Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

El Espiritu Santo (1).



El Espíritu Santo.



Introducción.
Sant 4:1-5: “¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?”·
La palabra anhelo es lo mismo que enamoramiento, y el Espíritu Santo está enamorado de nosotros. El problema es que nosotros lo dejamos plantado todo el tiempo a pesar de que es nuestro ayudador, “parackleto”, guía, consolador, maestro, etc.
Necesitamos conocerlo para poder experimentar todas las bendiciones que Él tiene para nosotros.
Es cierto que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo viven en mí, pero lo hacen a través del Espíritu Santo. El Padre y el Hijo están en los lugares celestiales (Hch 3:21, Efe 1:20, Heb 10:12-13), pero el Espíritu Santo es el que está en nosotros y con nosotros (Jn 14:15-17), y dado que tiene funciones específicas para con nosotros, necesitamos conocerlo y conocerlas para obtener todo lo que El quiere para nosotros.
El Espíritu Santo está con nosotros y es el poder de Dios en acción (Hch 1:8), pero también tiene una contraparte: como Él está con nosotros y es Santo, ve todo lo que hacemos –el pecado, el enojo, la mentira, etc.- todo lo ve (Sal 139:7-12). Por lo tanto, si somos conscientes de ello, nos va a ayudar a ser más consciente de nuestro carácter y conducta y ello implicará que caminaremos más en obediencia, y la obediencia tiene como frutos la bendición (Deut 28.1-14) y la santificación (1 Ped 1:13-15). Y no podemos tener solo una faceta del Espíritu, necesitamos las dos: el poder y la santidad porque Él es el Espíritu Santo.
Desde esta perspectiva podemos entender más cabalmente lo que significa “contristar el Espíritu Santo” (Efe 4:30, 2 Cor 7:9, Sal 38:18) . Significa que el Espíritu, como enamorado celoso, no nos quiere compartir con nadie más que no sea Dios, por lo tanto cuando se contrista significa que se está enojando contra el pecado y la iniquidad y comienza a trabajar en nosotros para convencernos de pecado y arrepentimiento para volvernos a los caminos de Dios (Sal 119:59) que son los únicos caminos de bendición para nuestras vidas. Y ello significa que mientras no nos arrepintamos y volvamos del pecado la vamos a pasar muy mal. Por ello, y por muchas cosas más que veremos más adelante, nos conviene conocer cada día más y caminar todo el tiempo con el Espíritu Santo.


El Espíritu Santo: el gran desconocido en el Cristianismo “normal”.
Muchos hablamos del Espíritu Santo, pero pocos lo conocemos realmente. Por ejemplo, la Palabra de Dios dice que el Espíritu Santo nos guía (Rom 8:14), sin embargo muchas veces, nosotros decidimos a donde ir, y después le decimos que nos acompañe y respalde. Entonces no somos guiados por Él sino que pretendemos guiarlo nosotros a Él. Muchas veces en nuestra vida, por ignorar este aspecto de guianza, nos metemos en problemas por no preguntarle, consultarlo, pedirle dirección, y después queremos que Él bendiga nuestros caminos que no son los que Él nos guió a tomar.
La Palabra dice que El nos guiará a toda verdad (Rom 8:14, Jn 16:13), eso significa, en toda situación, para toda bendición. No para las que nosotros queramos sino para las que Él sabe que nos convienen. No solo para las espirituales, sino para todas las cosas que competen a nuestra vida (que vestir, que comer, por donde transitar, que decisión tomar ante una situación, etc.) Y algo más, la Palabra dice que Él nos enseñará todas las cosas que habrán de venir (Jn 16:13). Y ello no se refiere solo a las cosas de los últimos tiempos, sino a todas las cosas que tienen que ver con nuestra actividad cotidiana. El Espíritu sabe lo que está delante de nosotros, nos lo quiere enseñar y nos quiere guiar en esas circunstancias para que no perdamos las bendiciones que nuestro Padre tiene preparadas para nosotros.
El Espíritu Santo es, junto con la salvación que tenemos en Cristo Jesús, el mejor regalo del Padre para nosotros, y viene a vivir en nosotros y con nosotros en ese mismo momento, convirtiéndonos en templos del Espíritu Santo (1 Cor 6:19). El ser templo del Espíritu Santo significa que ya no somos nuestros sino de Él, sin embargo, ¿le preguntamos al Espíritu Santo como cuidar nuestro cuerpo, como alimentarlo, cuando descansar, cuando ejercitarlo, etc.? Ello evidencia que conocemos los pasajes de la Palabra, pero en realidad no conocemos la Palabra ni al Espíritu Santo porque no vivimos conforme a lo que sabemos y decimos conocer.


1 Cor 2:6-16.
“Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria. Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.”

De acuerdo a este pasaje, el Espíritu Santo nos ha sido dado para revelarnos y ayudarnos por lo menos en lo que se refiere a cuatro cosas:
• Revelarnos cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido en corazón de hombre.
• Las va a rebelar a los que le aman (los que le obedecen, Jn 14:21), por lo tanto nos va a ayudar a la obediencia, y la obediencia produce bendición (Deut 28:1-14) y la bendición produce plenitud de vida.
• Como Él escudriña el corazón de Dios, nos va a mostrar a Dios en toda su infinitud y grandeza.
• Nos va a enseñar lo que Dios nos ha concedido. Todo lo que Dios nos ha dado.


Cuatro etapas o niveles en el conocimiento del Espíritu Santo.
Sant 4:5: el Espíritu Santo está enamorado de nosotros. Él es un enamorado.
Cantares: la conversación entre un enamorado (el Espíritu Santo) y su enamorada (nosotros).
La relación entre ellos pasa por cuatro etapas o niveles:
• Mi amado es para mí (mi amado es mío) (Cant 1:13-14)(yo posesivo, exclusivista, egoísta).
• Mi amado es mío y yo soy suya (Cant 2:16) ( el egoísmo disminuye, comienzo a considerar la relación como una relación de “posesión mutua”).
• Yo soy de mi amado y mi amado es mío (Cant 6:3) (el egoísmo disminuye aún más, aunque sigo considerando la relación como una relación de “posesión mutua”, ya no tengo yo el primer lugar).
• Yo soy de mi amado (Cant 7.10) (en la relación, el único lugar principal lo ocupa Él, ya no vivo yo, Cristo vive en mí).
El primer nivel corresponde a cuando soy salvo. El segundo nivel corresponde a cuando somos bautizados en el Espíritu Santo. El tercer nivel es cuando somos llenos del Espíritu Santo. El cuarto nivel corresponde a la plenitud del Espíritu Santo. Estos niveles no se refieren a cantidad del Espíritu Santo en nosotros, sino significa al tipo de relación que nosotros tenemos con Él. Se refiere a cuanto de los “abismos”, vacíos del Espíritu Santo en nuestro corazón, El los llena. El Espíritu Santo es equivalente a una cascada de agua y/o ríos de agua viva que llena esos vacíos de nuestro corazón.
Esto también se corresponde con cuatro niveles de oración: el primero es el de petición; el segundo nivel es el de la oración de comunión (de platicar, de hablar con Él); el tercer nivel es el de la oración de intimidad (cuando comenzamos a compartir los secretos de nuestro corazón); y el cuarto nivel de oración es el de la plenitud (todo el tiempo, en todos los asuntos, el caminar con Él).
La relación con el Espíritu Santo es como la relación de dos enamorados: se conocen, se comprometen, se casan, maduran como matrimonio y llegan a la plenitud de su relación : requiere tiempo, decisión, compromiso, paciencia. No es automático ni instantáneo. Es un proceso de vida. Aún cuando lo sabemos (o por lo menos lo intuimos) en la relación con Dios muy frecuentemente vivimos como si todo ya hubiera alcanzado su máximo nivel cuando en realidad apenas las cosas de la relación se están iniciando. Por ello la Palabra dice que seamos continuamente llenos del Espíritu Santo (Efe 5:18). En el Reino de Dios todas las cosas comienzan como una semilla que necesita desarrollarse para crecer y alcanzar la plenitud, y la relación con el Espíritu Santo no es la excepción.
El Salmo 23 nos habla de muchas cosas, una de ellas, del proceso de desarrollo de la relación del creyente con Dios (y ello incluye al Espíritu Santo): de un nivel pasa a uno superior (de los lugares de delicados pastos a la casa de Jehová y en el medio, una valle de sombra de muerte en el que Su vara y Su cayado me infunden aliento –un nuevo conocimiento de Dios, un nuevo nivel de relación con Dios--).


Hch 1:8.
“Recibiréis poder cuando venga sobre vosotros el Espíritu Santo y me seréis testigos”. Este pasaje lo hemos interpretado insuficientemente, enfatizando el poder hacia afuera en lugar de el poder hacia adentro.
Tradicionalmente hemos considerado que el poder que el Espíritu Santo derrama en nosotros es el que nos capacita para predicar y/o para operar en milagros y sanidades. Pero los discípulos de Cristo, antes de la muerte de Cristo, y por supuesto antes de este pasaje, ya predicaban y ya manifestaban milagros, liberaciones y sanidades tal como nos lo informan los Evangelios (Luc 10.17). Entonces, Hch 1:8 es más que un poder para predicar, sanar, liberar y ver milagros.
Cuando los discípulos no habían recibido el bautismo del Espíritu Santo, aún cuando creían en Jesús, el día que Jesús fue arrestado y padeció en la Cruz, se encerraron y/o huyeron por temor a los judíos. Sin embargo, después de recibir el bautismo del Espíritu Santo tuvieron el valor de enfrentarlos y confrontarlos. Y ello porque antes del cambio exterior hubo un cambio interior, ellos fueron transformados por el Espíritu Santo que vino sobre ellos, transformando su temor en osadía tal como dice la Palabra en 2 Tim 1:7 que hace el Espíritu Santo en nosotros: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”


Conclusión.
Necesitamos profundizar nuestro conocimiento acerca del Espíritu Santo, pero no solo el conocimiento, sino también la relación con Él. Necesitamos desarrollarla, y en el proceso, vamos a ser transformados por Él a la imagen de Cristo. Y además, necesitamos refugiarnos en El que está sobre nosotros como si fuera nuestro escondedero.












13 Dic 2013