Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Paternidad de Dios.



EL PLAN DE DIOS PARA LA PATERNIDAD HUMANA.



“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia. Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño. He aquí, herencia de Jehová son los hijos; (son de El no nuestros, nosotros solo somos administradores para El en relación con ellos) cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; no será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta”. (Sal 127).

“Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios. Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. El provee de sana sabiduría a los rectos; es escudo a los que caminan rectamente. Es el que guarda las veredas del juicio, y preserva el camino de sus santos. Entonces entenderás justicia, juicio y equidad, y todo buen camino. Cuando la sabiduría entrare en tu corazón, y la ciencia fuere grata a tu alma, la discreción te guardará; te preservará la inteligencia, para librarte del mal camino, de los hombres que hablan perversidades, que dejan los caminos derechos, para andar por sendas tenebrosas; que se alegran haciendo el mal, que se huelgan en las perversidades del vicio; cuyas veredas son torcidas, y torcidos sus caminos.” (Prov 2:1-15).

Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla; para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados. Oye, pues, oh Israel, y cuida de ponerlos por obra, para que te vaya bien en la tierra que fluye leche y miel, y os multipliquéis, como te ha dicho Jehová el Dios de tus padres. Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas”. (Deut 6:1-9).

“¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mat 7:9-11).

“Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Luc 11:11-13).

El modelo de Dios para la paternidad humana, desde el principio de la raza humana, fue que los padres terrenales reflejaran para sus hijos al Padre Celestial. La caída vino a hacer esa imagen imperfecta y borrosa pero ante ello Dios le dio a la humanidad Su Palabra y la revelación gradual de su Ser, a partir de su relación con el pueblo de Israel y posteriormente con la vida del Señor Jesucristo, para que los padres pudiéramos tener el modelo adecuado para formar a nuestros hijos.

Así como el Padre Celestial en su primer contacto con Adán y Eva los bendijo, dándoles una identidad (la de hijos a imagen y semejanza de El) y un propósito o razón de ser para esa identidad (la comunión y adoración), cuyos resultados serían la fructificación y multiplicación de ellos y sus descendientes así como que les fuera bien en la tierra, según lo encontramos en Gen 1:26-28,


“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.”

Su plan era que nosotros los padres terrenales hiciéramos lo mismo, que fuéramos sus mensajeros para impartir su bendición a los hijos que El nos diera, siguiendo Su modelo, con el objeto de habilitarlos para que también a ellos les fuera bien en todo lo que hicieran (Sal 1:1-3, 3 Jn 2).

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.” (Sal 1:1-3).

“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.” (3 Jn 2).

“Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla; para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados. Oye, pues, oh Israel, y cuida de ponerlos por obra, para que te vaya bien en la tierra que fluye leche y miel, y os multipliquéis, como te ha dicho Jehová el Dios de tus padres. Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.” (Deut 6:1-9).

Cuando el diablo entró en contacto con Adán y Eva, lo primero que hizo fue atacar precisamente esa identidad y ese modelo para desviarlos del plan y propósito de Dios. Cuando le dice a Eva “¿Con que Dios os dijo…?” lo que pretendía era poner en duda la bendición de Dios sobre sus vidas, sustituyéndola por la maldición, que no es otra cosa que anular la bendición para que les fuera mal en la vida. Fue exactamente lo mismo que hizo cuando tentó a Jesús: quería que Jesús dudara de su identidad y de su propósito y desviarlo del plan de Dios.

“Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.” (Mat 4:3-11).

Otro punto interesante en ese momento clave de la humanidad es que el diablo logró sembrar la duda en el corazón de Eva porque ellos eran como Dios pero no hacían como Dios. Desde ese entonces el diablo sembró en el corazón del hombre y la mujer un fundamento equivocado de su identidad: lo que hacen (“hacedores humanos”) en lugar de lo que son verdaderamente (“seres humanos”).

Así comenzó, desde la misma caída del hombre, el desarrollo del modelo del diablo para maldecir a los niños y niñas de tal manera que fueran deshabilitados para que les fuera bien en la vida y por consecuencia, habilitarlos para que les fuera mal. Recordemos que cuando hizo caer a Adán y a Eva el Padre le dijo al diablo: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañal.” (Gen 3:15). El sabe que los niños y niñas serán sus potenciales vencedores y los ha pretendido destruir desde siempre, primero a través de medios tan burdos como la guerra, la violencia, la enfermedad, el aborto que atentan contra la vida misma de los niños y niñas (para nadie es un secreto que los más vulnerables a todas esas situaciones son precisamente los y las niñas), hasta medios más sofisticados que atentan contra el ser interior, la esencia de ellos, como es su corazón, envenenándolos.

Para ello usó y tergiversó el modelo de Dios utilizando a los mismos mensajeros pero con un mensaje desviado: la maldición de nuestra identidad y el traslado de la responsabilidad de la educación de los niños de los padres a las instituciones educativas, y en los últimos años, a la televisión y el cable “seculares”, la gran mayoría de los cuales están fundados en formas de pensar humanísticas que han sido gestadas en el mismísimo infierno.

El diablo sabe que “como es el hombre en su corazón, así es el tal” (Prov 23:7), así actúa, y que lo que contamina al hombre es lo que sale del corazón (Mat 15:10-20), entonces ha montado todo un sistema en el mundo para contaminar el corazón de los y las niñas con rebelión, mala imagen paterna, abandono, abuso, violencia, maldición, etc., de tal manera que en el corazón de ellos y ellas vaya creciendo una amargura tal que en las etapas posteriores de su vida les impida alcanzar la gracia (bendiciones) de Dios, y que no solo se los impida a ellos sino que contamine también a otros para que no la alcance (todos los que están a su alrededor, principalmente en el futuro de sus vidas, a sus propios hijos).

“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;” (Heb 12:15).


Importancia de la paternidad.

Además de la imagen paternal que es grabada en el corazón del niño y que posteriormente determinará en una buena medida la clase de relación que el niño establecerá con su Padre Celestial, así como su destino, éxito o fracaso, bendición o maldición, la paternidad humana tiene, por lo menos, los siguientes efectos adicionales sobre los hijos:

a) Determina el tipo y la calidad de la relación con la pareja: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer,…” (Gen 2:24). Si una persona está resentida con sus padres, no podrá unirse efectivamente con su pareja porque permanecerá unida, atada, a sus padres, porque la falta de perdón nos ata a las personas que no perdonamos.

b) Igualmente, la paternidad humana va a afectar el tipo y calidad de la relación sexual que vamos a mantener con nuestra pareja: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.” (Gen 2:24-25).

c) Determinará la relación de esos niños y niñas con la autoridad (gobernantes, autoridades, subalternos). ¿Por qué?. Porque una mala relación con los padres (y aún las buenas en algunos casos) va a generar juicios en contra de ellos, y la Palabra nos dice que de lo mismo que juzgamos a otros (incluidos nuestros padres) seremos culpables, es decir, que vamos a actuar de la misma manera.

d) Forma patrones de conducta pecaminosos (nuestros propios caminos que nos parecen derechos en nuestra propia opinión pero que su fin es muerte) como respuesta a las heridas del corazón. Un niño y/o niña, por su tierna edad y principalmente si los padres no son creyentes fieles, comprometidos e íntegros en lo que a la Palabra de Dios se refiere, no tienen como modelo de respuesta a las situaciones negativas de su vida las respuestas que la Palabra de Dios da para esas situaciones. En consecuencia comienzan a responder como ven a sus padres o figuras adultas presentes en su vida hacerlo o como ven al mundo responder o como sus emociones, sentimientos, instintos, etc., les van guiando para encontrar formas de sobrellevar el dolor. Estas formas de conducta, en la medida en que van causando alivio parcial del dolor y las situaciones dolorosas se van repitiendo en la vida de ellos y ellas, son usadas una y otra vez, hasta que se vuelven patrones inconscientes de respuesta que quedan grabados en sus mentes y que se repiten en las siguientes etapas de su vida. Esos patrones de conducta, muchos de los cuales la psicología moderna llama “mecanismos de defensa” o “enfermedades” no son más que formas pecaminosas de responder al dolor emocional, aprendidas en la interacción con nuestros padres o figuras adultas relevantes.

De esa cuenta, es importante la sanidad de los efectos perniciosos o dañinos de la paternidad o de las relaciones con los adultos que hayamos arrastrado de las primeras épocas de nuestra vida. Y Dios, por medio de Jesús proveyó el remedio para todas esas heridas.



02 Nov 2014