Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Módulo 205. El Reino de Dios.



EL REINO Y LA IGLESIA.



El Reino y la Iglesia.

La Iglesia, que es el Cuerpo y la Novia de Cristo, consiste de los redimidos y se manifiesta en la comunidad de los creyentes (1 Cor 12, Efe 5:21-23).

La autoridad del Reino de Cristo no se limita a Su Iglesia sino que se extiende sobre todas las áreas de la vida (Col 1:15-20).

La autoridad soberana de Dios y de Cristo, nunca puede identificarse con la iglesia. Cuando una persona se somete a la autoridad de Dios en el Reino, llega a ser hijo de Dios, y como tal, parte del reino y forma parte del pueblo de Dios. Los hijos de Dios forman la iglesia, pero no pueden ser identificados con el reino en su totalidad (el Reino abarca más que la Iglesia, la Iglesia es una parte del Reino). El Reino crea la iglesia, la cual a su vez predica el Evangelio del Reino con sus hechos, testimonio y palabra, para la expansión del Reino, de tal modo que la iglesia es el instrumento, custodio y testimonio del Reino en la tierra, sin ser la totalidad del Reino.

La Iglesia es el punto focal de la obra del Reino de Cristo aquí en la tierra (Efe 1.22-23).

La Iglesia es el instrumento principal de Dios para la propagación del evangelio y la extensión del Reino de Cristo (Mat 28.18-20, Mar 16:15-18, Hch 1:8).



Iglesia: ejemplo del Reino de Dios.

La intención del Señor Jesucristo es que la comunidad cristiana sea un ejemplo para otras comunidades. Debe ser en el mundo la comunidad en la que invariablemente se reconozcan la dignidad y la igualdad humana, y se acepte la responsabilidad mutua. Donde los derechos de los demás se defienden y no se violen, mientras que a menudo se renuncie a los propios. Donde se defienda a los pobres y los débiles, y los seres humanos sean libres para ser humanos tal como Dios los hizo y se propuso que fueran. Hemos de tener hambre de justicia, procurar la paz, renunciar a la venganza, amar a los enemigos-



La Iglesia: constructora del Reino.

La asignación de la iglesia con respecto a la construcción del Reino:
Cooperar con Dios que el Reino se establezca en la vida de las personas.
Perfeccionar a los creyentes para que el Reino se desarrolle en sus vidas y se extienda a sus áreas de influencia: familia, trabajo, sociedad.
Mostrar el estilo de vida del Reino.

Efe 2:10:
Hechura de Dios.
Formados en Cristo Jesús.
Para buenas obras: el programa de Dios en todas las áreas de la vida para que nos vaya bien. De menos a más (Prov 4:18).

Gen 12:1-3 (Gal 3:13-14).
Somos de bendición para el mundo.
Tenemos algo que el mundo necesita con urgencia.

Jer 1:4-10 (Mat 28:18-20).
Que nuestra boca sea llenada con la Palabra del Señor.
Para destruir las obras del diablo y establecer las obras de Dios.
Rom 8:19-21: redimir toda la creación al plan original de Dios.
2 Cor 10:3-6, Efe 3:8-13: dar a conocer a las huestes de maldad la sabiduría de Dios.
Efe 1:9-10: que todas las cosas estén bajo el gobierno y la dirección de Cristo.

2 Cro 7:14.
Sanar nuestra nación.
Para eso es que Dios nos hace de bendición para todas las familias de la tierra y para ello Dios nos dio una boca y nos llena con Su Palabra.

Apo 1:5-6, Apo 5:9-10, 1 Ped 2:9: reyes y sacerdotes, reinar sobre la tierra.

2 Cor 5:17-20: ministros de la reconciliación.

Mat 6:9-10, Jer 15:19.
Que el Reino de Dios se establezca y la voluntad de la tierra se haga en la tierra.
Ejemplos: José, Daniel, Nehemías, Ester, Josué, Jueces, David, etc.

Dios tiene al Cuerpo de Cristo como responsable de hacer avanzar Su Reino en la tierra, en cualquier medida en que Dios lo haya ordenado, aplicando Sus principios Bíblicos por medio del servicio en todas las esferas de la actividad humana en todas las naciones, previo al retorno glorioso de nuestro Señor (Mat 28.18-20, Hch 1:8). Buscar aplicar los principios bíblicos a la mayordomía de toda la creación terrenal no le resta méritos a la esperanza celestial del creyente (Rom 8.19-21, 1 Ped 4.10). Uno no puede conducirse apropiadamente sin una actitud de siervo humilde (Mat 11:29).

Ninguna creencia con respecto a la fecha de la segunda venida de Cristo, la secuencia de eventos que le siguen, y la posible extensión del crecimiento del Reino previo al retorno de Cristo exime a nadie de tal responsabilidad.



La Gran Comisión

La Iglesia tiene la absoluta responsabilidad de obedecer la Gran Comisión (Mat 28.18-20, Mar 16:15-18, Hch 1:8).

La tarea de la Iglesia es:
Anunciar a Cristo como Rey sobre toda la tierra y Juez de toda la humanidad, quien ahora manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan (Hch 17.30).
Proclamar las buenas nuevas de la salvación por gracia por medio de la fe en la sangre expiatoria de Cristo (Luc 4.18-19, Efe 2:9-10).
Hacer discípulos a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a obedecer todos los mandamientos de Dios en la Biblia y que se apliquen hoy a nosotros (Mat 28:18-10).

La Iglesia no puede hacer caso omiso de la Gran Comisión y aún así caminar en obediencia piadosa (Mat 7:21-23).
La Gran Comisión no está restringida únicamente a la proclamación de las buenas nuevas de salvación sin la compañía del llamado al arrepentimiento y a la obediencia fiel (Mat 28.18-20).
La liberación de la condenación de la Ley moral que los creyentes disfrutan no les exime de la obligación de obedecerla (Mat 5.17-20).
La obediencia a la Ley no es un medio de salvación.



El Padre Nuestro

La intención de la Gran Comisión (Mat 28.18-20) es esencialmente la misma intención de las peticiones segunda y tercera de la Oración del Señor (el Padrenuestro, Mat 6:10) y el Mandato de Creación (Gen 1.27-28), a saber, que la voluntad del Padre sea hecha en la tierra como se hace en el cielo.

Estas instrucciones de parte de Dios llaman a los creyentes a participar, tanto por medio de la oración como de la acción, en la expansión de Su Reino sobre la tierra como sucede en el cielo en cualquier medida que sea posible antes de la segunda venida de Cristo (Mat 6:9-15, Mat 7:7).

Nadie puede orar la Oración del Señor con sinceridad y entendimiento sin desear que más individuos, grupos privados y civiles crezcan en obediencia a la voluntad de Dios el Padre.

Los cristianos no necesitan estar de acuerdo de antemano en qué medida el Reino de Cristo estará en operación sobre la tierra previo a Su segunda venida, para trabajar juntos de manera humilde y productiva.



El Reino y el Espíritu Santo

El Reino de Dios, a pesar de estar garantizado en las promesas del Padre y hallarse encarnado en la persona de Cristo, nunca puede entrar o alcanzar una realización plena en la estructura de la vida humana aparte de la acción diligente del Espíritu Santo, quien es indispensable para:
 Asegurar la entrada del Reino (Jn 16:8, 1 Cor 12.3).
 Sellar la membresía en el Reino (2 Cor 1:22, Efe 1.13, Efe 4.30).
 Implementar la obediencia del Reino (1 Ped 1.22)
 Edificar el carácter del Reino (Gal 5:22-23)
 Proveer los dones del Reino (Luc 12:11-12, 1 Cor 12:4-11)
 Capacitar para la extensión del Reino (Hch 1:8).
 Producir el crecimiento del Reino (Hch 9:31, Rom 14.17).
 Asegurar la victoria del Reino (2 Cor 3.17-18, 2 Cor 10.3-5)

Ni la fuerza del carácter, el carisma personal, la administración habilidosa, la imaginación creativa, los talentos evidentes, el genio financiero, la acción política o la habilidad educativa pueden por sí mismas edificar o hacer avanzar el Reino de Dios.



La Biblia es la plomada para todas las naciones

La tarea del Reino de hacer discípulos de todas las naciones requiere de nosotros que expongamos la Biblia como el estándar de Dios y como la plomada por la cual medir la justicia, la moralidad y la práctica de todos los esfuerzos humanos en todas las jurisdicciones, el individuo, las asociaciones voluntarias, la familia, la iglesia y el gobierno civil (Sal 1.1-3, Mat 28.18-20, Hch 1:8).

La Biblia y su visión de la realidad no obligan únicamente a aquellos que voluntariamente las afirman como propias, obliga a todos, aún a aquellos que las rechazan. No son irrelevantes para nadie (Rom 1.18-31).

La falta de disposición no libera a alguien de la responsabilidad de creer y obedecer la Biblia.



La Iglesia y el Estado

La relación bíblicamente apropiada entre el gobierno civil y el gobierno eclesiástico en cualquier nación consiste en que cada uno conduzca libremente sus asuntos en obediencia a las leyes de Dios en la creación y en la Biblia (Deut 17.14-20, Sal 2.1-12), sin usurpar las jurisdicciones legítimas del otro (Mat 22:21, Mar 12:17, Luc 20:25).

El gobierno civil ha de hacer respetar, sobre todas las gentes, las leyes de justicia civil reveladas en la creación y repetidas en la Escritura, con la espada física (Rom 13.1-7), mientras que el gobierno eclesiástico ha de hacer respetar en la iglesia las leyes de redención de la moralidad personal y social reveladas en la Escritura, con la espada espiritual (Mat 18:15-18).

El estado debe sostener una libertad religiosa para sus ciudadanos sin intentar definir la doctrina religiosa correcta, aunque tampoco debe ser neutral, en cuanto a creencias. Fue establecido por Dios para aplicar los principios de la justicia divina en el ámbito civil (Deut 17.14-20)

La libertad religiosa no le otorga a nadie el derecho de perjudicar físicamente a otros en sus personas, libertad o propiedad.

La iglesia no debe gobernar sobre el estado ni el estado debe regir sobre la iglesia, lo que no implica que la iglesia esté por encima de la ley civil (Mat 22.17-21).

La separación entre la iglesia y el estado es una separación de jurisdicciones, pero no de creencias, ya que no es posible separar la motivación religiosa de la actividad en cualquier esfera. Ninguna actividad es religiosamente neutral. Aún el ateísmo, con su oposición a la religión, es en sí misma una posición religiosa (la religión de la no religión).

La iglesia no puede usar apropiadamente la coerción de la espada física. No es su responsabilidad asignada por Dios (Mat 18.15-18, Mat 16:18-19, Efe 6.12).



El Reino trasciende todas las entidades nacionales

El Reino de Dios trasciende todas las fronteras nacionales, políticas y étnicas, uniendo a todos los creyentes en su Rey, Jesucristo (Apo 1.5, Apo 5:9-13, Luc 13.29-30).

El Reino de Dios no puede ser identificado o igualado con alguna entidad geográfica, nacional, política o étnica. Es muchísimo más amplio que cualquiera de ellos, y supera por mucho sus límites (Apo 21.24, Apo 15:4, Apo 7:9).



La doctrina histórica del cristianismo respalda estas afirmaciones

El Reino de Dios es una enseñanza fundamental del Nuevo Testamento y no puede ser descuidada sin pérdida para la Iglesia y de la influencia de la Iglesia sobre la sociedad.

Todos los puntos considerados anteriormente en relación con el Reino de Dios son consistentes con la corriente dominante del cristianismo histórico ortodoxo (las doctrinas aceptadas desde la Iglesia del libro de los Hechos).

El cristianismo ortodoxo no ha adoptado una posición universalmente aceptada con respecto a la escatología y el cumplimiento del Reino de Dios (premilenialismo, amilenialismo, postmilenialismo), y, consecuentemente, ninguna de esas posiciones debería convertirse en una prueba de ortodoxia. Es más, la ortodoxia es anterior a esos asuntos.

El entendimiento de los asuntos mileniales deben fluir del entendimiento del Reino de Dios en lugar de ser a la inversa.

Es más importante para la Iglesia, estratégicamente hablando, involucrarse en la edificación del Reino de Dios en la tierra que resolver sus desacuerdos con respecto al milenio.


31 Ene 2012