Estudio Bíblico

Inicio > Estudio
Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Soluciones para evitar los errores en el servicio.



ENSEÑANZA No. 46.

SOLUCIONES PARA EVITAR LOS ERRORES EN EL SERVICIO.


Objetivos de la enseñanza.
Reconocer que aún cuanto el enemigo quiera someternos a sus trampas para el desarrollo de alguna metodología de trabajo y/o la ruta del crecimiento, en Cristo y en Su Palabra tenemos las instrucciones necesarias para encontrar y desarrollar las soluciones preventivas y correctivas para evitarlas
Reconocer las soluciones que Dios nos ha dado para evitar las trampas del enemigo que quieran socavar la eficiencia y eficacia de la ruta de trabajo y/o cualquier otra metodología de trabajo.


La solución a las trampas del enemigo.
Dios nos da en Su Palabra por lo menos siete soluciones preventivas y/o curativas para evitar y/o solucionar las trampas que el enemigo quiere introducir en la metodología de trabajo en las iglesias para socavar su eficiencia y eficacia en el desarrollo y consolidación del Reino de Dios.
Esas soluciones son:

Uno. La oración constante y la comunión con el Espíritu Santo, para desarrollar nuestra dependencia de El, obtener Su guianza y recibir la dirección de las armas específicas que necesitamos utilizar contra el enemigo (2 Cor 10:4-6) en todas las decisiones y actividades relacionadas con la vida de la iglesia. Recordemos que El es nuestro Ayudador además que nuestro Maestro, para guiarnos a toda Verdad. Por muchos éxitos y por mucho desarrollo que hayamos alcanzado, no podemos dejar de depender del Espíritu Santo por ningún motivo, y esa necesidad de depender de El, nos debe llevar a la búsqueda de una cada vez mayor intimidad con El, a todos los niveles. No solo los Pastores, sino todos los Asistentes Pastorales que sirven en las diferentes áreas de trabajo de la Iglesia necesitan desarrollar esa intimidad y dependencia. Cuando no la desarrollamos, vamos a tener que depender de nuestras propias fuerzas y decisiones, y ellas nos van a llevar a problemas (Prov 16:25).

Dos. Enfocados en los principios y valores de la metodología de trabajo y no en los resultados, métodos y normas. Debemos tener siempre presente que nuestra responsabilidad como hijos e hijas de Dios y como sus colaboradores en la obra es buscar el Reino de Dios y su justicia (los principios y valores del Reino) y no los resultados. Ellos son una añadidura de nuestra búsqueda del Reino, y no el principal objetivo.

Tres. Enfocados en las personas y en su individualidad. El objetivo fundamental de cualquier metodología de trabajo que utilicemos en la iglesia necesita ser determinado por la necesidad de proveer para el cuidado individualizado de todas las personas que asisten, de los creyentes nuevos e inmaduros, así como de los creyentes maduros y los que desarrollan tareas de autoridad y servicio dentro de la congregación (Asistentes Pastorales). Si tenemos claro este principio, vamos a huir de la “legalización” de los procedimientos, normas y resultados y vamos a respetar la originalidad e individualidad de cada persona y atenderla de acuerdo a ella, sin pretender uniformarla, compararla y/o requerirle lo mismo que a todas las demás que se encuentran en diferentes circunstancias y niveles de su vida como hijos e hijas de Dios. Vamos a cuidar y a relacionarnos con cada persona como Dios lo hace, individual y específicamente.

Cuatro. Desarrollar, apreciar y honrar los dones y los llamados, lo sobrenatural. La Iglesia no es una organización, aunque necesita tenerla. Es un organismo vivo, compuesto de muchísimos miembros, con diferentes dones, ubicaciones, asignaciones, etc., sobrenaturales, y cada uno de ellos necesita ser apreciado, colocado en el lugar justo para desarrollar sus funciones de acuerdo a sus dones. No debemos ni podemos sacrificar los dones y los llamados, y mucho menos lo sobrenatural y la unción, en aras de resultados institucionales, de la sistematización, de la organización o de las necesidades organizacionales. Las personas están por encima de la organización. La organización debe su razón de ser a las personas a las cuales sirve, y no al revés. Cuando las personas están para servir a la organización y no la organización a las personas, se perdió la razón de ser de la organización.

Cinco. Necesitamos desarrollar permanentemente una evaluación honesta de los verdaderos motivos de nuestro corazón para hacer lo que hacemos, para tomar las decisiones que tomamos y para desarrollar lo que desarrollamos. Y principalmente debemos tener mucho cuidado con evitar enamorarnos del servicio, de las actividades y de los resultados, en lugar de estar enamorados de Dios y de las personas a las cuales servimos (Mat 22:36-40).

Seis. Trabajo en equipo y reconocimiento al equipo. El éxito, la eficiencia y la eficacia de cualquier metodología de trabajol son el resultado del trabajo de un equipo, no de un individuo. Nunca el trabajo ministerial, sea el que sea, es un trabajo individual. Siempre es el trabajo de un equipo que está encabezado por el Rey de reyes y Señor de Señores, quién es el primero que debe ser honrado y glorificado por los éxitos, que trabaja con y a través de un equipo de personas, que es el que debe ser reconocido en segundo término. El pastor o un asistente pastoral no es el rey del equipo. Por lo tanto debemos honrar al equipo, no a las individualidades dentro del equipo, y cada uno de los que trabajamos en él, debemos trabajar en función del reconocimiento del equipo y no del reconocimiento personal. El Reino de Dios no es un reino de individualidades, ni de super-estrellas, ni de egos, como el mundo (que es el reino de las tinieblas). Es un Reino de familia, de equipo, de cuerpo.

Siete. Fidelidad y lealtad al llamado de Dios. Nuestro llamado no es a construir un reino ministerial, denominacional ni personal. Es a construir el Reino de Dios. No es un llamado a construir un reino numérico, sino un Reino de hijos e hijas de Dios en el pleno sentido de la calificación. Somos llamados a edificar personas, no ministerios. Y debemos permanecer fieles a ese llamado si queremos tener el éxito que representa el reconocimiento pleno de Dios. Recordemos 1 Tes 2:5-8: “Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni encubrimos avaricia; Dios es testigo; ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo. Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos.” Y también 1 Ped 5:2-4: “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.”


Preguntas para autoevaluación.
En sus propias palabras, explique:
Uno. ¿Por qué es importante desarrollar la dependencia, la comunión y la guianza del Espíritu Santo con respecto al trabajo ministerial?
Dos. ¿Por qué necesitamos enfocarnos en las personas y en sus individualidades?
Tres. ¿Por qué es importante enfocarnos en los principios y valores?
Cuatro. ¿Por qué es importante reconocer los dones, los llamados y lo sobrenatural?
Quinto. ¿Por qué es importante reconocer el trabajo en equipo?
Sexto. ¿Por qué es necesario hacer una evaluación honesta constante?
Séptimo. ¿Por qué es necesaria la fidelidad y lealtad al llamado de Dios?


04 Oct 2012