Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Módulo 208. Abuso de autoridad



Abuso de Autoridad.



Introducción.

Hay abuso espiritual, cuando se emplea la espiritualidad para hacer que otras personas vivan según cierta “norma espiritual” conforme a los parámetros de los abusadores. Cualquiera sea el abuso espiritual o de autoridad, los resultados suelen ser los mismos: La persona queda con el peso de la culpa del juicio o la condena, y aun la vergüenza y queda confusa respecto a su posición como cristiano. Cuando un líder le dice a otros que aquellos que dejan de estar bajo su autoridad o la desobedecen están en peligro del castigo de Dios, o pueden caer en maldición, o van a sufrir un daño, podemos estar seguros que en esta persona está operando un espíritu de control. El está intentando (consciente o inconscientemente) sembrar temor como medio carnal de mantener a las personas dentro de su liderazgo (aunque sea por buenos motivos).

Todos los que se encuentran en posiciones de liderazgo espiritual deben ser conscientes de que por esa posición y autoridad que Dios les ha otorgado, las personas abren sus corazones delante de ellos, y les asignan una autoridad y un poder muy grande respecto de sus vidas, lo que implica una tremenda responsabilidad delante de Dios, que debe ser ejercida con temor y temblor, porque vamos a dar cuenta de ella (Mat 25:14-30). No es una posición que pueda tomarse ni ejercerse a la ligera (1 Tim 3:6) porque lo que hagan o dejen de hacer con respecto a una persona tendrá consecuencias espirituales y eternas no solo en la persona que está directamente en contacto con ellos, sino que abarcará sus familias y sus generaciones. Por ello, 1 Tim 3:6 nos enseña que la autoridad no debe delegarse sobre una persona neófita (inmadura, irresponsable), no sea que envaneciéndose (orgullo, vanidad, vanagloria) caiga en tentación (abuso de autoridad, control y manipulación) y lazo del diablo. Recordemos que el diablo, envaneciéndose con un más alto concepto de sí mismo que el que debía tener, quiso asumir la autoridad de Dios y desplazarlo de esa posición (con lo mismo va a tratar de tentar a los líderes; así lo hizo con Adán –Gen 3:5- y lo trató de hacer con Jesús –Mat 4.1-10-), porque quería obtener reconocimiento, admiración, adoración (manipulación, control, idolatría).

En consecuencia, cuando un líder abusa de la autoridad que Dios le ha dado, en lugar de hacer la obra de Dios está haciendo la obra del diablo, y más aún, cuando un líder abusa de su autoridad espiritual, porque el abuso de autoridad espiritual afecta en dos niveles: el nivel temporal y el nivel eterno.



Definición.

Abuso es el mal uso o el uso indebido, excesivo o injusto de algo

Abuso de autoridad es la extralimitación de funciones por parte de autoridades o funcionarios públicos en el desempeño de un determinado cargo u oficio. (R.A.E.).

El abuso espiritual es, entonces, la extralimitación de las funciones de los líderes espirituales que hacen mal uso, uso indebido, excesivo o injusto de la autoridad y los dones espirituales que Dios les ha concedido (que son para ayudar, apoyar o proveer mayor crecimiento espiritual a las personas bajo su autoridad), para manipular, controlar, obligar, a las personas a hacer determinadas cosas que van en beneficio propio del líder y/o su ministerio u organización, y que no contribuyen, debilitan, sabotean o disminuyen el desarrollo espiritual de esas personas.

El abuso espiritual (intencional o no, a sabiendas o no) mayormente ocurre cuando:
Un líder usa su posición espiritual para controlar o dominar a los demás, lo cual implica una forma de menosprecio al considerarlos incapaces de tomar decisiones por sí mismos (proteccionismo excesivo).
Cuando las opiniones y/o sentimientos de los demás son ignorados o pasados por alto, lo cual también es una forma de menosprecio a la persona (sus opiniones y sentimientos no son importantes).
Un líder inseguro de sí mismos, abusa del poder que tiene para reforzar su posición (“aquí el que manda soy yo”).
Se emplea la posición y autoridad espiritual para obligar a las personas a que vivan según cierto “criterio” o “norma” determinada por el líder, aún con alguna base bíblica.

No siempre el maltrato proviene de personas que tienen una verdadera posición de autoridad espiritual. El abuso puede provenir de alguien que no teniendo una verdadera autoridad espiritual quiere ser percibido como quien tiene poder y autoridad y así tener un lugar de influencia.

Algunas formas que asume el abuso espiritual son:
El Síndrome de Diótrefes.
La adicción espiritual.
La idolatría al líder.
El autoritarismo espiritual.



El síndrome de Diótrefes.

3 Jn 1:9-10. Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe. Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia.

Las características que el apóstol Juan da de Diótrefes son importantes para definir este síndrome:
Le gusta tener el primer lugar no para servir efectivamente a otros sino para obtener beneficios personales (reconocimiento, identidad, poder, codicia, avaricia, etc.). Manipula los sentimientos de las personas para obtener beneficios personales. No está verdaderamente interesado en el desarrollo espiritual de las personas. Su interés es la construcción de su propia obra, ministerio, denominación, no el Reino de Dios y su justicia y las personas. Sobre-énfasis en las necesidades, agendas, objetivos y metas ministeriales, no en las necesidades de las personas.
Aísla a las personas a su cargo de recibir bendición, instrucción o edificación de otros que no estén totalmente de acuerdo con él (inseguridad). “Si escuchan o tienen contacto con XX, se van a contaminar”.
Habla palabras malignas (critica, denigra, menosprecia, a las personas y los motivos de su corazón, no sus enseñanzas) contra otros líderes que pueden tener influencia con las personas que están a su cargo.
Para mantener el aislamiento usa su autoridad para establecer sus propias reglas y castigos para los transgresores. Uso del temor como instrumento de liderazgo para mantener el control. Se enseñorea de las personas a su cargo.

La presencia de esto signos en el liderazgo no siempre es intencional, pero de todos modos sucede. Algunos de los líderes que pudieran manifestar estos signos o síntomas, son así simplemente porque ellos mismos estuvieron bajo liderazgos de este tipo en el pasado y aprendieron de ellos, de tal manera que el originalmente abusado, al estar en una posición de autoridad, se convierte en abusador. Y otros lo hacen también involuntariamente, dominados por un sentimiento de inseguridad en sí mismos, para reforzar o consolidar su posición, cuando sienten que la van a perder.

La solución, en el caso de los líderes, sigue, por lo menos, por los siguientes pasos:
Que se someta a un proceso de sanidad de su alma para perdonar los abusos del pasado (Efe 4:32), sanar el dolor del corazón (Heb 12:14-15).
Arrepentirse delante del Señor del daño causado y confesar su pecado delante de El (Sal 119:59, 1 Jn 1:9).
Aprender nuevos patrones de conducta y liderazgo para bendecir a las personas (Jn 5:39, Mar 10:42-45).
Pedir perdón a las personas a su cargo e iniciar un proceso para restaurar sus corazones de las consecuencias del abuso involuntario.

La solución, en el caso de las personas a cargo de estos líderes implicaría, por lo menos, los siguientes pasos:
Si sus líderes se han arrepentido, les han pedido perdón y están volviendo al consejo completo de la Palabra, darle gracias a Dios por ellos por su corazón enseñable, perdonarles y apoyarles en el nuevo camino que están emprendiendo (Efe 4:32, Gal 6:1).
Si sus líderes no se han arrepentido. Perdonar a sus líderes por el daño causado (Efe 4:32). Buscar otra congregación donde el liderazgo no sea abusador, tengan un interés por el cuidado y atención de las personas (1 Tes 2:5-12), y tengan programas de restauración y sanidad espiritual y del alma (Luc 4:18-19). Someterse a un proceso de sanidad y restauración de los efectos del abuso (Heb 12:14-15)



La adicción espiritual.

Adicción: hábito de quien se deja dominar por el uso de alguna o algunas drogas tóxicas, o por la afición desmedida a ciertos juegos, haciendo depender su bienestar de ello. Ello implica, en términos generales, un estado de dependencia a algo o alguien (droga, situación, acción, persona, unción, dones, etc.) que toma el control de uno mismo, y a lo que recurre continuamente para enfrentar las situaciones diarias de la vida en lugar de asumir la responsabilidad propia.

La adicción espiritual, entonces, es un estado de dependencia hacia un mensaje específico que no considera el consejo completo de la Palabra de Dios (generalmente motivacional, cuyo efecto es de corta duración y que requiere constante retroalimentación porque choca con la realidad diaria), en lugar de hacia Dios, el consejo de Su Palabra y la dirección de su Espíritu.

La idea, la mayor parte de las veces inconsciente y no intencional, detrás de esta situación es tener “entretenidas” a las personas, para que ignoren sus necesidades espirituales reales mediante “placebos” en forma de respuestas rápidas y fáciles (fórmulas para orar, prosperar, confesar, etc.), sin que haya un cambio real, radical, en sus corazones, sus relaciones, sus actividades, y por ende, en sus vidas.

En el libro de Neh 5 y 6, se manifiestan algunas características de esta adicción:
No buscan la justicia ni la verdad (Jer 5:1), solo su bienestar. “Desde el más chico de ellos hasta el más grande, cada uno sigue la avaricia”. (Jer 6:13ª).
Aunque tengan, base bíblica, es una verdad a medias, y por tanto, falsa. “Juran falsamente”. (Jer 5:2). “Desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores (Jer 6:13b)
Generalmente ignoran aspectos verdaderos de Dios que son contrarios al mensaje. “Negaron a Jehová, y dijeron: El no es” (Jer 5:12).
Generalmente enfatizan solo en los aspectos placenteros, cómodos, externos de la vida (los afanes de este siglo, la vanagloria de la vida), y en las bendiciones de Dios, pero no en los costos y responsabilidades. “No vendrá mal sobre nosotros, ni veremos espada ni hambre” (Jer 5:12).
Ponen muy poco énfasis en el temor de Jehová, en la santidad, en un estilo de vida bíblico. “¿A mí no me temeréis? Dice Jehová. ¿No os amedrentaréis ante mí…? (Jer 5:22). “Y no dijeron en su corazón: temamos ahora a Jehová Dios nuestro” (Jer 5:24).
Su interés es captar audiencia, atraer masas. “Pusieron trampa para cazar hombres. Como jaula llena de pájaros” (Jer 5:26b-27ª). Lo hacen con un mensaje atractivo aunque no responda al consejo completo de la Palabra. “Sus casas están llenas de engaño”; (Jer 5:27b). Para hacerse grandes ellos, su iglesia, su denominación, su reino. “Así se hicieron grandes y ricos. Se engordaron y se pusieron lustrosos” (Jer 5:27c-28a). “Se hicieron prósperos” (Jer 5:28c).
No tienen un genuino interés en las personas. “No juzgaron la causa del huérfano…y la causa de los pobres no juzgaron (Jer 5.28). “Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: paz, paz; y no hay paz” (Jer 6:14).
Recurren a profetas internos y externos que estén de acuerdo con ellos para afirmar su mensaje y rechazan, menosprecian, critican y hasta vituperan a quienes, aún con base bíblica abundante, no comparten ese mensaje. “Los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos” (Jer 5:31). “Antes los profetas serán como viento, porque no hay en ellos palabra” (Jer 5:13).

La solución en este caso es, para los líderes:
Arrepentimiento (Jer 6:15).
Considerar sus caminos y volverse a los testimonios de Dios (Sal 119.59, Jer 6:16).
Pedir perdón a las personas que están a su cargo por haber provocado esa adicción y ayudarles a conocer el consejo completo de la Palabra, principalmente en aquellos puntos que constituyen la contrapartida de la enseñanza impartida, o la otra parte del mensaje (costos, responsabilidades, etc.).

La solución para los que están bajo este tipo de abuso es:
Si sus líderes se han arrepentido, les han pedido perdón y están volviendo al consejo completo de la Palabra, darle gracias a Dios por ellos por su corazón enseñable, perdonarles y apoyarles en el nuevo camino que están emprendiendo (Efe 4:32, Gal 6:1).
Si sus líderes no se han arrepentido. Arrepentirse de la adicción que han adquirido (Jer 6:15). Considerar sus caminos y volverse a los testimonios de Dios (Sal 119:59, Jer 6:16). Buscar otra congregación donde se predique el consejo completo de la Palabra.



La idolatría al líder.

Es natural que las personas que son bendecidas por un líder, que han experimentado las bendiciones de la vida cristiana a través del ministerio de un líder, sientan y expresen agradecimiento por ello. Es más, la Biblia enseña que así debe ser (Rom 13:7-8, Gal 6:6, Col 3:15, Jue 8:34-35, Heb 13:7, etc.). Pero hay una línea muy sutil entre el agradecimiento y la idolatría que no debemos ni podemos traspasar.

Ídolo es toda cosa o persona a la que se le rinde culto y adoración, a la que le permitimos controlar nuestras decisiones y tener la última palabra en cuanto a nuestras opiniones, a la que, inconscientemente (aunque no lo reconozcamos), en la práctica, la valoramos igual o más que a Dios o valoramos sus opiniones igual o más que a Dios.

Aún cuando muchas veces esta situación es propiciada más por los seguidores que por los líderes, estos la propician cuando no marcan un alto claro y contundente a estas actitudes de los seguidores, o cuando se hacen aparecer delante de sus seguidores (aunque sea inconscientemente) como infalibles (los que nunca se equivocan), perfectos (los que todo lo hacen bien), hiper-espirituales (los que hacen las cosas delante de Dios más y mejor que todos los demás), superiores, etc.
La Palabra de Dios nos dice que no tengamos un concepto mayor de nosotros mismos que el que debemos tener (Rom 12:3) y que pensemos de nosotros con cordura (sensatez), lo que implica reconocer no solo nuestros aciertos, sino también nuestras equivocaciones, fallas, errores, etc., no solo para nosotros mismos, sino también delante de aquellos que están a nuestro cuidado. Cuando solo reconocemos nuestros aciertos y no nuestros errores, en la mente de esas personas estamos provocando que tengan una imagen distorsionada de nosotros mismos (un más alto concepto de nosotros que el que deben tener).

Una vez que la idolatría del líder está establecida (consciente o inconscientemente), en los seguidores se pueden presentar las siguientes consecuencias (todas las cuales implican un mayor concepto que el que se debe tener y/o un menosprecio a los demás):
El pensamiento de que ese líder o esa organización es la que tiene la mayor y mejor unción que todos y todas las demás.
Que ese líder o esa organización son los únicos que tienen una conexión especial con Dios y que solo allí Dios se manifiesta y solo allí Dios bendice abundantemente.
El temor de que al salirse de la autoridad de ese líder o esa organización, se va a perder de la presencia y la bendición de Dios, y por ende, el temor al fracaso.

El culto idolátrico implica una dependencia excesiva del líder manifestada en formas parecidas a:
Solo si el líder ora se va a obtener bendición (o lo que es lo mismo, el líder es el que bendice, no Dios).
Si el líder lo dice, así es (ya no es lo que Dios dice, sino lo que dice el líder lo que tiene validez).
Solo si el líder lo autoriza se hace o se toma una decisión, se hace un viaje, se establece un negocio, se desarrollo un llamado, etc. (las personas comienzan a ser guiadas por el líder, no por el Espíritu Santo –Rom 8:14--).
Etc.

Cuando estas cosas se comienzan a manifestar alrededor del liderazgo, este puede caer muy fácilmente en la tentación de la manipulación y el control de los seguidores para alcanzar metas que si bien pueden ser espiritualmente deseables y correctas, por el método utilizado se vuelven inadmisibles delante de Dios (el fin no justifica los medios, como lo evidencia Mat 7:21-23).

La solución en este caso es, para los líderes:
Arrepentimiento (Jer 6:15).
Considerar sus caminos y volverse a los testimonios de Dios (Sal 119.59, Jer 6:16).
Pedir perdón a las personas que están a su cargo por haber provocado (consciente o inconscientemente) esa idolatría y ayudarles a salir de ella en, por lo menos, las siguientes formas:
Reconociendo delante de ellas sus errores y fracasos, así como sus aciertos.
Recordándoles que el único consejo (Sal 16:7), dirección (Rom 8.14) y opinión (FIL 4:8-9) que ellos deben tener es el que proviene de Dios, y que de El es quién debe obtenerlo y contrastar sus aseveraciones como líder con las de la Palabra (Pablo reconoce especialmente a los creyentes de Berea porque después que lo oían a él, iban a revisar la Palabra de Dios para ver si era correcto lo que él les había enseñado –Hch 17.11-).
Apreciar y valorar públicamente a todos los demás líderes y ministerios existentes en el Cuerpo de Cristo como hacedores de la obra de Dios (por supuesto que ello no implica no reconocer y corregir errores que se puedan estar dando, pero con espíritu de mansedumbre, y para edificación, debería señalarse el error y la forma de corrección, no a la persona o ministerio específico).
Estar atento en todos los niveles a cualquier indicio de posible sobre-apreciación y/o idolatría del liderazgo y el ministerio para corregirlo inmediatamente que se presente.

La solución para los que están bajo este tipo de abuso es:
Si sus líderes se han arrepentido, les han pedido perdón y están volviendo al consejo completo de la Palabra, darle gracias a Dios por ellos por su corazón enseñable, perdonarles y apoyarles en el nuevo camino que están emprendiendo (Efe 4:32, Gal 6:1).
Arrepentirse y pedir perdón delante de Dios por la idolatría a la que estuvieron sometidos (Sal 119:59, 1 Jn 1:9).
Esforzarse por valorar sobre todas las cosas el consejo, la dirección y la opinión de Dios, sin que ello implique menospreciar la de sus líderes.

Si sus líderes no se han arrepentido:
Arrepentirse de la idolatría que han adquirido o a la que estuvieron sometidos (Jer 6:15).
Considerar sus caminos y volverse a los testimonios de Dios (Sal 119:59, Jer 6:16).
Buscar otra congregación donde no se presente este tipo de idolatría y se predique el consejo completo de la Palabra.



El autoritarismo espiritual.

Autoritarismo: sistema fundado en la obediencia, sometimiento, sujeción y sumisión incondicional a la autoridad del líder, que no tolera la contradicción.

La idea de obediencia, cuando no está dirigida por el concepto bíblico, se ejerce de forma humillante y con un sentido de control, manipulación y explotación de los seguidores, que muchas veces lleva a la afrenta pública (ignominia).

En el ámbito eclesiástico, este tipo de control lo fundamentan en pasajes sacadas de su contexto y del contexto general de la Biblia, como Rom 13:1, 1 Ped 5:5 y Heb 13:17, sin considerar Hch 4:19, Hch 5:29, Mar 10:42-45, etc.

En Heb 13.17, la palabra que se traduce “obedecer” también implica convencer mediante argumentos, pacificar, conciliar por medios legítimos, asentir ante la evidencia, descansar mediante certeza interna, pensar, persuadir, asegurar, confiar, convenir, creer, dar, lo que implica que es una obediencia por convencimiento, no por imposición. En ningún momento el concepto bíblico de obediencia tiene que ver con alguien que da una orden y otro la acata sin pensar, preguntar, analizar o juzgar si es correcto o no desde el punto de vista bíblico.Por otro lado en ese mismo pasaje se nos instruye a obedecer y sujetarnos porque ellos velan por nuestras almas como los que van a rendir cuentas de ello, es decir, porque están interesados en nosotros y porque lo hacen con responsabilidad y alegría (no groseramente y con autoritarismo) y en beneficio nuestro, no interesados en ellos, su ministerio, su iglesia, su denominación, o por beneficio propio o de sus organizaciones.

En 1 Cor 16:15-16, la Biblia nos instruye de sujetarnos a las personas que se han dedicado al servicio de los santos y a todos los que ayudan y trabajan, no a los que están interesados en su propio beneficio.

En 1 Ped 5:3-5 también se nos instruye de sujetarnos a los ancianos que cuidan la grey, no por fuerza (autoritarismo), sino voluntariamente; no por ganancias deshonestas (beneficios personales de cualquier tipo: económicos, posicionales, emocionales, sociales, etc.), sino con ánimo pronto, no con señorío (autoritarismo, abuso de autoridad) sino como ejemplos (modelos de vidas santas y consagradas a Dios y al servicio).

Algunos de los argumentos que utilizan quienes cometen este abuso, son parecidos a los siguientes:
“No trabaje tanto, Dios va a proveerle si sirve a la iglesia (y a la casa del pastor) más de lo que sirve a su trabajo secular”.
“Tiene que obedecer al varón que Dios nos puso como líder en todo lo que él le diga, sin preguntar.”
“Esto es una orden del líder, así que obedezcan y punto”.
“Usted tiene que agachar la cabeza y hacer todo lo que se le mande, pues está bajo una cadena de mando que viene desde Dios, pasa por el pastor, sigue con los líderes y termina con usted”.
“Yo soy el líder y hay que hacerlo… Cuidado”.
“Nadie, solo Dios, tiene derecho a cuestionar mi autoridad”.

Generalmente, quienes abusan autoritariamente de las gentes usan dos tipos de tácticas complementarias. Una de ellas para asustar, y si esta no funciona, otra para humillar.

La primera, infundiendo miedo sobre los resultados de salirse de bajo esa autoridad, con expresiones parecidas a:
“Deben apartarse de aquellos que no comparten nuestro sistema para no ser perjudicados”.
“Si te apartas de nosotros Dios te quitara tu bendición o quedarás expuesto al mismo Satanás”
Etc.

La segunda, avergonzando a las personas que no obedecen incondicionalmente, en público, provocando en ellas y los demás, una actitud de temor para no ser expuestos o perder alguna posición en la organización.

La solución en este caso es, para los líderes:
Arrepentimiento (Jer 6:15).
Considerar sus caminos y volverse a los testimonios de Dios (Sal 119.59, Jer 6:16).
Comprometerse delante de Dios y delante de las personas a su cargo, a cambiar su estilo de liderazgo por uno de servicio, bíblico, así como los motivos de su liderazgo: no el beneficio propio sino el de las personas a su cargo.
Pedir perdón a las personas que están a su cargo por haber abusado (consciente o inconscientemente) de la autoridad que Dios les dio, y restaurarlos del dolor y las consecuencias de ese abuso.
Estar atento en todos los niveles a cualquier indicio de posible autoritarismo personal y/o de los líderes de la organización (también ellos necesitan arrepentirse, pedir perdón y comprometerse con un nuevo estilo de liderazgo de servicio y respetuoso de las personas, porque aprendieron mal de su líder superior), para corregirlo inmediatamente que se presente.

La solución para los que están bajo este tipo de abuso es:
Si sus líderes se han arrepentido, les han pedido perdón y están volviendo al consejo completo de la Palabra, darle gracias a Dios por ellos por su corazón enseñable, perdonarles y apoyarles en el nuevo camino que están emprendiendo (Efe 4:32, Gal 6:1).

Si sus líderes no se han arrepentido. Perdonar a sus líderes por el daño causado (Efe 4:32). Buscar otra congregación donde el liderazgo sea un liderazgo de servicio y responsable del cuidado de las personas (1 Tes 2:5-12), y tengan programas de restauración y sanidad espiritual y del alma (Luc 4:18-19). Someterse a un proceso de sanidad y restauración de los efectos del abuso (Heb 12:14-15)



Recuperando la credibilidad.

Si usted tuvo anteriormente problemas con este tipo de abusos u otros parecidos y desde entonces ha tenido problemas para confiar en otros líderes, y peor aún, se ha alejado de Dios y de la congregación por temor a ser nuevamente víctima, usted necesita entender lo siguiente:
Si, por ejemplo, un gato se sienta sobre la hornilla encendida de una estufa, seguramente nunca más volverá a sentarse sobre ella.
Ahora bien, el problema es que no solo no volverá a sentarse sobre ella, sino que seguramente tampoco se volverá a sentar sobre la hornilla apagada de una estufa.
Necesitaría entender que la estufa (Dios) no fue el problema, como tampoco la hornilla (otros líderes u otras iglesias), sino la hornilla encendida (el tipo de liderazgo o la organización que le lastimó).
Por lo tanto no debería rechazar la estufa (a Dios) ni a las demás hornillas apagadas (otros líderes u otras iglesias).

Por lo tanto, usted tiene que tener claramente focalizado el problema, para no caer víctima de las maquinaciones del diablo (2 Cor 2:11), que nos quiere roba todos los beneficios de una vida espiritual plena de la mano del Señor (el diablo no solo nos quiere apartar de la iglesia; nos quiere apartar del Señor).

Por ello necesita vencer los temores y los dolores causados por el abuso, sobreponerse a ellos (posiblemente, además va a necesitar ayuda y ministración de sanidad espiritual posteriormente), y considerar cuidadosamente tres pasajes de la Escritura:

Sal 133:1-3: en la congregación armónica (respetuosa, servicial) de los hermanos, allí es donde Dios envía Dios bendición y vida eterna. Por lo tanto, la solución no es apartarnos, sino buscar un liderazgo y una congregación respetuosos y serviciales donde podamos sanar, recibir restauración y crecer.

Heb 10:23-27. Necesitamos mantenernos firmes, sin fluctuar, en nuestra fe, no dejando de congregarnos por cuanto la segunda venida de Cristo está cercana y el diablo quiere regresarnos al mundo para que, después de haber recibido el conocimiento de la verdad, nos volvamos voluntariamente al pecado (lo que sucede tarde o temprano, cuando nos dejamos de congregar, tener comunión con Dios y con los hermanos), para estorbarnos la entrada a la vida eterna. Por ello necesitamos encontrar rápidamente una congregación y un liderazgo que nos estimule al amor y a las buenas obras.

Rom 8:28-29, nos enseña que todas las cosas obran para bien de los que amamos a Dios y queremos que el carácter de Cristo se establezca en nosotros. Por lo tanto, necesitamos sobreponernos a la situación y seguir adelante, como la Iglesia del Libro de los Hechos después de que Pedro y Juan fueran abusados por los del Sanedrín en Jerusalén (Hch 4:29-35). La Iglesia:
Oró al Señor para que El se hiciera cargo de las amenazas que les habían formulado, y para que en lugar de estar atemorizados, tuvieran mayor denuedo para seguir adelante con lo que El les había encomendado.
Oraron también que el Señor extendiera sus manos para sanar y hacer señales y prodigios (que el Señor les sanará y restaurara su corazón y el amor por El y su obra).
Como resultado de ello, los resultados y frutos se incrementaron, el poder se incremento, la gracia sobre ellos se incrementó, la provisión de las necesidades se incrementó.
Y Dios fue glorificado.





29 Jun 2012