Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Módulo 109. Propósito, destino y visión.



TEMA No. 4.


EL EQUIPAMIENTO DE DIOS PARA QUE PODAMOS CUMPLIR CON SUS PROPÓSITOS GENERALES PARA TODOS LOS Y LAS CREYENTES.



Los propósitos de Dios y nuestro diseño e historia.

Como hemos estudiado en los temas anteriores, todos los propósitos generales son para el cumplimiento en obediencia amorosa de todos los creyentes, no es que baste con llevar adelante uno solo. Quizá vamos a tener una inclinación mayor hacia algunos de ellos que hacia otros, pero ello no implica que podamos dejar algunos de lado y solo nos concentremos en otros. Necesitamos crecer en todos, aunque por cuestiones de diseño e inclinación, vamos a tener más facilidades con llevar adelante alguno o algunos de ellos. La pregunta es como llevarlos adelante.

Esa pregunta tiene una respuesta en dos partes. La primera es conociendo nuestro diseño, y la segunda es buscando y recibiendo la visión de Dios para nuestra vida.

En relación a nuestro diseño, la Palabra de Dios nos enseña que somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras (el cumplimiento de Sus propósitos, entre ellas), que El preparó de antemano para que nosotros anduviéramos en ellas (Efe 2:10). Si Dios preparó las obras para que anduviéramos en ellas, El también nos preparó con las habilidades, capacidades y talentos para realizarlas, tal como nos lo enseñan el Sal 139:13-16 y Sal 33:15-16. Cada uno de nosotros fuimos diseñados con capacidades y características específicas y con una historia específica para desarrollar esas capacidades y características. Cada uno de nosotros, entonces, de acuerdo al diseño de Dios y a nuestra historia, fuimos diseñados por Dios para desarrollar esos diez propósitos en formas particulares en el contexto o ámbito en que vivimos (Hch 17:26), en el cual Dios nos puso para ello.

Unos vamos a tener más facilidades que otros para cumplir esos propósitos en el campo de los negocios, otros en el campo de la educación, otros en el arte, otras en su trabajo como amas de casa, otros en la iglesia, y así en alguno de los campos de actividad humana.

Dios formó nuestro cuerpo y nuestra alma con todos sus detalles (tamaño, color de ojos y de pelo, emociones, pensamientos, habilidades, capacidades, carácter, temperamento, personalidad, etc.), que fueron puestas en nosotros desde el vientre de nuestra madre en forma de semillas que son desarrolladas a través de nuestras experiencias de vida (que El también diseñó). El Reino de Dios es como una semilla que necesita sembrarse y regarse y crecer para dar fruto. Dios ya nos dio las semillas de las habilidades, capacidades, talentos, intereses, dones, etc., que necesitamos para realizar todas las cosas que pide de nosotros (Sus propósitos), y además de ello nos dio Su Palabra y Su Espìritu (Rom 8:14) para guiarnos al cumplimiento de ellas. Lo que nos queda a nosotros es desarrollar esas semillas a través de la práctica diaria y aprovechar todas las oportunidades que se nos “atraviesen” en el camino para ello (Rom 8:28-29) y para comenzar a realizar esos propósitos para los que fuímos diseñados.

Lo único que puede impedir que cumplamos esos propósitos es que aceptemos las mentiras del enemigo para no llevarlos adelante (que no somos capaces, que no somos espirituales, que no podemos, etc.; Jn 8:44). Por ello necesitamos destruir esas mentiras con la Palabra de Dios (2 Cor 10:4-6), la fortalezas y argumentaciones que el diablo ha levantado en nuestra mente al creer sus mentiras (sus dardos de fuego malignos).

Hch 17:26 implica que Dios nos diseñó para vivir en un lugar y en un tiempo específico con personas específicas, porque Dios nos creo para bendecirles a ellas. Somos los instrumentos de Dios para llevar adelante sus propósitos generales en medio de personas para las cuales El nos diseñó. Dios nos diseñó pensando en las personas a las cuales nos llamó a bendecir (las que están a nuestro alrededor), y diseñó nuestras experiencias de vida para bendecirlas a ellas (2 Cor 1:3-4).

Fuimos diseñados los unos para los otros, para bendecirnos los unos a los otros, no hay casualidades (1 Cor 12). Todo corresponde a un plan maravilloso de Dios diseñado desde antes de la fundación del mundo (Efe 1:4). Dios no quiere solo que vayamos a la Iglesia, sino que seamos formados, preparados, animados e involucrados en el cumplimiento de todos Sus propósitos para nosotros (Efe 4:11-16), para vivir en la abundancia de vida que El tiene para todos nosotros (Efe 1:23). Dios creó un lugar, un tiempo y todo un ambiente para cada uno de nosotros para que pongamos en práctica todos sus propósitos y venga bendición plena a nuestras vidas, como hizo con Adán: lo puso en un huerto específico, en un tiempo específico, para un fin específico (cuidar y labrar la creación –personas, cosas, relaciones-- a su alrededor, Gen 2.15).

Todo lo anterior quiere decir que cada uno de nosotros tenemos un diseño específico (gustos, intereses, habilidades, capacidades, dones, aficiones, etc.) que se ha ido desarrollando a través de nuestra historia (familia en la que nacimos, lugares donde hemos vivido, estudiado, trabajado, participado, etc.), que han determinado nuestra forma específica de cumplir los propósitos de Dios en nuestra vida: en el campo de trabajo (educación, servicios, producción, social, político, artístico, eclesiástico, etc.), vecindario (barrio, municipio, departamento, nación) e iglesia.



¿Cómo reconocer nuestra forma específico?

Es relativamente sencillo. Necesitamos reconocer que es:
a) Lo que sabemos, podemos y nos gusta hacer, y cuando lo hacemos, lo hacemos bien y con gusto a pesar de las dificultades que puedan presentarse.
b) Lo que nos interesa, apasiona y somos aficionados a hacer.
c) Lo que nos ha producido satisfacciones en el pasado.
d) Lo que nos gustaría hacer el resto de nuestra vida si no tuviéramos que depender de un salario.
e) Aquellas cosas en las que a pesar de los obstáculos y dificultades, hemos perseverado una y otra vez en hacerlas, y nos han servido de reto para superarnos.



La visión.

Prov 29:18 nos enseña que un pueblo sin profecía (o visión) se desenfrena (equivoca el rumbo, se pierde, se estrella contra los obstáculos). El que no tiene una visión, no va para ningún lado, está dando vueltas en el mismo lugar sin avanzar, o su caminar es inestable, conforme al rumbo que marque la corriente; es como veleta, cambia a cada momento de dirección de acuerdo a las circunstancias (por lo mismo, son las circunstancias y las personas que le rodean las que guían su vida, no Dios). Y la Palabra de Dios (Rom 8:14) nos dice que los hijos e hijas de Dios somos guíados por Su Espíritu, no por las circunstancias ni por las personas. Por otro lado, Prov 16:25 nos enseña que hay caminos que a nosotros nos parecen correctos, derechos y buenos en nuestra opinión pero que su fin es muerte (problemas, desastres, insatisfacción, etc.) porque no son los caminos que Dios diseñó de antemano para que anduviéramos en ellos (Efe 2:10) y como consecuencia, nos fuera bien (Deut 28.1-14). Por lo tanto, como paso final, necesitamos conocer la visión que Dios tiene para nuestras vidas, es decir, la forma y el lugar que Dios diseñó para cumplir Sus propósitos y las personas a las cuales El nos envió para bendecirlas.

La visión implica el saber el que, como, cuando, donde, para que, con quienes y con qué vamos a cumplir Sus propósitos, sabida y entendida de una forma específica, que solo la podemos encontrar en la comunión con Dios, porque la visión para nuestra vida la conoce Aquel que nos diseñó.

Para reconocer si una visión viene de Dios o no, necesitamos tomar en cuenta algunas cosas:
1) No es para que nosotros recibamos gloria, tengamos éxito, seamos reconocidos, etc., en primer lugar. Es para que El sea glorificado (Col 1:23-25).
2) No tiene como primer objetivo que nosotros seamos bendecidos sino para bendecir a los demás (Gen 12:1-3). Nuestra bendición depende de Dios y de nuestra obediencia a El, no de las tareas que realicemos (Sal 23:1, Mat 6:33, Deut 28:1-14)
3) Es para que todos juntos (los que están a nuestro alrededor y nosotros) alcancemos un mejor futuro (Prov 4:18, Prov 11:10-11).
4) Implica el conocimiento y cumplimiento de los principios de la Palabra de Dios (Mat 6:33). Dios no nos puede llamar a algo donde se viole o se ignore Su Palabra.
5) La visión de Dios necesitamos escribirla no solo en nuestro corazón sino también en papel porque su cumplimiento no depende de una sola persona sino de un cuerpo (1 Cor 12). Eso implica que ella nos va a llevar a formar parte de un equipo (Hab 2:2-4), a trabajar en equipo y ver por los demás como por nosotros mismos (Fil 2:1-8) asumiendo una posición de liderazgo de servicio (Hab 2:2-4, Mar 10:42-45).
6) La visión de Dios va a implicar, por lo general, un reto mayor que el que nosotros pudiéramos alcanzar por nuestras propias fuerzas, lo que implica que vamos a necesitar de la intervención sobrenatural de Dios para que ella se cumpla (Luc 1:37).



Conclusión.
Ya conocemos los propósitos generales de Dios para nuestras vidas.
Podemos reconocer Su diseño para nosotros en nuestras habilidades, capacidades y características personales, así como en nuestra historia, para poder reconocer el lugar, el tiempo y las personas para llevar adelante Sus propósitos.
Ahora, necesitamos buscar al Señor para que El nos dé la visión específica para nuestras vidas, la meta de nuestras vidas, en cuanto al cumplimiento de Sus propósitos para nosotros. Y ello solo podemos encontrarlo buscando al Señor con todo nuestro corazón y para obedecerle a El. Si ello es así, Dios nos mostrará Su visión específica porque El no es Dios ni Padre de confusión, sino de orden, de luz, de claridad, y El quiere que nosotros tengamos un claro entendimiento de Su visión para nosotros.




21 Jul 2012