Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Módulo 105. Discipulado y consejería.



TEMA No. 10. CONSEJERÍA Y DISCIPULADO.

INTERPRETACIÓN DE LOS DATOS.


Introducción.
La información que podamos obtener de una persona carecerá de valor a menos que la utilicemos para arribar a conclusiones válidas acerca de lo que está pasando en sus vidas, y ayudarlas a reinterpretarla pues es posible que hayan sacado conclusiones erróneas acerca de ella. Adicionalmente, una interpretación correcta de esa información provee la estrategia para el proceso completo de consejería.


Definición.
Implica dos elementos básicos: analizar o conceptuar los datos con precisión y explicárselos al aconsejado (incluye lo que está pasando en nuestras mentes como consejeros y decidir también lo que necesitaríamos hacer con los problemas a la luz de las Escrituras). Nuestro concepto de la situación no estará completo hasta que la interpretemos para ellos, explicándoselos de una manera tal que entiendan la verdadera causa del problema desde una perspectiva bíblica de tal forma que el aconsejado apruebe la interpretación y siga el consejo.


Proceso.
• Cuatro pasos:
➢ Reunir datos adecuados (ver tema anterior).
➢ Interpretarlos.
➢ En base a esa interpretación, trazar un plan de trabajo.
➢ Examinar la validez de nuestra interpretación.


Interpretación de los datos.
Interpretar la información provista por el aconsejado es una ciencia y un arte a la vez. Es una ciencia porque trata con verdades, verdades de las Escrituras y verdades acerca de los aconsejados y su mundo; esto requiere mucha búsqueda.
Interpretar es también un arte. Nadie puede llegar a ser un buen artista solo por poseer aptitudes ni aun por aprender las técnicas para su desarrollo. Uno llega a ser un buen artista practicando lo que ha aprendido.
Llegar a ser un consejero efectivo incluye no sólo la posesión de los dones espirituales y el conocimiento de la ciencia de interpretar información, sino una continua práctica de esos principios hasta que lleguen a formar parte de nuestra naturaleza.
Necesitamos evitar los peligros de estereotipar o generalizar cuando evaluamos a las personas aunque si necesitamos ser lo más concretos y exactos posibles en definir algunas características de las personas, porque de ello dependerá el desarrollo y el éxito del proceso subsecuente de la consejería. Algunas de esas categorías serían, por ejemplo:
• Si la persona es creyente o inconversa.
➢ Esto nos ayudará a determinar si la consejería hay que comenzarla con evangelización o si de una vez entramos en un proceso de discipulado.
• Si la persona es creyente, si es madura o inmadura (Heb 5:11-14), entendiendo la madurez espiritual como poner en práctica la Palabra de Dios.
➢ El creyente maduro es capaz de discernir entre el bien y el mal porque ha practicado una vida espiritual consecuente. En consecuencia, esta persona necesitará, primordialmente, ánimo y sostén, porque, por lo general, saben que necesitan hacer y solo requieren que se les ayude a hacer lo que ya saben que es correcto.
➢ Los creyentes inmaduros, aunque han sido enseñados en muchas verdades, no las han puesto lo suficiente en práctica. Por lo tanto, requieren una instrucción extensa antes de estar en condiciones de dar los pasos necesarios para resolver sus problemas
➢ Esto nos servirá para determina la medida de tiempo y la profundidad de la enseñanza que podemos darle.
• Si la persona es desordenada, apocado (cobarde) o débil . 1 Tes 5:14 nos habla de esos tres tipos de personas y la forma en que necesitamos tratar con ellas:
➢ A los que andan desordenadamente, desafiantes, rebeldes, irrespetuosos, caprichosos y tercos, necesitamos amonestarlos. Si después de ello no responden adecuadamente, Tit 3:10 nos enseña que necesitamos advertirles de las consecuencias de mantenerse en esa posición y no malgastar nuestro tiempo procurando aconsejarles (Prov 26:4), dejándoles la opción de regresar cuando estén receptivos al consejo.
➢ A los de poco ánimo (apocados, cobardes), desanimados, cansados, abatidos, necesitamos alentarlos.
• Generalmente sus problemas no provienen de rebelión ni nada por el estilo sino de un sentimiento de derrota o falta de ambición. Este estado no es necesariamente pecado; la persona puede llegar a esa condición a razón de pruebas difíciles o frustraciones que le han provocado una lucha con el desaliento.
➢ A los débiles, sin fuerza, limitados, necesitamos sostenerlos.
• Su limitación puede ser falta de educación, oportunidades, finanzas, o tal vez, un problema físico. Estas personas a veces encuentran muy difícil hacer lo correcto a causa de su limitación, por lo que necesitan que alguien se ponga a su lado y les ayude a hacer lo que deben, que se comprometa con ellas. Ellas están acostumbradas a ser criticadas, rechazadas, y dejadas solas en su momento de necesidad. Necesitan sentir que alguien les ama con sinceridad y está dispuesto a apoyarles sin importarles sus limitaciones.
➢ Con todos, pacientes.
• Necesitamos definir el problema de la persona en términos bíblicos, para discernir correctamente lo que la Biblia nos enseña sobre la causa inmediata del problema.
➢ Solo estaremos en posición de experimentar el poder del Señor cuando reconozcamos nuestra debilidad porque es sólo entonces cuando abandonamos nuestras esperanzas en nuestro propios recursos y descansamos enteramente en Dios.
• Conflicto (Sant 4:1-2). Proviene del egoísmo. Las personas quedan insatisfechas y airadas porque no obtienen lo que codician. Ven a los demás como meras ayudas u obstáculos para el cumplimiento de sus deseos; de este modo los utiliza para obtener lo que quiere.
• Inestabilidad (Sant 1:8). Se debe a “doblez de ánimo”, a que no se ha sometido realmente al Señorío de Cristo. Está tratando de “servir a dos señores” (Mat 6:24).
• Mentira (Gen 18:1-15). Controlados por el temor a ser dañados, rechazados, fracasar, perder el respeto de las demás personas, etc. En este caso necesitamos determinar cuál es el temor que los domina antes de procurar la solución.
• Confusión (Sant 3:16). Una de las posibilidades es que esté cometiendo pecado de ambiciones celosas o egoístas. Posiblemente, tratar con su falta de organización no vaya a ser suficiente y sea necesario ahondar y descubrir cosas que anida en su corazón.
• Temor (Jn 4:18). Puede provenir de una pérdida del concepto del amor de Dios o (más frecuentemente) haber perdido el amor de otros. El temor es a veces causado por egoísmo, cuando nos ocupamos de nosotros mismos más que en servir al Señor y en ministrar a otros. Desaparece cuando nos interesamos más por el bien de otros que en lo que nos está ocurriendo. Prov 1:33 dice que el temor (e inestabilidad e inseguridad) son resultado, frecuentemente, de no oír u obedecer la Palabra de Dios.
• Inseguridad (Prov 28:1). Generalmente se puede deber a que ha estado involucrado en algún pecado y está sintiendo su culpa por él.
• Conducta extraña (1 Sam 21:10-15). Frecuentemente es porque las personas no quieren ser responsabilizadas por sus hechos y saben que si actúan de una manera extraña, otros esperarán mucho menos de ellos. Tal vez han descubierto que, cuando se comportan de esa manera, son objeto de mayor cuidado y complacencia por otros, es decir, manifiestan esa conducta extraña intencionalmente para llamar la atención.
• Preocupación o ansiedad (Luc 10:38-42). Frecuentemente se produce por una errónea selección de prioridades.
• Juzgar a otros (3 Jn 9-10). Por lo general son personas que aman el primado o la preeminencia; orgullo, vanagloria, soberbia.
• La interconexión entre los diferentes problemas.
➢ Cuando tratamos varios problemas simultáneos en un caso determinado, necesitamos formularnos preguntas para determinar cuál de ellos es precedente de otro u otros.
➢ También necesitamos establecer si hay determinados patrones: problemas determinados que ocurren repetidamente en la vida de la persona tales como falta de dominio propio, rebeldía, etc., porque puede ser que ese factor común se esté transformando en la clave que desentrañe todos los demás aspectos de la situación.
• Los impedimentos que se han establecido en la vida del aconsejado para un cambio bíblico.
➢ Necesitamos averiguar que entienden bien el significado del cambio bíblico.
• Muchas personas no entienden de verdad como se producen los cambios desde una perspectiva bíblica y esperan que Dios, casi siempre en respuesta a la oración, tome sus problemas y sobrenaturalmente los quiete o elimine sus deseos de obrar mal. No entienden lo que la Biblia tiene que decir en cuanto al papel del dominio propio en la santificación y necesitan saberlo antes que pueda ocurrir un cambio verdadero.
• Hay una gran variedad de otros obstáculos que pueden estar interfiriendo en ese proceso de cambio bíblico; son las fortalezas que se han levantado (y ellas han cooperado en eso) en el corazón de las personas para impedirlo, que necesitan ser determinadas y atacadas (Jn 8:31-32, 2 Cor 10:4-6) para que se produzca ese cambio.
• Las expectativas y deseos de las personas en el proceso de la consejería.
➢ Saber con el mayor grado de certeza posible por qué la persona está viniendo a nosotros por consejo.
➢ Saber si buscan un arreglo rápido o esperan un proceso largo, un cambio o simplemente simpatía.
➢ Un cambio definitivo no se producirá a menos que el motivo del aconsejado sea agradar y glorificar a Dios (2 Cor 5:9, 1 Cor 10:31).
• Los factores físicos u orgánicos que puedan estar operando en el problema.
➢ En algunos casos las personas tienen problemas médicos genuinos (mal funcionamiento de un órgano, una enfermedad, etc.) que afectan de manera negativa sus patrones mentales y de conducta. En este caso necesitamos trabajar estrechamente con el médico para corregir el problema físico y aconsejar acerca de la respuesta bíblica respecto a las enfermedades y padecimientos.
➢ Por otro lado, podemos encontrar personas que piensan que su problema es de orden físico aunque no tengan prueba para ello.
➢ Y finalmente, otros pueden tener un diagnóstico de un problema médico, que no necesariamente tenemos que darlo por sentado, puesto que algunos diagnósticos se basan solo en la recolección de síntomas que aportan las personas que pueden ser resultado de pensar y actuar erróneamente antes que evidencias de un mal orgánico.
• Factores experimentales.
➢ Necesitamos preguntarnos de que manera nuestra propia experiencia, o la de otras personas que conozcamos, pueden estar influyendo en interpretar lo que está pasando en cada uno de nuestros casos, lo que no necesariamente está equivocado, si con ello no estamos perdiendo la objetividad respecto a los datos que nos ha aportado la información del aconsejado, porque dos casos que parecen similares, al final, pueden ser muy diferentes.


Formular un plan de trabajo.
El proceso de aconsejar puede prolongarse indefinidamente a menos que, en algún momento, comencemos a identificar los posibles problemas y sus soluciones.
• Necesitamos utilizar nuestras respuestas para arribar a las conclusiones del caso, conclusiones que inicialmente tendrán que ser tentativas puesto que aún no estarán verificadas en la práctica pero que nos servirán para darle dirección a la consejería.
• Lo primero que necesitamos hacer es identificar las posibles razones para el problema. Normalmente nos vamos a enfrentar con varias posibilidades que necesitamos sopesar, cada una, sobre la base de la posibilidad que encaja mejor con los datos, para decidir la dirección de la consejería, particularmente la instrucción.
• Identificar que está pasando en el corazón del aconsejado. Una conducta pecaminosa es simplemente la manifestación externa de problemas que anidan en el corazón (Sal 34:18, Sal 51:10, Sal 51:17, Sal 119:11, Prov 4.23, Prov 27:19, Jer 17:9-10, Mat 7:21-23).
➢ Cuando actuamos de manera no bíblica el problema esencial no es nuestra conducta; es porque nuestros corazones han abandonado la adoración el servicio, el temor y la dependencia del verdadero Dios (1 Cor 10:6-7). En este pasaje Pablo se refiere a sus codicias idolátricas (el problema del corazón) antes de hablar de su actividad pecaminosa (su conducta externa) porque el problema de los israelitas (y el de todos nosotros) no fue un problema meramente de conducta sino un problema del corazón que se manifestaba en su exterior a través de la conducta.
➢ En el proceso de ayudar a las personas necesitamos primeramente identificar que es lo que ellas están pensando, adorando, confiando y procurando complacer, los deseos y codicias que se han entronizado como ídolos en sus vidas (1 Jn 2:15-17).
• Las tres áreas primarias de idolatría en el corazón:
• Los deseos de la carne (deseos desordenados y dominantes de placeres sensuales, por ocio y comodidad y gratificación de lo físico).
• Los deseos de los ojos (codicia y avaricia, un deseo dominante de beneficios y/o cosas materiales).
• La vanagloria de la vida (deseo desordenado de grandeza en sí y para sí mismo, ser aceptado y aprobado, tener poder y estar en control, ser reconocido y respetado y ser considerado como exitoso).
➢ En muchos casos, identificar y eliminar esos dioses funcionales resultará un factor importante en la promoción de un cambio bíblico que honre a Dios.


Examinar la validez de nuestra interpretación.
Los siguientes pasos nos pueden ayudar a darle validez interpretativa a las conclusiones:
• Confirmar si la información adquirida provee suficientes hechos sobre los cuales basar las conclusiones. Meditar sobre los datos reunidos en espíritu de oración para estar seguros de que no estemos leyendo en ellos nuestras propias opiniones o suposiciones. No nos apresuremos, dejemos que los hechos nos conduzcan en las interpretaciones (Prov 18:2, Prov 18:13, Prov 18:15).
• Considerar la posibilidad de que haya otras maneras de entender o interpretar lo que esté pasando en la vida de la persona.
• Solicitar información adicional. El conocimiento de mayor información puede conducir a una perspectiva diferente. Seguir reuniendo datos durante las sesiones. Analizar los datos cuidadosamente procurando establecer algún patrón, tema u otra información que pudiera convalidar o invalidar la interpretación. Procurar datos adicionales de otras personas que pudieran estar al tanto de los problemas.
• Sin mencionar nombres ni identificar detalles (normalmente), se puede hablar sobre el caso con otros consejeros bíblicos experimentados y pedirles sus puntos de vista y sus sugerencias.
• En forma cariñosa y amable y con prudencia, explicarle al aconsejado la interpretación que hacemos de la información, pidiéndole que aporte algo que pudiera confirmar, invalidar o proveer una alternativa a la interpretación.
Cuando examinemos la validez de la interpretación en estas formas, pudiera ser que descubramos que no pasa el examen, pero ello no nos debería desanimar. Hemos eliminado una posibilidad y estamos más cerca de una conclusión correcta. Necesitamos revisar los datos y tal vez invertir tiempo para determinar donde nuestra interpretación se desvió. Quizás en ese punto necesitemos reunir más información.
Si nuestro examen resulta positivo pero nuestro aconsejado está en desacuerdo, entonces nuestro trabajo será proveer una amable instrucción de modo que la persona pueda aprender a pensar bíblicamente acerca de la situación.

Bibliografía.

“Interpretar los datos del aconsejado”, Wayne A. Mack, Capítulo No. 13 del libro “La Consejería”, Biblioteca del Pastor, John MacArthur y la Facultad del Master´s College, Grupo Nelson, 2009.



04 Oct 2012