Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

El Espíritu Santo, nuestro Ayudador.



EL ESPÍRITU SANTO: NUESTRO AYUDADOR.


Introducción.

Estamos en tiempos en los que la maldad es mayor no solamente en cantidad sino también en calidad (más mala). Esto es una señal de anticipación de la pronta venida de Cristo.
Pero ante ese incremento de la maldad en todas sus formas y dimensiones, el Señor no nos deja indefensos. El nos dice en Su Palabra que en estos tiempos el Espíritu Santo se derramará de una manera especial sobre sus hijos e hijas:
• Hag 2:9. “La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos.”
• Rom 5:20-21. “Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.”
• Joel 2:28-29. “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.”

Todo ello nos habla de una manifestación gloriosa, impresionante como nunca hemos visto, del Espíritu Santo en nuestro tiempo. Pero así como en el tiempo de la Iglesia del Libro de los Hechos que la manifestación del Espíritu Santo estaba disponible para todos, no todos la tuvieron sino solo aquellos que lo desearon, que lo quisieron, que lo anhelaron, que lo conocieron, así en este tiempo esa manifestación extraordinaria solo estará disponible para aquellos que la busquen, la anhelen, y se sujeten al Espíritu Santo.
• Luc 11:13 “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”


Si no conozco al Espíritu Santo no voy a tener todo lo que Él tiene para mi. Necesitamos conocer al Espíritu Santo y conocer lo que Él hace para poder vivirlo y aprovechar todo lo que Él quiere hacer con nosotros. Muchos de nosotros al Espíritu Santo lo tenemos “sentado” por nuestra ignorancia de no saber lo que Él puede y quiere hacer en nosotros. Lo reducimos a una fuerza, un poder, una unción, y solo aprovechamos eso de Él, pero el Espíritu Santo es más que eso, mucho más. Por ello necesitamos conocerlo a El y lo que puede y quiere hacer. Aunque la unción, el poder, los dones son cosas importantes que hace el Espíritu Santo no son las más importantes.

Jn 14:15-16. “Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:”
Al leer este pasaje nos tiene que surgir una pregunta: ¿de que manera un Consolador nos va a ayudar a guardar los mandamientos? Cuando pensamos en un Consolador pensamos en una persona que nos consuela, “apapacha”, consciente, mima, tiene compasión de nosotros. Pero el Espíritu Santo, aunque hace eso, es alguien que hace más que eso.

La palabra que en nuestras Biblias en español se traduce “Consolador” en griego es “Paracleto”. Y si bien una de las traducciones es Consolador, no por ello es la mejor traducción, por lo menos en el contexto de este pasaje. El Paracleto es un amigo inseparable para ayudarme en toda situación.
Inseparable significa que nunca me va a dejar, no importa la situación, el lugar, el tiempo, etc. Y ello para ayudarnos a cumplir los mandamientos del Señor, a vivir el estilo de vida que Él quiere que vivamos.

La versión Reina Valera 1990 lo traduce precisamente así, como un Ayudador. Su función principal es ayudarnos a hacer la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta, que tenga vida y vida en abundancia, que se cumplan los planes que Él tiene para mi, que mi vida sea como la luz de la aurora que va en aumento hasta que el día es perfecto.

Que el Espíritu Santo more en nosotros, significa que Él va a estar presente en toda situación, y ello implica toda, no importa de que se trata, si es una situación personal, laboral, familiar, eclesiástica, etc., sea buena o sea mala. El es quién nos quiere guiar, quién nos quiere dirigir, quién nos quiere llevar hacia lo mejor que Dios tiene para nosotros. Sin embargo, usualmente nosotros hacemos lo contrario, queremos llevar al Espíritu Santo a donde nosotros queremos ir y para que haga lo que nosotros queremos que haga.

Para poder aprovechar todo lo que el Espíritu Santo quiere hacer en nosotros, una de las condiciones es que nos sujetemos a su dirección.


Sujetos al Espíritu Santo.

En el ambiente pentecostal actual, la idea de estar sujetos al Espíritu Santo es un tanto alejada de lo que la mayoría creen. Más bien la creencia usual es que el Espíritu Santo está allí para ayudarnos a nosotros cuando nosotros necesitamos o queremos. Pero el Espíritu Santo, como es Dios, requiere también de nosotros sujeción, obediencia. Una buena ilustración de ello es Mat 11:28-30: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.”

En este pasaje Jesús nos ofrece descanso para nuestras almas, pero ese descanso implica un par de condiciones: en primer lugar, que llevemos su yugo, y en segundo lugar que seamos mansos y humildes de corazón. En el primer caso, el del yugo, Jesús se está refiriendo a un madero al que se amarra la cerviz, nuca o parte superior del cuello de los bueyes que van a jalar de una carreta. Ese yugo es para que sean amarrados dos bueyes a él. Uno de los bueyes es un buey experimentado, maduro, mientras que el otro es un buey joven, inmaduro, inexperto. Como ambos van amarrados al yugo, el buey joven tiene que sujetarse al experimentado, y de esa forma, gradualmente, va a ir aprendiendo el oficio. Allí es donde entra el segundo tema, el de ser mansos (amansados) y humildes de corazón: solo el que se sujeta –humildad de corazón—va a ser amansado para que sea un buey efectivo. Y en la figura completa encontramos una representación del trabajo del Espíritu Santo para con nosotros: en el yugo que Cristo nos invita a llevar para que hallemos descanso a nuestras almas, el papel del buey experimentado lo hace el Espíritu Santo que nos guía, nos entrena, para amansar nuestra carne, para ponerla en servidumbre, mediante la obediencia a los mandamientos de Dios, para que podamos vivir la plenitud de vida, los planes de bien, los propósitos de Dios y las bendiciones que de ello derivan.

El Espíritu Santo es nuestro ayudador para darnos toda su experiencia para llevarnos a donde Dios quiere que vayamos para tener una vida plena.

Juan 14:17 nos enseña que el Espíritu Santo va a morar en nosotros, allí está siempre para dirigirnos y ayudarnos en todo momento, en toda circunstancia, pero necesitamos conocerlo y saber que función está haciendo en nosotros, porque algunas de las cosas a las que Él nos va a guiar no nos van a agradar porque significa que tendremos que morir a nuestra carne, o que sabiendo el futuro, nos está apartando de algo que nos agradaría pero que a la larga no nos conviene, los caminos que nos parecen derechos en nuestra opinión pero que terminan en problemas (Prov 16:25). El Espíritu Santo también nos enseña las cosas que habrán de venir, o nos aparta de ellas para evitar que nos afecten aunque nosotros no lo entendamos en ese momento.

A nuestra mentalidad “normal” le es difícil aceptar que el Espíritu nos quiere guiar en todo, aunque no parezca nada espiritual. Nosotros creemos que Él está solo para las cosas mega, hiper, super espirituales, o solo para las cosas que tienen que ver con la Iglesia, pero eso no es más que el resultado de nuestra mentalidad mega, hiper, super religiosa, porque lo que la Palabra de Dios dice al respecto de lo que hace el Espíritu está relacionado con dirigirnos para todas las cosas.

Y eso de conocer más al Espíritu Santo no tiene nada que ver con cuanto ya lo podamos conocer o dejarnos guiar por Él. Aunque ya lo oigamos de alguna manera, necesitamos mejorar nuestra relación con Él y nuestro conocimiento acerca de Él, y ello es una situación que nos va a seguir siempre. Cada día podemos conocer más y relacionarnos mejor con Él, y por lo tanto, obtener un mayor nivel de bendición de parte de Él, y cuando hablamos de mayor nivel de bendición estamos hablando de una mayor capacidad para que nos vaya bien en todas las áreas de nuestra vida, que todo nos salga bien, que vivamos dentro del propósito y la bendición de Dios.


El Espíritu Santo, nuestro Ayudador.

Como nuestro Ayudador el Espíritu Santo, por lo que nos enseña la Palabra de Dios que es Verdad, cumple las siguientes funciones en favor de nosotros:
• El Consolador que alivia la pena o la aflicción (Jn 14:16).
• El Abogado defensor que defiende nuestra causa ante cualquiera que nos quiera acusar o condenar (Rom 8:1).
• El Testigo que habla bien de nosotros (Rom 8:1).
• El Maestro que nos enseña (Jn 14:26).
• El Guía que nos dirige (Rom 8:14) a toda Verdad, y a conocer las cosas que habrán de suceder (Jn 16:13) para que tengamos vida y paz (Rom 8:6).
• El Intercesor que obtiene para nosotros mediante súplicas (Rom 8:26-27).
• El Ayudador que suprime nuestra incapacidad y nos capacita para poder con la vida (Hch 1:8, Efe 1:19-23).
• El Amigo inseparable que siempre está con nosotros en toda circunstancia para ayudarnos con Su Sabiduría (Jn 14:16, Isa 11:2).
• El Transformador de nuestro carácter (hacer morir las obras de la carne, victoria sobre la tentación y el pecado, Rom 8:13).
• La Presencia plena de Dios siempre presente en nosotros (Sal 139, Jn 16:13-15, 1 Cor 2:9-12).
• El que nos ayuda, nos anima, nos infunde valentía y coraje para la batalla (Rom 8:26).
• El que nos exhorta a realizar obras nobles (Rom 8:4), a cultivar pensamientos elevador (Rom 8:5, Fil 4:8).
• El que nos infunde la seguridad de ser hijos e hijas de Dios (Rom 8:14-16).
• El que nos lleva al arrepentimiento cuando pecamos (Jn 16:8), el que se contrista y nos redarguye respecto al pecado para que nos arrepintamos y para que regresemos a caminar en la Voluntad de Dios y no nos perdamos las bendiciones que Él tiene para nosotros.
• Las arras (enganche) de la garantía de nuestra redención (Rom 8:11, Rom 8:23).
• El Espíritu de amor, poder y dominio propio (Rom 8:15, 2 Tim 1:17).
• El que nos ayuda a que todas las cosas obren para bien (Rom 8:28) formando el carácter de Cristo en nosotros (Rom 8:29, Gal 5.22-23).
• El que nos llama, aplica la salvación a nosotros, nos santifica y nos glorifica (Rom 8:30).


27 Feb 2014