Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

La gracia de Dios y el gobierno.



La Gracia.

La gracia es "el don o favor que se hace sin merecimiento particular, una concesión gratuita" (Diccionario de la Real Academia Española).

La Gracia de Dios es el favor inmerecido de Dios para alguien que no lo merece, la actitud favorable de Dios hacia alguien que no la merece; la bondad excepcional de Dios hacia los seres humanos para hacer posible, en primer lugar, su vida en la tierra (Gracia Común), y en segundo lugar, su perdón y salvación para vida eterna (Gracia Especial).

El Diccionario "La Palabra" en su versión electrónica para e-Sword la define como "la libre acción (de Dios) para beneficio de toda la creación en general (gracia común o providencia) y de los creyentes para la salvación (gracia especial o salvífica). Se distingue de la Justicia y de la Misericordia. La justicia consiste en recibir lo que se merece, la misericordia, en no recibir lo que se merece." La gracia se puede definir como recibir lo que no merecemos (la bendición de Dios a pesar de nuestros pecados).

Dios es un Dios de Gracia, lo que implica en términos prácticos que Dios no nos da el castigo o las malas consecuencias plenas de lo que merecemos por nuestras obras injustas, sino que a pesar de ellas, Dios de todos modos nos bendice por Su Amor, sin que ello implique que Él sea injusto. Él en Su Perfección y Santidad, puede bendecir limitadamente a pesar del pecado, sin dejar de ser Justo, y ello porque Dios es también Amor. En un balance de Perfección, Santidad, Justicia y Amor, él aún puede bendecir limitadamente a aquellos que no se lo merecen.

Él, a pesar de la desobediencia inherente a nuestra vieja naturaleza no permite que la maldad se desboque en nosotros y a través de nosotros, sino que Su Gracia opera de múltiples formas de tal manera que tenga un límite. Uno de sus límites más relevantes es que la imagen de Él en nosotros, así como Sus leyes (los Diez Mandamientos), a pesar de la maldad y la desobediencia, no dejan de estar presentes en nosotros, en nuestro corazón, constituyéndose en un freno de la maldad propia y por ende en el mundo en el que vivimos. Igualmente la presencia de la Iglesia como luz y sal en el mundo frena la acción de la iniquidad.


Los dos niveles de la Gracia.

La Gracia de Dios en el mundo se manifiesta de dos formas:
• La gracia especial que tiene que ver con la salvación, y por lo tanto es aplicable a los que serán herederos de la salvación, y que nos va transformando gradualmente en discípulos de Cristo a la estatura de Su plenitud, a Su imagen y manifestadores del fruto del Espíritu.
• La gracia común que se refiere al mínimo de gracia que Dios derrama sobre todas las personas, herederos o no de la salvación, justos o injustos, malos o buenos, y que permite no solo que sigan viviendo terrenalmente, sino que además frena la depravación total y la destrucción total humanas. Es la que restringe la ira de Dios por ahora.
○ Prov 28:2. "Por la rebelión de la tierra sus príncipes son muchos; mas por el hombre entendido y sabio permanece estable."
○ Mat 5:44-45. "Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos."


La Gracia Común.

Es la operación de Dios a través de la cual, y por medios diversos, refrena las pasiones perversas, injustas, de los seres humanos, y hace que éstos, aún siendo malos, hagan cosas buenas y que son contrarias a su naturaleza pecaminosa, perversa (Jer 17:9).

Es común por cuanto es general para todos los seres humanos sin diferenciación de su estado delante de Dios o delante de otros seres humanos, es decir que está presente en todas las cosas y en todas partes, en el mundo pagano y en el mundo creyente. Es una gracia otorgada a todos los seres humanos.

Es la gracia por la cual se producen las lluvias, las estaciones, los climas, las cosechas, etc., en la naturaleza; los descubrimientos científicos y cualquier adelante social, económico, artístico, cultura, etc., en la vida humana (Mat 5:44-45). Son frutos que Dios ha hecho que adquieran realidad pese a la maldad del corazón natural del ser humano.

En el ámbito espiritual se manifiesta en el hecho de que Dios no destruye a los seres humanos a pesar de su maldad, sino que es paciente, esperando que se arrepientan y se vuelvan a Él de corazón (2 Ped 3:9), además del hecho de que Él se revela por medio de la naturaleza (Rom 1:19-20) y de las leyes escritas en nuestros corazones (Rom 2:14-15).

En lo social tenemos también ejemplos de la acción de la gracia común, por ejemplo, en las buenas obras que realizan las personas no creyentes, aunque en ello no sean motivados por propósitos justos sino por motivos externos; el poder civil --el gobierno y las leyes-- (Rom 13:1-7) que amortiguan la conflictividad social, promueven un mínimo de orden y moralidad en el funcionamiento social; la opinión pública que provee un sentido mínimo del valor y las ventajas de la verdad, que demanda un cierto grado de moralidad y una búsqueda de lo bueno y lo justo para todos, etc.

En lo que se refiere al gobierno podemos afirmar, de acuerdo a lo que nos indican muchos pasajes de la Escritura como Deut 17:14-20, Rom 13:1-4, 1 Tim 2:1-2, que es un resultado, y por ende, un regalo de la gracia de Dios para los seres humanos, para evitarnos que en lo social lleguemos a un mayor nivel de degradación y maldad que el que por su naturaleza no redimida merece o es capaz de manifestar el ser humano no redimido.


Una observación importante respecto a los frutos de la Gracia Común.

Como todos esos frutos de la Gracia Común tienen su origen en Dios y son una manifestación de la Gracia de Dios, que ha hecho que adquieran realidad pese a la maldad del corazón natural del ser humano, esos frutos deben ser reivindicados para el Reino y para la Gloria de Dios, lo que constituye una tarea de los hijos e hijas de Dios, para lo cual Él nos ha establecido como ministros de la reconciliación (2 Cor 5:18-20) de tal manera que todas las cosas sean reconciliadas y reivindicadas para Él, y Él venga a ser Señor sobre todas ellas (Col 1:18-20), incluyendo la actividad gubernamental, la actividad política, la actividad legislativa y la impartición de la justicia, que son las actividades propias relacionadas con lo gubernamental. Eso no quiere decir de ninguna manera que el gobierno o el ejercicio de la política vaya a ser perfecto, solo va a ser redimido y reenfocado para que la gracia común de Dios se manifieste de mayor manera, tenga un mayor efecto en la calidad de vida de las personas, y en lugar de glorificar al diablo, glorifique en mayor medida a Dios.

Por ello nuestra meta como hijos e hijas de Dios no debe ser la de separarnos del mundo como tampoco la de conformarnos al mundo (Jer 15:19) sino la de usar los dones, conocimiento y sabiduría que Dios nos ha dado, para la transformación del mundo (Mat 13:33) aunque sabiendo que en este tiempo esa transformación será limitada por la influencia del pecado. A ello se refiere, en parte, la oración de Jesús llamada el Padre Nuestro: a que sean manifestados los principios del Reino de Dios en todas las áreas de la actividad humana, la política y el gobierno incluidas, para que en todas ellas sea hecha Su Voluntad (Mat 6:9) en una mayor medida de lo que es ahora, y para Su Gloria (Jn 15:8, 1 Cor 10:22, 1 Cor 10:31). Es por ello que Dios nos ha hecho luz del mundo y sal de la tierra (Mat 5:13-16), levadura transformadora (Mat 13:33) en el mundo, y que la Creación entera esta esperando la manifestación de los hijos de Dios para ser libertada de la corrupción a la que fue sometida por causa del pecado (Rom 8:19-21).

Como ya lo mencionamos, el área política y gubernamental no son la excepción, por muy corrompidas que se encuentre (mayor es Dios que el diablo, mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo, 1 Jn 4:4). En el mundo de hoy, el pecado, la maldad, la iniquidad, han terminado, gradualmente, tergiversando totalmente el papel de la autoridad, que necesita ser recuperado, y esa recuperación solo puede venir de parte de los hijos e hijas de Dios nacidos de nuevo y llenos del poder del Espíritu Santo que habita en ellos y ellas. No hay otra opción. El mundo ha experimentado cualquier cantidad de sistemas socio-políticos de invención humana sin ningún resultado perdurable, porque los caminos que al hombre le parecen rectos, derechos o buenos en su propia opinión, son caminos de muerte (Prov 16:25), porque cuando el ser humano se apoya en su propia prudencia, es resistido por Dios (1 Ped 5:5, Sant 4:6). Pero cuando el ser humano se somete a los principios de la Palabra de Dios, a Su justicia, entonces todo le será de bendición (Prov 29:2, Mat 6:33, Deut 28:1-14, 3 Jn 2).

La política y toda la actividad gubernamental necesita ser redimida en la mayor medida posible antes de la venida de Cristo para que comience a cumplir con los designios originales de Dios y para Su Gloria, y ello solo puede y debe ser hecho por los hijos e hijas de Dios dotados de los dones, talentos, capacidades y habilidades para ello, tal como nos lo enseña la Palabra de Dios.

Y el tiempo y lugar es ahora y aquí. Sabemos que los resultados dependen de Él, así como que en la medida que nos acercamos a los tiempos finales todo ello se hará más difícil, pero en ninguna parte de la Biblia se nos incita a que por estas razones abandones lo que es la voluntad manifiesta de Dios para todos los hijos e hijas de Dios. Aunque nuestros resultados puedan ser limitados, tenemos delante de Dios y de nuestro prójimo, la responsabilidad de tratar de rescatar un mundo que está medio muerto a la orilla del camino, sin evadir esa responsabilidad como lo hicieron el sacerdote y el levita de la parábola del buen samaritano (Luc 10:25-37, Rom 8:19-21).


22 Mar 2016
Referencia: Gracia.