Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Módulo 210. La Reforma de la Iglesia y el Ministerio Apostólico.



LA COBERTURA APOSTÓLICA.



Hay dos aspectos importantes a considerar dentro de lo que es la cobertura ministerial apostólica: uno es el relacionado con el llamado a la función de apóstol, y otro el relacionado a moverse en la unción apostólica o en un espíritu apostólico derivado de una cobertura de este tipo.

Como ya lo anotáramos anteriormente, de acuerdo con lo que menciona el Sal 133, y Jn 14:12, todos los que se encuentran bajo la cobertura de un apóstol o ministerio apostólico tendrán una unción apostólica, es decir, una unción que les permitirá desarrollarse en por lo menos alguna de las áreas del ministerio apostólico, sin que ello signifique que son o llegarán a ser apóstoles.

“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras; como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna.” (Sal 133:1-3).

“De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.” (Jn 14:12).

Lo apostólico implica el desatar de un espíritu y una unción apostólica y de una mentalidad apostólica, lo que significa, entre otras cosas, por ejemplo, alguna o varias de estas situaciones: fluir en lo sobrenatural, ser un innovador, ser un guerrero espiritual, motivar a otros a incorporarse en el servicio y a fluir en los dones, la certeza del llamado, el propósito y el destino para sus vidas, abrir brecha, etc.

En cada ministro, este o no bajo la cobertura apostólica residen características ministeriales que corresponden a cada uno de los cinco ministerios por cuanto que estos no se dan en la práctica “químicamente” puros porque en cada uno de los que hemos nacido de nuevo quién habita es Cristo y siendo El el gran apóstol, profeta, evangelista pastor y maestro, sus cualidades, por lo menos potencialmente, están en nosotros y fluirán en caso de necesidad.

Cada uno de los ministros bajo la cobertura apostólica han sido llamados a ejercer uno de esos ministerios específicamente. El hecho de estar bajo una cobertura apostólica no implica que su llamado específico va a ser anulado, ni tampoco significa que él va a ser un apóstol. Lo que ello significa es que por estar bajo esta cobertura, algunas de las características del ministerio apostólico, por la unción y la influencia de su cobertura (impartición), se pueden manifestar en su ministerio. Cada ministro que opera bajo la influencia de una cobertura apostólica va a empezar a hacer, en alguna medida, las mismas cosas que su cobertura. Esto ocurre por medio de la ley de la impartición.


La ley de la impartición.

La unción de Dios es transferible de una persona a otra por medio de la ley de la impartición, que significa que cada ministro o creyente tiene una medida de gracia y unción que la puede dar a otros.

“El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye. No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.” (Gal 6:6-10).

“Porque no digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez, sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos.” (2 Cor 8:13-15).

“Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros?” (1 Cor 9:11-12).


Beneficios de estar bajo una cobertura apostólica.

La ley de la impartición significa, en otras palabras, que quien esté bajo una cobertura, sea la que sea, recibirá una unción de su cobertura que le permitirá fluír en algunas de las características del ministerio y de los dones que ella tiene. En el caso de aquellos que están bajo una cobertura apostólica ello significa que recibirán una unción para:

• Ser pioneros dentro del área de su influencia geográfica en cuestiones espirituales y de influencia social y para reformar, renovar y cambiar problemas, circunstancias y situaciones a su alrededor.
• Recibir revelación directa de Dios a través de la Palabra.
• Impartir dones a los creyentes bajo su cuidado y activarlos para el servicio a Dios.
• Orar y ver que se realicen, milagros, sanidades, liberaciones, prodigios, maravillas y señales de parte de Dios que confirmen la Palabra y su ministerio y dones.
• La guerra espiritual y para el rompimiento y penetración en el reino de las tinieblas.
• Desarrollarse como siervo, ministro y dirigente y para dirigir a otros, adiestrándolos y capacitándoles para que también ocupen puestos de servicio, ministerio y dirección.
• Ser parte del equipo apostólico para levantar nuevas obras.
• Poner el fundamento en la vida de los creyentes nuevos.


Caminar en lo sobrenatural, en lo profético.

Aquellos que están bajo la cobertura apostólica van a caminar en lo sobrenatural de los milagros, sanidades, liberaciones, prodigios, maravillas y señales, pero también van a fluir en lo sobrenatural profético que consiste en expresar la mente y el corazón de Dios es una dimensión sobrenatural. No es simplemente traer una palabra profética a una persona. Eso tan solo es una parte de la unción profética , pero no lo es todo. Moverse en lo profético tiene que ver con expresar y demostrar, en palabras y en acciones, lo que hay en la mente y en el corazón de Dios, exponiendo a los sentidos de las personas todo lo sobrenatural de Dios, trayéndolo a la dimensión física y tangible (1 Cor 2:4-5).

“Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria. Antes bien, como está escrito: “cosas que ojo no vio, ni oído oyó,ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.”” (1 Cor 2:1-9).

Lo sobrenatural profético que es parte de la unción apostólica y que alcanza a los que están bajo su cobertura incluye, entre otras cosas, lo siguiente:
• Oír, sentir y ver lo que Dios oye, siente y ve.
• Oír la voz de Dios.
• Hablar las palabras de Dios reveladas a nosotros.
• Oír, sentir y ver, de parte del Espíritu de Dios, cualidades el carácter, la mente y el corazón mismo de Dios, creciendo en Su conocimiento.
• Moverse en los dones del Espíritu Santo.


Activación de los creyentes en lo profético y sobrenatural.

Como parte del ministerio apostólico y del ministerio de los que están bajo la cobertura apostólica está la unción para la activación de los creyentes para fluir tanto en lo sobrenatural como en lo profético.

La activación consiste en habilitar a los creyentes (y retarlos) con la Verdad de la Palabra de Dios para que reciban la gracia divina y hagan lo que dice la Palabra, la pongan en práctica, la apliquen, la ejecuten y obtengan los resultados que ella promete en todas las áreas de su vida.

Es el mismo principio que opera en la recepción de los dones. Cuando viene la revelación, que es por medio de la fe, se recibe el don y la persona es activada para operar en ese don. Igual sucede con la activación con relación a cualquier Verdad.

Todos los ministros necesitamos ayudar a las personas a recibir la Verdad y los dones, mediante revelación que venga a la persona para que su entendimiento sea iluminado, crea, se apropie de ellos por medio de la fe, los reciba y opere en ellos.

Hay, por lo menos, cuatro ingredientes para activar a un creyente en lo sobrenatural, y estos son:

• Oír la Palabra de Dios (Rom 10:17).
• Confesar con su boca (Rom 10:8-10). La confesión es el puente entre el mundo espiritual y el mundo físico (Heb 11:3).
• Creer con el corazón, que significa abrazar esa verdad, hacerla parte de nosotros, con el compromiso de hacerla, aplicarla, ponerla en práctica (Sal 1:1-3).
• Hacer una acción correspondiente (Mat 5:27).

Como podemos observar, estos principios son los mismos principios que activan a una persona para recibir el don de la salvación y de la vida eterna. Estos son los mismos principios que se usan para activar a un creyente en cualquier Verdad de la Palabra de Dios y en cualquier don de Dios y en lo sobrenatural.







27 Ene 2012