) Evangelismo: compartir las buenas nuevas de salvación con los no creyentes.
3) Discipulado: ser transformados en nuestro estilo de vida, para transformar nuestras relaciones y actividades, que transformaran el mundo. Preparar y enviar a los y las creyentes para llevar un estilo de vida que refleje el Reino de Dios y que sea un modelo que transforme el estilo de vida del mundo.
4) Comunión: formar parte activa del Cuerpo y estar involucrados en su crecimiento, fortalecimiento y desarrollo.
5) Servicio: dar nuestra vida por nuestro prójimo, servirle, siendo instrumentos para que Dios supla sus necesidades, integralmente, espíritu, alma, y cuerpo (1 Tes 5:23).

En todas las actividades de la iglesia necesitamos, para cumplir con el propósito de Dios para ella, tenerlos en mente y presentes como los cinco ejes fundamentales a través de las cuales se deben definir y evaluar todo lo que ésta hace.


27 Ene 2012