Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Módulo 204. Cosmovisión Bíblica.



EL REINO DE DIOS. UN RESUMEN DE LA VISIÓN BÍBLICA E HISTÓRICA.



El reinado eterno y soberano de Dios
Dios ha reinado soberanamente como Rey del universo todo el tiempo y continuará reinando eternamente (Exo 15:18, Sal 146:10).



Definición del Reino
El término Reino de Dios tiene varias aplicaciones y puede denotar:
• El reinado providencial de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
• El reinado universal de Cristo sobre todas las cosas, tanto redimidas como no redimidas (Efe 1.20-21, Fil 2:9-11, Apo 1:5, Apo 5-13)
• El reinado especial y salvador de Cristo sobre la Iglesia (Efe 1:22-23).
• La vida, sabiduría, santidad, poder y autoridad que Cristo le otorga a Su Iglesia (Hch 1:8).
• La influencia penetrante de la Palabra y el Espíritu en el mundo.



El propósito y la caída del hombre.
• Dios se propuso desde el principio compartir Su gobierno sobre la tierra con el ser humano (Gen 2:15, Gen 1.28).
• Dios creó al ser humano a Su propia imagen y le dotó de facultades para gobernar la tierra (Gen 1:27-28).
• Dios, en su Mandato de Creación, comisionó al ser humano a gobernar la tierra y le concedió autoridad delegada para llevar a cabo esta comisión (Gen 2.15, Gen 1.28).
• El ser humano, por designio de Dios, fue hecho para ser el ser creado más grande en el universo debido a que es la única criatura que porta la imagen de Dios (Sal 8.4-8).
• La caída del ser humano en el pecado no erradica la imagen de Dios en él (Sal 139.13-16).
• La caída no elimina o disminuye la responsabilidad o mandato dado al ser humano de ejercer dominio bajo Dios sobre la tierra (Gen 9:1-3).
• La humanidad, los justos o los malos, no dejan jamás de ser responsable de vivir bajo el gobierno de Dios en obediencia agradecida a Él como Señor y Rey (Fil 2;9-11) en todas las áreas de la vida (Deut 4.5-8, Rom 1.18-25, Rom 2:6-12)



La inauguración del Reino
• La fase Nuevo Testamentaria del Reino de Dios fue inaugurada, de hecho y en la historia, en la primera venida de Jesús a la tierra (Isa 9:6-7, Mat 2:2-6, Efe 1:19-23, Apo 1:5).
• Ahora opera en realidad y poder entre los hombres en esta era presente (Mat 3:1-3, Mat 4:17, Luc 17:21, Jn 3:3-5).
• La Iglesia no debe esperar la segunda venida de Cristo para ver el Reino de Dios inaugurado en la tierra en la realidad de espacio-tiempo y en poder (Mat 6:10, Mat 6:33, Rom 8:19-21).



La consumación del Reino
• El Reino de Dios irá en aumento hasta que sea consumado cuando Jesús lo entregue al Padre (Isa 9.6-7, Mat 24:14, 1 Cor 15:23-28, Apo 21).
• En el tiempo actual, este Reino ya está presente aunque aún no ha sido consumado (Mat 3.1-3, Mat 4.17, Luc 17:21, Jn 3.3-5, Rom 8:19-21).
• El Reino de Dios no será consumado o realizado de manera total, absoluta o de manera perfecta sobre la tierra antes del regreso de Jesús (Apo 19-21)



El Reino toca todas las esferas de la vida
• La Biblia revela las intenciones de Dios de que haya crecimiento de Su Reino en todas las naciones de la tierra durante esta era presente por medio de la proclamación y la aplicación obediente de Su voluntad revelada en la Escritura (Sal 2.1-10, Mat 28.18-20, 2 Cor 5:17-18).
• Su intención incluye la manifestación creciente de Su gobierno sobre los individuos, las asociaciones voluntarias, las familias, la iglesia, el estado y todas las esferas de la actividad humana, siendo algunas de ellas la ley, el gobierno, la economía, los negocios, las ocupaciones, la educación, el deporte, la medicina, la ciencia, la tecnología, las artes y los medios de comunicación (Rom 8:19-21, Col 1:18-20, Col 3:22-24).
• El gobierno de Dios no está limitado únicamente a la transformación de las vidas privadas de individuos para ser conformados a Su voluntad (Fil 2:9-11, Rom 8.19-21).



El dominio restaurado del hombre sobre la tierra
• Solamente Cristo, como representante de toda la humanidad y el postrer Adán, por Su vida, muerte, resurrección y ascensión al trono a la diestra de Dios, realizó y llevó a cabo la redención, la derrota de Satanás (Col 2:13-15), y el comienzo de la restauración del dominio piadoso del ser humano sobre la tierra como el vice-regente de Dios (Gen 1.26-28, Mat 28.18-20, Hch 1:8, Col 1.13-20, Col 3:22-24).
• La restauración del dominio del ser humano no se halla fuera del ámbito de la obra redentora de Cristo como mediador en la Cruz. La restauración de ese mandato no está sujeta a que se de la presencia física del Cristo retornado para su inauguración y expansión (Mat 16:18-19, Efe 1.17-23, Rom 8.19-21).



La derrota de satanás y el reinado de Cristo
• Jesucristo gobierna de manera soberana sobre los reyes de la tierra (Apo 1:5) no solo como Dios eterno sino también como el único mediador entre Dios y los hombres (1 Tim 2.5).
• Derrotó a Satanás legalmente, por Su vida victoriosa, su muerte, resurrección y ascensión (Mat 4:1-11, Col 2:13-15).
• El diablo no es el gobernador de este mundo en ningún sentido de tal modo que no puede minar de ninguna manera el reconocimiento del reinado legítimo de Cristo sobre la tierra durante esta era presente (Mat 10:1, Hch 1:8, Mar 16:15-18, Mat 16.18-19).



Toda la autoridad le ha sido dada a Cristo
• A Jesús, el Hijo del Hombre, el Hijo de David y el Hijo de Dios, le fue dada toda la autoridad en el cielo y en la tierra por parte de Dios el Padre (Sal 2:7-9, Mat 28.18-20, Fil 2:9-11).
• Después de Su ascensión se sentó en el trono a la diestra de Dios (1 Ped 3:22, Heb 1:2-5)
• Desde esta posición de absoluta autoridad en el universo está poniendo todas las cosas en sumisión bajo Sus pies, ejerciendo Su autoridad de manera cada vez más amplia y plena en la tierra a medida que el evangelio se propaga y las personas se convierten a Él (Heb 10:13, 1 Cor 15:25-28).
• Su ejercicio de esa autoridad se hará más plenamente manifiesta después de Su segunda venida (Apo 19:11-21).
• A Cristo no se le va a dar jamás más poder y autoridad sobre la tierra de las que recibió en Su primera venida. Ya recibió absolutamente toda.



Toda rodilla se doblará ante Cristo
• Ahora, aún antes de la segunda venida de Cristo, toda rodilla en toda nación sobre la tierra debiese doblegarse y toda lengua confesar que Jesucristo es Señor de este universo y el Gobernante legítimo de todas las vidas (Fil 2:9-11).
• Solamente aquellos quienes, confiando solo en Su gracia para el perdón de los pecados, se arrepienten de su rebelión pecaminosa y se someten a Cristo como Señor son justificados y declarados aceptos ante el tribunal del juicio de Dios (Rom 10:8-10).
• Ningún judío o gentil, creyente o no creyente, ya sea persona privada u oficial público, está exento de la obligación moral y judicial delante de Dios de someterse al señorío de Cristo sobre todos los aspectos de esta vida en pensamiento, palabra y acción (Mat 4.17, Rom 1:18-31m Mat 28.18-20, Hch 1:8).



La sumisión al señorío de Cristo es esencial para la salvación
• Debido a que el Rey demanda obediencia de parte de Sus súbditos e hijos:
• El arrepentimiento es necesario para la ciudadanía en el Reino de Dios (Mat 4:17-23).
• El arrepentimiento genuino se evidencia por la decisión deliberada y continua de someterse obedientemente al señorío de Cristo (Mat 7:21-23, Rom 10:8-10).
• Nadie puede afirmar legítimamente que Cristo es su Salvador si no se somete a Él como Señor (Rom 10:8-10).
• Cristo no va a salvar a alguien que rehúse someterse en obediencia agradecida a Él como Señor y Rey (Mat 7:21-23).
• Ello no implica, de ninguna manera, la idea de salvación por medio de las obras; más bien es el resultado verdadero de la fe por medio de la gracia (Efe 2:9-10).
• Tampoco implica que los cristianos lleguen a ser impecables o a sobrepasar la necesidad de arrepentimiento en esta vida (Fil 1.6, 1 Jn 1:9).



La Iglesia y el Reino
• La Iglesia, que es el Cuerpo y la Novia de Cristo, consiste de los redimidos y se manifiesta en la comunidad de los creyentes (1 Cor 12, Efe 5:21-23).
• La autoridad del Reino de Cristo no se limita a Su Iglesia sino que se extiende sobre todas las áreas de la vida (Col 1:15-20).
• La Iglesia es el punto focal de la obra del Reino de Cristo aquí en la tierra (Efe 1.22-23).
• La Iglesia es el instrumento principal de Dios para la propagación del evangelio y la extensión del Reino de Cristo (Mat 28.18-20, Mar 16:15-18, Hch 1:8).



La Gran Comisión
• La Iglesia tiene la absoluta responsabilidad de obedecer la Gran Comisión (Mat 28.18-20, Mar 16:15-18, Hch 1:8).
• La tarea de la Iglesia es:
• Anunciar a Cristo como Rey sobre toda la tierra y Juez de toda la humanidad, quien ahora manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan (Hch 17.30).
• Proclamar las buenas nuevas de la salvación por gracia por medio de la fe en la sangre expiatoria de Cristo (Luc 4.18-19, Efe 2:9-10).
• Hacer discípulos a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a obedecer todos los mandamientos de Dios en la Biblia y que se apliquen hoy a nosotros (Mat 28:18-10).
• La Iglesia no puede hacer caso omiso de la Gran Comisión y aún así caminar en obediencia piadosa (Mat 7:21-23).
• La Gran Comisión no está restringida únicamente a la proclamación de las buenas nuevas de salvación sin la compañía del llamado al arrepentimiento y a la obediencia fiel (Mat 28.18-20).
• La liberación de la condenación de la Ley moral que los creyentes disfrutan no les exime de la obligación de obedecerla (Mat 5.17-20).
• La obediencia a la Ley no es un medio de salvación.



El Padre Nuestro
• La intención de la Gran Comisión (Mat 28.18-20) es esencialmente la misma intención de las peticiones segunda y tercera de la Oración del Señor (el Padrenuestro, Mat 6:10) y el Mandato de Creación (Gen 1.27-28), a saber, que la voluntad del Padre sea hecha en la tierra como se hace en el cielo.
• Estas instrucciones de parte de Dios llaman a los creyentes a participar, tanto por medio de la oración como de la acción, en la expansión de Su Reino sobre la tierra como sucede en el cielo en cualquier medida que sea posible antes de la segunda venida de Cristo (Mat 6:9-15, Mat 7:7).
• Nadie puede orar la Oración del Señor con sinceridad y entendimiento sin desear que más individuos, grupos privados y estados civiles crezcan en obediencia a la voluntad de Dios el Padre.
• Los cristianos no necesitan estar de acuerdo de antemano en qué medida el Reino de Cristo estará en operación sobre la tierra previo a Su segunda venida, para trabajar juntos de manera humilde y productiva.



El Reino y el Espíritu Santo
• El Reino de Dios, a pesar de estar garantizado en las promesas del Padre y hallarse encarnado en la persona de Cristo, nunca puede entrar o alcanzar una realización plena en la estructura de la vida humana aparte de la acción diligente del Espíritu Santo, quien es indispensable para:
• Asegurar la entrada del Reino (Jn 16:8, 1 Cor 12.3).
• Sellar la membresía en el Reino (2 Cor 1:22, Efe 1.13, Efe 4.30).
• Implementar la obediencia del Reino (1 Ped 1.22)
• Edificar el carácter del Reino (Gal 5:22-23)
• Proveer los dones del Reino (Luc 12:11-12, 1 Cor 12:4-11)
• Capacitar para la extensión del Reino (Hch 1:8).
• Producir el crecimiento del Reino (Hch 9:31, Rom 14.17).
• Asegurar la victoria del Reino (2 Cor 3.17-18, 2 Cor 10.3-5)
• Ni la fuerza del carácter, el carisma personal, la administración habilidosa, la imaginación creativa, los talentos evidentes, el genio financiero, la acción política o la habilidad educativa pueden por sí mismas edificar o hacer avanzar el Reino de Dios.



La Iglesia: responsable de impulsar el Reino
• Dios tiene al Cuerpo de Cristo como responsable de hacer avanzar Su Reino en la tierra, en cualquier medida en que Dios lo haya ordenado, aplicando Sus principios Bíblicos por medio del servicio en todas las esferas de la actividad humana en todas las naciones, previo al retorno glorioso de nuestro Señor (Mat 28.18-20, Hch 1:8)
• Ninguna creencia con respecto a la fecha de la segunda venida de Cristo, la secuencia de eventos que le siguen, y la posible extensión del crecimiento del Reino previo al retorno de Cristo exime a nadie de tal responsabilidad.
• Buscar aplicar los principios bíblicos a la mayordomía de toda la creación terrenal no le resta méritos a la esperanza celestial del creyente (Rom 8.19-21, 1 Ped 4.10).
• Uno no puede conducirse apropiadamente sin una actitud de siervo humilde (Mat 11:29).



El Reino de Dios y el Cielo
• Nuestra ciudadanía principal está en el cielo, aunque también somos ciudadanos de las naciones terrenales (Fil 3:20, 1 Ped 2:9).
• El cielo es nuestro verdadero hogar y nuestro tesoro (Mat 6:19-20).
• La Biblia nos enseña a tener una mentalidad celestial y solamente los hombres y las mujeres con mentalidad celestial son útiles para Dios en la tierra (Col 3:1-2, Efe 4.22-24, Rom 12.1, 3 Jn 2).
• Estamos sentados en los lugares celestiales para gobernar en Cristo y con Él (Efe 2:6).
• El cielo es el modelo, patrón o diseño, para la tierra (Mat 6:10, Mat 6:33).
• Hemos de vivir con gran expectación por estar con el Señor en el cielo (Fil 1.23) y de la segunda venida de Cristo en gloria, cuando el cielo baje a la tierra en plenitud (2 Tim 4:8).
• Nuestra ciudadanía celestial no reduce de ninguna manera nuestras responsabilidades en la sociedad (Rom 13:1-7).
• Nuestra expectativa del cielo y de la venida de Cristo no nos permite descuidar nuestras responsabilidades en este mundo (1 Ped 4.10).



La Biblia es la plomada para todas las naciones
• La tarea del Reino de hacer discípulos de todas las naciones requiere de nosotros que expongamos la Biblia como el estándar de Dios y como la plomada por la cual medir la justicia, la moralidad y la práctica de todos los esfuerzos humanos en todas las jurisdicciones, el individuo, las asociaciones voluntarias, la familia, la iglesia y el gobierno civil (Sal 1.1-3, Mat 28.18-20, Hch 1:8).
• La Biblia y su visión de la realidad no obligan únicamente a aquellos que voluntariamente las afirman como propias, obliga a todos, aún a aquellos que las rechazan. No son irrelevantes para nadie (Rom 1.18-31).
• La falta de disposición no libera a alguien de la responsabilidad de creer y obedecer la Biblia.



Causa y efecto de los principios bíblicos
• Cuando las personas –como individuos o sociedades, cristianos o no cristianos– siguen en lo general, consciente o inconscientemente, los mandamientos morales, económicos y prácticos de la Biblia, tienden a cosechar como resultado las bendiciones terrenales (Jos 1:8, Deut 28.1-14, 3 Jn 2, Sal 1:1-3).
• Cuando las personas generalmente dejan de seguir los mandamientos morales, económicos y prácticos de la Biblia tienden a cosechar como resultado los juicios terrenales (Deut 28.15-68).
• Dios no le permite por siempre a las personas sembrar vientos sin cosechar tempestades. Tarde o temprano va a cosechar sus consecuencias. Dios es grande en misericordia y lento para la ira, pero ello no quiere decir que la ira de Dios no se pueda manifestar en algún momento (Gal 6:7, Sal 145:8, 2 Ped 3:9, Deut 4:24, Heb 12.29).
• La obediencia no le garantiza al creyente cualquier cosa que le solicite a Dios. Dios no está obligado por nuestra obediencia, sino por Su voluntad (1 Jn 5:14).



El sufrimiento como parte de la vida del Reino
• El sufrimiento y la persecución son parte normal, aunque no permanentes ni necesariamente constantes, de la vida cristiana (Mat 5:10-12, 1 Ped 5:8-10) por las que el creyente participa con Cristo en Sus sufrimientos (Col 1:24), en un servicio desinteresado por el avance del Reino.
• El sufrimiento no siempre es una señal del juicio o desagrado de Dios por el pecado (Hch 7:52-60).
• El sufrimiento no le añade nada a la obra de Cristo en la redención.



Continuidad entre los dos Testamentos
• Hay continuidad entre los principios personales y sociales del Antiguo y del Nuevo Testamento (2 Tim 3.16, Mat 4.4, Luc 4:4, 1 Cor 10.11).
• Los principios morales del Nuevo Testamento no son diferentes de los principios morales del Antiguo Testamento, sean individuales o sociales, en todo caso, son más desarrollados, o más amplios (Mat 5:17-20, Mat 5:21-48).



El Reino en el Antiguo Testamento
• El Reino Antiguo Testamentario de Israel fue producido y moldeado por los actos de Dios en la historia (Gen 12:1-3, Jue 2.1-3).
• Este Reino había de basarse en los principios y leyes dados por Dios (Deut 5.4-9, Deut 28.1-14, Deut 6.1-10), pero el pueblo se quedó muy corto del Reino ideal y justo que esas leyes prescribían (Jue 2:18-19).
• El desarrollo del Reino Davídico fue la manera de Dios de preparar a Su pueblo para el Reino Mesiánico venidero (Isa 9:7).
• El Reino Antiguo Testamentario de Israel no debe entenderse únicamente por medio de principios naturalistas y nacionalistas sin relación alguna con los principios y leyes eternas (Heb 11.3, Mat 16:18-19).
• Nadie puede entender o anticipar adecuadamente el Reino Mesiánico aparte de la historia del Antiguo Testamento y el Reino Davídico (Luc 1:32).



La Iglesia y el Estado
• La relación bíblicamente apropiada entre el gobierno civil y el gobierno eclesiástico en cualquier nación consiste en que cada uno conduzca libremente sus asuntos en obediencia a las leyes de Dios en la creación y en la Biblia (Deut 17.14-20, Sal 2.1-12), sin usurpar las jurisdicciones legítimas del otro (Mat 22:21, Mar 12:17, Luc 20:25).
• El gobierno civil ha de hacer respetar, sobre todas las gentes, las leyes de justicia civil reveladas en la creación y repetidas en la Escritura, con la espada física (Rom 13.1-7), mientras que el gobierno eclesiástico ha de hacer respetar en la iglesia las leyes de redención de la moralidad personal y social reveladas en la Escritura, con la espada espiritual (Mat 18:15-18).
• El estado debe sostener una libertad religiosa para sus ciudadanos sin intentar definir la doctrina religiosa correcta, aunque tampoco debe ser neutral, en cuanto a creencias. Fue establecido por Dios para aplicar los principios de la justicia divina en el ámbito civil (Deut 17.14-20)
• La libertad religiosa no le otorga a nadie el derecho de perjudicar físicamente a otros en sus personas, libertad o propiedad.
• La iglesia no debe gobernar sobre el estado ni el estado debe regir sobre la iglesia, lo que no implica que la iglesia esté por encima de la ley civil (Mat 22.17-21).
• La separación entre la iglesia y el estado es una separación de jurisdicciones, pero no de creencias, ya que no es posible separar la motivación religiosa de la actividad en cualquier esfera. Ninguna actividad es religiosamente neutral. Aún el ateísmo, con su oposición a la religión, es en sí misma una posición religiosa (la religión de la no religión).
• La iglesia no puede usar apropiadamente la coerción de la espada física. No es su responsabilidad asignada por Dios (Mat 18.15-18, Mat 16:18-19, Efe 6.12).



El Reino trasciende todas las entidades nacionales
• El Reino de Dios trasciende todas las fronteras nacionales, políticas y étnicas, uniendo a todos los creyentes en su Rey, Jesucristo (Apo 1.5, Apo 5:9-13, Luc 13.29-30).
• El Reino de Dios no puede ser identificado o igualado con alguna entidad geográfica, nacional, política o étnica. Es muchísimo más amplio que cualquiera de ellos, y supera por mucho sus límites (Apo 21.24, Apo 15:4, Apo 7:9).



La doctrina histórica del cristianismo respalda estas afirmaciones
El Reino de Dios es una enseñanza fundamental del Nuevo Testamento y no puede ser descuidada sin pérdida para la Iglesia y de la influencia de la Iglesia sobre la sociedad.
Todos los puntos considerados anteriormente en relación con el Reino de Dios son consistentes con la corriente dominante del cristianismo histórico ortodoxo (las doctrinas aceptadas desde la Iglesia del libro de los Hechos).
• El cristianismo ortodoxo no ha adoptado una posición universalmente aceptada con respecto a la escatología y el cumplimiento del Reino de Dios (premilenialismo, amilenialismo, postmilenialismo), y, consecuentemente, ninguna de esas posiciones debería convertirse en una prueba de ortodoxia. Es más, la ortodoxia es anterior a esos asuntos.
• El entendimiento de los asuntos mileniales deben fluir del entendimiento del Reino de Dios en lugar de ser a la inversa.
• Es más importante para la Iglesia, estratégicamente hablando, involucrarse en la edificación del Reino de Dios en la tierra que resolver sus desacuerdos con respecto al milenio.




BIBLIOGRAFÍA.

“La Fe Cristiana frente a los desafíos contemporáneos”.
John R. W. Stott.
Libros Desafío. CRC Publications. Primera reimpresión, 1999.

“La Iglesia con enfoque en el Reino”.
Gene Mims.
Broadman & Holman Publishers. 2004.

“Caminar con los Pobres”.
Bryant L. Myers.
Ediciones Kairos, 2002.


31 Ene 2012