Estudio Bíblico

Inicio > Estudio
Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Los nombres de Jesús.



Liberación del pecado y de sus consecuencias en el ámbito personal.

Como vimos en el significado etimológico de la Salvación, ella significa la liberación del pecado y de todas sus consecuencias, y en términos generales, ello implica:
• El perdón de los pecados (son quitados y limpiados) (Efe 1:17, Col 1:14).
• El nuevo nacimiento (liberación de la esclavitud del pecado) (Tito 3:5, 2 Cor 5:17).
• El empoderamiento para hacer frente a la tentación y todo ataque del amo del pecado (el diablo y sus demonios, el mundo y la carne) (Hch 1:8, Jn 14:15-16, Jn 8:31-32, Rom 8:13, 2 Cor 3:18).
• La vida y vida en abundancia (Jn 10:10), resultante de la obediencia a la Palabra de Dios (Jn 8:31-32, Rom 12:2, Gal 3:13, Deut 28.1-14) viviendo bajo el Señorío de Cristo.
○ Sanidad física (Isa 53:4-5, Mat 8:17, 1 Ped 2:24).
○ Restauración (sanidad emocional) y libertad (sanidad espiritual) (Luc 4:18-19).
○ Todas las necesidades suplidas y un poco más (2 Cor 8:9, 2 Cor 8:13-15, Fil 4:19).
○ Prosperidad (crecimiento, desarrollo) en todas las cosas (3 Jn 2, Prov 4:18, Jer 29:11).
○ Relaciones sanas (Col 3:12-15).
○ Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, humildad, dominio propio (Gal 5:22-23).

La Palabra nos enseña una gran cantidad de beneficios específicos de la salvación. Entre ellos, el Señor, en la Cruz del Calvario, entre otras cosas proveyó para nosotros lo siguiente:
• Cargó nuestros pecados, tomó el acta de los decretos que nos era contraria anulándola, derramó Su Sangre hasta la última gota, para que nosotros tuviéramos perdón de pecados (Luc 24:47, Hch 2:38, Hch 5:31, Hch 10:43).
○ El llevó nuestra culpa y condenación, libertándonos de la acusación de la culpa y de la condenación (Rom 8:33-34), y nos hizo la justicia de Dios en Él (Fil 3:9, 1 Cor 1.30).
• Llevó nuestra muerte (Rom 6:23) y nos dio Su Vida (Heb 2:9), de tal manera que pasamos de la muerte eterna a la vida eterna.
○ Llevó nuestro castigo para que nosotros recibiéramos Su paz (Isa 53:5) y la vida eterna.
○ Nuestro destino eterno cambió del infierno al cielo nuevo y la nueva tierra (Apo 21:1-7).
○ De estar muertos en nuestros delitos y pecados pasamos a tener vida juntamente con Él (Efe 2:1-5).
○ Llevó nuestros pecados y nos dio Su Santidad (Efe 1:3-5)y pasamos de ser pecadores a ser santos.
○ Llevó nuestra injusticia y nos dio Su justicia (2 Cor 5:21) por lo que de impíos pasamos a ser justos.
• Por el tiempo en que sobrellevó el pecado de todos nosotros y estuvo separado del Padre (porque nuestros pecados hacen división entre Él y nosotros, Isa 59:2), al creer en Él nos dio la potestad de ser hechos hijos de Dios (Jn 1:12). Debido a ello:
○ Dejamos de ser hijos del diablo (Jn 8:44).
○ Dejamos de ser hijos de ira (Efe 2:3).
○ Dejamos de ser hijos de desobediencia para ser hijos de obediencia (Efe 5:6, Col 3:6).
○ Dejamos de ser enemigos de Dios (Rom 5:10).
○ Dejamos de ser siervos del diablo y pasamos a ser siervos de Dios (Isa 41:9).
• Tomó nuestra vieja naturaleza y nos dio una nueva naturaleza (2 Cor 5:17), la naturaleza divina (2 Ped 1:4).
○ Nos dio Su Espíritu Santo para que en lugar de ser guiados por la carne fuéramos guiados por Su Espíritu Santo (Rom 8:12-14).
○ Él, por Su Espíritu Santo, ha venido a hacer morada en nosotros para deshacer, destruir, derrotar, arrancar, derribar, todas las obras del diablo, y edificar y plantar Su Reino en nosotros (Jer 1:10, 2 Cor 10:4-6, 1 Jn 3:8).
○ De ser esclavos de la voluntad de la carne nos libertó para vivir bajo la voluntad de Dios (Rom 12:2).
○ Nos dio Su mente para que transformemos nuestra mente mundana (2 Cor 2:16, Rom 12:1-2, Efe 4:22-24, Sal 1.1-3).
○ No solo tenemos Su mente, estamos completos en Él (Col 2:10).
○ Somos la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo, la plenitud de Cristo (Efe 1:22-23).
• Llevó sobre sí nuestra desobediencia para que nosotros recibiéramos Su Espíritu para caminar en obediencia (Isa 53:5, Efe 2:1-10, Efe 5:6-20, 1 Ped 1:13-18, 2 Cor 10:4-6).
○ Nos libertó del pecado y nos dio Su libertad (Jn 8:31).
○ Llevó nuestra debilidad para que nosotros pudiéramos recibir el poder del Espíritu Santo para vencer el pecado y la desobediencia (Jn 14:15-17, Hch 1:8, Rom 8:13).
• El llevó nuestra maldición y nos abrió el camino para ser bendecidos (Gal 3:13-14, Deut 28:1-14).
○ Sobrellevó nuestra pobreza espiritual, emocional y material para que nosotros fuésemos enriquecidos en todas las cosas (2 Cor 8:9); llevó nuestra miseria para que nosotros tuviéramos vida en abundancia (Jn 10:10).
○ Por sus heridas y llagas inflingidas en Su Pasión nosotros fuimos sanados (Isa 53:5).
• Nada nos puede separar de Su Amor (Rom 8:38-39).
○ El fue temporalmente abandonado para que nosotros no fuéramos abandonados (Mat 27:45.51).
○ Por Su desamparo en la Cruz, ahora el Padre no nos deja ni nos desampara y Él está con nosotros por Su Espíritu que vive en nosotros, para siempre (Jn 14:16-17, Mat 28:20, Heb 13:5, Sal 121).
○ El sobrellevó la separación de Dios en la Cruz para que nosotros recibiéramos libre acceso al trono de la Gracia (Heb 4:16).
○ Jesús experimentó el silencio del Padre durante Su Crucifixión para que nosotros tuviéramos respuestas de Dios (Mat 27:45-52, Mat 7:7-11).
• Experimentó nuestra debilidad para que pudiéramos recibir Su fortaleza (2 Cor 12:9-10, Hch 1:8).
○ Nos dio el poder para vencer la carne (Rom 8:13) y las obras de la carne (Gal 5:19-21) y poder manifestar el fruto del Espíritu (Gal 5:22-23).
○ El llevó nuestras derrotas a la cruz e hizo nuestra Su Victoria (Rom 8:37, Col 2:15) haciéndonos más que vencedores por medio de Él. De vencidos nos hizo más que vencedores.
○ La adversidad no nos puede derrotar, sino que gracias a Él y a su poder que opera en nosotros, todas esas cosas obran para nuestro bien (Rom 8:28).
○ De vencidos a afirmados, perfeccionados y establecidos con mayor carácter, madurez y firmeza en Él (1 Ped 5:8-10, Sant 1:2-4).
• Experimentó las tinieblas para que nosotros recibiéramos Su luz (1 Tes 5:5).
○ Quitó nuestra ceguera espiritual (Jn 12:40, 2 Cor 4:4) y nos dio Su mente y Su Espíritu para que podamos ver las cosas como Él las ve (1 Cor 2:14-16).
○ Pagó el precio para que pudiéramos salir de la sabiduría humana y tuviéramos acceso a la sabiduría divina (Sant 3:14-17), para que dejáramos de vivir en la necedad y fuéramos transformados en sabios (Sant 1:5, 1 Cor 1.24, Efe 3:10).
• Llevó el castigo para que nosotros pudiéramos recibir Su Paz con Dios, con los demás y con nosotros mismos (Isa 53:5).
○ Pagó el precio para sacarnos del hoy de la desesperación y sentarnos en lugares celestiales con Él (Sal 40:2, Efe 1:3).
○ Llevó nuestra doble confusión y deshonra y nos dio Su doble honra y perpetuo gozo (Isa 61:7).
○ Vivió por nosotros el rechazo que experimentó a lo largo de Su vida terrenal, y en grado sumo en Su Pasión, para que nosotros fuéramos aceptos (aceptados) en Él (Isa 53, Efe 1:4-8).
○ Sufrió el menosprecio en grado sumo para que nosotros recibiéramos el aprecio y valoración en grado sumo del Padre, de Jesús, del Espíritu Santo y de todos los ángeles bajo Su servicio (Isa 53:3, Heb 1:14).
○ El fue angustiado (Isa 53:7) para que nosotros pudiéramos experimentar Su alegría (Isa 61:3).
○ Él llevó nuestra aflicción para que nosotros tuviéramos paz en medio de la aflicción (Isa 53:7, Jn 16:33).
○ Cambió nuestro luto por Su consuelo y por Su gozo (Isa 61:2-3).
○ Cambió nuestra ceniza (humillación) por Su gloria (Isa 61.3).
○ Cambió nuestro lamento en baile (Sal 30:11).
○ Cambió nuestra desnudez y vergüenza por Su Sangre (Gen 3:21), nos dio vestiduras limpias.
• Cambió nuestra ciudadanía terrenal por la ciudadanía del cielo (Fil 3:20); fuimos hechos conciudadanos de los santos (Efe 2:19). Aunque estamos en el mundo, ya no somos del mundo (Jn 17:14).
○ Pasamos de estar bajo el gobierno del diablo y las tinieblas a vivir bajo el gobierno de Dios y de la luz (Col 1.13).
○ De enemigos de Dios fuimos hechos ministros de la reconciliación, embajadores del Reino de Dios (2 Cor 5:18-20).
○ De ministros de la división a ministros de la reconciliación (2 Cor 5:18-20).
○ De ser promotores del reino de las tinieblas nos hizo agentes del Reino de Dios (Efe 4:12-13, Mat 28.18-20, Mat 13.33, Mat 5:13-16).
• Él se despojó de toda Su Gloria y se hizo hombre (Fil 2:5-8) para que nosotros pudiéramos ser glorificados y hechos plenamente hijos de Dios (Rom 8:29-30).


01 Nov 2014