Estudio Bíblico

Inicio > Estudio
Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

La necesidad de conocer al Espíritu Santo.



Prédica en audio.

Base escritural.


"Y Dios le dijo a Salomón: «Por haber pensado así, y por no haber pedido riquezas, ni bienes ni gloria, ni la vida de los que no te quieren, ni una larga vida, sino que has pedido tener sabiduría y conocimiento para gobernar a mi pueblo, sobre el cual te he puesto como rey, recibirás sabiduría y conocimiento, y además te daré riquezas, bienes y gloria, como nunca antes tuvieron los reyes que te antecedieron, ni tendrán los reyes que te sucedan.» (2 Cró 1:11-12 RVC).

La sabiduría y conocimiento que pidió Salomón, en última instancia, era el Espíritu Santo.
Tal como Salomón se lo pidió, Dios se lo concedió.
Salomón, como no comprendió que esa sabiduría y conocimiento era el Espíritu Santo y como él la pidió específicamente para gobernar, entonces limitó por ignorancia la obra del Espíritu Santo en él.
Si bien es cierto fue el rey más sabio de su tiempo, no fue el mejor testimonio de su tiempo (ver Eclesiastés, 1 Rey 11:1-13).

Nuestro conocimiento y fe (sujeción y obediencia) respecto al Espíritu Santo determinará el alcance de Su obra en nosotros.
La clave del entendimiento y la experiencia del Espíritu Santo en nosotros es entender, creer y vivir que somos templos del Espíritu Santo, que Él vive en nosotros, que siempre está en nosotros y con nosotros para enseñarnos, recordarnos, guiarnos y empoderarnos para:
Salvación y regeneración (nacer de nuevo).
• Sanidad.
• Libertad y liberación.
• Restauración.
Desarrollo de una mejor y mayor relación con Dios.
• Conocimiento profundo de Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo).
• Conocimiento del propósito de Dios y Sus planes para nosotros.
• Conocimiento de Su herencia, de lo que El nos ha concedido.
Desarrollo de la nueva naturaleza.
• Empoderamiento para la obediencia y para enfrentar y vencer sobre toda circunstancia de la vida.
• Victoria sobre el pecado y la carne.
• Transformación.
• Santificación.
• Fruto (carácter): amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, humildad, dominio propio.
Plenitud de vida.
• Vida victoriosa.
• Sobrenaturalidad.
Dones (empoderamiento para servirle a Él y al prójimo): operativos, del Espíritu Santo, ministeriales, otros.


Podemos estorbar la obra del Espíritu Santo en nosotros.
"No apaguen el Espíritu." (1 Tes 5:19 RVC).
"No descuides el don que hay en ti, y que recibiste mediante profecía, cuando se te impusieron las manos del presbiterio." (1 Tim 4:14 RVC
"No entristezcan al Espíritu Santo de Dios, con el cual ustedes fueron sellados para el día de la redención. Desechen todo lo que sea amargura, enojo, ira, gritería, calumnias, y todo tipo de maldad." (Efe 4:30-31 RVC)
Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su santo espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos. (Isaías 63:10 RVR60)
“Ciertamente, mi carta fue para ustedes motivo de tristeza, y entonces lamenté haberla escrito porque vi que por algún tiempo ella los entristeció; pero ahora no lo lamento sino que me alegro. Y no porque ustedes se hayan entristecido, sino porque esa tristeza los llevó al arrepentimiento. Ustedes fueron entristecidos conforme a la voluntad de Dios, de modo que en nada fueron perjudicados por parte de nosotros. La tristeza que proviene de Dios produce arrepentimiento para salvación, y de ésta no hay que arrepentirse, pero la tristeza que proviene del mundo produce muerte. ¡Fíjense! Esta tristeza que provino de Dios, ¡produjo en ustedes preocupación, el deseo de disculparse, indignación, temor, vehemencia, celo, y deseos de hacer justicia! Es evidente que en este asunto ustedes no tuvieron la culpa. Y aunque yo les escribí, no lo hice por el que cometió el agravio, ni por el que lo padeció, sino para que se hiciera evidente la preocupación que tenemos por ustedes delante de Dios.” (2 Corintios 7:8-12 RVC)

La obra del Espíritu Santo en nosotros se ve obstaculizada y restringida (apagada) por nuestra:
• falta de conocimiento,
• la incredulidad,
• la apatía, la indiferencia,
• la falta de receptividad,
• el orgullo, la arrogancia,
• la religiosidad.
• el pecado.
Negar, desconocer y/o limitar al Espíritu Santo (Su persona, obra y dones) siempre va a constituir una limitación que nosotros le pondremos a la obra que El quiera hacer en y a través de nosotros.
También podemos entristecerlo y molestarlo con nuestro pecado (contristarlo).


La necesidad de aplicarnos al conocimiento del Espíritu Santo y la Palabra.
El Espíritu Santo es, entre otras muchas cosas, Espíritu de revelación y sabiduría (Isa 11:2). Pablo, en Efe 1:15-23 después de reconocer que los Efesos ya eran salvos (y por ende ya tenían al Espíritu Santo morando en ellos y con ellos) ora para que reciban de parte de Dios, Espíritu de sabiduría y revelación en el conocimiento de Él (una mayor porción, manifestación, don, obra o presencia del Espíritu Santo) para que:
• Conocieran más a y de Dios: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y por ende, tuvieran una mayor comunión con Él (la relación que necesitaban desarrollar con Dios, la Trinidad completa).
• Supieran cual es la esperanza a que Dios los había llamado (la vida eterna).
• Conocieran y vivieran las riquezas de la gloria de su herencia (plenitud de vida).
• Vivieran y conocieran la supereminente grandeza del poder del Espíritu Santo para con ellos (experimentaran la poderosa obra del Espíritu en su interior y a través de ellos).
• Para que pudieran experimentar y manifestar la plenitud de Dios en todo lugar, tiempo y circunstancia.
"Por esta causa también yo, desde que supe de la fe de ustedes en el Señor Jesús y del amor que ustedes tienen para con todos los santos, no ceso de dar gracias por ustedes al recordarlos en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, les dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él. Pido también que Dios les dé la luz necesaria para que sepan cuál es la esperanza a la cual los ha llamado, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros, los que creemos, según la acción de su fuerza poderosa, la cual operó en Cristo, y lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en los lugares celestiales, muy por encima de todo principado, autoridad, poder y señorío, y por encima de todo nombre que se nombra, no sólo en este tiempo, sino también en el venidero. Dios sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio a la iglesia, como cabeza de todo, pues la iglesia es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena a plenitud." (Efesios 1:15-23 RVC).



10 Mar 2014