Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Módulo 202. Espíritu de Grecia.



ESPÍRITU DE GRECIA Y COSMOVISIÓN.



El Espíritu de Grecia y la cosmovisión del mundo.

La cosmovisión, seamos conscientes de ella o no, es la forma como concebimos el mundo, la vida y nuestro rol personal en ellos, dándole forma a nuestra manera de pensar y a nuestro estilo de vivir, a nuestra “filosofía” de vida (Prov 23:7, Prov 4:23).

Los pensamientos en nuestro corazón se refieren a los pensamientos más profundos, los que moldean nuestra vida y nuestras acciones, es decir nuestra cosmovisión. Prov 23:7 dice que nuestras acciones van a obedecer a ellas, y por ello Prov 4:23 nos instruye que tengamos cuidado con los pensamientos que ponemos en nuestro corazón, con la cosmovisión, la forma de pensar y vivir, que hagamos nuestra (Deut 30:19-20).

Deut 30:19 nos instruye para que, si queremos que nos vaya bien en la vida a nosotros y a nuestras familias y descendencias debemos tomar como propia la cosmovisión divina, los pensamientos y el estilo de vida que Dios quiere para nosotros y que en su esencia, están contenidos en la Palabra de Dios que es la que nos da vida y bendición. Cualquier otra cosmovisión, cualquier otra forma de pensar y vivir, por buenas intenciones que tenga y por buenos valores que aparentemente tenga, son caminos diferentes a los de Dios, y por tanto, caminos que aunque nos parezcan correctos, llevan finalmente a la muerte y a la maldición (Prov 16:25)

Desafortunadamente, la cosmovisión básica que ha alimentados nuestras cosmovisiones particulares, por lo menos de los que vivimos en el mundo occidental, es la que se deriva de la cultura griega, de la forma griega de ver el mundo y la vida, una cosmovisión que en sus líneas generales, sin pretender ser extensivo ni repetitivo, obedece a los siguientes hilos conductores:
 Cosmovisión desintregradora del mundo y de la vida.
 Humanismo.
 Intelectualismo.
 Culto a las formas más que a la esencia.
 Imagen vrs. carácter.



Cosmovisión desintegradora.

El método de conocimiento de la cultura griega es, fundamentalmente, el método inductivo, un método fragmentador de la realidad, es decir, toma la realidad y la divide en partes separadas una de la otra, y se concentra en el estudio de una parte de ella para luego afirmar que las características de esa parte en particular son las mismas que corresponden al todo del que fue tomada, lo cual si bien puede ser cierto en cuanto al mundo de las cosas, no lo es igualmente cierto en lo que se refiere al mundo de lo social, llevando, por lo general, a conclusiones totalmente equivocadas en este aspecto, y a una visión del mundo y de la vida totalmente fragmentada, donde una cosa con la otra no se conectan, sino que se asumen como compartimientos separados de la vida.

Por ejemplo, en lugar de integrar lo espiritual con lo material en una sola realidad (que de acuerdo a Heb 11:3, están relacionados y conectados íntimamente), crea una dualidad dicotómica en lo cual lo material es privilegiado y lo espiritual menospreciado, contrario a lo que la Palabra de Dios sostiene (Vease Rom 11:36, Col 1:16-20).

Igualmente, en lugar de integrar a Dios con la historia del hombre y de la creación, como es en realidad tal como nos muestra la Palabra a Dios dirigiendo la historia e interviniendo en medio de ella, saca a Dios de la historia y entonces esta se convierte en la historia del hombre y de una sucesión de hechos fortuitos en los que cobran importancia los caprichos, deseos, actitudes, ideas y acciones de hombres sin un hilo conductor y sin un propósito y un destino que la dirijan.

Igualmente, la vida del ser humano se divide en compartimientos, donde la vida privada y la vida pública, al estar separada, pueden implicar dos juegos de principios y valores separados uno del otro (se es una cosa en la privado y otra en lo público); Dios (una creencia privada) no tiene por que estar presente en los negocios, la política, la educación, el trabajo, etc.

En fin, el método de conocimiento privilegiado por la cultura griega, el método inductivo, nos lleva a perder de vista la totalidad y nos lleva a concentramos en solo uno de los cuadros, de tal manera que por la fragmentación de las cosas, no solo se produce la dualidad de principios, valores, actitudes y comportamientos, sino que solo vemos aquello que nuestro egoísmo o los demás (depende lo que más nos convenga en la situación coyuntural en la que nos encontremos) quieren que veamos, exponiéndonos a la manipulación.

Como consecuencia de esta visión fragmentaria de las cosas y de la vida personal y social, la mayoría de las personas solo sitúan sus metas y sus destinos en lo inmediato, asumiendo metas de interés personal materialista y/o egoísta, y muchas de ellas, contrarias unas con las otras, creando un estilo de vida inmediatista, sin destino fijo, sin esperanza, frustrante.

Respecto a este método de conocimiento, el “Diccionario Enciclopédico Uteha” dice lo siguiente (negritas y subrayados nuestros): “Se suele considerar a la inducción como lo inverso de la deducción y definirla como el razonamiento o método que se eleva lógicamente (¿quién o qué define lo que es lógico?. Siendo un concepto humano está sujeto a cambios, modas, gustos, enfoques, perspectivas, etc., por lo cual no es permanente, absoluto, y cualquiera puede modificar lo que es lógico o no) de lo particular a lo general (o, mejor dicho, universal), de las consecuencias a los principios, de los efectos a las causas, de los hechos o fenómenos a las leyes que los rigen, en suma, de lo más especial a lo general. Pero esta definición es imperfecta e insuficiente. Hay que distinguir entre la inducción completa o formal y la incompleta, ordinaria o amplificadora. La primera, procedente de Aristóteles y mantenida por la Escolástica, (la escuela griega) “consiste casi siempre en enunciar en una sola fórmula, relativa a una clase o a un conjunto, una propiedad que ha sido afirmada separadamente de cada uno de los términos que componen esta clase o de los elementos que constituyen este conjunto.” (A. Lalande)….La segunda, creada por F. Bacon (como filósofo se propuso reorganizar las ciencias y crear un nuevo método de investigación. Es el iniciador de la ciencia experimental moderna y del empirismo inglés), consiste en afirmar de todos los términos de una clase, en número finito o indefinido, algo que sólo ha ido afirmado de algunos de estos términos; según J. Stuart Mill (filósofo, economista y político inglés. Su filosofía es un radical empirismo y cuyas contribuciones sirvieron de base para fundamentar las ciencias sociales tal como las conocemos ahora), que desarrolló la teoría lógica de la inducción, esta forma es la única auténtica; vinculada al método experimental, juega un papel de primer orden en la investigación científica, que de la observación de un cierto número de hechos o fenómenos extrae una ley que se extiende a todos los casos homogéneos posibles. Esta inducción científica no es un caso concluyente, pues del hecho que algunos o incluso muchos “S” sean “P”, no se sigue lógicamente que todos los “S” sean “P”. Sin embargo, esta inferencia tiene muchas veces un valor demostrativo innegable, lo cual plantea el problema tan discutido del fundamento de la indución: ¿qué es lo que autoriza a universalizar, a afirmar de toda una clase algo que se ha comprobado sólo en algunos individuos o casos de ella?....”

Como podemos observar de lo anterior, tanto las ciencias naturales (por intermedio de F. Bacon) como las ciencias sociales (por mediación de J. Stuart Mill) basan mucho de sus descubrimientos, enunciados, leyes, etc., que pretenden que asumamos como hechos incontrovertibles (sin serlo) y en los que buena parte del mundo basa sus creencias (principalmente aquellas que tienen un evidente carácter anti-Dios) en el método inductivo a pesar de sus muchos inconvenientes, y que constituyen la base del humanismo y del quehacer esencial de las personas y las sociedades en, por lo menos, todo el mundo occidental.



Humanismo.

Destronó a Dios del centro de atención y del universo, relegándolo, cuando mucho, a una actividad eclesiástica, y unas buenas ideas que se defienden en la teoría, pero que se practican muy pocas veces.

Como Dios es relegado a un apartado de la vida, y a un apartado privado, entonces Dios y su manera de pensar solo tienen valor en ese apartado, no en los demás que tienen que ver con la vida familiar y social de cada persona, y principalmente con su acción en esos ámbitos de la vida, de donde derivan expresiones como: “Dios no tiene nada que ver en el mundo de los negocios, o en el mundo de la política, o de la ciencia”. La educación y el estado “laicos”, que equivale a una educación y a un estado neutrales en cuanto a Dios, pero no en cuanto a lo humanístico (que es la ideología contraria a Dios).

En el lugar de Dios como centro del universo y de la vida coloca a un nuevo dios: a sí mismo, como el centro de atención y la medida de todas las cosas. Ello da lugar a un estilo de vida egoísta y egocentrista, y soportado éticamente por una ética situacional (en cada situación no hay valores absolutos que aplicar, sino lo que conviene personalmente de acuerdo a la situación coyuntural de la vida en ese momento).



Intelectualismo.

Adoración de la razón, el conocimiento y la lógica humanas (mente), manifestada en una búsqueda insaciable de información y conocimientos, que se evidencia en la proliferación de las especializaciones profesionales, de las instituciones educacionales y de los grados de titulación académica y en la utilización de esos referentes (especializaciones, instituciones educacionales y grados académicos) como fuente diferenciadora de “status”, valoración y posición social y económica.

Negación de lo que no se puede explicar (lo sobrenatural y la fe) y menosprecio de su importancia. Lo sobrenatural de Dios no se admite, sino que se le trata de dar una explicación “lógica” o científica. Lo sobrenatural diabólico se toma como juego, o por lo menos, como algo inofensivo (Harry Potter, ouija, lectura de cartas, horóscopos, etc.). Cuando mucho, lo sobrenatural es atribuído a fenómenos de carácter psíquico que no pueden ser estudiados mediante los métodos normales de la ciencia, principalmente de la psicología, y se agrupan en una nueva “ciencia”: la parapsicología (más allá de los fenómenos psicológicos).



Culto a las formas más que a la esencia.

Énfasis exagerado en la belleza física, la estética y el cuerpo humano, al punto que ello se constituye en prácticamente un culto al cuerpo, que no es más que la forma que asume la adoración de lo creado en lugar de al Creador que se menciona en Rom 1:25 como consecuencia de hacer de lado a Dios.

La moda, principalmente en lo referente a vestido, zapatos y accesorios, se rige más por criterios estéticos que por criterios prácticos y utilitarios, representando altísimos volúmenes de negocios y utilidades.

La industria de los productos de embellecimiento externo: maquillaje, perfumería, etc., se ha incrementado notablemente y representa también altos volúmenes de negocios y utilidades.

Promoción y proliferación del cuidado del cuerpo por medio de dietas, suplementos alimentarios, etc., motivados más por el cultivo de la figura que por el cuidado real de la salud. Y cuando estos fallan o no es posible mantener la disciplina requerida para lograr las metas de una buena figura se recurre a la cirugía estética (de rápido crecimiento y alto volumen de negocios) o peor aún, a los desórdenes alimenticios tales como la bulimia y la anorexia, principal aunque no exclusivamente en los jóvenes, que privilegian la figura sobre la salud.

Promoción y proliferación del deporte (juegos olímpicos), el ejercicio físico (gimnasia, carreras, aeróbicos, etc.).

Las consecuencias de ello son, como la mencionamos, el culto a la figura humana más que al carácter de la persona, y junto con ello, el deseo carnal por la posesión no solo de una figura estética propia sino la de la figura estética de otra persona, que es la fuente de la lujuria y la lascivia que dan lugar a las conductas sexuales desordenadas tales como: fornicación, adulterio, pornografía, aceptación de conductas sexuales aberrantes (homosexualismo, lesbianismo, bisexualidad, pedofilia, actividad sexual colectiva, etc.), que a su vez son la fuente de desórdenes y disfuncionalidades familiares tales como separación, divorcio, desintegración familiar, paternidad irresponsable, madres solteras, abusos y violencia intrafamiliar, etc., que a su vez son la causa de disfuncionalidades sociales tales como las maras, drogadicción y alcoholismo, pobreza, violencia, delincuencia, etc.



Imagen vrs. Carácter.

El culto a las formas más que a la esencia conlleva también el cultivo de la imagen (la apariencia) en todas las cosas como sustituto del carácter. Es más importante aparecer con imagen de buena persona que ser una buena persona. De allí deriva el auge de la demagogia a niveles políticos, la corrupción y el soborno a niveles económicos, el profesar unos principios y valores en público pero que no aplican en la vida privada, etc.



04 Feb 2012