Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

La oración y el ministerio.



NEH 1:5. Oración y adoración.

La oración en su expresión más madura, tal como nos lo enseñó el Señor Jesucristo en Mat 6:9-13, siempre comienza con adoración: poniendo los ojos, y más aún, la vida entera, delante de Aquel que lo es todo en el universo.
• Reconocer que El es Dios y que toda nuestra vida (lo que somos, lo que tenemos y lo que podemos) es solamente gracias a El (Jn 3:27).
• Que somos de El, por El y para El (Rom 11:36),
• Que en El vivimos, nos movemos y somos (Hch 17.28).
• Que separados de El nada somos (Jn 15.5).
• Es darle a Dios lo que nosotros tenemos para El (siembra). Después podemos pedir con fé sabiendo que El nos dará lo que tiene para nosotros (cosecha).

Pero adorarlo no como una fórmula, o como una llave para pedir. Es adorarlo genuinamente, de corazón sincero (Isa 29:13, Mat 15:8, Mat 7:6).
• Es el principio del intercambio operando (no compra-venta porque no es por obras ni méritos sino un intercambio por gracia, por misericordia, por amor). Es el intercambio del amor paternal y filial.

Nehemías, aún cuando estaba muy afligido por la condición de Jerusalén, no se quedó en el dolor, en la confesión del problema.
• Después del dolor inicial, como un hijo que reconoce su culpa con verdadero arrepentimiento, volcó su corazón en Dios en busca de la restauración de la plenitud de Su gracia y su misericordia.
• Sabía que no había ninguna razón más para que Dios hiciera lo que él quería, más que Su gracia, misericordia y fidelidad. Y conociendo a Dios, eso imploró.
• Ayunó y oró por varios días, manifestando su tristeza por el pecado propio y de los judíos y el deseo de ver restaurada en plenitud la gloria de Dios en la ciudad.

En esa oración vemos los siguientes elementos que son parte de una oración madura y eficaz (Sant 5:16):
• Ante todo, un corazón sincero, sin doblez, sin hipocrecía, genuino, lleno de fe (Sant 1.6-8).
• Acción de gracias, alabanza y adoración (reconocimiento de Quien es Dios y lo que El hace) (Sal 100:4).
• Arrepentimiento y confesión de pecados (reconocimiento de nuestra condición de inmerecedores de Su gracia y misericordia) (1 Jn 1.5-10).
• Petición (reconocimiento de nuestra incapacidad e ineptitud separados de El --Jn 15:5--, y recordatorio a nosotros mismos de Su Palabra, que es la única base sobre la cual podemos pedir correctamente, sin tentarle a hacer lo que por Su Santidad no podría hacer --1 Jn 5:14--)
• Interés genuino por la gloria y los propósitos de Dios (Hab 3:2, Mat 6.10, Mat 26:42).
• Incesante intercesión por otros (Efe 6:18, Fil 2:3-4)
• Compromiso de hacer lo que sea la voluntad de Dios, aún a costa de nosotros mismos (Fil 2:5-8, Mat 7:7).

Las oraciones de este tipo nos ayudan a ver mejor varias cosas:
• Cualquier problema que estemos enfrentando (es puesto en la perspectiva correcta: Rom 8.28, 1 Ped 5:8-10, Sant 1.2-8).
• El gran poder de Dios para ayudarnos en la solución del problema, independientemente de que tan grande e imposible este parezca (los muros habían estado destruidos por más o menos 150 años con población viviendo en la ciudad) (Mat 19.26, Mar 10.27, Luc 1:37, Luc 18:27).
• El trabajo que nos corresponde hacer (Isa 6:8).

Cuando Nehemías terminó de orar, ya sabía lo que debía hacer.
• Cuando oramos, las decisiones difíciles se ubican en una perspectiva adecuada y se pueden escuchar de Dios y tomar las decisiones y acciones adecuadas para su solución.




NEH 1:6. Intercesión. Apropiación del problema.

Cuando oramos por otros, por su situación, por sus necesidades, ese es un principio de intercesión.
• Pero la intercesión va más allá de solo orar por otros. Es ponernos en sus zapatos (en su situación).
• Llevar las necesidades de otros, sintiéndolas como propias, delante de Dios.
• Sentir el dolor, la angustia, la aflicción, por el otro.
• Despojarnos de nosotros mismos para enfocarnos en las necesidades de ellos (Ezeq 22.30, Fil 2:4).
• Sentir sus problemas y situaciones como propias.
• Un intercesor no solo asume la necesidad del otro, también se hace uno totalmente con el otro en sus pecados, en sus errores, en sus fracasos, sintiendo el dolor del otro y por el otro.

Un intercesor comienza por hacerse parte del problema que pretende solucionar, así como hacerse parte de la solución del mismo.
• Cuando intercedemos por otros necesitamos estar dispuestos a ir más allá de la oración, a caminar la milla extra por aquel y con aquel por quién estamos intercediendo.
• Si el problema no lo vemos como propio, la pasión y la urgencia por su solución no van a estar con nosotros. Y Dios responde (no siempre, pero muchas veces si, no a la oración en sí, sino al clamor que va acompañando la oración) (2 Sam 22:7, Sal 3:4, Sal 18.6, Exo 3:4-9). El clamor es urgencia, es necesidad auténtica.


Día y noche.

Si hay verdadera identificación con la necesidad, si hay pasión, si hay verdadero clamor, hay perseverancia (Dan 10:12).
• Dios escucha nuestra oración en los cielos desde el primer momento que nos dispusimos a orar.
• Pero muchas veces hay una fuerte oposición en los aires para impedir que esa oración sea respondida, y entonces necesitamos también vencer la resistencia (que Dios la permite).

Por otro lado, en circunstancias determinadas, hay más cosas que Dios quiere hacer a través de nuestra oración perseverante que solamente resolver el problema objeto de nuestra oración.
• Perfeccionarnos y completarnos (Sant 1:2-4).
• Proveernos de sabiduría (Sant 1.5).
• Adoptar un estilo de vida vigilante respecto a las obras de las tinieblas (1 Ped 5:8).
• Hacernos resistentes en la fe (1 Ped 5:9) para enfrentar todas las circunstancias difíciles que se nos puedan presentar personalmente.
• Perfeccionarnos, afirmarnos, fortalecernos y establecernos (1 Ped 5:8).
• Desarrollar todas las cosas que conforman la naturaleza divina que nos ha sido dada: fe, virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal, amor (2 Ped 1:5-8), para que demos fruto para el Señor (Jn 15:7-8).
• Fortalecernos en la fe y la paciencia, que son las características que nos llevan a alcanzar las promesas (Heb 6:12).

Cuando Nehemías intercede no ora por lo que El mismo quiere egoístamente, sino por las necesidades de los que están en Jerusalén, y por el cumplimiento del propósito de Dios, según la misma Palabra de Dios, ora por las promesas de Dios para las personas sobre las cuales está intercediendo.



NEH 1:6. Intercesión, oración y perseverancia.

La oración no es algo que hacemos solo cuando tenemos problemas y mientras vienen las soluciones.
La oración es comunión con Dios y ella, mejor si es constante (1 Tes 5:17, Efe 6:18).
La comunión constante y perseverante con Dios nos conviene por cuanto solo a través de ella (y por supuesto de Su gracia y misericordia para con nosotros) podemos:
• Alcanzar la plenitud de Su bien para con nosotros (Esd 8.22, Sal 34.10).
• Tener plenitud de gozo y delicias para siempre (Sal 40.16, Sal 70:4, Sal 16:11).
• Estar bajo la total protección de Dios (Sal 91).
• Hallarle con todo lo que ello implica (Prov 8.17): sabiduría, consejo, inteligencia, entendimiento, ciencia, conocimiento, revelación, y con ello, viene incluída identidad, pleno conocimiento y posesión de la herencia que tenemos en El como hijos e hijas, conocimiento de nuestro propósito y destino en El, y la autoridad y poder para vivir y alcanzar todo ello (Efe 1:17-19).
• Sostener y mantener todo lo que hemos recibido como parte de la vida eterna: lo que se gana en oración se debe mantener en oración.
• Cuando Nehemías comenzó a orar fue en el mes de Quisleu (que corresponde a los días finales de noviembre y buena parte de diciembre). La primera acción con respecto a su intercesión y oración ocurre en el mes de Nisán (Neh 2.1), que corresponde alos días finales de marzo y principios de abril), es decir que habían pasado por lo menos tres meses (si no cuatro) desde el momento en que había comenzado a orar, y había orado de día y de noche.
• No se dió por vencido ante la aparente tardanza en recibir la respuesta a lo que había estado pidiendo.
• Cuando la respuesta a nuestra oración o intercesión tarda, no es que Dios no esté oyendo o esté inactivo al respecto. El siempre está preparando, tras bambalinas, las condiciones necesarias para garantizar la respuesta a nuestra oración, y una respuesta excelente (Ecle 3:11).



NEH 1:6. Intercesión, visión y liderazgo.

Si entendemos que liderazgo es influencia, y la influencia va en la dirección de llevar a otros a alcanzar un mejor destino mediante la solución de un problema que les afecta, la intercesión y el liderazgo siempre van ir unidos, de la mano.
• Un intercesor comienza por hacerse parte del problema que pretende solucionar.
• Tarde o temprano, ello va a llevarlo a hacerse parte de la solución del mismo (Mat 7:7).
• Como consecuencia, va recibir una visión de parte de Dios que implica la solución de ese problema (sin visión no hay solución -Prov 29.18-).
• Ello va a generar en nuestro interior, una pasión y urgencia por su solución, y esa solución es la visión de Dios para nosotros (Efe 2.10).
• Esa pasión y urgencia se van a convertir en un motor que nos va a llevar a buscar la forma de implementar la solución que pasa por influír en otros para alcanzarla (Hab 2.2-4).
• Y esa influencia es la verdadera esencia del liderazgo (Mar 10:42-45).



NEH 1:11. Intercesión y compromiso personal.

Concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón.
• En el proceso de la oración, Nehemías es convencido por Dios mismo de que El no solo era un espectador de la solución del problema sino parte activa de la misma.
• No pide que otros trabajen para la solución del problema.
• El asume personalmente la responsabilidad por la solución a pesar de sus múltiples ocupaciones y de su alta posición en el reino.

Cuando intercedemos por algo o por alguién, no solo podemos estar seguros que Dios nos escucha. También es muy probable que Dios nos hable a nosotros mismos para ser parte de la solución del problema y no solo un observador o intercesor.
• Eso fué lo que le sucedió a Nehemías en el transcurso de los días que intercedió.
• Su corazón fué cambiado, de la sola intercesión al deseo, la pasión, la visión, de ser él quién fuera a Jerusalén para la reconstrucción de los muros, y ello se manifiesta en este versículo cuando ora pidiéndo que Dios le de gracia delante del Rey.
• Ese propósito se había ido formando secretamente en su corazón.
• En ese momento ya Nehemías sabía que Dios lo había comisionado para ir de parte de El a Jerusalén y hacer la obra de la reconstrucción.

Nadie intentó cambiar el corazón de Nehemías. Fue Dios mismo quién lo cambio.
• Los problemas, para su solución, siempre requieren un cambio del corazón de las personas (ese es un asunto de Dios, no nuestro), tanto de las que interceden por la situación, como por los directamente afectados.
• Si seguimos sembrando lo mismo, vamos a seguir consechando lo mismo.
• Para ya no cosechar lo mismo otra vez hay que cambiar la siembra.

El cambio del corazón de las personas es asunto de Dios.
• No intentemos cambiar a las personas para que se adapten a nuestros requerimientos.
• No intentemos manipularlas, ni “jugar” , planificar esquemas, trucos o engaños con ellas.
• Mejor hablemos con Dios al respecto.

Nehemías oró por el buen éxito de lo que iba a hacer.
• Pero en realidad no estaba orando para tener éxito él personalmente, sino por el éxito para Dios de lo que iba a hacer.
• Su petición no tenía por objeto obtener beneficios personales, posición o fama.
• Pidió éxito para la obra de Dios a través de él.
• Cuando estemos en la voluntad de Dios y nuestros propósitos sean glorificar a Dios, y además de ello, los propósitos de Dios estén en juego, no dudemos en pedir éxito.

También pidió a Dios que le diera gracia delante del rey (un pecador) a favor de los judíos (los creyentes).
• Cuando lo que se quiere es bendecir a Dios y a Su Pueblo a través de lo que hacemos, y para ello necesitamos el favor de los no creyentes e incluso de los creyentes, se deben presentar esos deseos y necesidades a Dios.
• El es la fuente de la gracia y el favor que necesitamos respecto de otras personas (Prov 16:7).



NEH 1:11. Intercesión, visión y liderazgo.

El mayor problema de Jerusalén era que a pesar de que había sido comenzada a habitar noventa años antes de Nehemías (Zorobabel y Esdras), no había habido en la ciudad un liderazgo tal que lograra galvanizar la pasión del pueblo para efectuar la tarea de reconstrucción.
• Eran un grupo desorganizado de personas por cuya razón la ciudad se encontraba indefensa, sin muros que la guardaran.
• Ningún grupo humano puede sobrevivir sin un liderazgo.
• Lo que necesitaban era un líder que les enseñara por donde comenzar y que dirección tomar para reconstruir su ciudad.

Sin un liderazgo eficaz, las organizaciones se convierten en desorganizaciones y están expuestas a todo tipo de peligros, indefensas ante las circunstancias, y ello las pone en el filo de la navaja de la supervivencia o la muerte.
• En lo que hacemos cada día, ¿somos organizadores o desorganizadores de nuestras instituciones, empresas, organizaciones, etc.?
• La organización es un paso esencial para la productividad, multiplicación, la provisión de necesidades, el control de las circunstancias y la buena administración que requiere el cumplimiento del ministerio de administradores de la creación de Dios que nos corresponde (Gen 2:15, Gen 1:27-28).

Porque la necesidad de Jerusalén era de liderazgo, Dios respondió a la intercesión de Nehemías y de otros que oraban igual que él, levantando en el corazón de Nehemías la necesidad de asumir personalmente la tarea de la reconstrucción de los muros.
• Cuando intercedemos por lo general Dios nos da en el corazón una visión de la solución que tiene para el problema o la circunstancia por la que estamos intercediendo, y esa visión (solución) comienza a generar pasión en nuestro interior, que termina por convencernos de involucrarnos personalmente en el cumplimiento de esa visión. El problema y la intercesión nos llevan, entonces, al liderazgo.





NEH 13:30. Dato importante.

El libro termina con una brevísima síntesis del ministerio de Nehemías en la comunidad de Israel:
• La purificación del pueblo de las prácticas paganas.
• La restauración del culto regular.
• Curiosamente Nehemías hizo mucho más, como se ve a lo largo de todo el libro, pero no necesita hacer alarde de todo ello delante de Dios para pedirle una bendición. Solo anota las últimas cosas que había hecho.
• El sabía que Dios no era injusto para olvidrase de la obra de amor que él había hecho por todos los santos (Heb 6:10).
• Tampoco dudaba que su recompensa vendría de las manos del Señor, no de ningún hombre (Col 3:23-24).
Las palabras finales ofrecen una oración indicando una vez más su constante confianza en Dios para todas las cosas en todo momento (Neh 1:4-11; 2:4, 2.20, 4:4, 4:9, 4:20, 5:15, 5.19, 6:9, 6:14, 13:14, 13:22, 13:29).
• El libro termina como comienza, con oración.


03 Nov 2014