Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

El amor bíblico (Serie Restauración).



La restauración del amor maduro.



Introducción.

Mal 4:4-6. "Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel. He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición."
• Recordarnos de la ley.
➢ El cumplimiento de la ley es el amor.
• Rom 13:8-10: "No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor."
➢ Entonces, de lo que necesitamos recordarnos es del amor.
• Volver el corazón de los padres hacia los hijos y viceversa implica la restauración del amor verdadero.
➢ En este tiempo, comparativamente con tiempos anteriores, es cuando el amor en general y el amor de los padres a los hijos está más deteriorado.
• La cultura social es que si tiene más de 40 años hay que desecharlo.
• Eso llevado a la familia implica desechar a los padres.
• De hecho, a los padres, muchos hijos les llaman “retros” (retrógrados).
• En una buena cantidad de programas de televisión y películas, el mensaje de las películas, directa o indirectamente, es la rebelión contra los padres.
• El mundo es especialista en destruir los modelos positivos para los niños y los jóvenes, y entre ellos, el modelo de los padres (que aunque imperfectos, la mayoría aman a sus hijos y les quieren dar el mejor ejemplo posible para que sigan).
➢ El mundo se especializa en sustituir los modelos positivos por negativos (los artistas con vidas desordenadas, los narco-corridos, los escándalos, etc.).



Los modelos equivocados del amor que el mundo nos quiere vender.
También el mundo nos quiere vender modelos equivocados del amor.
• Que amar es un sentimiento.
• Que amar es hacerle bien a la persona que me hace bien a mi.
• Que amar es poner mis expectativas en el bien que me puede hacer la otra persona.



El modelo o significado bíblico del amor.
• El amor puede generar sentimientos, pero no es un sentimiento.
• El amor es una persona: Dios (1 Jn 4:18).
• Y Esa Persona viviendo en mí, me lleva a tomar decisiones y hacer acciones que manifiestan su carácter (1 Cor 13:4-7).
Desde esta perspectiva, entonces, las personas no se separan y entran en conflicto por problemas, sino por la inmadurez o incapacidad de resolver sus problemas (por no tener amor bíblico). Se separan, básicamente, porque les faltó la obediencia para vivir el amor a la manera bíblica.
Todo matrimonio, después de la primera semana de boda tiene cualquier cantidad de motivos para separarse y/o divorciarse. La razón por la que no lo hacen es porque en ese momento, aunque sea de una manera inmadura, hay amor entre ellos. Pero para perseverar en el matrimonio, ese amor inicial no es suficiente, se necesita madurar y crecer en el amor, pasar del amor inicial (sentimiento, interesado) al amor maduro.

Aunque los cristianos hablamos del amor, no lo conocemos bien, y no lo practicamos tal como debería ser. No lo entendemos. Los cristianos hablamos mucho de dones, de bendiciones, de propósito, pero ello no es lo más importante. Lo más importante es el amor, pero de ello no hablamos mucho, principalmente de los aspectos prácticos (lo mencionamos como un mandamiento, pero no como un estilo de vida, como acciones concretas que necesitamos realizar).
• 1 Cor 12:31: "Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente."
• 1 Cor 13:13: "Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor."
• El amor no es una opción. Necesitamos que sea nuestra forma de vida; es el verdadero signo, la verdadera señal de nuestro cristianismo, y de la madurez de nuestro cristianismo.
➢ El mundo no puede amar, ni tampoco la carne, porque es egocéntrica, egoísta, todo lo quiere para sí, mientras que el amor es dar.
➢ Pero para eso vino el Hijo de Dios, para cambiar nuestra naturaleza, darnos una nueva naturaleza, que es Su propia naturaleza, para capacitarnos, habilitarnos, para amar como El ama.

Amar es vivir para el otro, para el bien del otro. Jesús es nuestro ejemplo perfecto. El nos amó de tal manera que dio su vida por nosotros: se despojó de Su gloria, dejó su lugar al lado del Padre, se hizo hombre, y no solo hombre sino siervo, para manifestar Su amor por nosotros haciéndonos el bien de pagar el precio de nuestros pecados y de nuestra redención con Su propia vida.



El amor es un proceso: del amor “porque” al amor “aunque”.

Cuando conocemos a una persona la amamos porque nos hace sentir bien, porque nos simpatiza, porque nos conviene, etc. Ese es el tipo de amor primario. De hecho la Palabra nos enseña que nosotros amamos a Dios porque El nos amó primero:
• 1 Jn 4:19. "Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero."
Pero en el caminar de nuestra vida necesitamos evolucionar hacia un amor cualitativamente mejor y mayor:
• Hab 3:17-19. Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, Y en mis alturas me hace andar. Al jefe de los cantores, sobre mis instrumentos de cuerdas.
Comenzamos con el amor “porque” (utilitario, inmaduro, humano) pero necesitamos avanzar hacia el amor “aunque” (desinteresado, maduro, espiritual).
Para ello necesitamos morir a nosotros mismos (nuestros deseos, nuestros intereses, nuestras agendas, nuestros pensamientos, nuestros gustos, nuestras expectativas, etc.), y la Palabra nos enseña que para ser discípulos de Cristo necesitamos morir a nosotros mismos.

El amor es la primera característica que Dios espera que se manifieste en nosotros, y derivado de él, todas las demás (Gal 5:22-23): gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, humildad, dominio propio. Si amor, ninguna de las otras características pueden manifestarse. Todo comienza con el amor. El amor es lo primero, es lo fundamental.

El amor “aunque” liberta: me liberta a mi de mis expectativas, y liberta a la otra persona de mis expectativas, y también me liberta de las expectativas de los otros. Cuando amamos de una manera madura, lo importante no es lo que recibo, sino lo que doy. Y si en el proceso los demás nos dan algo, eso es ganancia. Por ello el amor nos liberta de las expectativas de las mías propias y de las de los demás.

La mayoría de los problemas que tenemos entre personas son porque los demás o nosotros no cumplimos las expectativas en la relación.

El amor no busca lo suyo propio. A través del amor Dios nos quiere libertar, no solo del pecado, sino de nosotros mismos.

Dios nos ama aún siendo pecadores; aunque no llenamos todas sus expectativas:
• Rom 5:7-10. "Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida."
• Dios no ama con condiciones, sino incondicionalmente.



Un caso de amor “aunque” entre un hombre y una mujer.
• 1 Sam 1:1-5. “Hubo un varón de Ramataim de Zofim, del monte de Efraín, que se llamaba Elcana hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, efrateo. Y tenía él dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de la otra, Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía. Y todos los años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes de Jehová. Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte. Pero a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana, aunque Jehová no le había concedido tener hijos.”
➢ Para un hombre, en el tiempo de Elcana, no tener hijos significaba una maldición, muchas veces derivado del pecado.
➢ Al no tener hijos, ello lo privaba de participar en las decisiones importantes del pueblo.
➢ Además, como tenía sobre sí una maldición, los demás procuraban no relacionarse con él por aquello de “la contaminación”.
➢ Si bien es cierto que como Elcana tenía hijos con otra mujer, entonces el problema de la esterilidad no era de él sino de su mujer, y por el hecho de que él no dejaba a Ana era doblemente maldito, por su propia decisión porque a pesar de que ella era “maldita”, él no la dejaba.
➢ A pesar de todo ello, él amaba a Ana “aunque” no le diera hijos, “aunque” no era la mujer como él quería, “aunque” le ocasionara desprecio y rechazo de otros.

• La pregunta es ¿cuantos de nosotros estamos dispuestos a amar así?
➢ Hay un cuento que nos sirve para ilustrar esta clase de amor: el cuento de una princesa que salió de su castillo y yendo por el bosque se encontró a un sapo, y lo besó, y ese sapo se convirtió en príncipe.
➢ Un sapo es un animal feo, con ojos saltones, deforme, además de que es ligoso.
• Nosotros, en algún momento de nuestra vida, como pecadores, éramos como sapos o ranas, pero alguien lleno del amor de Dios, impulsado por el amor “aunque”, se atrevió a acercarse a nosotros, a darnos un “beso” y por ello Dios nos transformó en sus “príncipes” y “princesas”.
• El mundo está lleno de “sapos” y “ranas” esperando ser besados, alcanzados, amados, por alguien con el amor de Cristo (el mundo no los puede amar, más bien los va a despreciar) para convertirse en “príncipes” y “princesas” de Dios.
➢ En el mundo hay “sapos” y “ranas” que se llaman asesinos, extorsionistas, homosexuales, prostitutas, drogadictos, mareros, narcotraficantes, etc., que están esperando para convertirse en “príncipes y princesas” de Dios, que hoy necesitan experimentar el amor que Dios ha puesto en nuestros corazones para ser libertados del pecado que los ensucia, contamina, los convierte en desechados.
➢ Es el amor, no nuestras prédicas ni enseñanzas, el que los va a libertar, de la misma manera que fue el amor de Dios el que nos libertó a nosotros cuando aún estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, separados de la vida de Dios.
➢ Necesitamos recordar que:
• El amor cubre multitud de pecados.
• Es su benignidad la que nos guía al arrepentimiento.
• El amor transforma.



10 Nov 2013
Referencia: El amor.