Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Módulo 105. Discipulado y consejería.



TEMA No. 15. CONSEJERÍA Y DISCIPULADO.

IMPLEMENTACIÓN DE LA INSTRUCCIÓN BÍBLICA.


DEFINICIÓN.
Por implementación entendemos el proceso de actualización de la instrucción bíblica a fin de hacerla permanente en la vida de los aconsejados, procurando promover la santidad o un cambio bíblico como estilo de vida y la implementación en integración de principios bíblicos en la vida de las personas, de modo que lleguen a ser sólidamente cristocéntricos y semejantes a Cristo en todas las áreas de la vida, incluyendo sus deseos, pensamientos, actitudes, sentimientos y conducta.
Implica tres componentes principales:
• La planeación de estrategias efectivas a fin de ayudar al aconsejado a actuar bajo directivas bíblicas adecuadas (que tenga claro no solo lo que necesita hacer sino también como hacerlo).
• La práctica de estas estrategias en medio de las circunstancias cotidianas de su vida.
• La perseverancia en la aplicación de los principios bíblicos hasta que su manera de pensar, sentir y vivir sea regida por patrones piadosos incorporados a su vida y se integre a la vida de la iglesia loca.


Planeación de estrategias efectivas.
Rom 12:17 enseña: “Procurad lo bueno delante de todos los hombres”. La palabra griega que se traduce como “procurad” también significa planear antes de tiempo, planear por adelantado. Esta planeación implica:
• Despojarse del hombre viejo.
• Revestirse del nuevo.
• Prepararse para la tentación.
• Un plan de recuperación inmediato en caso de pecar.


Despojarse del hombre viejo.
El primer aspecto en nuestros planes es identificar y eliminar los factores que obstaculizan el cambio bíblico (Rom 13:14), las cosas que provocan los deseos carnales. Ello va a implicar:
• Cortar todo vínculo indeseable (1 Cor 15:33, Prov 13:20, Prov 20:19, Prov 22:24-25, Prov 23:20-21). A veces es necesario recomendar la ruptura de toda relación con personas que puedan motivar el mal, cuando es bíblicamente legítimo hacerlo.
• Evitar lugares que son una fuente de tentación muy fuerte para el aconsejado.
• Evitar toda práctica que pueda contribuir a fortalecer la tentación una vez esta aparezca.
• Evitar todo lo que incite al pecado, ya sean pensamientos, imaginaciones, películas, programas de televisión, música, etc.
Quienes se muestren remisos a hacer esto quizá sea porque tal vez no desean sinceramente cambiar. Dios deja bien claro en Su Palabra, a través de Jesús (Mat 5:29-30), que con frecuencia es necesario tomar medidas drásticas para eliminar el pecado en nuestras vidas, por la naturaleza real y horrible del pecado, el peligro terrible que implica y la importancia de tratar con él y desecharlo definitivamente.


Revestirse del hombre nuevo.
Rom 13:14 no solo nos enseña a no proveer para los deseos de la carne sino que también que nos vistamos del Señor Jesucristo. Ello implica por lo menos los siguientes elementos:
Devocionales significativos: necesitamos estudiar la Palabra de Dios, no solo leerla mecánica o académicamente, sino estudiarla en forma provechosa, que implica la memorización y la meditación.
Orar en forma efectiva, no solo pidiendo, sino buscando la comunicación y un conocimiento más profundo de Dios, nuestro Padre, a través de ella (Jn 14:6, Efe 1:17-23, Efe 3:14-18).
Involucrarnos en la iglesia local (Col 1:18. Col 1:24), estar vitalmente, no casualmente, involucrados en una iglesia (no solo asistir, sino ser parte activa, involucrarnos en el trabajo).
Cultivar buenas amistades (2 Tim 2:22, Heb 10:24, Prov 13:20). Necesitamos desarrollar relaciones con otros creyentes maduros en la fe, porque llegaremos a ser como aquellos con quienes nos relacionemos.
Rendir cuentas: establecer una relación con alguien a quién le informemos semana a semana como nos va. La seguridad de que alguien más está al tanto de las cosas con que batallamos y hará preguntas al respecto puede proveernos las fuerzas necesarias para resistir la tentación y hacer lo correcto. Por supuesto que ello implica nuestro compromiso de ser absolutamente sinceros con esa personas, y de ella, que esté sinceramente interesada en nuestro crecimiento con gracia, misericordia y amor.
Alimentación, descanso, sueño y ejercicio apropiados (1 Tim 4:8). Las personas que se descuidan en sus necesidades físicas no sólo están desobedeciendo a Dios, sino que también se están colocando innecesariamente en un lugar de tentación.
Servir a otros (Mat 25:40, Mar 20:20-28). Ser siervos de otras personas implica aceptar la enseñanza de la Biblia en cuanto a nuestro lugar en el Cuerpo de Cristo y los dones espirituales, y descubrir, desarrollar y utilizar esos dones al servicio de otros. Ello requerirá, en ocasiones, una enseñanza sobre los dones espirituales de cada aconsejado y un plan práctico para utilizarlos en la Iglesia.
Uso sabio del tiempo (Efe 5:16). Nuestro tiempo es valioso pero puede ser desperdiciado en propósitos destructivos, cosas malas que deshonren a Dios y destruyan o hundan nuestras vidas. Necesitamos hacer un uso constructivo del tiempo, todo el tiempo, tal como nos lo enseñó el Señor Jesucristo (Jn 2:4, Jn 7:6, Jn 7.8, Jn 7:30, Jn 8:20, Jn 8:29, Jn 12:23, Jn 17:3-4, etc.).


Prepararse para la tentación.
Planificar también incluye la decisión de cómo vamos a tratar con la tentación antes de que sobrevenga (Prov 22:3), porque a ella es más fácil de vencerla si hemos decidido por adelantada cómo vamos a reaccionar. Por lo tanto, necesitamos también establecer un plan de reacción que incluya por lo menos los siguientes asuntos:
• Descubrir y reconocer que estamos siendo tentados, desde las etapas iniciales de la tentación.
• Inmediatamente, pedirle ayuda a Dios para resistir (Sal 50:15, Sal 34:4-6, Isa 40:31).
• Si es posible, alejarnos inmediatamente de la fuente de tentación.
• Identificar el deseo anti-bíblico al que hubiéramos servido de haber cedido a la tentación (1 Jn 2:15-17).
• Citar y meditar sobre las Escrituras adecuadas para contrarrestar esa tentación.
• Recordar la presencia, el poder y las promesas de Dios (Gen 39:8-9, Deut 31:6, Sal 55:21, Isa 41:10, Isa 43:1-3, 2 Cor 9:8, Efe 3:20-21, 1 Cor 10:13, Jud 24-25, 2 Ped 1:3-4).
• Reflexionar sobre el propósito de la muerte de Cristo (Gal 1:4, 1 Ped 2:24, Tit 2:11-13, 2 Cor 5:14-15).
• Mental y verbalmente hacer un compromiso de hacer lo correcto.
• Mantenernos activos, con la mente comprometida en algo que agrade a Dios.
• Llamar a un amigo fiel al Señor y pedirle ayuda.
• Repetir los aspectos claves de este plan para la tentación hasta que el poder de ésta sea reducido.

Un plan de recuperación inmediato en caso de pecar.
Nuestra planificación también necesita incluir un plan para recuperarnos del fracaso, si llegamos a experimentarlo (hay que tener cuidado en este aspecto para que ello no se convierta en una justificación para pecar). El fracaso conlleva el desaliento, y cuando esto ocurre tendemos a pensar que no hemos hecho ningún progreso, que la consejería es inútil y que no hemos cambiado, no podemos cambiar y que jamás lo vamos a lograr.
Si bien el fracaso es serio no significa todo lo que creemos al respecto. Puede haber una falla (una derrota o revés temporal) pero esta no de debe convertirse en un fracaso (una derrota total, un regreso a los problemas originales, un retorno al completo dominio de los hábitos pecaminosos). Los hijos e hijas de Dios podemos caer pero, por Su gracia y poder, podemos y necesitamos levantarnos, habiendo aprendido por la experiencia a seguir adelante y triunfar sobre los patrones pecaminosos de vida (Prov 24:16, Prov 15:15-16).
Por todo ello es vital elaborar un plan de recuperación del fracaso que implique, por lo menos, los siguientes pasos:
Llamar a los deseos, pensamientos, sentimientos y acciones pecaminosas con el nombre que Dios les da, pecado.
• Asumir completa responsabilidad por el pecado.
• Confesar el pecado, tanto a Dios como a quienes hayan sido afectados por él, que implica:
➢ Considerar a todo el que esté involucrado.
➢ Evitar los “si”, “pero”, o “tal vez”.
➢ Admisión específica de los pecados cometidos.
➢ Pedir perdón por haber ofendido o herido a otra persona.
➢ Aceptar las consecuencias.
➢ Cambiar la conducta.
• Pedirle ayuda a Dios para no volver a hacerlo.
• Recordarnos a sí mismos lo que Cristo ha hecho y está haciendo por nosotros.
• Reflexionar sobre los recursos disponibles en Cristo para nosotros, los creyentes.
• Meditar en las promesas divinas de perdón y liberación del poder del pecado.
• Evaluar con exactitud los cambios que ya han tenido lugar y el progreso logrado.
• Aprender de la falla al examinar brevemente lo que hicimos indebidamente y lo que hubiéramos necesitado hacer y no hicimos.
• Hacer restitución donde sea necesario.
• Proponernos dejar el pasado atrás de un modo bíblico y reanudar los esfuerzos por cambiar de un modo que agrade a Dios.


Practicar el cambio bíblico.
Planificar es un primer paso importante en el proceso del cambio bíblico, pero por si sólo no es suficiente si ese plan no se lleva a la práctica, y la clave para ello es entender la importancia de los hábitos.
Los hábitos son maneras de vivir adquiridas.
• Se forman cuando hacemos una misma cosa repetidamente hasta que llega a convertirse en un patrón de conducta.
• Pueden ser acciones, actitudes o modos de pensar que se han arraigado hasta llegar a ser una segunda naturaleza en nosotros (Heb 5:14, 2 Ped 2:14).
• Por las dos Escrituras anteriores podemos ver que hay dos tipos de hábitos: buenos, positivos; y malos, negativos. Ello implica que los hábitos no son necesariamente malos.
• En realidad son un don de Dios porque si no fuera por ellos tendríamos que vivir repitiendo el aprendizaje de cada cosa. Lo que sucede con ellos es lo que sucede con mucho de lo que Dios ha creado bueno, el diablo los retorció en su beneficio y en nuestra contra.
• Pero ello no implica que estemos condenados. Podemos desechar algunos de tales hábitos y aprender otros (1 Cor 6:9-11).
Nuestros aconsejados pueden cambiar sus patrones de pensamiento, actitudes, prácticas o reacciones siempre que estén dispuestos a ello. A través de una práctica consistente se pueden desechar los hábitos anti-bíblicos y adquirir y fortalecer los hábitos bíblicos (Fil 4:11).
• Podemos ayudar a nuestros aconsejados a evitar la frustración y el desaliento al ayudarles a entender que el cambio es un proceso gradual que requiere práctica.
• Podemos ayudarles también en el proceso de cambio asignándoles tareas para hacer en casa, que faciliten la práctica; no meramente tareas que enseñen principios, sino que también requieran o alienten la práctica de tales principios.
➢ En la Palabra de Dios, aprender nunca es un mero ejercicio académico; siempre esta indisolublemente unido a las respuestas prácticas (Sal 119:71).
➢ El verdadero aprendizaje bíblico siempre se relaciona con la obediencia: practicar principios de vida enseñados en la Palabra de Dios.
Nuestros aconsejados necesitan ir más allá del compromiso verbal y/o mental al compromiso práctico, al compromiso de cambiar (de hecho el cambio no es cambio hasta que cambia). Necesitamos darles la oportunidad de vivir su compromiso y hacer cambios concretos en sus vidas. Haciéndolos durante el tiempo suficiente, formarán nuevos patrones de hábitos, agradables a Dios, y los anteriores, pecaminosos, comenzarán a desaparecer.


Perseveran en el cambio bíblico.
El tercer aspecto de la implementación es la perseverancia (Heb 10:36). El cambio bíblico es un proceso muy pocas veces instantáneo (2 Cor 3:18, Col 3:10).
• Algunas personas aprenden y cambias más rápidamente que otras pero para todos lleva tiempo, por lo que necesitamos animar a los aconsejados a perseverar en el proceso de cambio.
• El cambio bíblico también requiere práctica diaria, negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz y seguirle a El diariamente (Luc 9:23, Rom 12.1-2), por lo que también necesitamos a animarlos a vivir el cambio diariamente. Descansar sobre victorias del pasado es un lujo que los creyentes no nos podemos permitir.
➢ El pecado está fijado a nuestras almas (pensamientos, sentimientos, decisiones) y aún cuando la Gracia de la conversión nos ha soltado de ellas, necesitamos ser desatados más y más mediante la práctica diaria de negarnos a la voluntad propia por la voluntad de Dios (Rom 8:13).
➢ Los atletas pueden estar en óptimo estado físico, pero si dejan de ejercitarse, tan solo algunos días, pronto perderán los beneficios que habían alcanzado en sus prácticas. Lo mismo ocurre en el orden espiritual (2 Ped 2:20-22, 1 Cor 15:31).
• Cuando en la vida del aconsejado observamos un cambio significativo, podemos espaciar las reuniones; esto nos permitirá observar su progreso y a la vez disminuir su dependencia hacia nosotros los consejeros y promover su iniciativa y responsabilidad, que le animen a proseguir en la implementación.
➢ En esas sesiones espaciadas necesitamos resaltar la importancia de perseverar y la necesidad de seguir desarrollando patrones sanos en áreas específicas de su vida.




Bibliografía.

“Implementación de la instrucción bíblica”, Wayne A. Mack, Capítulo 15 del libro “La Consejería”, John MacArthur y la Facultad del Master´s College, Grupo Nelson, 2009.




04 Oct 2012