Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Los nombres de Jesús.



La Vida.

Jesucristo como la Palabra de Dios es la Vida porque es por la Palabra de Dios que Él da vida a todas las cosas y las sustenta con la Palabra de Su Poder (1 Tim 6:13, Col 1:16-17, Heb 1:3). Pero además de la vida física, Él también imparte vida plena y vida eterna.

Sal 91:6. "Lo saciaré de larga vida, y le mostraré mi salvación."

Jn 1:4. "En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres."

1 Jn 5:11-12. "Y éste es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida"

Jn 5:40. "y no queréis venir a mí para que tengáis vida."

Fuera de Él no hay vida plena. Solo viniendo a Él podemos tener esa vida plena que todos anhelamos tener, que es un deseo en el corazón de cada ser humano, como ya lo mencionamos anteriormente. Y ese anhelo solo en Cristo puede ser cumplido en esta vida y además la vida eterna. Solo en Él tenemos vida.

Mat 16:25. "Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará."

Mar 8:35. "Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará."

Luc 9:24. "Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará."

No podemos seguir algún "ismo" humano y además a Cristo. O Cristo es nuestro Camino, Verdad y Vida o no tendremos nada más que frustración, angustia, dolor, incertidumbre, y al final, muerte eterna.

Pruebas más que indubitables de la certeza de todo esto es la resurrección de Cristo que aunque no fue aceptada tampoco fue negada por los fariseos y escribas que lo condenaron a la Cruz lo cual constituye una afirmación tácita de ella, la disposición de los discípulos de Cristo a predicarlo después de la resurrección aún a riesgo de sus vidas, cuando anteriormente, en la crucifixión habían negado a Cristo o habían huido decepcionados, temerosos y frustrados; la conversión de Pablo, quién de ser parte del grupo que crucificó a Cristo y perseguidor de la Iglesia en sus primeros tiempos, se convirtió a Aquel a quién perseguía; la disposición de los mismo discípulos y de muchísimos cristianos más a lo largo de la historia de los últimos dos milenios, que fueron a la muerte martirizados antes de negar su fe en el Hijo de Dios. Y si a ello le agregamos los miles y miles de testimonios de personas que han sido transformadas, sanadas, rescatadas, etc., y/o recibido un milagro de parte del Hijo de Dios, no hay duda de que Jesús es quién afirma que es: El Camino, la Verdad y la Vida que llevan a la vida plena, a la vida eterna y al Padre.

Igual que la Puerta es para pasar por ella, el Camino para caminarlo, la Verdad para manifestarla en los hechos cotidianos de la vida, la Vida es para vivirla, para manifestarla. Que Jesús sea la Vida y viva en nosotros implica que esa Vida debe ser manifestada a través de nuestros actos más que de nuestras palabras. El mejor testimonio que podemos dar a los demás es el de una vida transformada y manifestada en los hechos prácticos. Como un viejo refrán dice: "obras son amores y no buenas razones" o como lo manifiesta Santiago: "muéstrame tu fe por tus obras --hechos--, porque la fe sin obras es muerta" (parafraseado, Sant 2:14-26). El mejor testimonio de la Vida es la vida práctica transformada y progresivamente adaptándose a la Palabra de Dios. Por eso Jesús dijo: "en eso conocerán que son mis discípulos: en el amor que se manifiesten los unos a los otros" (parafraseado, Jn 13:35).



Conclusión.

Cristo es nuestra vida (Jn 10:28), en Él vivimos, nos movemos y somos (Hch 17:28); y para sostenerse la vida en nosotros necesitamos recurrir constantemente a comer de Él. Siendo Él la Palabra que es Pan, necesitamos comer todo el tiempo de la Palabra para tener vida (Mat 4:4). Sus Palabras son Espíritu y son Vida (Jn 6:63). Y juntamente con ello, necesitamos vivir en comunión con Él (Sant 4:5) de todas las formas posibles: poniendo nuestros pensamientos en Él (Fil 4:8-9, 2 Cor 10:3-6), meditando de día y de noche en Su Palabra (Sal 1:2-3), hablando y dialogando con Él (1 Tes 5:17), buscando Su dirección, haciendo todas las cosas para Su Gloria (Col 3:22-25), imitando su forma de vivir y enfrentar cada circunstancia de la vida (Jn 13:15).

Jn 5:39-40. "Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;  y no queréis venir a mí para que tengáis vida."

01 Nov 2014
Referencia: 25. La Vida.