Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Módulo 105. Discipulado y consejería.



TEMA No. 5. CONSEJERÍA Y DISCIPULADO.

DOCTRINAS FUNDAMENTALES PARA LA CONSEJERÍA BÍBLICA.



LA NATURALEZA HUMANA.
(Resumen y adaptación del capítulo No. 5 del libro “La Consejería”, Biblioteca del Pastor, John MacArthur y la Facultad del Master´s College, Grupo Nelson, 2009).


• Gen 1:26-27: Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza, para hacer lo bueno.
➢ Mientras el ser humano se mantuviera bajo la Voluntad de Dios su vida iba a ser una vida plena, sin pecado, sin conflictos, sin debilidades, sin problemas.
• Gen 3:4-24: la caída convirtió la naturaleza humana en radicalmente defectuosa (depravación total es la expresión teológica correcta).
➢ Inclinada al mal y con aversión a lo bueno (pecado) (Gen 6:3-6, Gen 8:21, Efe 2:1-9, Mat 19:17, Mar 10:18, Luc 18:19, Rom 3:9-31, Rom 7:21-25).
➢ De hecho, una vez el ser humano pecó, todos los problemas, conflictos, debilidades, dificultades, situaciones contrarias, problemas emocionales y psicológicos, hicieron su aparecieron en la vida.
➢ En consecuencia, la raíz primaria de todo desorden emocional y de todo problema psicológico (entre otras muchas cosas) que enfrente el ser humano, es el pecado.
• Debido a ello, como un principio básico de la consejería, necesitamos tener una comprensión correcta del pecado, sus formas de operación y sus consecuencias.
• A causa del pecado de Adán, este estado de muerte espiritual (depravación total), ha pasado a toda la humanidad (Rom 5:12, Rom 5:19, 1 Cor 15:22).
➢ El pecado fluye del alma; es por causa de la naturaleza pecadora que cometemos actos pecaminosos (Mar 7:21-23, Efe 2:3).
➢ El pecado original, con la consiguiente depravación que acarrea y que pasó a todos nosotros a través de Adán, es la razón por la que cometemos actos voluntarios pecaminosos (desobedecer a Dios), el núcleo del por qué somos culpables y la causa suficiente para nuestra condenación delante de Dios (Sal 51:5).
➢ La salvación del pecado original y nuestra transformación gradual en nuevas personas, sólo puede lograrse mediante la Cruz de Cristo (Rom 5:19) y el poder del Espíritu Santo (Jn 3:3-8), nunca por nosotros mismos (Luc 18:9-14).
• La doctrina de la depravación total no significa que todas las personas son siempre tan malas como podrían ser, que la maldad de las personas está desbordada, ni significa que las personas sean incapaces de actos de bondad, pero si significa que ninguno de esos actos de bondad tiene mérito alguno delante de Dios como una obra humana (de hecho, es resultado de la imagen de Dios en nosotros, Efe 2:10).
• La doctrina de la depravación total significa:
➢ Que el mal ha contaminado todo aspecto de nuestra humanidad: corazón, mente, personalidad, emociones, conciencia, motivos, voluntad, etc. (Jer 17:9, Jn 8:44, Isa 64:6).
• Que los seres humanos carecemos de la habilidad para hacer el bien espiritual, obrar para liberarnos a nosotros mismos del pecado, no estamos inclinados en lo más mínimo a amar la justicia, no tenemos la capacidad de desear, entender, creer o aplicar la verdad espiritual por nosotros mismos, etc. Somos absolutamente necesitados de Dios en todo aspecto de nuestras vidas (Apo 3:17, Jn 15:1-10).


EL PECADO.
• El pecado, en esencia, es ir en contra de la voluntad de Dios, y abandonar a Dios buscando en otras cosas la satisfacción de nuestras necesidades, cuando solo El las puede suplir plenamente (Sal 23:1).
• El pecado es una afrenta a Dios; es como una maldición hacia Dios en el corazón humano.
➢ Su objeto es la destrucción del ser de Dios (la imagen de Dios) en el ser humano.
➢ Apunta a que la persona establezca su propia voluntad como gobierno y su propia gloria como fin de sus acciones.
• Es dar la espalda a la adoración a Dios (Col 3:22-24) para adorar al ego propio, en consecuencia, en el centro del pecado está la auto-adoración.
• Es amarse a sí mismo más que a Dios, en oposición a Dios, con menosprecio de Dios (Jn 14:21, Jn 14:23).
• Conlleva la idolatría: vivir como si Dios no pudiera suplir alguna o todas sus necesidades poniendo su confianza en que algo menos que Dios si puede hacerlo (Jer 17:5-6, Rom 1.18-31).
➢ El hecho de que los apetitos y afectos puedan crear en el ser humano sus ídolos, en oposición a Dios que lo creó y le ha dado la vida, demuestra la amplitud y la profundidad del pecado en sus efectos sobre las facultades humanas.
• En consecuencia, el pecado es:
➢ Rebelión contra Dios y Su Palabra.
➢ Una ofensa contra El:
• Contra Su Autoridad.
• Contra Su Santidad.
• Colocarlo, en la práctica, por debajo de ídolos (falsos dioses).
• Darle al ser creado (el ser humano) la adoración que solo Dios merece (auto-adoración).
➢ Decirle a Dios:
• Que El no es tan Dios en nuestra vida (no manda todo lo que debería mandar).
• Que El no sabe lo que es bueno y nos conviene a nosotros (nosotros si lo sabemos).
• Que El no controla nuestras vidas, sino la concupiscencia (le damos el control de nuestras vidas a algo inferior a Dios y por ende, hacemos a Dios inferior a nuestra concupiscencia).
• Que nuestros deseos son superiores a Su Palabra.
➢ Lastimar Su corazón (lastimamos a la persona que mas nos ama).
➢ Un daño que nos hacemos a nosotros mismos y que les hacemos a otros (generalmente el pecado tiene efectos que perjudican a otros).


EL ARREPENTIMIENTO (Luc 15:17-21).
• El pecado necesita someterse a la luz de la ley y del evangelio porque necesitamos verlo a la verdadera luz de la santidad, la gracia y el amor de Dios y del sacrificio de Cristo por El.
➢ La persona que ha pecado debería temblar delante de Dios por haber ofendido Su paciencia (2 Ped 3:9) y pecado contra Su misericordia y Su gracia (Efe 2:1-7).
• Si ello es así, la convicción tomará el control de su corazón y le seguirá un definitivo arrepentimiento, que es más que un simple reconocimiento del pecado.
➢ Es natural para una persona expresar algún tipo de dolor sobre un pecado y luego restablecerse con una penitencia o con un versículo referido al perdón (por ejemplo 1 Jn 1:8-9), y aún así, mantener o reforzar la dureza de su corazón, en especial en aquellos que caen a menudo en las trampas del pecado que vive en ellos.
• El arrepentimiento no es dejar el pecado si la única razón es el temor a las consecuencias.
➢ El verdadero arrepentimiento es promover en nuestros corazones tal dolor que el pecado resulte aún más odioso que su castigo y/o sus consecuencias, hasta llegar al punto en que ejerzamos una decidida y santa oposición en su contra.
• Cuando un creyente se juzga a si mismo sobre su pecado, sufre profundamente por haber ofendido al Salvador y el Espíritu Santo, entonces, le anima, conforta y limpia su conciencia afligida y el poder del pecado en su vida diaria se debilita.


LA UNION CON CRISTO.
• La salvación en Cristo no solo es perdón de pecados, (Jn 3:3) sino que implica el establecimiento y desarrollo de una relación que traerá la liberación del poder del pecado sobre nuestras vidas, y en consecuencia, un cambio de vida (Jn 3:5, Efe 4:22-24, Col 3:9-10, Rom 12:2, Rom 12:21, etc.). Una fe real inevitablemente va a producir una vida cambiada (no totalmente perfecta, santa ni impecable a la medida de la estatura del varón perfecto, pero si creciente en esa dirección, Fil 1:6), como resultado de nuestra unión con Cristo (Rom 8:29), de tal manera que lleguemos a ser como Cristo ahora y, a la vez, confrontados con el siempre presente principio antagónico: el pecado que mora en nosotros (Rom 7:21-25, Jer 17:9).
• La Palabra nos enseña con, por lo menos, cinco figuras, la unión con Cristo y sus implicaciones:
➢ El matrimonio (Efe 5:21-33).
➢ El cuerpo (1 Cor 12:1-31).
➢ La vid y los pámpanos (Jn 15:1-10).
➢ La construcción de un edificio (Efe 2:21-22, 1 Ped 2:4-5).
➢ La comparación entre Adán Y Cristo (1 Cor 15:45-55. Rom 5:12-21)
• Significados de la unión con Cristo.
➢ Primordialmente se refiere a nuestra nueva condición delante de Dios: nuestra vida está escondida en Cristo en Dios (Col 3:3).
• Porque Cristo está delante de Dios en perfección de vida, nosotros, por la fe, podemos estar delante de El también. Porque Cristo es nuestro representante y está vivo, nosotros también, por la fe, tenemos vida. Porque Cristo está sentado en lugares celestiales, nosotros también, por la fe, estamos sentados con Cristo Jesús (Efe 2:6).
➢ En Cristo vivimos una nueva dimensión de existencia en la que se elimina el antiguo dominio del pecado. Somos ahora miembros de una nueva humanidad de la que Cristo es la Cabeza. Somos una nueva persona cuya ciudadanía esta en una nueva esfera. Significa que hemos muerto a la vida anterior y entrado en una nueva en donde el reinado del pecado ha sido quebrantado y ya no vivimos más bajo ese reinado.
➢ Aunque la nueva persona es genuina, no es totalmente nueva (estar libre del reinado del pecado no es lo mismo que estar sin pecado). Hemos sido liberados del dominio del pecado como una base sólida para la permanente lucha y victoria contra el pecado (para la santificación).
• Resultados de nuestra unión con Cristo.
➢ La justificación: ser absueltos en el juicio de Dios, estar exentos de la sentencia divina (Rom 3:22-24, Rom 3:28, Rom 1:17). Cristo es la justicia de Dios, y mediante la unión con El llegamos a apropiarnos de Su justicia. La justificación no requiere fe en el cambio que opera la regeneración, sino solo la fe en Jesucristo (Efe 2:8-9).
➢ Nueva vida. La salvación implica la restauración de la vida entera de la persona (2 Cor 5:17, Efe 4:22-24), un cambio de vida en el que la vida del viejo hombre se excluye, dando paso a la vida de un nuevo hombre, por la obra regeneradora instantánea del Espíritu Santo (lo que no implica que las cosas viejas desaparecen de una sola vez; el principio rector de la vida cambia –antes el pecado, ahora la ley del Espíritu de vida en Cristo-, que traerá un cambio gradual de vida notorio en todo aspecto, Prov 4:18, Fil 1:6, 1 Tes 5:23).
➢ Templos del Espíritu Santo. Como resultado de estar en Cristo, estamos también el Espíritu (Rom 8:9). El Espíritu Santo habita en Cristo (1 Cor 12:13), y por estar nosotros en Cristo, participamos del Espíritu, estamos en el Espíritu y tenemos el Espíritu, lo que implica vivir en el Reino creado por el Espíritu, en el cual el Espíritu bendice y comunica nueva vida (Jn 3:3-5, Mat 6:33).
➢ Como resultado de la nueva vida que tenemos en la unión con Cristo, nuestra comprensión del mundo y de la vida cambia (o necesitaría cambiar). De una comprensión antropocéntrica (centrada en el ser humano, en sí mismo), necesitamos pasar a una comprensión Cristocéntrica (centrada en Cristo, Col 3:22-24, Mat 22:36-40).


LA SANTIFICACIÓN.
• Desde la caída, la naturaleza humana es una naturaleza totalmente depravada (depravación total), y es la responsable directa de todos los problemas de la existencia humana (Rom 3:10-12).
• Por ello, la consejería bíblica está totalmente enfocada sobre el problema del pecado debido a la amplitud y profundidad de su naturaleza.
• La solución a los problemas que crea el dominio del pecado es el principio de la santificación.
➢ Es hacer morir las obras de la carne (Rom 8:13), quitarle toda fuerza, vigor y poder al pecado, de modo que no pueda actuar por sí mismo ni influir en la vida de la persona.
➢ Involucra no solo operar contra el fruto del pecado en los patrones de conducta externa, sino también contra la raíz del pecado en las motivaciones y deseos.
• No significa:
➢ Eliminar totalmente el pecado de esta vida de modo que ya no constituya un problema.
• Aunque esta es la meta de la santificación, no se puede alcanzar en esta vida debido a que la iniquidad, que es la raíz de todo pecado, habita en alguna medida resguardada en nosotros, en nuestro corazón (Rom 7:14-25, Jer 17:9).
➢ Alcanzar un cierto grado de bondad o conformidad a la moral externa, porque el problema del pecado no es solo un asunto de la conducta externa, sino es un problema fundamentalmente interno, del corazón, que en mayor o menor medida, se presta para ser el escondite de todas las abominaciones (Mat 23:25-28).
➢ El reemplazo de un pecado por otro pecado, porque cada pecado merece la muerte (Rom 6:23).
➢ La victoria ocasional sobre el pecado.
• Significa el debilitamiento habitual y constante del pecado y la lucha constante contra este, con una cierta buena medida de éxito.
➢ La batalla es permanente contra todo aquello que es pecado porque cada manifestación del mismo, por “pequeña” que sea contiene las semillas de su dominio maligno y tiene por objeto lograr ese fin.
➢ Es la crucifixión contante de la carne, mediante la cual el pecado se debilita (Gal 2:20, Gal 5:24)
➢ Es la voluntad de Dios para todo creyente (1 Tes 4:3).
• La continua humillación, condena y aborrecimiento de uno mismo son deberes directamente opuestos al gobierno del pecado en el alma (Rom 7:22-25, Apo 3:17).
• Involucra la conformidad a la imagen de Cristo, no mediante una asimilación imitativa externa, sino por la regeneración y transformación progresiva obrada por el Espíritu Santo en nuestros corazones, y por nuestra decisión voluntaria de dar muerte a las obras de la carne (Jn 3:30).




EL LUGAR DE LA PALABRA DE DIOS EN EL DISCIPULADO Y LA CONSEJERÍA.
La consejería es un ministerio de ayuda: un individuo que enfrenta algún tipo de confusión, frustración o desesperación y otra persona que está dispuesta a ayudarle analizando la situación del aconsejado, aclarando las cuestiones involucradas, ofreciendo consejo eficaz y sanador así como dirección. Todo ello depende de un hecho fundamental: que el análisis y el consejo provengan de la verdad, que el consejo que se da sea verdad. Por ello es indispensable que el consejero sea una persona que no solo conozca la Verdad, sino que la viva, que la practique. Por lo tanto, en la consejería, el lugar de la Palabra es central, primordial, fundamental, tanto en la vida del consejero, como en la consejería y en la vida del aconsejado.

• En la vida del consejero.
➢ Necesita conocer el propósito de la Palabra para poder compartirla. Puede conocer toda la Biblia y aún no conocerle a El (Jn 5:39-40).
• Conocer a Dios (Jer 9:24).
• Reconocer:
• Su condición pecadora y necesitada de Dios (Jer 17:9).
• La necesidad de un Salvador y Señor (Rom 10:8-10, Efe 2:8-9).
• El estilo de vida que Dios espera de nosotros (Rom 12:2).
• El propósito de El para su vida (Rom 8:28-29, Efe 4:11-16, Mat 28.18-20, Rom 8:19-21).
➢ Necesita obedecerla y practicarla (Esd 7.10, Heb 13:7).
• ¿Hay algún mandamiento preciso de la Palabra que esté violando?
• ¿Tiene excusas o defiende la desobediencia a ese mandamiento?
• La obediencia demuestra el amor por el Señor (Jn 14:15).
➢ Necesita usar la Palabra cuando disciplina a alguien (solo la Palabra liberta, Jn 8:31-32).
• Dios promete bendecir Su Palabra, no nuestras buenas ideas (Isa 55:10-11).
• La Palabra contiene el mensaje de Dios que las personas necesitan escuchar (1 Tes 2.13).

• En la consejería.
➢ Ore para que la Palabra de Dios obre en la vida de su discípulo (Isa 55:11, Heb 4:12).
➢ El discípulo debe familiarizarse con su Biblia (en toda reunión de consejería y discipulado necesita tenerla consigo).
• Que le está diciendo hoy y que va a hacer al respecto (preguntárselo).
• A toda pregunta que el discípulo o aconsejado haga necesitamos guiarlo a que busque la respuesta en la Biblia, no en nosotros.
• En la medida de lo posible, utilice diagramas para explicarle lo que la Palabra de Dios dice y a la luz de la Palabra las situaciones que está enfrentando. Se necesita no solo mostrar el diagrama sino trabajar con él haciéndole preguntas sobre lo que está ilustrando.
➢ Enséñele como leer la Palabra.
• Cuando menos un libro de la Biblia al mes, una porción cada día.
• Leyendo un Proverbio cada día.
• Leyendo no a la carrera sino pausadamente para comprender lo más posible.
• Meditando por un buen tiempo en lo que leyó (si fuera posible una hora o más por día).
➢ Enséñele a tener devocionales en la Palabra de Dios.
• Orando cada pasaje por otras personas, por sí mismo y en general, como Dios lo dirija.
• Alabando a Dios por lo que Dios es y hace según lo enseñe ese pasaje.
• Personalizando el pasaje, situándolo en la historia, y preguntando como se hubiera sentido, pensado, dicho o hecho en esa situación.
• Usando otros libros o recursos para devocionales.
➢ Enséñele a estudiar la Palabra.
• Como hacer un estudio inductivo.
• Leyendo el Sal 119 para descubrir los beneficios de la Palabra.
• Desafiándolo a memorizarla (Sal 119:11), por lo menos un versículo cada dos días.
• Que busque entender todas las palabras utilizadas y leyendo el mismo pasaje en otra traducción o paráfrasis.
• Subrayándola y marcándola y utilizando una libreta de notas.
• Haciendo preguntas sobre algunas palabras claves en el pasaje.
• Haciendo preguntas respecto a lo que Dios está diciéndole a través de ese pasaje y respecto a la aplicación personal de los mismos motivándolo para que los aplique.

• La meta en el aconsejado.
➢ Que reconozca, entienda y practique la necesidad de escuchar a Dios y no confiar en otros (Sal 1.1-3).
➢ Que adopte un tiempo devocional regular (Jer 15:16).
➢ Que crezca en madurez (2 Tim 2:15).
➢ Que llegue a ser como los de Berea (Hch 17:10-11).
➢ Que la ame y goce en invertir tiempo en ella (Sal 119:97).
➢ Que esté equipado con ella y listo para discipular a alguien más (Mat 28.18-20, 2 Tim 2:2).
➢ Que escuche y ponga atención en la Palabra para su vida diaria (Sal 119:67).


LA OBRA DEL ESPÍRITU SANTO.
El papel del Espíritu Santo en la consejería bíblica es fundamental, y en principio, está definido en Jn 14:16-26.
• El Espíritu Santo es nuestro consolador (“Parakleto”), alguien llamado en ayuda de otro, otro de la misma clase (de Jesús), que suple las mismas necesidades que Jesús suple.
• Como Dios es la esencia de la Verdad; como Parakleto es uno que guía a conocer la Verdad (Jn 16:13).
➢ Fuera de El y sin Su ayuda, no podemos llegar a conocer la Verdad, ninguna verdad espiritual. Por ello, la Consejería Bíblica a inconversos no es posible a menos que se conviertan (no tienen al Espíritu Santo, no entienden las cosas espirituales, 1 Cor 2:10-14, Efe 2:1), y por lo mismo, no pueden responder a ellas, excepto a sus pasiones pecaminosas.
• El Espíritu Santo no solo está con nosotros, está en nosotros, habita dentro de nosotros (Ezeq 37:14), y a través del Espíritu, Jesús está presente en nosotros (Mat 28:20).
➢ Todos los creyentes estamos unidos con Cristo en una unión indestructible (2 Cor 5:17, Fil 3:9, Rom 8:10, Gal 2:20, Col 1:27, Jn 15:4, 1 Jn 4:13).
➢ Nuestra unión con Cristo está indisolublemente ligada al Espíritu Santo dentro de nosotros.
➢ Es a través del Espíritu que llegamos a ser uno con Cristo y El vive en nuestros corazones.
➢ Por ello actuamos en una dimensión distinta, estamos vivos en el reino espiritual, tenemos comunión con Cristo y nos movemos y participamos en la vida del Espíritu (1 Cor 2:16).
• El ministerio del Espíritu Santo para con nosotros los creyentes incluye:
➢ Enseñarnos la Verdad (Jn 14:26, 1 Cor 2:13, 1 Jn 2:20, 1 Jn 2:27).
➢ Guiarnos hacia la Verdad (hacia Cristo) (Jn 16:13-14).
➢ Iluminarnos la Verdad (1 Cor 2:12).
➢ El nos enseña la Verdad, la afirma en nuestros corazones, nos convence de pecado, de justicia y de juicio (Jn 16:8) y, con frecuencia, ilumina nuestra mente con verdades y declaraciones específicas de las Escrituras que son aplicables a nuestras vida (1 Cor 2:9-10).
➢ El nos mueve a amar y obedecer a Cristo (Rom 5:5, 1 Jn 4:19).
➢ El produce en nosotros deseos y afectos santificados derramando el amor de Dios en nuestros corazones y moviéndonos a esforzarnos por obedecerle.
• Solo el Espíritu Santo puede obrar cambios fundamentales en el corazón; por tanto, El es el agente indispensable en toda consejería bíblica.
➢ Por ello es necesario que los aconsejados, si todavía no lo son, sean evangelizados para ser personas nacidas de nuevo, en las que el Espíritu Santo este presente y operando en la regeneración de la persona.
➢ El nuevo nacimiento es la obra soberana del Espíritu Santo (Jn 3:3), y todo crecimiento espiritual en la vida del nacido de nuevo es producido por El, utilizando las Escrituras (Jn 17:17).
➢ Fuera de la influencia de la regeneración operada por el Espíritu Santo, ninguna cantidad de consejos puede remover la raíz de los problemas.
➢ Ello solo podría, en el mejor de los casos, producir una conformidad externa a los principios bíblicos, pero no podrá neutralizar los efectos del pecado.
➢ A menos que el Espíritu Santo esté obrando en el corazón del aconsejado, cualquier cambio aparente será ilusorio, superficial y temporal, y los mismos o peores problemas reaparecerán muy pronto.
• El Espíritu Santo no lleva nuestra atención hacia nuestro ser interior, ni siquiera hacia El mismo; El dirige nuestro enfoque hacia arriba, hacia Cristo Jesús (Jn 15:26).
• Quienes se centran en sí mismos, en los traumas de su niñez, en sus sentimientos heridos, en sus anhelos emocionales u otras fuentes egocéntricas, nunca hallarán respuesta a sus turbaciones. La única respuesta para ellas es Cristo (Luc 4:18.19, Mat 11:28-30).
• Es hacia Cristo que debe dirigirse la mirada del aconsejado (2 Cor 3:18); en esto consiste el proceso de santificación y esa es la meta final de toda verdadera consejería bíblica.


EL ENFOQUE HACIA DIOS.
La consejería bíblica está persuadida de y es leal a la perspectiva bíblica en cuanto al mundo y la vida. Funciona dentro de un marco de referencia que conscientemente ve todas las realidades y relaciones de la vida desde un punto de vista bíblico, coherente y consistente, que honra a Dios.
• Tiene un compromiso con una perspectiva teocéntrica de la vida y el pensamiento.
• Está enmarcada, diseñada y sujeta a la demanda bíblica de que nuestras vidas necesitan ser vividas por completo para la gloria de Dios.
• Hay tres razones básicas para ello:
➢ Porque Dios lo demanda (isa 42:5, Isa 42:8, Isa 48:11, Deut. 4:24, Dan 4:34-35).
• Que reconozcamos su dignidad y perfección. Solo El es digno de nuestra honra, adoración, confianza, temor y amor.
• Es nuestro privilegio y un honor, glorificarlo y exaltarlo ante las personas, vivir nuestras vidas y ordenar nuestros días de modo que cuantos nos conozcan tengan un concepto mucho más alto de Dios que el que hubieran tenido si no nos hubieran conocido.
• Que públicamente despleguemos esas realidades y Su carácter (Rom 8:29, Gal 5:21-22).
• Que no solo abracemos las verdades que ha revelado acerca de sí mismo, sino que deliberada y consistentemente ordenemos todo aspecto de la vida para mostrar la gracia, la justicia y la fidelidad de Dios.
• Necesitamos comprometernos a glorificar solo a Dios y exaltar la verdad que solo El es Dios y reconocer que como Sus criaturas, estamos bajo la necesidad y responsabilidad de resistir la tentación a exaltar nuestro ego y honrarlo como Dios.
• Solo El conoce el fin desde el principio (Isa 46:10)
• Sólo El es capaz de entender exactamente cómo todas las cosas obrarán para bien, no importando cuan aflictivas puedan parecernos (dado que solo conocemos, imperfectamente, el presente).
➢ Porque la exaltación del ego es destructiva (Prov 16:25, Gal 6:8, Rom 1:18-31).
• Es característico de la naturaleza caída ofenderse ante la afirmación de Dios de que sólo El es digno de honor y alabanza.
• Por ello las personas en lugar de exaltar a Dios prefieren exaltarse a sí mismas, al ego, a la voluntad propia, y colocarse por encima de Dios (la rebelión al estilo de Lucifer, Isa 14:13-14).
• Esta tendencia a la auto-exaltación, al amor propio, es la esencia del pecado: una elección activa de preferenciar al ego en lugar de Dios, que hace de uno mismo el centro de su vida, lo coloca en contra de Dios y ubica sus propios intereses como la motivación suprema, y la voluntad propia como regla superior.
• Esta es la carne, que aún en el creyente, se opone en sus deseos al Espíritu (Gal 5:17), se levanta contra Cristo (2 Cor 10:5) y está corrompida por sus deseos engañosos (Efe 4:22).
• La tentación que nos asedia es glorificar (darle gusto, satisfacer) nuestro yo, vivir la vida como si fuéramos el centro del universo:
• Como si la exaltación de nuestra reputación fueran una meta encomiable (auto-estima).
• Como si nuestra satisfacción personal (auto-satisfacción, auto-complacencia, auto-realización) fuese lo mejor y más importante del mundo.
➢ Porque solo en la negación de sí mismo para centrarnos en Dios está la verdadera vida abundante y plena que Dios procura para sus hijos (Rom 12:1-2, Mat 16:24, Jn 10:10).
• La exaltación de sí mismos antes que de Dios, no solo es una violación a la voluntad de Dios. Es destructiva (Gal 6:7), es la tragedia más profunda del alma, terriblemente seductiva y terriblemente destructiva (Sant 1:12-15).
• Jon 2:8: siguen vanidades ilusorias (todas las cosas que las personas transformamos en ídolos u objetos de confianza) y abandonan la misericordia de Dios (rechazan Su más rica bendición y reniegan del amigo más confiable). Abandonan la fuente de aguas vivas para cavar para sí cisternas rotas que no retienen agua (Jer 2:13).
• Las personas que neciamente se apegan a las mentiras seductoras de la carne, se privan a sí mismas de la misericordia y la bondad de Dios, que El anhela derramar en abundancia sobre ellos.
• El poder de esas mentiras no radica en su aparente credibilidad sino en la atracción que ejercen, si son suficientemente seductoras (Sant 1:12-15), es decir, si son atractivas, prometedoras de satisfacción, prometedoras de delicias.
• Esas mentiras solo resultan efectivas a causa de nuestra propia predisposición (concupiscencia) de ceder a nuestros propios deseos, prefiriendo un enfoque en sí mismos y rechazando un enfoque en Dios.
➢ Solo en la negación de si mismos y en seguir a Cristo (Mat 10:39, Mat 16:24, Mar 8:34, Luc 9:23) hay realmente plena y verdadera vida (Jn 10:10, 3 Jn 2).
• Para algunos esta declaración les puede parecer paradójica, pero ello es así porque tienen un concepto erróneo de la vida:
• Están totalmente convencidos de que la vida consiste en las cosas que poseen (Luc 12.15), cuando ello no es así.
• Viven bajo el error de creer que la satisfacción radica en lograr metas, fama, ejercer poder y amasar riquezas (Mat 5:6).
• Están convencidos de que la felicidad y la satisfacción se encuentran en el mundo presente y son movidos por la fuerza resultante de su lógica errada de poner sus ojos en este mundo y gratificar sus propios deseos (2 Jn 2:15-16).
• El único medio de hallar una vida feliz y fructífera es entregar nuestro ego a Dios (“por causa de mí”) y a otros ( “por causa del evangelio”).
• La maldad radica no en el deseo de hallar satisfacción (comer del árbol del conocimiento del bien y del mal) sino en la determinación de hallarla a expensas de los patrones y mandatos del Señor.
➢ La realidad del universo demanda que vivamos nuestras vidas en todos los aspectos, para honrar a Dios antes que a nosotros. La más profunda necesidad de nuestras almas nos motiva, impulsa, constriñe, a:
• Honrar a Dios como Dios.
• Someternos a sus mandamientos e instrucciones.


Bibliografía.

“La Consejería”, Biblioteca del Pastor, John MacArthur y la Facultad del Master´s College, Grupo Nelson, 2009.

Materiales de los seminarios de entrenamiento en discipulado y ministerio de Vida Cristiana Victoriosa.





04 Oct 2012