Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Nuestra herencia en Cristo, hoy (1a. parte).



NUESTRA HERENCIA EN CRISTO, HOY (1ª. Parte).



Introducción.

"Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres. Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados." (1 Cor 15:13-22)

La resurrección de Cristo es el hecho histórico mejor comprobado. Pablo fue uno de los que participaron de la crucifixión de Cristo como parte del Sanedrín. ¿Cómo es posible que si Cristo no resucitó uno de sus jueces que lo condenaron y quién inicialmente persiguió a la Iglesia se hubiera convertido precisamente a Cristo? ¿Qué mayor certeza de la resurrección de Cristo que la conversión de Pedro?

Si Cristo no hubiera resucitado toda nuestra fe (todo en lo que creemos de acuerdo con la Palabra de Dios) sería en vano, pero como si resucitó, nuestra fe no es en vano, es efectiva. Todo lo que la Palabra de Dios dice que Cristo compró en la Cruz para nosotros, entonces, por Su resurrección es firme, verdadero, efectivo.

En la Cruz el Señor Jesucristo no solo compró con Su Sangre y Su muerte el perdón de nuestros pecados y la vida eterna, sino todo aquello que implica el que podamos vivir la vida abundante (toda bendición espiritual, que se reflejará en lo natural en la medida en que caminemos en la nueva vida que Él nos ha impartido, guiados y empoderados por el Espíritu Santo conociendo, entendiendo y poniendo por obra la Palabra de Dios).

Muchas de las cosas que nosotros esperamos como promesas en realidad son hechos ya consumados en la Cruz, son nuestra herencia presente, no futura. Las promesas están en el futuro. La herencia está en el pasado (ya la recibí) y en el presente (las vivo hoy).



La herencia se vive por la fe, hoy.

La herencia se vive por fe (la fe sin obras es muerta), nos la apropiamos hoy por la fe, caminamos en ellas el día de hoy. Aunque no lo veamos, ya sabemos que son nuestras, y como son nuestras vamos a hacer las cosas de tal manera que ellas se manifiesten en la realidad hoy. La fe es la certeza, es la convicción de que tengo lo que ya tengo, y lo tengo hoy, no lo espero para mañana o para el futuro (Sant 2:14-26, Heb 11:1).
No se trata de creer mentalmente, se trata de vivir como si todo aquello en lo que creemos es una realidad (que lo es aunque esté pendiente de manifestarse en lo natural).



Algunas cosas que ya son nuestra herencia (no promesas).

1. Murió para que nosotros tuviéramos vida y vida en abundancia (Rom 6:23, Jn 10:10).
a. Cristo quitó la muerte, la vida incompleta, insatisfecha, llena de pecado, y nos dio una vida nueva para que tengamos abundancia de paz, gozo, fortaleza, Espíritu, salud, libertad, y aún abundancia de lo material, etc.
b. Por lo tanto no debiera haber en nuestras vidas abundancia de tristeza, frustración, cansancio, enfermedad, pobreza, etc.
c. Sin embargo, para muchos de los creyentes en Cristo la vida cristiana es una pesada carga, llena de pruebas, desiertos, pobreza, enfermedad, etc., porque eso es lo que creemos que significa ser cristiano, lo cual es contrario a lo que dice la Palabra (es cierto que en la vida cristiana se nos presentan algunas circunstancias de estas, pero solo para llevarnos a un nuevo nivel de victoria, no para mantenernos en ellas; son temporales, no permanentes).

2. Cambió nuestra naturaleza pecadora por una nueva naturaleza semejante a la de Él (1 Ped 1:23, 2 Ped 1:4).
a. Ello implica que somos una nueva persona a partir del momento en que hemos sido salvos. Ya no el que éramos antes de conocerle, sino uno nuevo. Por lo tanto, no hay para ninguno de nosotros, condenación ni culpa por los pecados del pasado, y si pecamos ahora, pues lo que necesitamos es arrepentirnos y pedirle perdón al Señor para que no haya ni culpa ni condenación en nuestras vidas.
b. Cuando el diablo trata de traernos recuerdos del pasado para hacernos sentir inútiles, culpables, no renovados, cargados por nuestro pasado pecaminoso antes de reconocer el señorío de Cristo, necesitamos recordar que somos nuevas criaturas, que el que estamos recordando está muerto.
c. Igual cuando trata de recordarnos nuestra historia, nuestros errores, nuestros fracasos. No podemos aceptar esos recuerdos como si fueran actuales, o que se van a volver a repetir, porque Cristo me liberó del pasado (esas cosas fueron momento del pasado, no monumentos permanentes; necesitamos liberarnos de ellos dejándolos atrás, como lo hace Cristo, y seguir hacia adelante en el cumplimiento de los planes de Dios para nosotros, Jer 29:11).
d. Las cosas viejas pasaron, todas fueron hechas nuevas (2 Cor 5:17). La negra historia de nuestro pasado está totalmente enterrada, ya no existe en los registros eternos, porque Cristo la cubrió y la borró con Su Sangre.
i. Dios alejó de nosotros nuestros pecados, así como está lejos el oriente del occidente en el universo (distancia infinita).
ii. Dios ocultó nuestros pecados en el fondo del mar y nunca más se acordará de ellos (entonces ¿por qué nos seguimos acordando nosotros?).

3. De hacer las obras de la carne y manifestar principalmente el carácter del diablo (Gal 5:19-21) ahora podemos manifestar el carácter de Cristo y el fruto del Espíritu Santo (Gal 5:22-23).
a. El fruto de nuestra vida debería ser amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio.
b. Dios nos dio el poder del Espíritu Santo para destruir las obras de la carne (Rom 8.13) y nos dio el fruto del Espíritu Santo para manifestar Su fruto (es necesario que yo mengüe, y que Él crezca, Jn 3:30).
c. No es en nuestras fuerzas, es por el Espíritu Santo que va delante de nosotros (somos guiados por Él, Él va delante de nosotros; necesitamos vivir echando mano del Espíritu Santo que es nuestra vida).

4. Llevó nuestros pecados para darnos Su santidad (Efe 1:3-5).
a. Somos santos, ya no somos pecadores.
b. Aunque aún pequemos, ya no somos pecadores, somos santos, hemos sido liberados de la esclavitud del pecado (la obligatoriedad de pecar).
c. Ahora pecar ya no es una compulsión, una esclavitud. Ahora es una decisión, y como tal, tengo el poder de no tomarla, y por el contrario, tomar el camino de la obediencia a Dios, de la santidad, de hacer lo bueno, cuando decido seguir al Espíritu Santo, que nos va a guiar a una vida santa.

5. Llevó nuestra injusticia para que nosotros fuésemos hechos justos delante de Dios (2 Cor 5:21).
a. Somos hechos la justicia de Dios en Cristo, no porque seamos verdaderamente justos (que no cometamos injusticias de vez en cuando), sino porque la justicia de Cristo nos es imputada, asignada, a cada uno de nosotros.
b. Cuando Dios nos ve, no ve nuestras injusticias, nuestros pecados, nuestros errores, nuestros fracasos. El ve a Cristo en nosotros, y por lo tanto, nos ve como Él ve a Cristo.

6. Se hizo maldición para que la maldición de la ley (enfermedad, pobreza, opresión, muerte espiritual, esclavitud, etc.) fuera cancelada de sobre nosotros (Gal 3:13-14)
a. La maldición ha sido cancelada de sobre nosotros: la pobreza, la enfermedad, la muerte, la decepción, la frustración, la opresión, etc.
b. Solo necesitamos estar tomados de la mano del Espíritu Santo, siendo guiados por Él en todas las cosas y obedeciendo la Palabra de Dios para vivir en las bendiciones de Dios (aún a pesar de nuestros pecados de ahora, vamos a enfrentar las consecuencias de ellos, pero no vamos a enfrentar la maldición por ellos).

7. Y para que la promesa del Espíritu Santo se cumpliera en nosotros (Gal 3:13-14).
a. Todos tenemos el Espíritu Santo morando en nosotros desde el mismo momento en que hemos sido salvos, y sellados con Él para siempre (es decir, no nos va a dejar por ninguna razón).
b. Lo que necesitamos es creerlo y echar mano de Él para vivir en todos los aspectos de nuestra vida permitiéndole que nos guíe en todas las cosas.
c. Él es la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo, es la plenitud de Dios en nosotros para que podamos vivir en victoria en toda área de nuestra vida, en bendición en toda área de nuestra vida, creyendo en Su dirección y obedeciendo la Palabra de Dios cuando nos la recuerda.
d. Si no reconocemos la presencia del Espíritu Santo en nosotros, y no echamos mano de Él para que nos guíe y nos empodere para vivir nuestra vida, lo que va a suceder es que teniendo la oportunidad de vivir la vida en abundancia, no la vamos a experimentar, por nuestra incredulidad, por la falta de fe en lo que Dios hizo en la Cruz y en la Resurrección por nosotros, y por la falta de fe de que el Espíritu Santo está en nosotros para empoderarnos a vivir en la obediencia a Dios para experimentar la vida y vida en abundancia.




23 Jun 2014