Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

La batalla de todo hijo de Dios (3a. parte).



LAS ARMAS DE NUESTRA MILICIA.


Introducción.
Todos tenemos una batalla que librar desde el día que entregamos nuestra vida al Señor. Y esa batalla, en primer lugar, es contra un enemigo que tenemos dentro: la carne.
Dios quiere llevarnos a un nivel de victoria, de plenitud de vida, de bendición, que son disponibles en El, cuando permanecemos en El, pero para eso necesitamos vencer a un enemigo que llevamos dentro: la carne, que es el aliado del diablo dentro de nosotros que le facilita robarnos, matarnos y destruir la vida de Cristo en nosotros. El diablo si es poderoso contra nosotros si y solo sí cuenta con un aliado fuerte en nosotros: la carne.


Cuatro grandes áreas de batalla que necesitamos librar (Jn 3:30, Rom 12:1-3, 2 Cor 10:4-6).

UNO. Arrepentimiento, no como tristeza por haber pecado ni por las consecuencias del pecado, sino como un cambio de mente, sentimientos, decisiones y voluntad, para darle la vuelta al pecado y caminar en la dirección de lo que nos indica la Palabra de Dios.
DOS. Presentarnos como sacrificio vivo (los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, 1 Jn 2:15-16). Llevar al sacrificio, a negar, la voluntad propia, la que quiere hacer lo que se le da la gana en lugar de cumplir la voluntad de Dios que es buena, agradable y perfecta. Pero al hacer nuestra voluntad propia entonces nos aleja de esa buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
TRES. Renovar nuestra mente (pensamientos) con los pensamientos de Dios. La forma de pensar antigua que nos pone en contra de la voluntad de Dios, que nos lleva a hacer lo que se nos da la gana en lugar de hacer lo que Dios pide de nosotros, la que alimenta la voluntad propia que se opone a la voluntad de Dios, la que es buena, agradable y perfecta.
CUATRO. No tener más alto concepto de sí que el que debemos tener. Si tenemos un concepto más alto concepto de nosotros mismos entonces comenzamos a caminar en el orgullo, y la Palabra dice que Dios resiste a los orgullosos pero da más gracia a los humildes. Necesitamos entender el concepto de que somos pecadores perdonados, necesitados de la gracia de Dios, con un corazón que todavía es engañoso y perfecto, y que todo lo que somos, tenemos, podemos, no es por nosotros mismos sino por la infinita, maravillosa y pura gracia de Dios.

A la carne no le gusta que hablen mal de ella, que la descubran. A la carne no le gusta que descubran su depravación, engaño, etc. (Jer 15:19). Una cosa es lo que nosotros somos por nosotros mismos (miserables, desventurados, pobres, ciegos y desnudos, Apo 3:17) y otra cosa lo que somos en El, cuando permanecemos en El (Jn 15:1-5). La depravación total no es la maldad absoluta, sino que el principio bajo el cual vivimos no es el de buscar la gloria de Dios, el principio de la vida de Dios como único principio de vida, sino principios diferentes y contrarios a Dios. Jesús nos enseñó, cuando alguien le dijo “Maestro bueno” que solo hay una bueno: Dios y nadie más. Si no nos vemos a nosotros mismos como necesitados de Dios, como que separados de El nada podemos hacer, tarde o temprano nos vamos a separar de El porque como el ser humano piensa acerca de sí mismo así va a vivir (Prov 23:7), y entonces vamos a comenzar a vivir de acuerdo a nuestras propias justicias (obras, ideas, etc.).
Toda la vida cristiana lo vivimos por la gracia de Dios: lo que somos, lo que hacemos, lo que podemos, lo que tenemos, lo que recibimos, los dones, el carácter, las habilidades y las capacidades, etc., todo lo recibimos de Dios (Jn 3:27). No cuentan para nada nuestras obras, nuestros méritos, etc., (de hecho no los tenemos o los tenemos muy poco).

Aplicar las cuatro cosas que necesitamos para vivir nuestra vida en Cristo de una manera adecuada y victoriosa requiere que tomemos las armas que nos enseña la Palabra, para librar esas batallas (2 Cor 10:4-6, Efe 6:10-18).


La armadura que Dios nos ha dado.
• En principio, la armadura de Dios depende de que nos refugiemos en El, de que estemos en El; sin ello la armadura es inefectiva; necesitamos acudir a los recursos del Señor, no nuestros dones, nuestro llamado, nuestras habilidades, nuestro conocimiento, nuestra experiencia, etc. Es Su armadura, no la nuestra, y la armadura, aunque yo diga que me la pongo, sin no estoy en El, no la tengo, aunque lo declare. Necesitamos fortalecernos en El, permaneciendo en El. Recurriendo a sus recursos, no a los míos aunque El me los hubiera dado. Necesitamos entender que toda nuestra vida depende de El, que nada podemos por nosotros mismos (aunque podamos tener algunos resultados limitados y de corto alcance).
➢ El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. ¿Y como moramos en El? Caminando en obediencia, que nos lleva a la santidad y a la perfección.
➢ La clave de la vida del creyente es la obediencia. Sin obediencia no hay cristiano, no hay creyente, no hay bendición, no hay madurez, no hay crecimiento, no hay plenitud.
➢ La obediencia cubre toda la vida del creyente: se convierte cuando decide obedecer al Señor, declarándolo Señor de su vida (Rom 10:8-10).
• Si creemos que el Señor es el Señor implica que vamos a vivir bajo la obediencia a El porque la condición de la salvación es la obediencia. No hay salvación sin señorío; no hay salvación con oración, solo con obediencia.
• Es un engaño pensar que podemos ser salvos de otra forma; solo podemos ser salvos cuando recibimos el señorío de Cristo en nosotros, y el Señorío implica obediencia.
➢ 2 Cor 10:4-6: las armas de nuestra milicia son poderosas en Dios para derribar argumentos y toda altivez que se levanta en contra del conocimiento de Dios y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia. Las armas de nuestra milicia se usan bajo la obediencia y nos llevan a la obediencia.
➢ La condición para mantenernos bajo la bendición, la cobertura, la protección de Dios es la obediencia (Deut 28.1-14).
➢ Nuestra desgracia es desobedecer teniendo en nosotros todo para obedecer. Y ello lo que nos dice es que nuestra voluntad propia todavía está siendo por sobre la voluntad de Dios y por ello necesitamos llevarla al altar del sacrificio. Y es sacrificio vivo porque continuamente la carne se quiere bajar del altar, es perseverante para lo malo, pero nosotros necesitamos, con el poder de Dios, ser más perseverantes para hacer morir la carne, no proveyendo para sus deseos (Rom 14:13).
➢ Cualquier cosa con la que peleemos es una desviación de la verdadera batalla. La verdadera batalla y el verdadero enemigo es la carne, la voluntad propia. Es ella a la que primero necesitamos crucificar con el poder de la fuerza y la armadura de Dios.
• Y la armadura de Dios comienza con “ceñidos los lomos con la verdad (Efe 6:14): cinturón que une, ajusta, todas las vestiduras del soldado (los lomos: cintura). No dejar ninguna prenda de la armadura suelta, ponérnosla toda.
➢ Jesús es la Verdad (Jn 14:6). Necesitamos revestirnos de Cristo no de nosotros mismos, aunque sean los dones, las habilidades, las capacidades o nuestras buenas obras que Dios nos ha permitido. Es de El de quién necesito revestirme.
➢ Toda cosa en nuestras vidas necesita estar ajustada a la Verdad (la Palabra, Jn 17:17) porque la batalla consiste según lo que nos enseña 2 Cor 10:4-6 derrotar las mentiras del diablo para que resplandezca la verdad de Dios.
➢ Evitar los ataques engañosos del diablo (la Verdad de Dios vrs las mentiras del diablo).
➢ El diablo siempre va a tratar de engañarnos para que pensemos que lo bueno y conveniente para nosotros es lo contrario a lo que dice la Palabra (Jn 8:44, Gen 3:4.5). Y si no conocemos la Palabra vamos a ser engañados y vamos a perder la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta para nosotros.
➢ La verdad no nos sirve encerrada entre un Libro, la Verdad nos sirve cuando está en nuestro corazón, y podamos hacer uso de ella cuando vienen los ataques de la carne y del diablo (Sal 1:1-3). Necesitamos meditar en la Palabra de día y de noche, tener en ella nuestra delicia.

Mientras nuestra voluntad propia, aunque sea en algunos aspectos, sea mayor en nosotros que la voluntad de Dios vamos a vivir fastidiados por el diablo y perdiéndonos la plenitud de la vida de Dios en nosotros.

09 Oct 2012