Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Desarrollándonos en el amor del Padre.



Ser hijos e hijas de Dios y viviendo como tales.



La Parábola Del Hijo Pródigo.

También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. (Luc 15:11-32)



Desarrollo.

Todos, al creer en el Señor Jesucristo, somos hechos hijos de Dios: "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;" (Jn 1:12).
• Ahora bien, una cosa es tener el título y la calidad de hijo de Dios y otra cosa es vivir como tal.
• El tener el título y la calidad de hijos de Dios nos permite tener acceso a vivir algunas de las manifestaciones del amor de Dios.
• Pero el vivir como tales nos permite vivir en la plenitud de Su Amor. "¿Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. (EFESIOS 1:15-23 RVR60)

También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes.
• Más interesado en ver que le saca a su Padre que en la relación con El.
• Solo recibió lo que quería y se alejó del Padre (de la abundancia del corazón habla la boca, como el hombre es en el fondo de su corazón así se va a comportar).

No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.
Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.
• Maldito el que confía en el hombre o en cualquier cosa natural, le va a ir mal; bendito el que confía en el Señor, le va a ir bien.

Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
• Solo Dios, por obra de Su Espíritu Santo, nos puede sacar del error y del hoyo de la desesperación de una vida independiente de Dios.
• Reconocimiento de la plenitud que solo hay en Dios.

Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre.
Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.
• Dios no necesita nuestra confesión. El conoce nuestros pecados desde antes de que los cometamos.
• Nosotros necesitamos nuestra confesión y petición de perdón para ser sanados en nuestro corazón de la ofensa que hemos cometido contra Dios.
• Y Dios está más que dispuesto a perdonarnos cuando nos arrepentimos y confesamos nuestros pecados de corazón (1 Jn 1:9).

Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.
• Cuando somos salvos y somos hechos hijos de Dios recibimos una herencia básica que consiste en un vestido, un calzado, una autoridad, una provisión y una prosperidad que antes no teníamos.
• Pero cuando vivimos como hijos de Dios (no solamente lo somos sino que vivimos como tales, bajo la plenitud de Su Gracia y Amor para con nosotros) y, por ende, rendimos nuestras vidas completamente a El, recibimos una doble porción, una herencia aún mayor:
o Un vestido nuevo (un nuevo y mayor nivel de unción).
o Un anillo (un nuevo y mayor nivel de autoridad ).
o Calzado nuevo (un nuevo y mayor nivel de revelación).
o Becerro gordo (un nuevo y mayor nivel de prosperidad).
o Hagamos fiesta (un nuevo y mayor nivel de gozo).


Conclusión.
• No es lo mismo ser un hijo e hija de Dios que vivir como un hijo e hija de Dios.
• No solo nos es necesario ser salvos y saber que somos hijos de Dios (nacer de nuevo, ver el Reino, Jn 3;3), sino que nos es necesario aprender a vivir como hijos e hijas de Dios en plenitud (negarnos a nosotros mismos, nacer del agua y del espíritu, entrar en el Reino de Dios, Jn 3:5).

15 Jul 2012