Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Módulo 105. Discipulado y consejería.



TEMA No. 3. CONSEJERÍA Y DISCIPULADO.

EL INTEGRACIONISMO.


Es la actitud, dentro del Cuerpo de Cristo, que pretende una “reconciliación” entre el cristianismo y la psicología clínica (donde la psicoterapia no cede nada y el cristianismo lo cede todo, en una actitud contraria a lo que nos manda la Palabra de Dios en Jer 15:19), que generalmente trata de conciliar, o más propiamente dicho, de imponer (sutilmente) los métodos de la psicoterapia en la consejería bíblica sin dilucidar o resolver dos cuestiones fundamentales previas, a saber:
1) ¿Pueden el cristianismo auténtico, bíblico, y la psicología clínica ser integrados? O expresado de otra forma ¿Hay algo en la esencia del cristianismo bíblico que lo haga constitucionalmente incompatible con la psicología clínica o viceversa?
2) ¿Deberían ser integrados el cristianismo bíblico la y la psicología clínica? O expresado de otro modo, ¿hay alguna necesidad o deficiencia intrínseca en la Palabra de Dios y en el cristianismo bíblico que la psicología clínica pueda subsanar?

Los integracionistas (que no resuelven las dos preguntas mencionadas, sino que de una vez pasan a la integración (o sustitución) de metodologías, lo hacen desde una de tres posiciones:
1) El enfoque de los dos tipos de revelaciones.
2) El enfoque de la relatividad de las interpretaciones.
3) El enfoque de la integración aunque reconociendo que la Palabra de Dios es la regla para todo asunto.



El enfoque de los dos tipos de revelaciones.

Proposiciones.
Toda verdad es verdad de Dios. Dios se ha dado a conocer a sí mismo mediante dos canales: la revelación especial y la revelación general. La revelación especial es la verdad registrada en las Escrituras. La revelación general es la verdad revelada por Dios en el orden creado de las cosas que debe ser investigada y descubierta por la humanidad. Los dos canales de la verdad son reveladores de manera que la verdad derivada de la consideración del orden natural de las cosas (revelación general) es tan cierta como la derivada de las Escrituras (revelación especial). En consecuencia, cualquier verdad obtenida por medio de la investigación psicológica es una verdad derivada de la revelación general, es decir, una verdad derivada de Dios y, en consecuencia, tan confiable y autoritativa como una verdad extraída de las Escrituras.

Los errores de esta argumentación.
(1). En primer lugar, la revelación es un acto soberano de Dios, sin intervención humana, que la da de Su Espíritu a nuestro espíritu, y de allí a nuestro pensamiento. No es derivada de un proceso lógico-racional de adquisición de información (como la investigación científica). Como es una revelación de Dios y Dios no miente, es absolutamente verdad, y por ende no necesita de ninguna investigación para ser comprobada.
(2). Un conocimiento investigado y descubierto por la humanidad, por ese hecho, no puede ser considerado verdad, como lo evidencia la cantidad de conocimientos derivados de investigaciones y descubrimientos humanos, que con el transcurrir del tiempo, por diversas situaciones, han resultado ser falsos. No podemos perder de vista el hecho de que el corazón humano es engañoso y perverso, más que todas las cosas (Jer 17:9), y por ello, es preciso desconfiar de todo producto de la mente humana, principalmente cuando se trata de conocimientos obtenidos por personas que abierta o encubiertamente niegan a Dios (Prov 16:25, Rom 1:18-31).
(3). Equiparar la Verdad de Dios a la verdad descubierta por medios humanos, es “endiosar” al ser humano y a sus procesos lógico-racionales, poniéndolos a la misma altura de los de Dios, lo cual resulta ridículo a la luz de la Omnisciencia y Omnipotencia de Dios frente a las limitaciones del conocimiento y la habilidad humana (Isa 55:8-9), principalmente cuando se trata de conocimientos divulgados por la psicología clínica, por cuanto al interno de ella, hay una cantidad de corrientes y teorías, muchas de ellas contradictorias entre sí en las cuales ni los mismos psicólogos se han podido poner de acuerdo. Darle carta de equivalencia a estas verdades con la Verdad de Dios resulta no solo temerario, sino absolutamente deshonesto.
(4). El mundo natural revela el eterno poder y deidad de Dios (Rom 1:19), la perfección de Su poder creativo y organizativo, Su sabiduría, entendimiento y conocimiento, etc., pero no toda Su gloria, no todas sus características como Dios, no toda Su esencia. Ello es exclusivo de la revelación a través de Su Palabra. Equiparar el conocimiento de lo que El hace con la revelación de Quién El es, es, cuando menos, un simplismo inadmisible, cuando no un argumento torcido y deshonesto.
(5). El uso que esta posición integracionista hace de los conceptos de revelación, revelación general y revelación especial son totalmente contrarios al uso que de esos términos hace la Palabra de Dios. En primer lugar le dan categoría de revelación a lo que es originado por habilidades humanas, cuando la Palabra claramente establece que la revelación es originada en El y no por el ser humano (Apo 1:1, Gal 1:12, Efe 3:3, 1 Cor 2:10, Mat 11:27, Luc 10:21, etc.). Revelación es el resultado de la mente de Dios; conocimiento es el resultado de la mente humana. La mente de Dios es infinitamente superior a la mente humana, y la revelación es infinitamente superior al conocimiento humano. En segundo lugar, bíblicamente hablando, la revelación general es general en su alcance (para todas las personas, Mat 5:45, Hch 14:17); en su geografía (para todo el mundo, Sal 19:2); en su metodología (emplea medios universales como el calor del sol, Sal 19:4-6, y la conciencia humana, Rom 2:14-15); es una revelación que afecta a todas las personas dondequiera que estén y en cualquier época y cultura; trae luz y verdad a todos, o si es rechazada, trae condenación. La revelación general como es descrita en las Escrituras es una verdad hecha patente a toda la humanidad (Rom 1:17-19, 2:14-15), tan clara e irrefutable que puede ser percibida, por intuición, por todo ser racional (Sal 19.1-6, Rom 1:19); es tan manifiesta y está tan revestida de autoridad que, cuando alguien se rebela en su contra lo hace al costo de su propia condenación (Rom 1:20, Rom 2:1, Rom 2:15). Los que defienden este argumento integracionista pretenden darle al conocimiento científico la categoría de revelación general (la categoría que solo pertenece a la Biblia), en tanto que a la Biblia le da la categoría de revelación especial (solo para iluminados), cuando la Palabra nos enseña que las revelaciones especiales de Dios son, en primer lugar, para personas que han recibido la revelación general de la Biblia, y que por un grado de comunión, madurez y búsqueda de Dios, Dios les regala una revelación especial (2 Cor 2:9, Isa 45:3, Col 2:3).



El enfoque de la relatividad de las interpretaciones.

Proposiciones.
Toda fuente de verdad es susceptible de producir error en la medida en que al individuos falibles y predispuestos tienen acceso a ella. Debido a la caída espiritual de la raza humana y al condicionamiento cultural, las personas realizan cualquier tarea interpretativa, ya sea de las Escrituras o en la ciencia, bajo riesgos y sesgos significativos y limitantes. Sin importar la veracidad intrínseca y la consiguiente autoridad de las Escrituras, cualquier aplicación humana de ellas presupone el proceso de interpretación, y por ende, la posibilidad de error. Por ende, todo conocimiento humano falla por definición, incluido el conocimiento de la Palabra de Dios, por lo que no hay razón para ser más desconfiado de la ciencia que de la teología porque las Escrituras no están menos expuestas a las limitaciones de la participación humana que cualquier otra fuente de verdad. El conocimiento humano de la verdad sólo puede acercarse a cada vez mayores niveles de probabilidad, puesto que la certeza final es prácticamente impensable debido a la falibilidad humana. Por ello, cualquier sugerencia que indique que la finalidad y la certeza podría ser imputada a cualquier elemento de cualquier modelo, es errónea.

Los errores de esta argumentación.
(1). Niega la infalibilidad y la autoridad de las Escrituras sostenida por la Escritura misma: “Mi Palabra es verdad”.
(2). Es una negación de la doctrina de la perspicuidad de las Escrituras definida como claridad de pensamiento y lucidez: todas las cosas en las Escrituras, aunque no son igualmente claras en sí mismas, ni igualmente claras para todos, en aquellas cosas que necesitan ser conocidas, creídas y observadas para la salvación, son claramente propuestas y están abiertas en las Escrituras, para todas las personas, independientemente de su nivel intelectual, de tal manera que le proveen una comprensión suficiente de ellas. Una negación de este principio es una negación del principio de la sola Escritura que es enunciado en la misma Escritura y ha sido sostenido y defendido por el cristianismo bíblico desde los inicios de la Iglesia.
(3). La Biblia afirma una serie de situaciones que presuponen que toda personas las puede entender, sin lugar a dudas (por ello es La Verdad). Algunas de esas situaciones son:
• Que las personas son eternamente responsables por desobedecer Sus enseñanzas (Sal 50:16-17, Prov 13:13, Isa 5:24, Luc 24:25, 2 Tim 4:3-4) y que la obediencia a ellas producirá bendiciones temporales y eternas (Sant 1:18).
• Jesús ordeno que las escudriñáramos (Jn 5:39), lo que implica la seguridad de que todos somos capaces de entender todo lo que ellas dicen, si con honestidad queremos entenderlas y obedecerlas, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento; y ello a pesar de que Sus enseñanzas estaban siendo malentendidas por los fariseos, los escribas y todo el Sanedrín.
• Su mensaje es tan claro, que se nos ordena enseñárselas a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos (Deut 6:7, Deut 4:9).
• Afirman, multitud de veces, que son claras y accesibles:
➢ Es una antorcha que alumbra en lugar oscuro (2 Ped 1:19).
➢ Es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino (Sal 119:105).
➢ No es inaccesible ni oculta para nosotros (Deut 30:19-20, Deut 30:11-14).
➢ Somos mandados a leerla, entenderla, escudriñarla, meditar en ella y ponerla en práctica (Sal 1:1-3, Jn 5:39, Hch 17:11, Jos 1:8).
➢ Hacen sabio al simple, confortan el alma, alegran el corazón, iluminan los ojos (Sal 19:7-8).
• Las Escrituras son claras, autoritativas y contundentes porque son de Dios. Si no tuvieran esas características fracasarían en su intención.
➢ Las mismas Escrituras enseñan que la negación de su claridad y de su autoridad surgen del deseo de rechazar la autoridad de Dios, que es el resultado de la rebelión, de no querer someterse a Su autoridad (Prov 1:29-30, Isa 30:9, Jn 3:20). La negación de la claridad y autoridad de las Escrituras no es más que el resultado de la oposición a ser limitado por las Escrituras y de la determinación de la persona de seguir sus propias inclinaciones y deseos.
(4). Este tipo de razonamiento, de ser aceptado, dejaría a las personas sin ninguna autoridad, ninguna fuente confiable de verdad y sin ningún patrón normativo para la vida, y en particular, a la consejería, sin nada que guie su acción y, por ello mismo, expuesta a incontables teorías y modelos, contradictorios unos con otros. En suma, entonces, para que hacer algo, si lo que se pretende que está mal puede estar bien, y viceversa.



El enfoque de integración que reconoce que la Palabra de Dios es la regla para todo asunto.

Proposiciones.
Las Escrituras son la única y totalmente infalible Palabra de Dios. Dios se ha dado a conocer a sí mismo y la Verdad a través de la revelación general y especial. El único canal disponible para nosotros hoy para la revelación es lo registrado en las Escrituras. La Biblia y ella sola es suficiente como única regla para la fe y la vida en todos sus aspectos. Todo lo que proclame ser verdad y que sea resultado de ponderación, investigación o teorización, debe ser sujeto a la Palabra de Dios, única que puede emitir juicios sobre la veracidad y aplicabilidad de aquellas verdades. La Biblia y solo ella tiene el rol de parte de Dios de establecer una falsificación; es decir, si algo reclama ser verdad pero está en contradicción o compromete un verdad establecida en las Escrituras, tal pretendida verdad es falsa.

Loa errores de este argumento.
Aún cuando las proposiciones son correctas, y no solo para este tema sino para cualquier otro tema de la vida, no está bien utilizarlos para justificar la integración de los procedimientos de la consejería bíblica y de la psicología clínica cuando no se han resuelto ninguna de las dos preguntas primarias: si el cristianismo bíblico y la psicología clínica pueden ser integrados y si hay necesidad de hacerlo. Carece de valor integrar a nivel de procedimientos la psicoterapia y la consejería bíblica sin haber considerado y resuelto satisfactoriamente el aspecto de la posibilidad y la necesidad de integrarlas, no importa el mérito de los argumentos que se empleen.



Conclusión.
(1). Si lo que ha de ser considerado es la integración del cristianismo bíblico y la psicoterapia, entonces debe darse por sentado que hay algo inadecuado o imperfecto en las Escrituras que exige que utilicemos los instrumentos de la psicoterapia secular que enmienden esas deficiencias y capaciten a los consejeros cristianos para una más eficiente ayuda a personas heridas. Pero al respecto las Escrituras y la experiencia auténtica cristiana enseñan claramente la suficiencia de ellas para alcanzar una vida libre y fructífera (2 Tim 3:15-17, 2 Ped 1:3-4), para superar todas las vicisitudes y adversidades de la vida.
(2). Muchas de las nociones de la psicología clínica moderna, aunque contrarias a las Escrituras, son, no obstante, seductoras y atractivas para la vieja naturaleza (la carne), por ejemplo: la tendencia de considerar a la persona como víctima de sus problemas y vicisitudes resultantes de sus malas decisiones, revelándola de toda responsabilidad moral por el pecado, en contra de lo que afirma la Palabra de Dios (Deut 30:19-20). Otro ejemplo son los conceptos de auto-estima, auto-realización, auto-ayuda, tan vigentes hoy en día en el cristianismo y que en lugar de perseguirlos y procurarlos, nos tendrían que recordar la actualidad y necesidad de mantener presente y vigente el mandato de Pablo de hacer morir lo terrenal en nosotros y no proveer para los deseos de la carne (Rom 13:14).
(3). El cristianismo y la Iglesia están en gran peligro a raíz del poder de penetración del pensamiento humanístico (del que la psicología clínica y la psicoterapia son infaltables y emblemáticos aliados e invaluables aliados y promotores) en nuestra mente, en nuestras familias, en nuestras iglesias y en nuestras sociedades, a causa de la sutileza con que erosionan la autoridad de las Escrituras. La mayor amenaza a la autoridad de la Biblia (que por indirecta muchas veces pasa desapercibida) será la proveniente de los científicos de la conducta en el ámbito del cristianismo quienes, con toda buena conciencia montarán barricadas para defender la puerta del frente contra cualquier persona que ataque la inspiración y autoridad de las Escrituras, mientras que todo el tiempo escamotearán su contenido por la puerta trasera a través de una interpretación y adaptación psicologista de las verdades de la Escritura. En otras palabras, estamos en gran peligro de una subversión en gran escala contra la autoridad de la Biblia por parte de aquellos que están comprometidos a nivel de conciencia y teoría con la autoridad de las Escrituras pero que a través del uso irreflexivo de la metodología de los “científicos” de la conducta se han colocado inadvertidamente bajo su influencia y/o control.


Bibliografía.

“Las Escrituras y la consejería bíblica”, Douglas Bookman, Capítulo No. 4 del libro “La Consejería”, Biblioteca del Pastor, John MacArthur y la Facultad del Master´s College, Grupo Nelson, 2009.



04 Oct 2012