Estudio Bíblico

Inicio > Estudio
Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Sujeción y obediencia (1a. parte).



Introducción

Jesús: dos títulos y/o nombres: Salvador y Señor.
• Salvador que implica los siguientes beneficios: ver el Reino (Jn 3:3), entrar por la puerta (Jn 10:7), la salvación, el perdón de pecados y la vida eterna.
• Señor que implican los siguientes beneficios: entrar al Reino (Jn 3:5), caminar por el Camino, la Verdad y la Vida que nos llevan al Padre (Jn 14:6), el discipulado, la vida en bendición integral, la plenitud de la vida en Cristo.

Dios no solo quiere que tengamos vida eterna.
Dios quiere que tengamos plenitud de vida (Jer 29:11, Prov 4:18, Jn 10:10).



El Principio de vida plena.

Desde el Edén Dios estableció la sujeción y la obediencia como un principio de vida plena y bendición.

Gén 2:15-17: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”

Este mandamiento implicaba que si Adán (y posteriormente Eva y toda su descendencia) se sujetaban a Dios y cumplían ese único mandamiento, ellos iban a vivir en la plenitud de sus bendiciones todo el tiempo, lo que implicaba que su sujeción, y consiguiente obediencia implicaba mantenerse en el lugar de su bendición.

Esta misma situación, posición y mandamiento es dado al ser humano posteriormente a la caída, a través de Moisés:

Deut 28:1-14. “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir. Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti. Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da. Te confirmará Jehová por pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en sus caminos. Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti, y te temerán. Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te había de dar. Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado. Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas, y si no te apartares de todas las palabras que yo te mando hoy, ni a diestra ni a siniestra, para ir tras dioses ajenos y servirles.”

Y Jesús lo ratifica en el Sermón del Monte:

Mat 6:33. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

El reconocimiento del Señorío de Cristo (Rom 10:8-12) necesariamente implica la convicción de la obediencia a Él, a Su Palabra, a Su dirección por medio del Espíritu Santo.
Pero no una obediencia selectiva y/o derivada de nuestra fuerza de voluntad, que equivale a trapo de inmundicia (Isa 64:6).
No una obediencia que surja de la conveniencia u obligada.
Sino una obediencia que surja del corazón, de la transformación del corazón operada por el Espíritu Santo y la Palabra en nosotros: 2 Cor 5:17, 1 Ped 1:13-16, Rom 12:2, Efe 4:22-24. Y eso es sujeción (Mat 7:21-23).
Por ello la diferencia que la Palabra hace entre la sujeción que es la actitud del corazón y la obediencia que es la conducta externa derivada de esa actitud.


¿De dónde surge la sumisión?
De la fe, del convencimiento, de la certeza de que Dios es Quien dice ser:
• Que Él tiene el control de todo lo que sucede en nuestra vida.
• Que nada sucede por casualidad, que todo tiene un propósito.
• Que Él es amor, y que todo lo que permite en nuestras vidas, es bueno. por amor, aunque momentáneamente sea doloroso (Sant 2:1-4, 1 Ped 1:5-8, 1 Ped 5:6-10).
• Que Sus propósitos para nosotros son buenos, de bien (Jer 29:11, Prov 4:18, Efe 2:10).
• Por lo tanto, que todo lo que sucede en nuestra vida, lo entendamos o no, lo veamos o no, es: temporal, tiene fecha de caducidad; es para nuestro bien (Rom 8:28-29); es para que alcancemos madurez y plenitud en Cristo, no solo en esta vida sino también en la venidera; y que el Señor nos dará la victoria y nos llevará a un mayor nivel de bendición.


La sujeción a Dios es, entonces, un lugar de:
• Bendición.
• Protección.
• Madurez y plenitud.
• Victoria.
• Honra.

Todo ello implica que hay un “lugar” espiritual diseñado por Dios para nosotros aquí en la tierra, que cada uno necesita encontrar, para alcanzar un mayor nivel de bendición y plenitud. Ese lugar espiritual podemos llamarle “sumisión”, que significa colocarnos bajo la autoridad delegada de Dios en cada lugar, someternos a ella. Y eso es para todas las personas, desde el que ostente la más alta jerarquía hasta el que tenga la menor jerarquía; siempre, en todo lugar en donde estemos, para alcanzar bendición, necesitamos localizar la autoridad delegada que Dios ha colocado en ese lugar y someternos a ella.

Rom 13:1-2. Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.

Ecle 5;8. Si opresión de pobres y perversión de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de ello; porque sobre el alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ellos.

Sal 133:1-3. ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras; como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; porque allí envía Jehová bendición, Y vida eterna.

Efe 5:21. Someteos unos a otros en el temor de Dios.




Sujeción y obediencia.

Sujeción: es una actitud del corazón que implica, no la obediencia ciega pero si el reconocimiento de la autoridad de Dios que Él ha delegado sobre una persona, y de Su bondad, perfección y soberanía:
La sujeción es reconocimiento y honra de la autoridad que Dios ha depositado sobre una persona como autoridad delegada. Parte del reconocimiento de que el plan de Dios para nosotros es perfecto y es para bien (Jer 29:11) aun cuando la persona en autoridad no nos guste, no estemos de acuerdo con ella o no nos parezca (Rom 8:28-29. Es nuestra actitud hacia la autoridad de Dios en esa persona.

Obediencia: es una conducta que surge como respuesta a ese reconocimiento. No es una obediencia ciega sino que está limitada por aquello que es justo de acuerdo con los principios de la Palabra de Dios (Hch 5:29).

La obediencia sin sujeción no es obediencia sino conveniencia.
Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; más no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí........ ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad. (Mat 23:1-7, 25-28)



En cada ámbito de la vida funciona ese principio (Rom 13:1-2).

El matrimonio: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,” (Efe 5:22-25).

La familia: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.” (Efe 6:1-4).

Las empresas y organizaciones: “Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor, sea siervo o sea libre. Y vosotros, amos, haced con ellos lo mismo, dejando las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y que para él no hay acepción de personas.” (Efe 6:5-9).

La nación: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. (Rom 13:1-4).

La iglesia: “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.” (Heb 13:17).


Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. (1 Tim 2:1-4)


Conclusión: La sujeción: un "lugar" de (Sal 91).
1) Bendición.
2) Un lugar de protección.
3) Un lugar de honra.


31 Jul 2013
Referencia: Autoridad.