Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Los nombres de Jesús.



Jesús.

Este nombre significa: Jehová es ayuda o salvación (Mat 1:21).

El nombre de Jesús, nombre con el cual Él fue identificado en Su Ministerio terrenal es una clara orientación y definición de esa etapa de Su Ministerio: Él vino para salvar al mundo, no para condenarlo (Jn 3:16-18). El fué enviado por el Padre para hacer lo que ningún otro ser humano podría hacer nunca: pagar los pecados de todos nosotros para que pudiéramos tener vida eterna, y derrotar al diablo y a sus principados y potestades, despojándoles de los derechos temporales obtenidos mediante la caída para enseñorearse de los seres humanos y de las naciones (Mat 4:8-11) anulando el acta de los decretos que nos era contraria (Col 2:13-15).

Dios, en Jesús, nos envió ayuda y salvación para que pudiéramos ser liberados de la esclavitud del pecado, de la carne, del mundo, de la muerte y del diablo.



Cristo.

Este nombre significa el Ungido, el Mesías prometido al pueblo de Israel y a la humanidad para salvación, liberación y redención, es decir, para la restauración plena de la gloria de Dios en medio de las personas y las naciones. Él así mismo sería el Gobernador, el Rey, el Señor de Su pueblo.

Con este nombre se profundiza y amplia el significado y el conocimiento del ministerio salvador de Jesús para introducirnos en el Señorío que es la consecuencia ineludible de que Él sea el Salvador, porque no hay salvación sin liberación, sin redención, y ella es consecuencia del Señorío (Rom 10:8-10). Por lo tanto, este nombre de Jesús nos introduce en la faceta fundamental de su calidad: el Señorío de Él sobre toda persona, espíritu, cosa, situación; nos introduce al entendimiento de que Él es Señor sobre todas las cosas en la tierra y en el cielo (Mat 28:18, Fil 2:9-11, Col 1:17-20, Efe 1:20-22).



Jesucristo.

Este nombre implica dos calidades, cualidades y funciones inseparables de Jesús: El es Salvador pero Él es también Señor. Una cosa separada de la otra es imposible. De hecho, de acuerdo a lo que nos enseña la Palabra de Dios en Rom 10:8-12, la verdadera salvación implica el Señorío de Cristo (somos trasladados de la potestad -señorío- del diablo y las tinieblas al REINO de Su Amado Hijo).

Hoy, amplios sectores de la cristiandad reconocen a un Jesús Salvador, pero no a un Jesús Señor. Para ellos, la palabra "Señor" equivale a un título honorífico, como el Sr. o Sra. que usamos actualmente, y con ello, reducimos el Evangelio a algo menor y diferente de lo que realmente significa.

El mismo Jesús, en su tiempo, experimentó eso; en Luc 6:46 dice: " ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?", y nos advirtió al respecto de ello:
• Mat 7:21-23: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad."
• Mat 25:11-12: "Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.



Conclusión.

Es un error muy grueso, que puede conducir a la creencia en un evangelio diferente al que nos enseña la Escritura, presentar a un Jesús que es solo Salvador, o un Jesús que es equivalente a un santa claus que lo único que le interesa es darnos regalos y hacernos felices.

Jesús, es por sobre todo, el Señor de todo lo creado, incluido nosotros, que merece, si realmente le conocemos y estamos sabidos de Su obra a favor de nosotros, nuestra honra, respeto, sujeción, obediencia, agradecimiento y reconocimiento, como mínimo, y por sobre el interés de recibir bendiciones. La Palabra claramente nos enseña que necesitamos buscar Su Reino y Su justicia, y como consecuencia de ello, y solo ello, seremos bendecidos recibiendo las añadiduras que Él ha prometido para los que le obedecen y le siguen.

Nuestra función primordial, prioritaria, en esta vida terrenal, que será igual en la eterna, es la de ser hijos e hijas de Dios obedientes en todo como lo fue Jesús respecto al Padre (Mat 7:21, Mat 5:48), y al servicio obediente del Señor de señores y Rey de reyes (1 Ped 1:13-18, Mar 10:42-45). Esa es la voluntad de Dios de Dios para nosotros por sobre todas las cosas.

Cualquier cambio en esas prioridades, cuando Dios no lo ha hecho, significa vivir otro evangelio, y exponernos a lo que Pablo enseña en Gálatas 1:8-10: "Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema. Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo."
Y en este tiempo, ese es un peligro real de acuerdo a lo que nos enseña el mismo Pablo en sus enseñanzas a su discípulo, Timoteo:
• 2 Tim 3:1-5. "También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita."
• 2 Tim 4:3-4. "Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas." 

01 Nov 2014