Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Los nombres de Jesús.



La resurrección de Cristo.

Relacionado con esta nominación de Jesús se encuentra también la indicación en Apo 1:18: "el que vivo, y estuve muerto; más he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades".

Esta es una clara alusión al poder y significado de la resurrección, el momento esencial en la historia de la salvación en la cual Jesús fue levantado corporalmente para iniciar un nuevo orden de vida. Este acto del poder creador de Dios (Rom 4:24s, 2 Cor 4:14, Efe 1:20) no se produjo ante testigos ni es descrito en el Nuevo Testamento, pero a lo largo de todo él se proclama como un hecho indubable, un hecho total y absolutamente cierto (Hch 1:3) y se propone como el sello innegable de nuestra fe (1 Cor 15:12-17) y de las muchas bendiciones actuales y futuras.

Aunque no se produjo ante testigos ni es descrita en el Nuevo Testamento, es un hecho histórico ampliamente comprobado de muy diversas maneras:
• Si Jesús no hubiera resucitado los discípulos que ante su crucifixión huyeron, no hubieran regresado y creído en Él.
• Si Jesús no hubiera resucitado los discípulos no hubieran estado dispuestos a arriesgar sus vidas acusando a los judíos y al Sanedrín de la muerte de Cristo.
• Si Jesús no hubiera resucitado Pablo, siendo un miembro prominente del Sanedrín, y con un gran futuro dentro de Él, no hubiera dejado de ser judío y convertirse al cristianismo.
• Si Jesús no hubiera resucitado los tres mil que se convirtieron del judaísmo al cristianismo en el día de Pentecostés no se hubieran convertido.
• Si Jesús no hubiera resucitado el Sanedrín, que no tuvo limitaciones para condenar y crucificar a Cristo, hubiera hecho correr la misma suerte a Pedro y a Juan cuando sanaron al cojo de la Puerta de la Hermosa.
Todos estos hechos demuestran la certeza de la resurrección de Cristo. Adicionalmente a ello, a pesar de ser una doctrina que ampliamente se difundió en los tiempos inmediatamente posteriores a la muerte de Cristo por toda Asia y Europa, no existe ni un solo documento de la época que se atreva a negar la resurrección, lo cual es inaudito si la resurrección no hubiera sido un hecho cierto.

La resurrección de Cristo es única en su género, ya que es, por definición, la resurrección del Mesías e Hijo de Dios (Rom 1:4) y constituye la resurrección del primogénito de entre los muertos (el primer resucitado a la vida eterna entre los muertos). Las resurrecciones que se pudieron producir anterior o posteriormente a la de Jesús, son resurrecciones de personas que vuelven a vivir pero no nacen a la vida eterna, y como consecuencia, tarde o temprano, vuelven a morir. Por ello la resurrección de Jesús es la garantía de que los que morimos en Él también resucitaremos.

La resurrección de nuestro Señor Jesucristo significa el triunfo final ante el sufrimiento y la muerte, no solo de Cristo sino de todos los creyentes que sufren persecución, aflicción, dolor, etc., además que para los cristianos también significa el triunfo final sobre el pecado. Porque Él resucitó y vive, el imparte vida a todos los que nos unimos a El por la fe (Jn 10:10b), vida que hoy vivimos como primicias de la vida eterna que tendremos con Él (Rom 6:8, 1 Cor 6:14).

Gran parte de las enseñanzas del Nuevo Testamento se basan en las implicaciones de la resurrección tal como Pablo nos lo hace ver:

1 Cor 15:14. "Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe." 

La resurrección es un acto por el cual Dios Padre manifiesta Su aprobación sobre el ministerio de Jesús: expiación, justificación, salvación y redención. También es el sello de aprobación sobre las enseñanzas y el ejemplo de vida que Jesús manifestó durante su vida terrenal para que sea ejemplo para nosotros.

Por la resurrección Jesús es hecho Señor de todo (Hch 2:36) y declarado Señor, Salvador y Juez (1 Ped 3:21ss, Efe 1:21, Fil 2:9-11, Heb 2:5), recibiendo un Nombre que es sobre todo nombre, y ante el cual se doblará toda rodilla en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, ya sea en este tiempo, o en el momento del juicio final cuando los que no lo reconocieron durante esta vida lo tendrán que reconocer cuando sean juzgados y enviados a las moradas eternas de las tinieblas.

01 Nov 2014