Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Restauración de la fe bíblica, 1a. parte (serie Restauración).



EL JUSTO VIVIRÁ POR LA FE.
(Gal 3:11).



Introducción.
La fe es la cualidad primordial de la vida de justo. Justo es aquel que ha sido justificado de sus pecados (declarado inocente) por la Sangre de Cristo. En consecuencia, todos nosotros los creyentes somos justos y necesitamos vivir por la fe.
Hoy la fe se ha degradado a creer por cosas, promesas, beneficios, etc., las añadiduras. Esa, aunque es fe, es una fe básica, inmadura. La fe madura, bíblica, que Dios espera de nosotros va más allá de ese nivel de fe.
Luc 18:8: “..cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” Esta pregunta que hace Jesús no es una pregunta retórica; es una pregunta de advertencia de que en los tiempos cercanos a los tiempos finales (ahora más cercanos que en el tiempo de Jesús) la fe bíblica, la fe auténtica, la fe madura, iba a ser escasa, estar ausente.
Si la fe fuera en las promesas esa pregunta de Jesús no tendría sentido en este tiempo cuando todos los creyentes tienen abundancia de fe en las promesas.
Siendo que los últimos tiempos serán tiempos peligrosos (2 tim 3:1-4:5), la fe es necesaria para poder pasar por encima de estos tiempos porque el justo por la fe vivirá, no por las circunstancias, no por sus habilidades, no por sus capacidades, no por sus propias ideas, ya que todo ello lleva a la maldición y a la muerte (Jer 17.5-6, Prov 16:25).



El tiempo de la restauración de todas las cosas.
Mal 4:5-6: Por otro lado la Palabra nos enseña que en los últimos tiempos el Señor va a enviar el espíritu del profeta Elías (Luc 1:17, espíritu profético, Hch 2:17-18) para restaurar todas las cosas (Mat 17:11, Hch 3:21).
Una de las cosas que Dios va a restaurar por medio del profeta Elías es la fe auténtica, porque el justo vivirá por la fe (Gal 3:11).
Aunque no solo la fe auténtica, también otras cosas, entre ellas.
 Su Calidad verdadera como Dios.
 El carácter del cristiano
 La obediencia, la santidad y la adoración (el Tabernáculo caído de David).
Dios también restaurará Su Iglesia:
 Su posición como Señor, como la piedra angular de su unidad.
 El poder contra las puertas del Hades.
 Las llaves del Reino (enfoque en el Reino de Dios).
 La autoridad, el poder, de atar y desatar para manifestar el Reino a nivel colectivo.
 Dios va a restaurar la Gloria de Su casa en mayor medida que la gloria de la casa primera (Hag 2:9).
 Dios va a enviar la lluvia primera (siembra) y la tardía (cosecha) juntas (aceleración de Sus tiempos) (Ose 6:3).



La restauración de la auténtica fe, la fe madura.
Dios dice en Su Palabra que el justo vivirá por la fe (Gal 3:11), y Jesús dijo que El venía para que tuviéramos vida y vida en abundancia (jn 10:10). Entonces ¿de que se trata la vida en abundancia?
De tener abundancia de fe. Pero verdadera fe, fe madura, no una fe de párvulos, inmadura.
Heb 12:14: Seguid la paz con todos y la santidad sin la cual nadie verá al Señor. Ello quiere decir que necesitamos la santidad para ver al Señor.
Heb 11:6: Sin fe es imposible agradar a Dios porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay y que es galardonador de los que le buscan.
Por lo tanto, la santidad (obediencia) deriva de la fe.
Hoy vamos a tratar de la restauración de la fe, que es el ingrediente básico que “cementa” la iglesia.
La restauración de la fe tiene que ver también con la restauración del tabernáculo caído de David (Hch 15:16): la verdadera adoración, que es santidad creciente, que es obediencia creciente.
La restauración de la fe también tiene que ver con que Jesús viene por una iglesia pura, limpia, santa, sin mancha, sin arruga; es decir, una iglesia que está caminando en santidad, en obediencia, no en perfección absoluta, sino en perfección creciente (Efe 5:26-27).
Y la restauración de todo ello es fundamental la fe tal como Jesús mismo nos lo enseña en Mat 16:15-19: Sobre esta Roca -la fe en Jesús como Señor y Salvador, obediencia-, edificaré Mi Iglesia.



La fe (Heb 11:1).
Es la certeza de lo que se espera: la vida eterna, en primer lugar.
Es la convicción de lo que no vemos; la convicción de que Dios existe, de que Dios es Dios (Mar 11:22). La fe siempre comienza en Dios y por Dios. Creer y tener fe no es lo mismo. Creer en la promesas es una cosa pero tener fe en Dios es otra cosa totalmente diferente. Él es el que respalda la promesa. Los creyentes necesitamos creer en Aquel que firmó la promesa, no en la promesa en sí, porque la promesa está indisolublemente ligada al que la va a hacer cumplir.
Si creo en Aquel que hizo la promesa, necesito creer en todo lo que dijo el que hizo la promesa. Es decir, creer no solo en la promesa sino también en los principios, en los mandamientos, en los propósitos de Aquel que hizo la promesa.
Muchos creyentes tenemos sordera selectiva: solo oímos lo que nos conviene de Dios y no oímos lo que no nos conviene, o no nos gusta, o lo que necesitamos obedecer, que es contrario a lo que nos gusta.
Sin fe es imposible agradar a Dios (el aspecto fundamental de la fe es agradarle) (Heb 11:6), y ¿Cómo le agradamos? Obedeciéndole, viviendo dedicados y consagrados a Él -el que se acerca a Él y cree que le hay- (Jn 14:21, Col 3:22-24).
Entonces, Él es galardonador de los que le buscan (constancia, perseverancia, enfoque, en El no en los galardones -las añadiduras-, Mat 6:33).



La certeza de lo que se espera.
Lo primero que un cristiano espera, cuando se convierte, es en la vida eterna. Entonces, lo que dice Heb 11:1: “la certeza de lo que se espera” es la certeza en la vida eterna, tal como nos lo enseña el contexto de este versículo a partir de Heb 10:35: “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.



Vivir por fe.
Básicamente significa obedecer la Palabra de Dios independientemente de los sentimientos, circunstancias o consecuencias, porque la verdadera fe tiene que ver con reconocer que Dios es Dios en toda la dimensión de la Palabra (el Creador de todo, el Dios Omnipotente, el Dios Omnisciente, el Dios Omnipresente, el Dios que ama y bendice, pero por sobre todo, el Dios que manda).
Por lo tanto, de acuerdo con lo que nos enseña todo el consejo completo de la Palabra de Dios, la verdadera fe es en Dios (Mar 11:22) y está basada en la Palabra de Dios (Rom 10.17) y lleva a la obediencia: “Por la fe Abraham... obedeció” (Heb 11:8).
La obediencia nos lleva a mayores niveles de seguridad, y por añadidura al cumplimiento de nuevas y mejores promesas de parte de Dios (Mat 6:33, Deut 28:1-14).
Por ello, un significado de la fe es aferrarse a la verdad de Dios (obediencia y promesas) a pesar de cuán pesada sea la carga o cuán oscuro se presente el día, sabiendo que Él sigue adelante con Su plan que es perfecto.
La fe no es algo que estudiamos, sino algo que practicamos.
Si queremos ver crecer nuestra fe lo que necesitamos es crecer cada día en obediencia.
La fe no es solo creer a pesar de la evidencia, sino también obedecer a pesar de las consecuencias (Heb 11.1).
La fe sin obediencia es muerta (Sant 2:14-16) y la acción sin fe también es pecado (Rom 14:23).
Dios ha unido la fe y la obediencia como las dos caras de una moneda que caminan juntas.
La manera en que respondemos a la Palabra de Dios va a determinar la actitud que tengamos a lo que Dios está haciendo en nuestra vida y la calidad de nuestra vida.



Origen y desarrollo de la fe.
Es un regalo de Dios que comienza por un toque del Espíritu Santo para que el velo que nos ciega los ojos de nuestro entendimiento sea quitado y podamos ser salvos (Efe 2:8-10).
Es decir, el primer acto de fe, el primer resultado de la fe en nosotros, es un acto de obediencia (reconocer el Señorío de Cristo
Tiene un inicio pequeño (semilla) que el Espíritu siembra en nuestros corazones, y El mismo desarrolla con la ayuda de la Palabra (conocimiento de Dios) y nuestras experiencias (Mat 17:20) con Dios (comunión, ayuno, etc.) y en la vida (pruebas: personas, circunstancias, cosas).
La fe se manifiesta en nuestro estilo de vida, en que tanto nuestros actos se corresponden con lo que decimos creer: la fe sin obras es muerta (Sant 1:21-23, Sant 2:14-26).



La prueba de nuestra fe
Nuestra fe siempre va a estar sujeta a prueba, porque Dios quiere que crezcamos en ella (1 Ped 1:3-9).
“Más el conoce mi camino; me probará, y saldré como oro” (Job 23:10).
Dios nos prueba con el fin de edificar nuestra fe y sacar lo mejor de nosotros.
Aun cuando el diablo quiera aprovechar, y muchas veces lo hace, para destruir nuestra fe y sacar lo peor de nosotros. Pero Dios siempre va a estar dispuesto a ayudarnos a reconstruirla y sacar lo mejor de nosotros.
En las pruebas unas veces ganamos, otras veces caemos, pero siempre Dios va a permitir que esas cosas obren para bien nuestro si queremos caminar hacia adelante (Rom 8:28-29, Prov 24:16).
La fe y una mente indecisa nunca pueden ir juntas (Sant 1:6-8).
No podemos servir a dos señores (Mat 6:24).
La fe demanda un compromiso.
El compromiso es algo que está tendiendo a desaparecer muy rápidamente en el mundo de hoy, y en la Iglesia no es la excepción. Está siendo sustituido por “temporal”: Miembros temporales, maestros temporales, líderes juveniles temporales, y hasta pastores temporales. Muchos quieren ministerios, pero ambulantes, no comprometidos con un solo grupo de personas por toda la vida. Otros muchos no quieren comprometerse con su trabajo, con sus votos matrimoniales, con sus familias, unos con otros. Y por supuesto, tampoco con Dios: “voy a hacer las cosas a mi manera es la esencia de la filosofía de hoy”.
Los primeros pasos en la fe no suelen ser grandes pasos; es como cuando un niño o una niña están comenzando a caminar. Ello explica por qué Abraham no obedeció completamente a Dios.
 No dejó a su familia (Taré y Lot).
 Bajo a Egipto cuando hubo hambre, en lugar de confiar en Dios para su provisión.
 Estando en Egipto mintió acerca de su relación con Sara por temor a que lo mataran.
 Tomó a Agar como mujer y engendró a Ismael, en lugar de confiar en Dios y en su tiempo para que Dios cumpliera Su promesa de que le daría un heredero.
 Cuando fue a vivir al territorio de Abimelec, volvió a mentir con respecto a su relación con Sara por temor a que lo mataran.
Abraham no era ni fue perfecto, pero es “el padre de la fe”, porque al final de su vida ejecutó el acto supremo de fe: estuvo dispuesto a entregar a su unigénito en sacrificio a Dios, creyendo que Él era Todopoderoso para resucitar a Isaac de los muertos. Y porque él estuvo dispuesto a ello, Dios también envió a Jesús, su Hijo Unigénito, a morir en sacrificio por la descendencia de Abraham conforme a la fe.
 Cuando pecó, sufrió por ello.
 Todo aquello que llevamos con nosotros de la vieja vida a la nueva probablemente, si no es que seguramente, nos creará o nos meterá en problemas.
 El Señor siempre estuvo dispuesto a perdonarlo cuando se arrepintió.
 La vida cristiana victoriosa es, siempre, una serie de nuevos comienzos (Prov 24:16, Sal 55:22).
 Cuando confiamos en el Señor, ninguna prueba de fe (que en última instancia es una prueba de obediencia) es imposible de superar ni ningún fracaso es permanente.

La fe nos lleva de la mano con la certeza y la convicción (Heb 11.1) de que Dios cumplirá Su propósito y realizará en nosotros y por medio de nosotros todo lo que tiene en Su corazón (Efe 2.10, Prov 4:18, Jer 29.11, Sal 138:8), sin importar las circunstancias que rodeen nuestra vida.
La fe nos hace salir (del mundo, de la carne, de las tinieblas, del dominio del diablo) (Gen 12:1-5).
La fe nos introduce (en el mundo de Dios, del Espíritu, de la luz, en el Reino de Dios aquí y ahora, y en el Reino Eterno) (Gen 12:6-8).
La verdadera fe nos hace ver que: lo importante no es el camino, es nuestro destino.
Dondequiera que Abraham fue en la tierra de Canaán, quedaba marcado por su tienda y su altar (Gen 12:7-8, Gen 13:3-4, Gen 13:18).
La tienda lo señalaba como extranjero y peregrino que no pertenecía a este mundo sino que andaba en misión, como nosotros (Mat 28.18-20).
El altar lo marcaba como un ciudadano del cielo que adoraba (obediencia y santidad) al Dios vivo y verdadero.
 Por cierto, cada vez que Abraham abandonó su tienda y/o su altar, se metió en problemas.
 Abraham plantó su tienda teniendo a Betel al oeste y Hai al este (Gen 12:8).
 Betel significa “casa de Dios” (Gen 28.19) y Hai quiere decir “ruinas”.
 Abraham caminaba del este al oeste, de Hai a Betel, de la ciudad de ruinas a la casa de Dios (como nuestro caminar en Cristo).
Nuestro problema es que aunque ya no seamos del mundo, que seamos del cielo, en nuestro corazón así como está Betel está también Hai, y necesitamos tener presente que en cada decisión podemos dar un paso hacia Betel o un paso de regreso a Hai.


17 Oct 2013
Referencia: Doctrina, fe.