Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

La oración.



Oración de arrepentimiento y confesión. "Perdónanos nuestras deudas."

Todos nosotros, por más que hayamos avanzado en el crecimiento y la madurez en Cristo, no por ello dejamos de pecar ya sea de pensamiento, omisión y/o comisión, aunque ello debería ser cada día en menor grado hasta llegar a ser muy eventualmente.

Jer 17:9. "Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?"

1 Jn 1:7-10. "pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros."

Por ello el Señor Jesús nos indicó que necesitábamos orar para arrepentimiento, confesión y perdón de nuestros pecados todo el tiempo, de tal manera que no haya ninguna razón para que nuestra comunión con Él sea estorbada de ninguna manera.

En nuestra oración de arrepentimiento y confesión necesitamos orar para que el Espíritu Santo no solo nos muestre el pecado que pudimos haber cometido, sino que también produzca en nosotros un genuino arrepentimiento (Jn 16:8), un volver en sí que transforme nuestro pensamiento, sentimiento, decisión y voluntad respecto al pecado, como la transformación que experimentó el hijo pródigo cuando tuvo convicción de pecado antes de volver a su padre (Luc 15:17-21).

Necesitamos llevar delante del Señor cada uno de los pecados que hemos cometido, no porque Él no los conozca y no los pueda perdonar, sino para que nosotros seamos liberados de ellos, El reconocimiento de nuestros pecados mediante la confesión nos liberta de ellos, nos hace pensar respecto a ellos lo que Dios piensa, y elimina toda barrera que haya en nuestro corazón para que nos podamos acercar con libertad al Señor. Cuando no confesamos nuestros pecados delante de Él, no tenemos el deseo de "darle la cara", huimos de Su Presencia (porque sabemos que sin santidad nadie le verá), y perdemos el gozo y otros frutos del Espíritu (nuestro verdor se convierte en sequedad) y hasta podemos llegar a enfermar si persistimos en esa situación de no arrepentimiento y reconocimiento de nuestro pecado:

Sal 32:3-5. "Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano. Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado."

Entonces, el reconocimiento y la confesión de nuestros pecados delante de Él es para que nos liberte no solo del pecado, sino también de sus consecuencias en nuestro corazón: la culpa, la condenación, la acusación que surge del pecado.

03 Nov 2014