Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Módulo 205. El Reino de Dios.



EL FUTURO Y EL REINO DE DIOS.



El proceso del establecimiento de la plenitud del Reino de Dios.

El estado perfecto solo podrá realizarse a través de Jesucristo en su segunda venida (por la gracia sobrenatural) y no por medios naturales.
Empieza en la regeneración y se continúa en la santificación, llegando a su culminación (no final, sino cima y máxima expresión) en la consumación de los tiempos.
En la dispensación presente, aquí en la tierra, en la realidad concreta de la vida humana, consiste en realidades espirituales que se van materializando y concretizando en la vida práctica diaria a través de los y las creyentes en Cristo, que aunque imperfectas de acuerdo al perfecto diseño de Dios, representan un acercamiento al plan perfecto de Dios para la vida humana, según fue concebida en el Edén para Adán y Eva, y será la realidad total en el Reino Milenial de Cristo y en la eternidad futura.

La Creación: el Edén era el Reino de Dios.
La Caída: Adán y Eva fueron sacados del Reino.
La Redención (Mar 12:2, Luc 11:20, Mar 9:1, Mat 6:33, Mat 6:10): el Reino de Dios ha llegado a nosotros.

En la época actual el Reino de Dios está en el proceso hacia su plenitud; ya es pero se está haciendo (Mar 13:24-33). Es una realidad presente en el mundo actual (Col 1:13, Heb 12:28) pero el gobierno y el poder de Dios en plenitud no se han efectuado completamente.

La obra y la influencia de Satanás y los malvados continuará hasta el fin del mundo (1 Tim 4:1, 2 Tim 3:1-5); la plena manifestación de la gloria, el poder y el Reino de Dios ocurrirá cuando vuelva Jesucristo para juzgar al mundo (Mat 24:30, Luc 21:27, Apo 19:19-20, Apo 20:1-21:8). De las cenizas del viejo mundo surgirá una nueva tierra donde morará la justicia.

Cristo ejercerá la más alta supremacía: esta misión de Cristo está dentro de la esfera de la gracia especial y viene delimitada por la Iglesia y no por el Estado.

No se debe confundir ni mezclar el estado actual con el Reino de Dios ni la esfera del estado con la de la Iglesia: están relacionadas pero son diferentes; son complementarias pero están separadas.


El aspecto futuro del Reino.

El final del relato bíblico, en cierto sentido, es el fin de la historia en la versión que conocemos ahora.

Jesús vendrá nuevamente (Hch 1:11) en poder y gloria (Luc 21:27) para derrotar de manera definitiva y para siempre, a las fuerzas del mal (Apo 16 y 17) que operan sobre las personas, las relaciones e instituciones sociales y la creación toda. Es en ese momento que se realiza el juicio final, el único trascendental y verdadero juicio que concluye con la destrucción eterna del malvado, sus ejércitos y de todos aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida (Apo 20:10-15)

Todo es renovado y hecho perfecto nuevamente: las personas, los sistemas sociales y la creación. Terminan los cielos y la tierra como los conocemos ahora y desde el cielo descienden en la forma de la Nueva Jerusalén (Apo 21:1-3), un nuevo cielo y una nueva tierra (2 Ped 3:13): el relato que comenzó en el jardín termina en la ciudad (el centro del poder) y desde allí, permanecerá por toda la eternidad.

Una vez más, la morada de Dios es con los seres humanos (Apo 21:3).

Como ya no hay más injusticia, tampoco habrá llantos, muerte, lágrimas, dolor, hambre, sequías, etc. (Apo 7.18, 21:4).

Se ha completado la misión de la Iglesia como la fuerza que construye el Reino (Apo 21:22).

El Reino de Dios es el UNICO reino al final de los tiempos (Apo 11:15). Todas las naciones caminan a la luz de la gloria de Dios (Apo 21:24). El honor y la gloria de las naciones, todas sus contribuciones artísticas, culturales, políticas, científicas y espirituales (transformadas y sin constituir una tentación que alejen de la gloria de Dios) son traídas a la ciudad (Apo 21:24, 26).

La Nueva Jerusalén es una ciudad de vida (Apo 22:1-3). La tierra misma es redimida y produce de nuevo los frutos y la sanidad que los humanos y las naciones necesitan (Apo 22:2).

Nuestra verdadera vocación está una vez más al alcance nuestro, ya que "sus siervos lo adorarán" (Apo 22:3).





31 Ene 2012