Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Módulo 205. El Reino de Dios.



LOS PRINCIPIOS DEL REINO (2).



El principio del propósito (Sal 138:8, Rom 8:28, Efe 1:11, Jer 29:11, Prov 4:18).

Dios tiene un propósito para nuestras vidas.
Un propósito general Rom 8:29: ser hechos conformes a la imagen de Cristo. Gen 12:2, 3: ser de bendición para los demás.
Un propósito específico. Depende de los dones, habilidades y capacidades que Dios nos ha dado y ha desarrollado en nosotros. Lo vamos a encontrar en la relación y comunión con Dios y en el servicio a los demás (aquello para lo cual somos buenos).

Encontrar el propósito de El para nosotros es la única forma de vivir una vida en plenitud.
Prov 16:25: hay caminos que nos parecen derechos en nuestra propia opinión, pero su fin es camino de muerte.
La vida del ser humano no consiste en logros humanos, sino en logros espirituales, eternos. Luc 12:15: "Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee."
El propósito de Dios para nosotros es un propósito de bien y no de mal, para que tengamos un futuro y una esperanza (Jere 29:11), un futuro que va a ser de constante aumento en todas las áreas de nuestra vida (Prov 4:18).



El principio de la visión (Prov 29:2, Hab 2:2-4).

Oseas 4:6, Prov 29.18.
Un sueño del futuro que aparenta estar fuera de su alcance pero que está convencido de poder alcanzarlo.
Debe nacer en la intimidad con Dios: la revelación del plan y el propósito de Dios para una persona y/o una organización y/o sus seguidores.
Evita ir sin rumbo, desperdiciar recursos.
Orden para alcanzar metas y objetivos.
Tener claridad acerca de lo que trata la visión y sobrevivir el proceso sin importar el costo.
Apropiarse de la visión y comprometerse con ella.
Contribuir a la visión con dinero, servicio, oración, talentos y habilidades.
Transmitir la visión a otros.

Una visión provee:
Una gran pasión y deseo para sobrevivir al proceso.
Motivación personal en momentos difíciles.
Dirección y fortaleza para seguir adelante pese a las dificultades.
Además de tener los objetivos precisos en su mente, tiene un sentido de movimiento, de orientación, una dinámica que le impulsa a alcanzar esos objetivos.
Tiene una visión clara de la forma en que el mundo va a ser reconstruido, modelado, modificado, mediante las acciones que emprende.
"Sin visión (profecía, dirección) el pueblo perece (Prov 29:18).

Estrategias para llevarla a cabo (Hab 2:2-4).
Unidad: multiplicación de poder y unción.
Comunicación: hablar lo mismo; el mismo sentir.
Compromiso y perseverancia: con el corazón, todo el tiempo, sin volver atrás o desviarse.

Escrituras:
2 Cro 16:9: El está listo para ayudar a quienes le son fieles.
Sal 139:123-24: El está dispuesto a guiarnos por el camino eterno.
2 Cor 5:7: Los líderes, como todos los creyentes, vivimos por fe, no por vista.
Heb 11:1: La fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve, y ello también se aplica a la visión.



El principio del conocimiento (Amos 4:6).

Prov 2:1-6: se trata del conocimiento de Dios (no natural, sobrenatural, conocimiento divinamente impartido), de sus principios y de su visión para nuestra vida mediante el conocimiento y la revelación de su Palabra
Conocer a Dios: intimidad, comunión, quebrantamiento, adoración, negación de nosotros mismos.
Conocer Su Palabra: oírla, leerla, entenderla, meditarla, aplicarla a todas las áreas de nuestra vida.
Isa 1:3, Isa 5:13, Rom 15:14, 2 Cor 11:6.

En ninguna partre de las Escrituras se nos habla de que Dios bendice la ignorancia. Más bien, en todas ellas nos instruye a buscar el conocimiento, no de las cosas del mundo, sino de las cosas de Dios, de El y de Su Palabra, como base suprema sobre la cual podemos edificar todo otro conocimiento (Jn 5:39, 1 Tim 3:16-17, Sal 1:1-3, etc.).



El principio de la confesión (Prov 18:21).

El poder de la vida y el poder de la muerte está en la boca (en las palabras que hablamos).
Por efecto de la imagen y semejanza con Dios con la que fuímos creados los seres humanos, junto con Dios somos los únicos seres existentes cuya palabra tiene poder creativo.
Los ángeles y el diablo y sus demonios no tienen ese poder creativo de las palabras (ellos son solo mensajeros).
El diablo y los demonios, por más mentiras que digan no pueden crear lo que dicen a menos que se consigan una boca que las hable.
Cuando hablamos las palabras de Dios se desata el poder creativo de ellas.
Cuando hablamos las palabras (mentiras) del diablo y los demonios se desata el poder destructivo de ellas.

Escrituras.
Prov 10:31: la boca del justo produce sabiduría (Palabra de Dios). La lengua perversa será cortada.
Prov 12:18: la lengua de los sabios (los que hablan la Palabra) es medicina, pero la que no es como golpe de espada.
Prov 15:4: la lengua apacible es árbol de vida, pero la perversa es quebrantamiento de espíritu.
Prov 21:23: guardar nuestra boca (palabras) es guardar nuestra alma de angustias.
Sant 3:3-12: la lengua controla nuestra vida (interior y exterior).

A través de hablar Su Palabra Dios ha entrado en una sociedad con el hombre redimido, nos da la posibilidad de cooperar con su Espíritu en la obra completa del Reino.
Si de veras creemos en Dios y hemos discernido Su voluntad, podemos transferir esa voluntad del mundo invisible al mundo visible por medio de la palabra hablada.
Dios usa la palabra hablada para transferir la energía espiritual -puro poder- al mundo material.
Nuestra sociedad con Dios se realiza cuando en el poder del Espíritu Santo hablamos Su Palabra.
Al entrar a vivir en el Reino ahora, volvemos a entrar en lo que perdió el ser humano en el Huerto del Edén, volvemos a la autoridad que Dios nos dio en la Creación. Como Adán, oímos la voz de Dios revelándonos los secretos del mundo y a medida que El habla, nosotros hablamos después de El lo que El nos ha dicho (Ezeq 37).
A través de nuestras palabras, transferimos la voluntad de Dios en el reino invisible a la situación visible que enfrentemos (Heb 11:3).
La Palabra de Dios hablada en medio de una situación llevará a cabo su propósito (Isa 55:11).



El principio de los pensamientos (Prov 23:7, Fil 4:8, Mar 11:23).

Lo que pensamos son también palabras que nos hablamos, y terminan creando lo que pensamos (Prov 23:7).

En el Reino: el Espíritu controla la materia (Gen 1, Heb 11:3). La autoridad inferior se somete a la autoridad superior. La mente es el conducto final del espíritu humano (Sal 116:10): creí, hable (Rom 10:8-10). El habla es el conducto intermediario entre el espíritu y la materia, y entre la autoridad superior y la autoridad inferior. Puesto que nuestra mente es el agente que usa nuestro espíritu para influenciar en el mundo que nos rodea, las actitudes negativas pueden perjudicar nuestros esfuerzos, y al contrario, al pensar positivamente en la mayoría de las veces nos va a conducir a la acción exitosa. Prov 13:2: del fruto de nuestra boca comeremos, vida o muerte.

Si nuestro espíritu está en contacto con Dios y si gobierna nuestra mente, y esta gobierna nuestro cuerpo, entonces Dios, desde el mundo invisible, gobierna en el mundo visible (Heb 11:3). Mat 6:9-10: venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Acaso el obstáculo más grande en todo tiempo para la demostración eficaz del reino invisible sea el negativismo: las pequeñeces, el énfasis exagerado que se le pone a las cosas insignificantes, el temor al fracaso, la queja constante, la murmuración, el chisme, la crítica, etc., todo esto inhibe que las condiciones del reino se lleven a cabo. Los límites no se encuentran en lo que vemos, sentimos o probamos. Están en nuestro corazón y en la voluntad que tengamos de estar en ese lugar en que podamos tener una visión clara de lo que el Señor está llevando a cabo.



El principio de la mayordomía.

Mayordomo: administrador (no dueño); guiado para hacer la voluntad del dueño, no solo en lo interno y espiritual, sino en todo (lo psicológico, lo social, lo material, etc.).

El mayordomo no usa ni hace las cosas en su beneficio personal (eso es un mal mayordomo, un mayordomo infiel); el buen mayordomo usa y hace las cosas para el beneficio de su amo (Col 3:22-24).

Mat 25:14-29: la parábola de los talentos.
Todo lo que hemos recibido es equivalente a un talento del que Dios nos va a pedir cuentas: La vida, el tiempo y las finanzas. Los dones, los talentos, las capacidades, las habilidades. Las relaciones (padres, hermanos, cónyuge, hijos, amigos)(Jesús: ninguno de los que me diste se perdió. El trabajo y/o ministerio, la iglesia, etc.

1 Ped 4:10: buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.
Buen administrador (Mat 25:14-29) produce talentos. Mat 15:30-49: para hacer la voluntad de Dios de bendecir a otros.



El principio de la abundancia.

En el Reino de Dios hay abundancia absoluta:

El es el único ser libre en el universo. Su reino es una esfera de posibilidades absolutas (Gen 1:1, Mat 7:7-8, Hag 2:8).Su mundo es un mundo total: salud total, vida total, energía total, fortaleza total, provisión total.

El está por encima de las leyes de la naturaleza y de cualquier otra restricción que estas leyes quieran imponerle. Puede crear de la nada, o puede tomar de lo existente, y transformarlo. Y todo a favor de sus hijos: el ha hecho todas las cosas para que las disfrutemos. La única condición que nos pone es que seamos maduros para poder manejar todas las bendiciones que El tiene preparadas para nosotros (3 Jn 2, Sal 1:1-3, Jos 1:8).



El principio de la siembra y la cosecha (Gen 8:22, Gal 6:7).
Aplica a los diezmos, ofrendas y primicias.
Pero también a todo lo demás.
El que siembra para la carne (pecado) cosecha corrupción (muerte).
Mat 7:12 (la ley de la reciprocidad): voy a recibir aumentado, lo que haga (bueno o malo, con todo, a todos, por todo).



El principio de la salud y la prosperidad (Sal 1:1-3, 3 Jn 2).

Dios es Padre (antes que todo, para nosotros, sus hijos e hijas). Como todo Padre, el desea el bien y lo mejor para sus hijos, aún más de lo que nosotros lo deseamos para los nuestros.
Prov 4:18: El desea que nuestra vida vaya diariamente en aumento.
Jer 29:11: El tiene planes de bien y no de mal para nosotros, para darnos un futuro y una esperanza.
El no solo quiere suplir nuestras necesidades (lo básico); el quiere que tengamos prosperidad (más allá de lo básico) para que podamos bendecir también a otros (El da semilla al que siembra y pan al que come, 2 Cor 8 y 9). Si somos fieles en lo poco, sobre lo mucho.

La prosperidad (que nos vaya bien en todo) va de la mano con la obediencia (renovación de la mente, conocer y obedecer la Palabra de Dios).
2 Cro 31:21: en todo cuanto emprendió en el servicio de la casa de Dios, de acuerdo con la ley, buscó a su Dios, lo hizo de todo corazón, y fue prosperado.
3 Jn 2: El desea que seamos prosperados en todas las cosas y tengamos salud así como prospera nuestra alma.
Sal 1:1-3: la Palabra de Dios oída o leída, meditada de día y de noche y puesta en práctica (santidad y todo nos va a salir bien): prosperidad,



El principio de la multiplicación.

Dios es un Dios de multiplicación y crecimiento.
Gen 1:26-28: bendición para fructificar, multiplicarnos, llenar, sojuzgar y señorear.
Prov 4:18: la vida del justo como la luz de la aurora --> en aumento cada día.
Jn 14:12: las obras que Cristo hizo, nosotros las haremos y aún mayores haremos.
Hag 2:9: la gloria de la casa postrera será mayor que la primera.
Hch 2:47: El Señor añadía cada día a la Iglesia los que habían de ser salvos.
1 Cor 3:6: el crecimiento lo da Dios.
Mat 25:14-30: la parábola de los talentos.

Necesitamos trabajar de la mano con El, como sus co-laboradores, para que guiados por El, todo lo que El ha puesto en nuestras manos experimente una multiplicación, un crecimiento, un aumento.



El principio del diezmo.

Gen 2:15: Dios se reserva su parte con la advertencia que de tomarla el hombre morirá, no solo espiritualmente sino psicológica, física y socialmente.

Maldición generalizada (Gen 3).
Mal 3:8-12 : No dar el diezmo: maldición generalizada. Dar el diezmo: bendición generalizada y adicional, bendición económica.
Diezmo: honrar a Dios (Prov 3:9), reconocimiento que El es nuestro Pastor y nada nos faltará (Sal 23), que El suplirá todas nuestras necesidades conforme a sus riquezas en gloria en Cristo (Fil 4:19). No por tristeza ni por necesidad, sino con corazón alegre (2 Cor 9:7).

El diezmo no tiene que ver solamente con dinero. Tiene que ver con todo lo que Dios nos da: tiempo, dones, gozo, paz, etc.: lo que de gracia hemos recibido, de gracia debemos darlo.



El principio del intercambio.

Gal 6:6-10: el que es enseñado, comparta con el que le enseña, Dios no puede ser burlado.
1 Cor 9:11: el que siembra lo espiritual tiene derecho a recoger lo material.
1 Tim 5:18: el obrero es digno de su salario.
Gen 14:18-20: Melquisedec sacó pan y vino y bendijo a Abram, y éste le dió los diezmos de todo.

La gente idólatra y pagana lleva ofrendas a sus ídolos cuando quiere algo de ellos. ¿De donde sacó el diablo esto si él no tiene mente creativa? Torciendo un principio divino.

Pactar con Dios: es bíblico.
Ejemplifica el mismo principio anterior: si la gente hace pactos con el diablo, ¿de dónde se lo sacó el diablo?, pues obviamente de tergiversar un principio divino.
No es comprar milagros (no tenemos lo suficiente para pagar ningún milagro, y además Dios los hace por gracia y misericordia, no por cobro).
Los pactos son iniciativa de Dios, no para “torcerle” la mano a Dios para que haga algo a favor de nosotros (eso es como comprar el favor de Dios y Dios no opera de esa manera, El opera por amor y por gracia).
Es reconocer y honrar a Dios como el hacedor de los milagros (antes o después del milagro), ser agradecidos con El. Muchos de los que recibieron un milagro de Jesús la Biblia nos enseña que ni le agradecieron, ni siquiera regresaron con El después de haber recibido el milagro: usar a Dios, no tener un corazón agradecido.



El principio de la unidad.

Gen 2:18: Dios nos creó para necesitarnos unos a otros, para ser interdependientes (no independientes).

Ecle 4:9-12 (la unidad tiene poder): uno contra mil, dos contra diez mil (1 Sam 18:7).

Dios opera en la unidad, no en la división. La unidad es el principio de Dios y la multiplicación; la división y la resta son los principios del diablo.
La oración de Jesús antes de dejar a sus discípulos, fué una oración para la unidad (Jn 17:20-26). La unidad con El en primer lugar. Luego la unidad con los demás hermanos y hermanas en la fe. La unidad se construye a partir de lo que somos: hijos de Dios, aunque haya una diferenciación en las cosas secundarias (los no absolutos doctrinales) que creamos.



El principio de la Identidad.

Gen 1:26-28: cuando Dios nos creo nos dio una identidad (a su imagen y semejanza), una habilitación (habilidades y capacidades) y una visión (fructificar, multiplicar, llenar, sojuzgar, señorear).

Cuando Dios nos salva, restaura todo ello:
Una identidad: hijos e hijas de Dios.
Una habilitación: dones, operaciones, manifestaciones, funciones, ministerios.
Una visión: la gran comisión (Mat 28:18-20), la transformación del mundo (Rom 8:19-21, Mat 5:13-16, Mat 13:33), igual que la comisión que le dio a Adán en el principio.

Nuestra identidad depende de lo que somos, no de lo que hacemos.
La base de nuestra eficiencia en Cristo, en todo lo que hagamos, es la identidad.
Lo que el diablo va a tratar de robarnos por todos los medios es la identidad (Adán y Eva, Cristo) y sustituirla por una falsa identidad de hacedores.
Si lo logra va a minimiza nuestra identidad y nuestra eficiencia en contra de El.

Nuestra identidad correcta es fundamental para el ministerio:
Dios a Jesús: “Este es mi Hijo Amado en quién tengo mi complacencia”.
Fue llevado por el Espíritu al desierto y venció todas las tentaciones y maquinaciones del diablo.
Regresó en el poder del Espíritu Santo.
A partir de allí comenzó el ministerio terrenal poderoso de Jesús.

La identidad nos provee un propósito y un destino.
Prov 23:7: como pensamos de nosotros en lo profundo de nuestro ser (identidad), así vamos a actuar (de ello van a depender los resultados).
Por eso nos la quiere robar el diablo a como de lugar.



El principio del poder.

La fuente del poder está en nosotros.
Mat 28:18 (Jesús): todo poder y autoridad en el cielo y en la tierra.
Fil 4:13: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
Rom 8:31-39: En todas las cosas somos más que vencedores.
1 Jn 4:4: Mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo.
Efe 1:19-23. Somos la plenitud de Cristo. El poder que resucitó a Cristo de entre los muertos mora en nosotros. La totalidad de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo mora en nosotros. Dios Todopoderoso en nosotros, la esperanza de gloria (Col 1:27).

El poder no viene de afuera, sino de adentro (Jn 7:38): de nuestro interior correrán ríos de agua viva. Jesús, cuando sanó la mujer del flujo de sangre: poder salió de mí (Luc 8:46).


31 Ene 2012