Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Módulo 205. El Reino de Dios.



LA RESTAURACIÓN DE LA AUTORIDAD (ORDEN) DE DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS.



Anteriormente hicimos énfasis de que en el principio Dios creó todas las cosas (Gen 1:3-31) y a los seres humanos y determinó las leyes y el orden en el que debían funcionar, y el objetivo de todas las cosas era que fueron creadas por El, de El y para El (Rom 11:36, Col 1:16).

Como soberano Dios, Dueño y Amo de todas las cosas, El decidió darle al ser humano la autoridad sobre toda la tierra para que Señorease en Su Nombre (Gen 1:26-28) y para que todas las cosas creadas, bajo la dirección del ser humano, fructificarán, se multiplicaran y llenarán la tierra, para lo cual debía sojuzgarlas (tenerlas El bajo su control y no que ellas lo controlaran) y señorear sobre ellas (administrarlas con eficiencia y eficacia).

Sin embargo, en la caída, al obedecerle a satanás, los seres humanos le dieron la autoridad sobre la tierra, de acuerdo a lo que nos indica 2 Ped 2:19, de que el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció. Como consecuencia de ello se ve afectada no solo la vida espiritual del ser humano, sino toda la creación sobre la cual había sido puesto como señor, y cuyo señor ahora pasa a ser el diablo.

Por ello, cuando Jesús es llevado al desierto y tentado por el diablo, en la tercera tentación (Mat 4:8-10) el diablo le dice a Jesús: "te daré los reinos del mundo y la gloria de ellos si postrado me adorares", y Jesús, cuando refuta al diablo, no niega la primera parte (porque era verdad lo que decía el diablo) sino solo corrige la segunda: "al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás". Por ello también, Jesús en Jn 12:31, Jn 14:30 y Jn 16:11 llama al diablo el "príncipe de este mundo" al mismo tiempo que anuncia que va a ser echado fuera. ¿cómo y por qué?

En el Sal 2:7-9, hablando el Padre y Jesús, Dios, el Padre, reconoce a Jesús como Hijo y le ofrece una herencia: las naciones, para que las gobierne. Obviamente, para ello, antes había que recuperarlas legalmente, de quién legalmente las había obtenido por cesión voluntaria que el ser humano había hecho a favor del diablo.

Para ello, en el Cielo, y en la unidad de la Trinidad, desde el principio de la caída, se había diseñado el plan de redención: enviar a Jesucristo a recuperar todo lo que se había perdido (Luc 19:10). Por ello, y por el amor de Dios a toda su creación (“cosmos”, mundo, que incluye a las personas y a todo lo demás creado que fue pervertido por el pecado -Rom 8.19-21-), Jesús es enviado (Jn 3:16-17)

En la cruz del Calvario (Col 2:13-15), Jesús despoja al diablo, a sus principados y potestades, de todo, ello implica no solo de los derechos que le asistían contra los seres humanos sino de toda la autoridad sobre la tierra.

Jesús, recuperada la autoridad, se la entregó al Padre, de quién era originalmente, por cuanto El la había dado al ser humano (Efe 4:8).

El Padre, en cumplimiento de lo ofrecido a Cristo en el Sal 2:7-8, no solo recibe la autoridad, sino que se la entrega de vuelta a Jesús, por lo que Jesús dice en Mat 28:18: “Toda autoridad me ha sido dada, en el cielo y en la tierra. Y en Mat 28:19-20, y Efe 4:8-12 delega esa autoridad en sus discípulos (la Iglesia, el Cuerpo de Cristo) para que de nuevo, una nueva “raza” de seres humanos, nacidos de nuevo (2 Cor 5:17), con la naturaleza divina (2 Ped 1:4), cumplan con el plan original de Dios, echando fuera al diablo (al que le dieron lugar por el pecado) y recuperen para Dios todo lo que habían entregado (Heb 10:12-14).

Por esa razón, la creación entera está esperando la manifestación de los hijos de Dios para ser liberada de la esclavitud de corrupción a la que fue sometida por causa de la caída del ser humano (Rom 8.19-21), de tal manera que a la Iglesia, los hijos de Dios, una vez redimidos, nos corresponde recuperar toda la creación para la gloria de Dios (Col 1:16-20).

El Reino de Dios en este tiempo, entonces, se trata de que los seres humanos, una vez salvos y bajo el Señorío de Cristo, es decir, bajo la autoridad del Reino de Dios, apliquen en sus vidas personales, familiares, laborales, sociales, etc., y en todos los campos de su actividad (finanzas, educación, ciencia, cultura, recreación, política, negocios, etc.) los principios del Reino de Dios, llevando personas, actividades, organizaciones y cosas (naciones) de regreso al plan original de Dios para la raza humana y para la creación.


31 Ene 2012